Telecomunicaciones: la reforma de los plutócratas

25.Mar.13    Noticias nacionales - Opinión
   

La reforma en materia de telecomunicaciones aprobada esta madrugada en el Congreso de México, demuestra la dominación de los monopolios sobre el sistema político nacional.

El ganador ha sido Televisa de Emilio Azcárraga Jean porque fue quien se adelantó a financiar la carrera presidencial de Enrique Peña Nieto, desde que éste fue aspirante a la gubernatura del Estado de México en el 2005. Y por ende se toma como el gran perdedor a Carlos Slim, el mexicano que a su vez es el más rico del mundo, y a quien se pretende limitar el crecimiento de su industria telefónica y procesamiento de datos móviles. El favor de Azcárraga se paga solo.

Sin embargo, hay quienes apuntan hacia arriba cuando de criticar la reforma se trata, tratando de tomar partido por uno o por otro, según sus filias políticas, ya con Peña Nieto o ya con Andrés Manuel López Obrador, líder de Morena, y beneficiado de Slim en sus aspiraciones presidenciales.


De tal manera, pretenden hacer creer que ser “anti Televisa” es ser “Anti Peña Nieto”, y, aunque cabe algo de razón en ello, un trasfondo maniqueo pretende hacer bueno a uno y malo al otro.

La reforma en telecomunicaciones es una reforma monopólica, aun si su resultado hubiera sido distinto. El Congreso se colocó al centro de la subasta de una lucha entre plutócratas y con manos alzadas remató el espacio electromagnético y satelital del país.

Eso es la política de arriba: una democracia donde lo que se elige es al nuevo amo, el nuevo rey a quien se le ha de pagar tributo; literalmente, pues el costo tanto de televisión digital, telefonía e internet móvil, se incrementará según lo disponga el nuevo ganador, obviando que sus contenidos seguirán apuntando hacia la inmovilidad cultural y política de la clase trabajadora.

En tanto radios públicas, comunitarias y culturales se pudren en la precariedad. Su planta laboral pierde el juego de los salarios ante la inflación y poco a poco se les cancelan derechos laborales a razón del bajo presupuesto o las disposiciones partidarias de sus administraciones, en varios de los casos. Sus limitaciones tecnológicas son para echarse a reir o llorar, según el aguante, y sus alcances espectrales se pierden ante el monstruo de las frecuencias digitales. Y lo peor: el ejercicio de denuncia social de varias de ellas, así como de prensa independiente y blogs políticos, provocan la ira del aparato policiaco que ya en muchas ocasiones ha desmantelado cabinas, golpeado, amenazado y procesado periodistas libres por hacer eso que ni Slim ni Azcárraga hacen: velar por los derechos de los oprimidos.

¿Y de eso habló la reforma? ¿Fue materia para los Partidos, aun esos llamados de izquierda? ¿López-Dóriga o Carmen Aristegui, defendieron las libertades informativas y derecho a disfrutar de los bienes públicos de las comunidades, así como han defendido a sus respectivos patrones?

La reforma en telecomunicaciones es democrática y transparente, según dicen los diputados. Pero para que eso suceda en realidad, no hace falta el voto de los partidos burgueses, sino la organización de las y los trabajadores de esos monopolios junto con el de toda la clase obrera mexicana para derrumbar el capital y romper las relaciones de mercado que niegan derechos, haciendo más millonario al multimillonario y empobreciendo al empobrecido.