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El Consejo Regional del Café de Coatepec: “La Lucha Continúa”

09.Feb.21    Reportaje - Entrevistas
   

“El objetivo del consejo es retomado de una lucha histórica de casi unos 39 años que empezó en febrero de 1982. Ahí se define el objetivo principal, que es obtener precios justos al café. Y eso se ha mantenido históricamente”

Cirio Ruiz, presidente del Consejo Regional del Café de Coatepec A. C.


En la calle 5 de mayo, a unos cuantos metros del parque Hidalgo, un pequeño letrero color naranja flota sobre la acera peatonal sostenido por dos cadenas delgadas. Este lleva escrito: “Consejo Regional del Café de Coatepec A. C.” Por la puerta más próxima uno se asoma con la nariz y huele el café; escucha la máquina trabajando, ve algunas mesas y sillas. ¿Entonces esta es otra cafetería más de Coatepec? “Casú” es el nombre del establecimiento y es exactamente lo contrario a “otra cafetería más de Coatepec”.

 

            Si uno entra y camina derecho —dejando tras de sí al café y a su nariz junto con él— llegará a un patio central. A la derecha habrá una gran puerta de madera. Allí nos recibiría Cirio Ruiz, cafetalero originario de Chavarrillo, luchador desde los ochentas y actual presidente del Consejo. Primero, nos reconocimos por encima del cubrebocas, después nos invitó a pasar. 

 

La charla se le adelantó a la cámara y al micrófono; Cirio nos cuenta un poco de su historia personal. Sus expresiones fueron transitando del “a mi” o del “cuando fui” a un potente “nosotros “, a un evocativo “hemos”.  Se colocó una cámara sobre la mesa y se le prestó un micrófono. “La cámara es un arma de doble filo, —dijo Cirio— puede romper con la espontaneidad de la conversación, aunque también puede obligarnos a pensar mejor lo que decimos”.

 

El Consejo en la historia: organización, fuerza y límites.

 

Una vez bajo el ojo juzgón del lente, Cirio nos comienza a contar sobre el Consejo y sus objetivos: “El objetivo del consejo es retomado de una lucha histórica de casi unos 39 años que empezó en febrero de 1982. Ahí se define el objetivo principal, que es obtener precios justos al café. Y eso se ha mantenido históricamente”.  1982 había sido un año clave, pues fue en este año que se creó la Unión de Productores de Café de Veracruz (UPCV); una organización inédita en la región cuyo esquema de representación gremial buscó romper con el corporativismo de la época. Sin embargo, Cirio haría un importante matiz: antes, en los ochentas, “más que organización era un movimiento coyuntural”. Ahora el Consejo, si bien camina sobre los principios de aquel movimiento, hará un nuevo énfasis en la autogestión y del desarrollo sustentable.

 

             A casi cuarenta años de distancia, la demanda por un precio justo continúa siendo la principal. “O intercambios justos, porque ya ahora incluimos dentro de las demandas la cuestión de intercambios”. Sin embargo, la perspectiva agroecológica que maneja el Consejo los ha envuelto en otro tipo de problemas. Ciro identifica, por ejemplo, un problema ideológico condensado en el concepto de calidad. “La calidad está en la historia del producto, no a qué sabe ni cómo se ve el producto. Eso la gente no lo identifica porque en los medios y en las formas de control y orientación capitalistas, no se ha privilegiado el contenido ni la historia de cultivo, ni el valor de la biodiversidad en el café”. Entonces del lado del consumidor habría esta suerte de miopía; los productos se ven claramente de cerca, con sus envoltorios mercadotécnicos perfectamente maquillados y resplandecientes, pero todo se complica si uno trata de enfocar en aquello que se encuentra a una cierta distancia; la historia detrás del café y sus condiciones biodiversas de producción simplemente quedan eclipsadas. “El problema es que a los consumidores no los dejan descansar tampoco ni construir su propia visión, los traen a raya con los medios de información”, reclamaría.

 

Por otro lado, aunque dentro de este mismo enfoque agroecológico, Cirio identifica otro problema, esta vez del lado de los campesinos productores: “históricamente a los campesinos en general se nos ha vendido la idea del productivismo y de que tienes que meter agroquímicos. Entonces transformarnos a nosotros mismos en agentes, portadores, exportadores de productos sanos, no es fácil”.  Productores y consumidores, los unos apresados por la dinámica productivista, los otros ultrajados por la fantasmagoría inherente a la mercancía.  Al explicarnos este problema doble, Cirio nos comparte en contrapunto: “Yo no sé cuándo, pero yo creo que debe hacerse un movimiento donde nosotros junto con los consumidores estemos demandando mayor espacio a las organizaciones, a las marcas de las organizaciones y en todos los pueblos; y en todas las ciudades de medianas a grandes, tener a todos los productos, no nada más al café, con la historia manejada agro-ecológicamente o de manera orgánica”. Entonces la historización, —aquí tratando de seguir a Cirio sin traicionar sus palabras— podría funcionar como un modo de resistencia. Una forma de hacer aparecer algún trozo de valor en el café más allá de su simple valor de cambio. Al Consejo, aunque manteniéndonos lejos de idealizarlo, podría entenderse como la encarnación colectiva de este esfuerzo.

 

 Esta primera media hora de conversación, era ya suficiente para poder asociar a Cirio con una vieja expresión gramsciana: Cirio parece hablar como un “pesimista inteligente”, esto es, desde el peso de la experiencia histórica del Consejo, situándose ahí, en el espesor trágico de la realidad política, no tanto desde la “pobreza”, diría él, sino desde la “marginalidad”. Pero por otro lado, y sin quitarse un solo gramo de historia de sus hombros, lograría evocar aquel “optimismo de la voluntad”:  “En teoría no tendríamos problema si todo eso está apalancado con fuerza y organización de los productores, porque eso es lo que abre puertas, no es lo bonito de un proyecto, es la acción política también, como gremios, como productores, (…) la gestión frente a los intereses que hay creados en casi todos los productos del campo, donde ha privilegiado la pseudo localidad y los negocios de algunos poquitos. Se necesita fuerza de los productores y es ahí donde el Consejo tiene mucho que aportar frente a este gran reto”. Entonces no un optimismo vaciado o ingenuo, no “lo bonito de un proyecto”, dice, sino un accionar político que llene a ese optimismo con voluntad. Organización y fuerza ante el peso de los límites. Este es el Consejo en la historia. Y como a continuación se leerá, este también es el Consejo en el presente.

 

El Consejo hoy: el Estado y sus transnacionales.

 

Cirio nos cuenta que existe una razón fundamental para que los productores estén unidos: “No tenemos políticas públicas adecuadas. Una política contraria tiene que ser enfrentada por todos, porque el consejo se queda pequeño”. Pequeño frente a un Estado con el que hay que hacer alianza “Porque si no haces una relación política de alianza y de mostrarles seriedad en lo que planteas y de un buen manejo de las cosas que vayas consiguiendo, pues te destruyes ¿no? O te cooptan o simplemente te marginan”.

 

            Lo paradójico, empero, es que ese mismo Estado con el que hay que aliarse es un “Estado paternalista, pero con las transnacionales”, diría Cirio. Hay pues, un reclamo huérfano ante una de desamparo cínico.  Cirio nos da un ejemplo fresco y crudo de la situación con las transnacionales: “Ahorita hay la sospecha, es la primera vez que lo voy a decir de manera abierta, de que una estructura que creamos de un fideicomiso de ahorro para compensar los precios desde unos años para acá, se presume que se está depositando en un fondo alterno que controla la Asociación Nacional de la Industria del Café. Se presume, yo no lo puedo afirmar. Pero todo indica que los compradores transnacionales están haciendo eso, boicoteando el ahorro que debe depositarse en un fideicomiso que se llama FIRCAFÉ, que está etiquetado a más de 300 mil productores de manera particular. Es el único fideicomiso etiquetado de manera individual está haciendo acciones paralelas, esto es casi una pre denuncia lo que estoy haciendo”.

 

Pero este desamparo, esta marginalización, y, sobre todo, este abuso que nos narra Cirio, se hace todavía más evidente; pues no es sólo el abuso directo de las trasnacionales, es el hecho que la suerte de los productores de café esté sincronizada con las turbulencias que haya en el gabinete. Sobre esto último, Cirio nos dice: “Previo a la salida de Víctor Toledo, se había considerado al café cultivado arábica, que es la especie que más se cultiva históricamente desde hace doscientos años, como un asunto estratégico, un asunto casi de seguridad nacional (…) pero se suspendió con la lucha que hay en el gabinete. Se juntó esta pelea con la lucha que hay por eliminar los pesticidas, transgénicos, los clones y el trifosfato, que es el químico principal que desplaza la mano de obra en el campo. Esa lucha, podría yo decir que la perdimos, quienes estuviéramos dentro de esa pelea, la perdimos con la salida de Víctor Toledo”.

 

Y por si esto fuera poco, en Veracruz ya se ha desinhibido un romance obsceno entre el gobierno estatal y la Nestlé. Cirio nos describe el escenario político desde la perspectiva del Consejo: “Es probable que hay una instrucción desde la presidencia, los asesores de la presidencia y los grupos de poder económico para que esto se haga en Veracruz, porque es el lugar más cercano a la aduana de Nuevo Laredo y el Puerto, la salida a Europa. Sin embargo, yo creo que se ha perdido una oportunidad de ser más autónomos, de ejercer la soberanía que se supone tienen todos los Estados”.

 

Sin embargo, ante este panorama adverso, de nuevo el optimismo de Cirio: “Siempre espantan los transnacionales con que le dan trabajo a mucha gente, y eso es cierto; pero yo creo que eso va de la mano con todo lo que se puede hacer abajo: el cultivar productos, en hacer comercialización directa desde las organizaciones de los empresarios nacionales, de los expendedores de café pequeños y medianos, y con el chequeo de todo esto. Yo creo que se tiene que construir paralelamente esa base productiva más amplia en lo social, ojalá así lo estén pensando, y después decir: «mira, tu transnacional no funcionó, ya acá está creciendo lo nacional, lo social». Pero sí, espantan con eso, muchos empleos, les tuercen la mano, los moches que probablemente persistan por ahí. Eso es así”.

 

Por otro lado, si se quiere construir esta base productiva, habría una necesidad de mantenerse unidos, es decir, de tener en claro dónde están las fronteras antagónicas. He ahí un reto que el propio Consejo se ha planteado desde su lucha particular: “Tienes que competir contra la Nestlé y por lograr que se cambien políticas públicas, no una competencia entre nosotros. Entonces tenemos que ponernos de acuerdo en la parte de las técnicas de cultivo agroecológicas y en cómo salir juntos al mercado”. Habría pues, un ir y venir entre la consciencia de las circunstancias a nivel macro y la lucha a nivel micro. Cirio ya lo expresaría como sigue: “Necesitamos tener claro cuál es el problema nacional e internacional con las compañías y con las políticas y el problema concreto e inmediato con el producto y la agroecología, los ríos y la vida”.

 

La movilización al calor de la lucha: ¡Atentos a la coyuntura! 

 

Como hemos visto, los problemas que enfrenta el Conejo no son pocos ni son fáciles. Sin embargo, es importante recatar el tema de la movilización, precisamente, para evitar caer en la ilusión de que todo está fijo. Hay una política de lo constituido, es cierto; en las esferas políticas y económicas tradicionales compenetradas. Pero Cirio nos recuerda aquella “otra política”, esa que se asoma desde los intersticios de lo instituido, que más que política institucional es masa instituyente: “El problema es que casi siempre se enredan los intereses económicos de los que tienen grandes capitales, los intereses políticos y la masa. Y la masa es la que tiene el poder, finalmente. Que no se den cuenta esa es otra cosa, pero la masa es la que tiene el poder, es la que sostiene todo. No puede haber comercializadores fuertes ni industriales fuertes ni empresarios grandes si no hay una base social productiva real”.

 

            En cuanto al tema de la articulación política, Cirio procede con una táctica que ratifica la importancia de la coyuntura. Para explicarse toma de modelo su afinidad con el EZLN: “Yo creo que son momentos, el problema es que a veces no nos da tiempo. Ha existido, en lo personal, siempre una simpatía por la poesía y las cosas que ha pautado el EZLN, somos afines. Yo creo que nadie que pueda decir que respeta el origen y las culturas originarias podría ningunear al EZLN; y nosotros menos, porque como cafetaleros, repito, ganamos una lucha económica para el momento en una coyuntura cuando el EZLN se levantó en el 94. Nosotros logramos apoyos directos de $750 por hectárea al 100% y una cita con Salinas, de un movimiento nacional. Y eso fue para todos. Igual con los movimientos ambientalistas. Las presas de Jalcomulco, lo de Laguna Verde. Uno tiene que estar abierto y atento a la coyuntura y a las causas justas. Si da tiempo, hacerlo, y si no puedes pues que vaya una comisión y que apoye”.

 

Por otro lado, Cirio, ya casi al final de nuestro encuentro, hace una contundente afirmación que remueve, de nuevo, las bases históricas sobre las que el Consejo camina: “Tenemos que estar armados, tenemos que regresar a una de las partes claves que nos ha hecho mantenernos que es el calor de lucha. O sea, las cosas se enfrían y no sirven”.

 

Siempre tratamos y somos, más bien optimistas. Tenemos que actuar de acuerdo a la coyuntura y en concordancia con los compañeros”, dice Cirio. Un optimista con voluntad. Pocos minutos después de esa frase habríamos apagado la cámara y él nos habría devuelto el micrófono; estábamos de regreso en una conversación espontánea y sin pensar mucho en lo que decíamos.  Nos acompañó a la salida. Nosotros recogimos disimuladamente nuestra nariz, ya roja, siempre roja, que seguía aferrada al olor del café.