La célula gráfica en el Museo Nacional de la Estampa

07.Ene.20    Eventos y convocatorias - Cultura
   

El machete sirve para cortar la caña, para abrir las veredas en los bosques umbríos, decapitar culebras, tronchar toda cizaña y humillar la soberbia de los ricos impíos.


Como parte de las actividades llevadas con motivo del centenario de la fundación del Partido Comunista Mexicano, el Museo Nacional de la Estampa tiene una exposición titulada La célula gráfica. Artistas revolucionarios en México, 1919-1968, cuyo principal objetivo es dar a conocer el trabajo de diversos artistas que compartían la idea de crear imágenes para los trabajadores, y al mismo tiempo, la mayoría de ellos, fueron militantes del PCM.

 

Desde el inicio, el discurso curatorial señala la relación entre esta postura con “el ideal socialista de que el arte debía tener una utilidad: educar y radicalizar a la clase trabajadora”, y nos da a entender que esta postura se encuentra presente en el trabajo de las y los grabadores mexicanos por más de medio siglo.

 

La exposición está compuesta de cuatro módulos, el primero se llama El machete y la hoz, y en esta sección las obras están enfocadas en el sector campesino, señalando la gran importancia que el trabajo de las familias campesinas tienen en la sociedad y como ese papel no encuentra correspondencia con sus luchas, principalmente al tratarse de la propiedad de la tierra y la hostil relación con las autoridades gubernamentales. Un gran acierto dentro de este núcleo es la presencia de el lema de El Machete, escrito por Graciela Amador:

 

El machete sirve para cortar la caña, para abrir las veredas en los bosques umbríos, decapitar culebras, tronchar toda cizaña y humillar la soberbia de los ricos impíos.

 

La segunda sección se titula, ¡Proletarios del mundo, Uníos!, y aquí los personajes principales son obreros, se les puede ver en grupos organizados como en las obras de Isidoro Ocampo, alrededor de organizaciones específicas tal y como lo hacen algunos de los trabajos de Leopoldo Méndez, y también en grupos amorfos como se puede ver en las litografías de José Clemente Orozco. Después de estas dos primeras secciones, hay una selección de obras gracias a las cuales podemos interpretar que ambos sectores, el campesino y el obrero, no forman una dicotomía sino que pertenecen a una misma clase, y como tal, trabajan juntos por un mismo fin. Aquí sobresale la mención de la formación del Sindicato de Obreros Técnicos, Pintores y Escultores (SOTPE), agrupación en la cual se dan algunos de los principales lineamientos con respecto al trabajo artístico dentro de la lucha de clases. Antes de ingresar a la tercera sala, hay una serie de obras sobre las cuales no queda claro si pertenecen a esta sección o no, pero que tiene un tema en común: la represión de la protesta y la lucha social; en esta sección podemos ver obras que abarcan el medio siglo que cubre la exposición, como un recordatorio de la constante represión que han vivido y siguen viviendo los diferentes grupos de trabajadores, independientemente del gobierno en turno.

 

 

La tercera parte de esta exposición se llama, El monstruo de múltiples cabezas: el fascismo. Esta es la parte más amplia de la muestra y la componen obras realizadas durante el contexto de la segunda guerra mundial y el período presidencial de Lázaro Cárdenas, de esta forma, en una parte de la sala se encuentran imágenes que aluden a los acontecimientos en la España de Franco, la Italia de Mussolini y la Alemania nazi, mientras que  enfrente hay una serie de imágenes a cerca del proceso de modernización en México a lado de una denuncia  contra el imperialismo, principalmente con respecto al yugo ejercido por parte de Estados Unidos hacia América Latina, como lo muestra la obra de Adolfo Mexiac. En esta sección, sobresale la presencia de las publicaciones El Machete (periódico del Partido Comunista Mexicano) y Frente a Frente (órgano oficial de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios), gracias a las cuales es posible entender el medio gracias al cual se difundieron la mayoría de las imágenes de la muestra, y así poder comprender la estrategia puesta en marcha por los artistas revolucionarios, haciendo a un lado la idea de la producción de imágenes para la simple contemplación.

 

 

La última sección se titula, La búsqueda de la paz y los triunfos del comunismo, en ella sobresalen las imágenes de Arturo García Bustos e Isidoro Ocampo que aluden a la victoria del comunismo en la Unión Soviética, China y Cuba, las cuales conviven con obras que muestran la petición de paz por parte de los artistas que vivieron en un momento en que los comunistas eran perseguidos, esto durante las décadas de 1940 y 1950; las últimas obras de la muestras están dedicadas a la denuncia de la prensa nacional y su papel cómplice con los diferentes gobiernos Este último elemento es el que intenta establecer un hilo conductor entre el arte de denuncia y protesta surgido después de la Revolución con el año 1968, momento en el que se desarrolla el movimiento estudiantil, aunque es importante señalar que para ese momento el Taller de Gráfica Popular (agrupación heredera de ideal mencionado al inicio) ya no contaban con algunos de sus elementos más combativos, aún así sobresale la continuación de los soportes –es decir, del grabado como medio- y de muchas de las formas de representación.

 

 

La exposición permanecerá hasta el 23 de febrero, vale la pena visitarla y pesar acerca de las similitudes que hay con respecto a las luchas sociales, y también en las formas de representación que utilizan de los artistas actuales que se comprometen con los movimientos sociales, así como sus formas de agrupación.