Reflexiones sobre el T-MEC

11.Dic.19    Obrero Sindical
   

La imagen es clara: el interés de los monopolios dicta la política laboral de este gobierno.


El día de ayer se firmó el protocolo modificatorio del T-MEC, a bombo y platillos. López Obrador recibió a los representantes de los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, en una reunión para administrar los intereses de los monopolios de los tres países y poder finiquitar el tratado económico interestatal.

Los representantes de los tres países coincidieron en que este tratado beneficiará el desarrollo de la región de América del Norte, sin embargo, esta afirmación no se traduce en un bienestar para los trabajadores de la región. En todo caso, los beneficiados serán los grandes monopolios de Canadá, Estados Unidos y México y no los trabajadores de ninguno de los tres países.

Estos gobiernos realizan acuerdos con base en los intereses de los empresarios, por lo que no se puede esperar beneficio alguno del T-MEC, por el contrario, cuando Nancy Pelosi afirma que el T-MEC es “infinitamente mejor que el TLCAN”, lo que quiere decir es que es más benéfico para los monopolios y por lo tanto, más dañino para los trabajadores. De esta declaración se desprende que el TLCAN fue benéfico para los monopolios y que el nuevo tratado traerá aún mayores beneficios, pero recordemos que esto no solo aplicó para Canadá o Estados unidos, como resultado del TLCAN también hubo beneficio a los monopolios mexicanos.

Un ejemplo de que el T-MEC se basa en los intereses de los monopolios canadienses, estadounidenses y mexicanos es el hecho de que parte de las negociaciones giraron en torno a los beneficios de las ramas minero-metalúrgica y automotriz. El gobierno de Estados Unidos impulsó que el 70% del acero usado para la producción de automóviles debe provenir de Norteamérica. También destaca la negociación sobre la duración de las patentes de medicamentos. Si se ahonda más en el tratado se pueden encontrar más ejemplos que demuestran que en la base del T-MEC está el interés capitalista.

Así como en 1994 Salinas de Gortari impulsó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, TLCAN, ahora López Obrador impulsa el T-MEC. Ante este panorama nos preguntamos: ¿dónde están los opositores del TLCAN? ¿dónde están que no aparecen? Lo que se hace presente es la degeneración de sectores políticos denominados de “izquierda” que ayer levantaron una férrea oposición y que denunciaron el TLCAN como dañino para México y que hoy respaldan el nuevo tratado T-MEC. Cualquier fuerza que apoye lo intereses de los monopolios, y por tanto, afecte los intereses de la clase obrera, y sin importar los baños de progresismo y caretas de “izquierda”, esas fuerzas deben ser ubicadas como es enemigas de los trabajadores.

La denuncia de estos sectores de “izquierda” era que el TLCAN dañaba a México, pero no diferenciaban entre los intereses de los trabajadores y los intereses de los empresarios, lo que devela que esta posición política estaba penetrada por la idea de “unidad nacional”. Su consideración era que tanto trabajadores como empresarios mexicanos eran dañados por el Tratado. La realidad es que el TLCAN implicó un beneficio para los monopolios de los tres países con la afectación de sus trabajadores.

Existen temas de disputa entre los partidos burgueses, pero así como la burguesía se puso de acuerdo para poner a López Obrador en la Presidencia de México, ahora los distintos partidos políticos burgueses cierran filas para tributar a los empresarios un Tratado económico que les favorezca.

Solo un ejemplo de lo anterior, es la declaración de Mauricio Kuri, coordinador del Partido Acción Nacional, PAN, en el Senado, donde indica que su partido no pondrá oposición a la ratificación del T-MEC. Lo que demuestra que, en lo esencial, tanto MORENA, el PAN y demás partidos políticos burgueses, son lo mismo: gestores de los monopolios y sus intereses económicos y, por tanto, sus gobiernos no pueden ser favorables a los trabajadores.

Ante esto, hay quienes dicen que es una idea dogmática o reduccionista considerar solamente dos alternativas: o estar con los trabajadores o estar con los monopolios. Sin embargo, nosotros consideramos que esta es la expresión viva de la teoría marxista, la comprensión cabal de la lucha de clases y el centro de la política revolucionaria. En la oposición al T-MEC se devela el verdadero carácter de clase de las fuerzas políticas, y únicamente oponerse a él sitúa a la fuerza en el campo revolucionario. Apoyar o justificar el  T-MEC, andar con medias tintas, es una entrega vergonzosa a los intereses del enemigo de clase. Los comunistas reiteramos nuestra oposición a este acuerdo y saludamos a las fuerzas que en nuestro país y en otros países, se oponen al tratado interimperialista.

Es buen momento para recordar que no se debe perder la brújula del análisis marxista. Recordar en todo momento que la dinámica económica del capitalismo, así como sus acuerdos interimperialistas, por lejanos o ajenos que puedan parecer a sectores de nuestra clase, están estrechamente relacionados con nuestras condiciones de vida, con la desvalorización de nuestra fuerza de trabajo, y por lo tanto, con la lucha de clases.

Se debe resaltar que los múltiples conflictos políticos y sociales están atravesados por la lucha de clases, y sólo de la mano de esta pueden ser entendidos de forma correcta.

Ciertas agrupaciones de la burguesía, como el Consejo Coordinador Empresarial y la COPARMEX, se han reunido y se reunirán nuevamente para evaluar el T-MEC, que en general es benéfico a los monopolios. Esto no deja de lado algunas inconformidades, por ejemplo, lo que ha declarado en su contra la COPARMEX, sin embargo, esto no es motivo para que cedamos al llamado de que “sectores de derecha están dispuestos a atacar al progresista López Obrador” y que por tanto hay que cerrar filas con él.

Las pugnas interburguesas existen, dentro de un país, entre los monopolios de una región, entre los monopolios de una región contra monopolios de otras partes del mundo, etc. Por tanto, hay que desmentir que este tratado de libre comercio implicará un desarrollo económico armonioso con los demás monopolios de la región. En medio de las pugnas interburguesas los comunistas no debemos tomar partido por bando alguno, ni por monopolio o país alguno de la región ni del mundo, antes bien levantamos la bandera del internacionalismo proletario y la oposición conjunta de los trabajadores de los tres países contra los monopolios y sus gobiernos.

Las fuerzas anticapitalista y antimonopolistas debemos tener en claro que del T-MEC no podemos espera más que la afectación de los trabajadores. En México hay quienes afirman que como parte de este Tratado se han impulsado políticas benéficas a los trabajadores, y esgrimen que, por ejemplo, se impulsó y ratificó el acuerdo 98 de la OIT sobre la libre sindicalización; o dirán que en el tema del cómo verificar que se cumpla la “protección laboral” el gobierno mexicano defiende la “soberanía nacional” al oponerse a las inspecciones de agentes norteamericanos para verificar las empresas mexicanas. Habrá otros argumentos que vean favorable el T-MEC para los trabajadores. Si observamos las fotos de la firma del protocolo modificatorio del T-MEC, encontramos que entre los acompañantes de López Obrador estuvo Luisa María Alcalde de la Secretaria de Trabajo y Previsión Social.

La imagen es clara: el interés de los monopolios dicta la política laboral de este gobierno.

La realidad es que la libre sindicalización fomentará la fragmentación del ya de por sí débil sindicalismo mexicano. Las actuales condiciones la libertad sindical serán usadas por el sindicalismo colaboracionista (sean sindicatos blancos o “charros”); y la “defensa de la soberanía” es en realidad la defensa de los intereses de los monopolios. Sumado a esto, hay que decir que con el T-MEC los migrantes no mejoraron su situación actual, continuará la precarización de los trabajadores, se dará facilidades para la explotación y contaminación de la naturaleza.

Donde los administradores de los intereses de la burguesía ven progreso, los trabajadores debemos anticipar la profundización de la explotación, mayor precariedad, y por tanto comprender que la implementación del T-MEC es un asunto de la lucha de clases.