México. Transporte, discriminación y pandemia en Yucatán

13.Ago.20    Noticias nacionales
   

Es tiempo de acabar con los acuerdos entre empresarios y autoridades que generan beneficios privados y empobrecen al pueblo, corresponde superar lógica de acumulación de riqueza en detrimento de la mayoría social


El tema del transporte público y la necesidad de reformular todo el sistema del servicio en Mérida y el resto de Yucatán, ha estado en el debate desde tiempo atrás, no es casual que haya sido justamente este tema el detonante de infinidad de protestas juveniles-estudiantiles y populares-obreras contra el alto costo del pasaje y la ineficiencia de las rutas-horarios, así como, por el mal estado de los camiones y el trato discriminador e injusto que muchos usuarios padecen. 

Ahora en el marco del Covid-19, el transporte público vuelve a estar en el centro del interés social por considerársele un foco de infección y propagación del virus, resurgiendo las denuncias contra el mal servicio general, evidenciándose la urgencia de una reforma profunda que lo renueve, aunque también, algunos de los comentarios realizados en torno al transporte y los usuarios han caído en franco racismo y discriminación por ser justamente el medio de transporte principal de la clase obrera y los sectores populares, quienes padecen los efectos y riesgos de la pandemia de forma más directa ante la necesidad-obligación de continuar laborando para así asegurar sus trabajos y ganar el sustento diario, es el proletariado el motor social generador de la riqueza sin cuya fuerza de trabajo el sistema verdaderamente colapsaría, pero dado el carácter injusto imperante, son ellos y ellas los que viven al frente de la batalla por la sobrevivencia, y esto naturalmente, incluye a los trabajadores y trabajadoras de la salud quienes también usan y padecen las deficiencias del transporte público. 

Desde hace algunas décadas, hemos pugnado en las calles como en otras tribunas, por una reforma integral del transporte, la cual debe contemplar la reformulación de las rutas, los horarios, los camiones modernizados que puedan garantizar el cuidado ecológico necesario al igual que la equidad social al prestar servicio a grupos vulnerables como los discapacitados, además de una necesaria reducción del precio del pasaje usando otras formas de pago-cobro (tarjetas inteligentes por ejemplo) y considerando las distancias recorridas por el usuario, más ahora que la crisis económica golpeará a los trabajadores y trabajadoras directamente. 

Es necesario al hablar de nuevas tarifas, hacerlo también de mejores condiciones de trabajo (sueldos y prestaciones sociales) para los choferes, mecánicos, checadores y demás trabajadores, varios estudios han formulado la posibilidad de un cambio en el servicio, que por el momento está concesionado en manos de particulares, pero es responsabilidad del Estado. Es tiempo de acabar con los acuerdos entre empresarios y autoridades que generan beneficios privados y empobrecen al pueblo, corresponde superar lógica de acumulación de riqueza en detrimento de la mayoría social y dejar atrás la criminalización que se práctica en este contexto adverso sobre los usuarios, acusándolos de irresponsabilidad negando las condiciones reales de un sistema de transporte público ineficaz y francamente superado en la desventura del coronavirus que afrontamos. A mi entender, el transporte público debiera ser estatalizado, garantizando un servicio que responda a las necesidades de los usuarios, pues son justamente los trabajadores y los sectores populares quienes generamos la riqueza con la que podría sustentarse.