Unidad Proletaria

09.Abr.20    Reportaje
   

Unidad necesaria para salir adelante;


Cuando un delincuente nos sale en la calle o transporte público y nos roba lo poco que tenemos los trabajadores, con sobrada razón entramos en cólera y maldecimos al sujeto o sujetos  en cuestión, quisiéramos que fuera castigado con penas comparadas a la rabia que sentimos, no sólo por el temor, la humillación, la profunda desprotección, la impotencia, la percepción de injusticia y desamparo. Luego de que es muy duro para  un trabajador obtener el dinero para su sustento. El robo en sus diferentes variantes ha alcanzado un record histórico y va en aumento, el narcomenudeo es el segundo crimen que mayormente se comete en la CDMX y en todo lugar, cada vez vemos más jóvenes delinquiendo, la edad promedio de los delincuentes para iniciarse es de 16 años. 

Cristina es una mujer de 31 años aunque parece de mucho más, vive en la CDMX y es originaria de Chimalhuacán Estado de México, casi no sabe leer y se dedica a cantar en las calles, haciendo un dueto con su pareja un hombre de 55 años. “Hace cuatro años que vivo con mi esposo, tenemos un cuartito que le dio su mamá a él para vivir, a todos sus hermanos y hermanas les toco un cachito. Yo antes vivía en la calle porque en la casa en donde vivía mi mamá la vendió mi padrastro cuando ella murió, mis cuatro hermanos se fueron a donde pudieron, yo soy la mayor y tenía 13 años cuando me vine acá al DF, no sabía mucho andar por acá y me puse a vender dulces, una señora me dejaba quedar en un lugar en donde guardan sus puestos los ambulantes a cambio de que le cuidara las cosas. Tuve un hijo a los catorce, un hombre me violo y nunca supe ni su nombre, el otro a los dieciséis con el hijo de la señora que me dejaba quedar, cuando lo supo me corrió, un compadre de ella me lo pidió porque no tiene hijos, yo no quería pero no tenía para darle su leche, ni para pañales, él me dijo que lo podía ver cuando quisiera y luego lo voy a ver pero me da mucha pena con esa familia, el ultimo hijo lo tuve a los veinte años, entonces me pusieron el dispositivo, pero el papá de mi hijo está en la cárcel.  Mi niño tiene once años, cuando era chiquito pasamos muchas cosas tristes, a veces no teníamos para comer y nos quedábamos en la calle, no lo podía llevar mucho a la escuela y ahora no sé en dónde está, se fue con un sobrino de mi esposo, dicen que hace cosas malas. Mi hijo mayor es el que luego viene a verme pero siempre se pelea con mi esposo, la otra vez lo metieron a la cárcel, pero salió luego. El de en medio vive con el señor que es herrero y le ayuda, el sí sabe leer, pero casi no me habla, y cuando lo hace me dice que no me quiere y que me largue, que no me quiere ver, yo sólo lo veo de lejos. Yo no me drogo porque me siento muy mal, me hace mucho daño.” Cristina vive en una vecindad que es muy conocida en la colonia, se sabe que algunos integrantes de la familia venden drogas y otros se dedican al robo a transeúntes. Ella agradece sinceramente tener un lugar en donde vivir y en donde puedan llegar sus hijos a visitarla. La conocí cuando iniciamos una asamblea, le interesó mucho estar en un lugar en donde otras mujeres hablan de sus carencias, de la problemática económica, empezó a comprender lo que es la organización y se quedó en la asamblea popular, escucha atentamente y asienta cuando hablamos de la enorme desprotección en que tiene el Estado al proletariado, que ha arrojado a generaciones y generaciones a “salidas” degradantes ofrecidas por el mismo sistema. Se le humedecen los ojos cada que habla de sus hijos y cuando algunos vecinos que ahora se están integrando a la asamblea con miras de formar una cooperativa la escuchan, tienen otra actitud hacia ella, comprenden que hasta ahora la habían juzgado y  relegado. Están entendiendo que ahora más que nunca se necesita la organización entre vecinos, conocernos, saber las carencias y formas de llevar a cabo salidas urgentes ante un sistema que más y más castiga al proletariado. Para los comunistas los tiempos que se vienen después de la contingencia serán de mucho trabajo, pues las asambleas populares en las colonias son ahora más que nunca necesarias para llevar en cooperativas administradas por la propia asamblea una salida emergente al terrible escenario económico y social que ya se siente, ahí estaremos en cada municipio, colonia y calle que se necesite.