México ante el COVID-19

16.Mar.20    Noticias nacionales
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En nuestro país el peligro ante la enfermedad es latente. Nuestro sistema de salud pública está muy cerca del colapso.


Ante la aparición de la enfermedad respiratoria comúnmente conocida como coronavirus, hoy declarada pandemia, consideramos necesario compartir la siguiente información y proponer algunas acciones al respecto.

 

Los trabajadores del mundo hemos logrado, a través de la lucha permanente y la organización, una serie de derechos que garantizan el bienestar humano. Esta lucha incluye el derecho a la salud. La salud es un derecho inalienable que consideramos debe ser pública, universal y gratuita. Hemos presenciado en los últimos años una sustitución del sistema público de salud por entes privados. En el caso de la pandemia de coronavirus, la privatización del sector salud representa un atentado a los sectores populares y a los trabajadores. Los sistemas de salud en México están muy cerca de la saturación, y en algunos casos están, inclusive, colapsados.

 

En México como en todos los países capitalistas, el interés de la burguesía está enfocado en abastecer mercados antes de la salud de las personas. La explotación de la clase trabajadora incluye la reducción al mínimo de la atención en salud y alimentación, así como la investigación científica relacionada, ya que atender a la población y realizar investigación involucra inversión. Y, por tanto, una reducción en los márgenes de ganancia de los capitalistas.

 

Esta reducción tiene también como consecuencia sistemas de salud débiles y saturados, así como la falta de planeación para atender emergencias médicas y de otra naturaleza. En los últimos años hemos visto un proceso de privatización del sistema de salud, precarizando aún más los derechos de los trabajadores y exponiéndolos a enfermedades e incluso a la muerte. 

 

En México hemos presenciado una reducción en el derecho a la salud que viene aparejada con la privatización de los sistemas hospitalarios, incluidos los insumos, instrumentos y aparatos de diagnóstico de última generación, la precarización laboral de los médicos, y la reducción (y casi desaparición) del acceso a medicamentos. Los medicamentos a los que accede la población no son de última generación, ni resuelven los problemas de salud más apremiantes de los sectores populares.

 

En consecuencia, podemos afirmar que la aparición del sector privado es un elemento que se opone directamente al acceso universal a la salud. Adicionalmente, existe una privatización del acceso a la información relacionada con enfermedades (lo cual incluye el bloqueo de la producción de medicamentos, instrumentos e insumos en salud por razones de patentes) y existe la privatización de medios de diagnóstico. En nuestros días ha desaparecido la capacidad de la población para producir sus medicamentos y el acceso a tecnologías de diagnóstico es prácticamente nulo.

 

En términos de nuestro país, el peligro ante la enfermedad es latente. Nuestro sistema de salud pública está muy cerca del colapso. La capacidad de atención ya era precaria en los últimos años, situación que se ha agravado con la política denominada de “austeridad” de la administración actual. El problema principal de la aparición de epidemias como el COVID-19 es que agrega aún más presión al sistema público de salud, poniendo a prueba la capacidad instalada y la capacidad de atención, no sólo en relación con el COVID-19. Sino que ante la disyuntiva de atender personas enfermas con otras afecciones (digamos, crisis diabéticas, ataques cardíacos, cáncer) y atender a personas enfermas con coronavirus se quedará un sector de la población sin atención, atentando prácticamente contra su vida.

Adicionalmente, sabemos que una proporción importante de la población del área rural son personas mayores. Son precisamente las personas de la tercera edad quienes están más expuestas en este caso particular del COVID-19. A la fecha, sabemos que los gobiernos no tienen estrategias de mitigación para las aglomeraciones de los días de mercado en cabeceras municipales y centros poblados. Los sectores populares estarían entonces en una situación muy vulnerable ante la falta de planeación.

 

En conclusión, el sistema público de salud en México está deteriorado, y es incapaz de atender el grave problema del Covid-19. 

 

Sabemos que existe y va a existir una serie de inquietudes por parte de los trabajadores y sectores populares respecto a la salud y el COVID-19. La aparición de situaciones de emergencia que atentan contra el derecho a la salud y la vida puede ocasionar manipulaciones políticas que generan muchos rumores y las ahora denominadas Fake News. Por lo cual recomendamos lo siguiente:

 

Acerca de la comparación del número de pruebas que son necesarias para controlar, reducir e identificar a las personas enfermas. Las pruebas de diagnóstico de COVID-19 son extremadamente caras. La estrategia de detección temprana es muy efectiva, pero pensamos que debe ser masiva para que funcione. El gobierno de México está rebasado en este momento para realizar este tipo de estrategia en el combate de la enfermedad. Independientemente de la estrategia que se utilice para atacar este tipo de problemas, debemos exigir, tanto a los gobiernos como a los empresarios, una cobertura de salud suficiente y correcta.

 

El capital intentará mantener el mayor tiempo posible las actividades productivas en el país, argumentando que “unos cuantos casos no deben preocuparnos”. Nuestra recomendación es que se exijan acciones claras, contundentes y convincentes, que estén basadas en el conocimiento científico para el combate de este tipo de enfermedades. Ante la emergencia nuestra recomendación es reducir las interacciones sociales para salvar cientos o miles de vidas.

 

No se trata de entrar en pánico. Se trata de entender qué es y cómo funciona una pandemia. Es imperativo retrasar la curva de contagio para que el sistema resista, así como nuestros seres queridos vulnerables. Se trata de ser sensatos para salvar vidas.

 

El cierre de eventos masivos es lo mínimo que hay que hacer. Pero eso no va a ser suficiente, son muchas las estrategias de mitigación que hay que analizar.

 

No hay duda en este momento que las estrategias de mitigación son absolutamente necesarias para reducir el número de muertes y la gran demanda hospitalaria que viene. Esta conclusión se desprende también de la experiencia de China.Tampoco hay duda en que la población que tendrá las mayores demandas en salud y el mayor riesgo de severidad es la población > 65 años. Sin embargo, lo complejo es que en riesgo de infección (con o sin síntomas) estamos todos y podemos infectar a otros.

 

Lo que también hemos aprendido de China es que estas estrategias para que sean realmente efectivas deben ser fuertes y sostenibles. De hecho, saber el tiempo que deberían implementarse es algo aún en investigación porque China no ha vuelto a su normalidad. Hay puntos intermedios que no implica un cierre absoluto de todas las actividades de la vida diaria en comunidad, sino algunos dirigidos a la población en mayor riesgo. Unas medidas fuertes y por largo tiempo definitivamente modificarán la provisión de servicios básicos a la población, y me temo que especialmente a la más vulnerable.

 

Algo que es vital entender es que la transmisión puede continuar por mucho tiempo hasta cuando no se alcance el nivel de inmunidad suficiente en la población. Y dado que aún no tenemos vacunas, es muy complejo pensar en un combate absoluto y completo de esta enfermedad, pero podemos luchar por que se mejore lo más posible la infraestructura médica y se recupere el derecho universal a la salud.

 

¿Cómo es que apareció el coronavirus?

 

A finales de diciembre del 2019 se presentaron pacientes en la ciudad de Wuhan, China con neumonía viral. Posteriormente, se conoció que la enfermedad que presentaron estos pacientes fue identificada como 2019-nCoV (ahora conocido como COVID-19). Se sabe que el 66 % de los pacientes estuvo en contacto directo con el mercado local de mariscos de Huanan, de la misma ciudad de Wuhan, China.

 

Las estadísticas que se tienen para el COVID-19 en el mes de enero corresponden a casos que presentaban signos de neumonía, sin pruebas de laboratorio. A partir del 10 de febrero del 2020 se realizaron diagnósticos, tanto con signos de neumonía como de laboratorio. Pero fue a partir del 19 de febrero cuando que se consideraron sólo los casos tomados por pruebas de laboratorio para determinar si una persona estaba contagiada por COVID-19 o no.

 

El 17 de enero se tenían 62 casos, y en tan sólo 9 días después (el 26 de enero) ya existían 2, 744 casos. Un mes después (el 26 de febrero) se registraron 78, 497 casos. Mientras que para el 11 de marzo ya se habían reportado 80,793 casos de coronavirus en el Mundo. Estas cifras continúan aumentando en todos los países, con excepción de China, que muestra señales claras de remisión (reducción de casos nuevos) desde el 11 de marzo.

 

China desencadenó varias acciones ante esta enfermedad y fue la colaboración científica y política de datos compartidos y públicos lo que permitió su estudio profundo. Gracias a esta colaboración y datos, ahora se sabe que el 2019-nCoV (NC_045512.2)   ahora COVID-19 es un virus de 29.9 Kb de tamaño en su genoma, con 11 genes y 12 proteínas. Es un virus muy pequeño, si lo comparamos con el genoma del humano que tiene 27,000 genes.

 

Este virus se le ha considerado más virulento y mortal que los virus de la influenza, puede matar a personas vulnerables cada año. Se ha reportado que  COVID-19 es tan distante en términos genéticos del SARS-CoV como para ser considerado un nuevo betacoronavirus que infecta a humanos. Además del estudio a nivel molecular de COVID-19, se han hecho en China estudios epidemiológicos con modelos matemáticos, a la par que se han llevado a cabo medidas para controlar el coronavirus. 

Sin embargo, el gobierno chino no ha permitido que esta nueva forma de colaboración y comunicación abierta entre científicos y público se lleve a cabo. Han existido resistencias y conflictos, principalmente relacionados con el manejo político y las consecuencias económicas del desarrollo de la enfermedad. Justo desde el inicio de la aparición de esta enfermedad, en enero, existieron diversos arrestos a médicos, acusados de difundir rumores en las plataformas de redes sociales chinas, como “Wechat” (el Whatsapp de los Chinos).

 

El 4 de enero la Universidad de Hong Kong advirtió públicamente que se deberían implementar estrictos sistemas de monitoreo por la transmisión humano a humano, considerando el año nuevo Chino. En consecuencia, el gobierno local de la provincia de Wuhan anuncia que se deben llevar a cabo las mismas medidas que se toman regularmente para la influenza y se da aviso oficial a la Organización Mundial de la Salud.

 

El 9 de enero se aísla el COVID-19, el día siguiente (10 de enero) se secuencia el gen en la Universidad de Fudan en Shanghai. La secuencia del gen se publicó el 13 de enero y es hasta el 26 de enero cuando el centro de control y prevención de enfermedades de China inicia la investigación en vacunas contra el coronavirus. 

 

Prácticamente un mes después de que el COVID-19 aparece (22 de enero), es cuando el gobierno chino anuncia la cuarentena, cancela vuelos y trenes desde y hacia la ciudad de Wuhan. Las acciones más contundentes contra la enfermedad se dan el día 23 de enero. Ese día se suspende todo transporte público en Wuhan, se cierran 70,000 cines, y se pospone el festival de primavera. Es el día 26 de enero cuando se inicia la construcción de un espacio exclusivo para la atención de pacientes enfermos de COVID-19 (el Hospital Huoshenshan).

 

Adicionalmente, se prohíbe el comercio de animales salvajes y se cierran escuelas en la capital de China, Beijing. El 2 de febrero se termina el hospital Huoshenshan y se construye una fábrica que asegura la producción de hasta 1 millón de cubrebocas al mes. El 10 de febrero existe un alza generalizada de precios en los alimentos. Productos como la carne suben localmente a precios muy altos y a nivel internacional esto se refleja en un aumento de 8.5%.

 

Mientras tanto, a nivel internacional el COVID-19 expande su distribución, siguiendo el mismo crecimiento exponencial en el número de infectados que ocurre en China. El 11 de marzo a la 01:13:18 pm se tenían registrados 124,578 casos. De estos casos, se registraron 4.589 muertes (lo que corresponde a 3.68% del total de casos). A la fecha, los tres países con mayor número de casos son: China, con 80,924 casos, Italia, que ha reportado 10, 462 e Irán, con 9,000 casos. Sin embargo, la información acerca de la pandemia aún es incompleta.

 

Si nosotros vemos los registros investigados en diferentes sitios oficiales en la red, de los 15 países de América Latina solo dos cumplen dicha información y cumplen al 100% con calidad de información Chile, República Dominicana y México. Existen otros países donde la información es casi nula y solo se da la confirmación del caso y poco más, como en Ecuador, cuyos datos son muy importantes para la región, pero no la logrado una buena comunicación. Es por eso que nuestra recomendación es que todas las secretarías e instancias de salud, a todos los niveles deben mejorar sus informes de casos, de acuerdo a los estándares de la OMS. Esto evita propagación de noticias falsas (Fake News) que después puedan afectar a todos.

 

 

 

La organización mundial de la salud, aun cuando es una institución preeminentemente científica, no está exenta de la influencia política y los intereses del capital internacional. Una muestra clara de esto es que la OMS ha tardado en decir que es una Pandemia (lo cual significa que el COVID-19 ya tiene dimensiones globales).

 

Por el costo económico que implica, (por ejemplo, hay estudios de la Universidad de Oxford donde se estimó que en 4 semanas tan sólo el cierre de escuelas implicaría una reducción del 0.6% del PIB. Gran parte de esta pérdida se debe a que los trabajadores necesitan cuidar a los niños en casa) los gobiernos del mundo se encuentran en una contradicción entre tomar acciones (lo cual significa parar la producción, al tener que permitir que los trabajadores se queden en casa ante la sospecha de contagio) u omitir acciones y apostar a que los sistemas de salud no colapsen (lo cual puede implicar también una protesta generalizada).

 

El análisis sobre las implicaciones de la aparición de enfermedades ya se ha realizado, y el mundo capitalista ya está claro de estas implicaciones. Existe un estudio en Australia donde se realizaron varios escenarios, una situación leve de gripe que cueste 1.4 millones de vidas representaría una pérdida de hasta 330 millones de dólares.

 

En un escenario en el que se verían involucradas más personas infectadas, con 42.2 millones de personas muertas se perderían hasta 4.4 trillones de dólares. Esta pandemia nos permite tener claro que los intereses de los empresarios, gobernantes y toda la clase burguesa es mantener los mercados para su beneficio a toda costa.

 

En términos de las universidades, centros de investigación y escuelas, veremos que las plataformas virtuales de educación serán la alternativa para las casas que tienen internet. Es posible que el gobierno censure datos y redes sociales que inclusive hagan leyes de producción para garantizar la fabricación rápida de suministros médicos para el sector privado, veremos el gran daño que esta epidemia afecta a nuestra clase proletaria por los intereses de la burguesía si no se toman la medidas adecuadas.

 

La clase proletaria que somos nosotros los trabajadores debemos cambiar el sistema pugnar por una atención médica universal y gratuita, por mejor investigación científica y considerar al menos un mes por enfermedad remunerada para los trabajadores. Al sistema capitalista no le importamos es momento de continuar la lucha proletaria exigiendo derecho y direccionándonos a tener mejores condiciones.

 

Mientras todo esto ocurre, lo que sucede es que ganamos tiempo para permitirle a la ciencia tomar acciones. Y hablando de acciones, sugerimos:

Acciones Individuales (que también deberían ser promovidas y gestionadas por las organizaciones, tanto el gobierno como los patrones tienen la obligación de proveer las condiciones para que esto ocurra): 

 

- Lavado de manos

- Higiene respiratoria

- Uso de tapabocas (solo sintomáticos)

- Desinfección de superficies

- Evitar sitios concurridos si tiene síntomas (Incluye la lucha por la inasistencia justificada con goce de sueldo).

Acciones en las comunidades:

- Promover prácticas de protección en colegios, escuelas, universidades, sitios de trabajo

- No asistir a aglomeraciones si no es necesario, en especial si > 60 años o pre condiciones (tener alguna afección respiratoria adicional, también conocido como co-morbidades)

-Prevenir infección en todos, especialmente en los mayores de 65 años (mayor riesgo de gravedad)

- Si hay un enfermo respiratorio en casa:

- Higiene respiratoria y desinfección 

- Intentar consultar vía telefónica o App para recibir instrucciones

Sector Educativo:

- Promover prácticas de protección personal en centros educativos

- Planear mecanismos y plataformas de educación por internet (tenerlos listos en caso de que en algún momento se requieran)

- Es vital que la educación y acompañamiento continúen

Exigimos que las autoridades:

- Comunicación clara y transparente a la población

- Presenten y ejecuten planes de mitigación orientados por información científica 

- Provisión de servicios y la economía debe continuar, con planeación.

- Un plan claro de protección de adultos mayores

- Garantizar acceso a tratamientos para co-morbilidades. Prevenir co-morbilidades previene casos graves de COVID19

- Crear redes de apoyo para adultos mayores que viven solos

- Provisión suficiente y adecuada de medicamentos

- Provisión suficiente y adecuada de vacunas 

- Exigir presupuesto para los científicos especializados que permitan entender más la enfermedad

Para futuras pandemias:

-Atención médica universal y gratuita 

-Mejor investigación científica

-Al menos un mes de remuneración por enfermedad (mínimo)

 Las investigaciones toman tiempo, así que todo el tiempo que logremos ganar es valioso.

Debe de inmediato aprobarse una partida presupuestal para atender la emergencia COVID -19.