San Diego de la Mar

03.Jun.14    Opinión
   

*Sergio Santiago, trabajador técnico jubilidado de PEMEX Perforación

Algunos años después de la rebelión petrolera. En un extremos del estudio, encorvado sobre la mesa de trabajo, su mano traza los primeros rasgos físicos de una región de la costa del Golfo de México. El dibujante se esfuerza en recrear el devenir de la planicie costera; el curso de los ríos, lagunas, pantanos y algunos pueblos. Llama la atención San Diego de la Mar, un pueblo acostumbrado a la suave cadencia de las olas. Localizado en la margen de la Laguna de Tamiahua, hacia donde se pone el Sol, y como fondo, en su margen opuesta; el mar. El artista percibe el momentos fugaz de un paisaje que cambia constantemente, y con un ligero contraste en el azul profundo, aparenta detener el movimiento de las olas, como una impresión instantánea de la vida. Es un trabajo que que busca la belleza casi inalcanzable; aquella que eleva a la persona por encima de la vida cotidiana.

El departamento de dibujo está ubicado en el mezanine del magnifico edificio conocido como “El Águila”, que originalmente antes de la rebelión, perteneció a la Compañía Mexicana de Petróleo, propiedad del inglés Weetman Pearson.


En ese apartado paraje de densa vegetación, el río fluye montaña abajo y a medida que desciende a través de la Sierra Madre Oriental, su cuerpo en movimiento se convierte en una fuente sonora de gran intensidad. El movimiento rápido de las hojas y de alguna pequeñas ramas sobre la corriente del río, hacen evidente la forma arrebatada de su caudal. En ese paisaje de árboles, cascadas, y rápidos; diminutas partículas del río se elevan entre el aire, formando un velo fino que se hace visible bajo los primeros rayos de luz. En su viaje, la corriente fluvial se aproxima a formas más apaciguadas, donde el relieve casi plano integrado por la llanura de inundación, lagunas y pantanos, se puede observar las curvas de alta amplitud que describen el curso del río Pánuco. Recodos esculpidos por la presión cambiante del flujo estacional, típico de las altitudes cercanas al nivel del mar. Con su carga en dirección a la costa, delimita por un costado, al puerto de Tampico. Y con su cuerpo ondulante registra etapas de la vida cotidiana de la ciudad. Al final, al terminar el día y desembocar en el mar, suelta con suavidad los datos que lleva en suspensión, como un testimonio que dará fe al desarrollo de la vida. Una historia sin adulterar, escrita cronológicamente en las capas de la tierra, acerca del destino de la vida. Como la evolución de nuestro linaje, de aquellos viejos homínidos que registran en la roca el instante bípedo que nos permitió vagar por el mundo, en busca de una vida mejor. En ese largo andar experimenta cambios en su esencia primitiva, como el crecimiento en el volumen de su cerebro. Ahora; es capaz de comprender, querer y sentir. Pero, aun se niega a renunciar a su conducta depredadora. Al otro lado del río, en su margen derecha, la laguna de Pueblo Viejo.

Cuando Pearson llegó a México, a principios del siglo XX, comentaba que buscaba perlas en el mar; quizá era una metáfora, con la intención de ocultar el sentido de su misión. Como quiera que haya sido, jamás imaginó que en San Diego de la Mar, cumpliría sus misión de una manera tan sorprendente para todos.

Pronto, bajo el amparo del porfiriato destaca en la realización de obras públicas como: las obras portuarias de Coatzacoalcos, de Veracruz y Salinas Cruz; así como vías de ferrocarril y unos canales de desagüe. Pero, no sabía ni entendía nada sobre la exploración y explotación del petróleo. No había conocimiento, no sabía el como hacerlo.

La sensibilidad óptica del dibujante, y su estado de ánimo le permitía vivir el objeto pintado. La naturaleza se echaba andar, contaba con todos los símbolos y leyendas, un centímetro en el papel, representaba un kilómetro en el terreno, un pequeño círculo negro, significaba un pozo perforado. Con letra clara y bien formada, el dibujante escribía el nombre de los antiguos pozos petroleros. El nombre de uno de ellos lleva a su memoria la historia de un pozo tan espectacular que sorprendió al mundo. Es un testimonio que hemos olvidado, es una historia que puede volver a suceder. Recordemos como fue:

Treinta años atrás del inicio de la rebelión petrolera. En ese hermoso escenario de la llanura de inundación, la torre de perforación de la Pennsylvania Oil Company, contratada por Pearson, lucia como una banderilla que podíamos sentir en la piel, tenían meses de trabajar sin buenos resultados. Pero las cosas están a punto de cambiar.

A centenares de metros de profundidad, la barrena se habré camino a través del subsuelo. Justo en el momento que la barrena avanza cortando la roca, por el interior del tubo de perforación, circula un líquido fundamental de agua y arcilla, que desciende hasta llegar al fondo del pozo, al retornar a la superficie, circula por el espacio anular, entre el exterior de la tubería y la pared del pozo. Éste circuito lubrica y enfría el sistema, al tiempo expulsa la roca cortada a la superficie y mantiene el control de la presión del pozo.

Siempre uniformados con su vestimenta de explorador de color caqui y su inseparable casco colonial inglés. Todo registraban con escrupulosa severidad, el control de la profundidad del pozo, dependía del numero de tubos utilizado. Las muestras de rocas cortada por la barrena, eran analizada; el color, su sabor, la textura, el contenido de fósiles.

Verano de 1908. Eran los días correspondientes a la segunda estación del año; ese día, la barrena hace contacto con otra formación, por supuesto más antigua, con un alto contenido de fósiles de otros tiempos del pasado geológico. En esa mañana, los extranjeros lucían felices, un fuerte olor a petróleo se desprende de la roca cortada.

En la parte superior de la torre de perforación, el enganchador amarrado por la cintura, siente la sensación agradable de un ambiente oxigenado por el bosque tropical de la Huasteca. Abajo, la sensación es diferente; una nube grande, densa y oscura se aproxima…

Con su ropa ondulante a una altura mayor que la copa de los árboles (nivel semejante al estock de tubos), el enganchador se prepara para agregar un tramo más a los demás tubos en operación, con el fin de alcanzar una mayor profundidad. Para eso, espera el ascenso de la polea viajera la cual lleva una herramienta que permita enganchar al siguiente tramo de perforación, compuesto por tres tubos de acero de nueve metros cada uno. Entre el chirrido desmesurado que produce el ajetreo de motores, poleas y cables, el trabajador observa el movimiento ascendente de la polea viajera. En el momento preciso cuando está a su altura, con movimiento coordinado; su mano derecha abraza al tramo y, apoyando su hombro sobre él, lo empuja hacia la pinza de la polea. De tal manera, el tramo de veintisiete metros termina enganchado por el extremo superior, y con un balanceó suave queda suspendido en el aíre a través de la polea y el malacate. Abajo, en el piso de la torre perforación; a vuelta de tuerca dos trabajadores embonan el extremo inferior del tramo, agregando los veintisiete metros más a los demás tubos en operación. Al instante, al girar todo el sistema de perforación, se escucha crujir la estructura de perforación; una extensión de mas de quinientos metros de tubería de acero entra en acción, hurgando sin pudor alguno, la riqueza natural que todos los mexicanos hemos recibido por la fortuna de la vida, en larguísimos periodos del tiempo geológicos. Siendo los destinatarios de una responsabilidad que ponía a prueba nuestra capacidad de entender la vida. La barrena penetraba el corazón de un antiguo arrecife fósil, según los paleontólogos, de edad Cretácico Medio.

Los arrecifes de coral, irremplazable por su crecimiento gradual, en millones años de evolución. Una eternidad que nunca, en ningún momento, el hombre volverá a ver. En su tiempo, en un ambiente tropical de aguas cálidas de color turquesa; el arrecife desborda de vida en un abanico de formas y colores: algas calcáreas, peces, corales, caracoles, erizos, cangrejos, langostas, tortugas, guachinangos… Los arrecifes de coral; la eterna primavera de las aguas tropicales. Un ambiente perfecto para el desarrollo de la vida.

Cerca de los seiscientos metros de profundidad, en el corazón del arrecife fósil, la barrena continúa con la perforación; cuando de repente… el gas en solución sé separa violentamente de los hidrocarburos. ¡Habían encontrado petróleo! En el entorno que rodea al pozo, se escucha el ruido estremecedor que provoca el gas al sentirse liberado. Era cómo una gigantesca champaña al ser destapada. El ruido pavoroso congela a los presentes. Un estado de aturdimiento se apodera de todos. El terror reflejado en las caras por la manifestación descomunal del pozo, provoca una estampida, primero en los animales, le siguen los trabajadores y por ultimo los curiosos. Al instante con desplazamiento vertiginoso, el gas se mueve en dirección a la superficie, al brotar al exterior, golpea de forma violenta la enorme torre de perforación, expulsando por los aíres toneladas de acero del sistemas de perforación.

El ruido ensordecedor, provocado por la liberación del gas, se escucha por todos los rincones de la región, cómo una alarma nacional, del porvenir que estábamos alimentado. Pero fue tan intenso el ruido que nos quedamos sordos. El pozo explorador San Diego de la Mar se había descontrolado. Fue tan aparatoso, que los lugareños lo llamaron el “El Dos Bocas”.

En ése escenario aterrador, brota del interior de la tierra un fluido oscuro que se eleva, hasta alcanzar una altura cercana a los trescientos metros. El diámetro del flujo de aceite crece con forme gana altura, hasta perder su forma en la dirección del viento. El flujo de aceite se mantiene suspendido, como una fuente natural, alimentado por más de cien mil barriles de petróleo por día. Al precipitar al suelo, como si fuera lluvia, forma una corriente de aceite que avanza en dirección de un ambiente de desolación y de miseria.

La riqueza descubierta provocó un estado de frenesí en las economías de Occidente. Un excesivo deseo de apropiarse por el petróleo, que por enésima vez, con avidez, volvían sus ojos a mirarnos. Así, durante los siguientes 30 años, las expediciones exploratorias en busca del petróleo, se multiplicaron, de igual forma el número de torres de perforación. Le seguirían cientos y cientos de pozos hasta llegar a sumar miles de ellos: Juan Casiano, Potrero del Llano, Cerro Azul, Zacamixtle, Tancoco… así, durante cuatro décadas sólo veíamos el trajinar por el petróleo.

Encorvado. Apoyando las plantas de los pies en el peldaño, el dibujante endereza su cuerpo, hasta llevar su espalda al respaldo de su asiento, había llegado al punto final de su trabajo. Y con un semblante de fastidio, hace la limpieza de su material de trabajo, y empieza a recoger todo. Había dibujado un círculo negro por cada pozo perforado, fueron miles de círculos negros sobre el plano, eran tantos que se amontonaban entre sí, develando una figura con forma de luna nueva creciente.

Era el arrecife de coral en forma de anillo, como resultado de la radiación evolutiva durante millones de años; en la vida de un yacimiento. En el mundo entero, sería conocida como “La Faja de Oro”.

El escudo de armas. Luce un sarape incoloro hasta la altura de las rodillas, que permite ver el pantalón de manta pegado a las piernas. De piel morena y estatura regular, cubre su cabeza con un sombrero de palma de copa alta. Es la figura del hombre humilde del campo mexicano. Está ahí, involuntario, en ese escudo de armas.

Lo vemos como a una persona de condición social baja, pero, diferente a nosotros, es decir, de ninguna manera nos vemos en él. Sin embargo, la figura del peón mexicano en el escudo de armas, nos representa a todos, nadie se escapa. Es el lugar que ganó como un reconocimiento, quizá, a la obediencia; sólo cumplía con su trabajo, indiferente a los motivos o relaciones de lo que hacia. A su lado otra figura, ahora de un hombre rubio. Ambos sirven de soporte a un estandarte que representa la ideología del escudo. Arriba del estandarte descansa una corona de oro con nueve esferas de plata y piedras preciosas, y en cima de la corona, un yelmo excesivamente adornado con hojas de acanto de color oro y carmesí, que se acomodan hacia ambos lados del casco. Más arriba del adorno del yelmo, un águila con las alas entreabiertas. Es el insólito escudo de armas del diputado por México (así se le conocía en 1910, en el parlamento inglés), Weetman Pearson.

Conciencia-mundo. La actividad se inicia con la observación directa de la roca. Una roca blanca es siempre lo mismo, pero viene el ser humano y encuentra que, su color depende del tipo de mineral que contiene. Es decir, es el estudio el que halla la relación entre el color de la roca y su contenido mineralógico. De igualmanera, la existencia de hidrocarburos depende de cierta propiedades que el hombre estudia en las formaciones geológicas como: edad, espesor, porosidad, permeabilidad, profundidad etc. Pero, no todos los hombres participan a ese nivel de reflexión, es el caso del peón mexicano que durante el estudio de campo que realizan los extranjeros, él sólo carga las muestras de roca que son señaladas. No puede saber de relaciones, sólo fue contratado para cargar rocas. Así durante cuarenta años de estudio geológico, el color de la roca o la geología, le fue irrelevante. Es decir; no existe una conciencia de mundo, la conciencia y el mundo están separados. Hay una conciencia por un lado, y un mundo que carece de sentido por el otro.

En el otro extremo, cuando el peón mexicano decide tomar posesión de su petróleo, y más tarde entiende que la existencia del petróleo está relacionado con ciertas condiciones en la roca, y que además, es de importancia vital para su desarrollo, en ese momento, hay una conciencia de mundo. La unión entre la conciencia y el mundo, se va dando en la medida que vamos comprendiendo la vida. Hay más conciencia de sí, porque tenemos más conciencia de mundo.

Proyecto humano. Es el hombre el que le da importancia al petróleo, al darle un sinnúmero de usos. De la misma manera, le da significado a la relación que tiene la geología con la presencia del petróleo. Entonces, es el proyecto humanó el que le da sentido a las cosas del mundo. Si el hombre carece de proyecto, como el peón mexicano, se pierde el sentido de las cosas. Sin proyecto, el hombre solamente tiene existencia.

Cuando el peón mexicano decide tomar posesión de su petróleo, elige como proyecto; la libertad de tomar sus propias decisiones. La libertad es el proyecto más importante para el hombre, es el fundamento de todo lo que quiere ser.

Cómo duele una agresión a la patria. Dura toda la vida; después, la pena la llevan los hijos; más tarde, vienen los hijos de los hijos y seguimos con ese dolor, es un dolor que no termina. La agresión a la patria, duele más cuando va acompañada por traidores, ahora se fortifican con altas murallas para terminar el despojo que han planeado durante años. Una agresión de ese tamaño está en marcha, el plan se inicia con la modificación de la Carta Magna. No hay en el mundo, no puede haberla, una sociedad tan estúpida que entregue voluntariamente un líquido tan precioso para su desarrollo, a intereses privados y depredadores. En un contexto de falta de libertades políticas, la decisión de unos pocos no puede tener validez, menos cuando se lástima a la inmensa mayoría de mexicanos.

Solo puede haber validez en las decisiones tomadas por la mayoría trabajadora del país, solo puede haber libertad cuando ésta tome el poder y los recursos estratégicos en sus manos. En el momento que vamos perdiendo la libertad, vamos perdiendo nuestro ser. El hombre vino a este mundo para ser libre y para luchar por su libertad.