Tutorial socialdemócrata de cómo lavarse las manos: el caso del etiquetado de productos

31.Jul.20    Noticias nacionales
   

El gobierno burgués de AMLO intenta dejar toda la responsabilidad al consumidor por los daños a su salud, y no a los monopolios…


En los últimos días, se ha anunciado una nueva reglamentación que establece un etiquetado de advertencia en aquellos productos que contengan una alta cantidad de grasas, azúcares u otros ingredientes nocivos para la salud. Si bien esta reglamentación ya había sido discutida y aprobada desde el año pasado, la realidad es que su entrada en vigor parcial que (se volverá total el 1 de octubre) le cae como anillo al dedo al gobierno de la socialdemocracia de López Obrador, al verse superado por la catástrofe a la que se enfrenta debido a la propagación de la COVID-19 en México.

El gobierno burgués de AMLO intenta dejar toda la responsabilidad al consumidor por los daños a su salud, y no a los monopolios como Bimbo, Femsa, Gruma, entre otros, que durante años han envenenado a la clase obrera de este país y a sus familias, ofreciendo productos llenos de azúcares, sales y grasas que nada aportan en la nutrición, sino que contribuyen al desarrollo de enfermedades crónico degenerativas.

Con este gesto, el Estado se lava las manos y levanta el discurso de que si las muertes por COVID-19 no bajan en incidencia, esto no se debe al pésimo estado en que se encuentra el sector salud, ni a la incompetencia del gobierno por asegurar un servicio hospitalario que reduzca los decesos, ni al hecho de que, para preservar las ganancias de los monopolios, se haya arrojado a la clase obrera de nuevo al trabajo en pleno pico de la pandemia, sino que será porque el consumidor es irresponsable y no cuida lo que come, generándole complicaciones que lo llevarán a la tumba en el caso de que se infecte con el virus. A final de cuentas, ya se le hizo la advertencia de que lo que va a comprar lo matará, y en él y sólo en él queda la decisión de consumirlo o no.

De esta forma, se da un paso más en cargar sobre la población la culpabilidad por no reducirse las muertes por el virus, algo que no es nuevo, ya que con el tan conocido eslogan de #QuédateEnCasa, repetido a diario por el lacayuno subsecretario López-Gatell, elevado a héroe nacional por los sectores más tibios y reformistas de la “izquierda”, se hizo patente el esfuerzo estatal por lavarse las manos ante el asunto. Resulta llamativo que estos sectores, al actuar como furiosa primera línea de defensa de la socialdemocracia, ni siquiera exijan al gobierno el cierre o la clausura de esas empresas, que provocan graves estragos cada día en la salud de un país que, para datos del 2019, ocupaba el segundo lugar mundial en obesidad, seguido únicamente por Estados Unidos. Al parecer para ellos, el problema se resuelve con una etiqueta en los empaques.

El llamado “consumo responsable” bajo los márgenes del capitalismo es una fantasía propia de la pequeña burguesía en un doble sentido: por un lado, toda la producción capitalista está empapada por la explotación de la clase obrera que es exprimida a diario por la burguesía, al mismo tiempo que arrasa con toda la naturaleza para lograr sus fines. Por otro lado, un obrero u obrera cuyo salario únicamente alcanza para sobrevivir y alimentar a su familia, que tiene contados los minutos para ingresar a laborar y que al salir extenuado de su trabajo no tiene tiempo de elaborar alimentos que sean nutritivos para su familia, no tiene la libertad ni la posibilidad de escoger qué es lo que come y tiene que conformarse, en la mayoría de los caso, con comida chatarra que es para lo que le alcanza. Pues los alimentos orgánicos o de calidad están reservados, por sus altos costos, para la burguesía.

El Poder obrero, la dictadura del proletariado, no sólo tendría cero tolerancia con la elaboración excesiva de productos chatarra que contribuyen en el deterioro de la salud, tanto de grandes como de chicos, persiguiendo solo el deseo de acumulación de capital, sino que el Estado proletario establecería la garantía de la alimentación saludable para toda la población, con la introducción de los comedores colectivos, supervisados por los mismos trabajadores, asegurándose de que al pueblo le llegue solo comida de excelente calidad que no repercuta de manera negativa en su salud. Mientras hoy el Estado burgués, sea del partido que sea, continúa deslindando responsabilidades a los monopolios, y sus corifeos celebran y se conforman con el solo etiquetado de productos, a los comunistas junto a la clase obrera nos toca seguir luchando por la sociedad del futuro.