Madera, entre la reivindicación y el oportunismo

04.Oct.12    Opinión
   

En el Partido Comunista de México la reivindicación de todas las formas de lucha, incluyendo la lucha armada, no es una pose temeraria para engañar a las masas, ni una frase discursiva para un cartel alusivo a determinada efeméride con el cual tranquilizar a la militancia. En el programa del partido afirmamos que en nuestro haber se encuentra el acumulado histórico “de generaciones de revolucionarios que han luchado de todas las formas y bajo todas las condiciones contra el poder de la burguesía”. Y dicha afirmación no es letra muerta, por el contrario nos compromete a reconocer como parte de nuestra historia y nuestra herencia desde las luchas de los insurgentes contra el colonialismo español y por la independencia, las luchas contra los conservadores y la resistencia contra las intervenciones extranjeras, francesa y norteamericana, las luchas de los ejércitos campesinos y populares de Villa y Zapata hasta las luchas de Arturo Gámiz, Genaro Vázquez y Lucio Cabañas. Son estas luchas armadas expresión genuina del ansia de libertad de nuestro pueblo, ni se inventan ni se importan, las impusieron condiciones políticas y económicas adversas y sofocantes; le corresponde a los revolucionarios de hoy sistematizarlas para aprender de ellas.


Así es como este partido se presenta al pueblo trabajador, y así es como nuestro pueblo se reconoce y se identifica en su partido.

No es casual que los pueblos indígenas, campesinos y pescadores del estado de Guerrero, lo mismo de la Montaña, que de la Costa Grande y de la Costa Chica, los profesores normalistas, los profesores de las preparatorias populares, todos ellos descendientes en línea directa de las organizaciones y las luchas de Genaro y de Lucio, en su peregrinar de lucha contra las injusticias de los gobiernos federales y de los gobiernos locales en turno, incluidos los dos últimos autodenominados “de izquierda”, hayan encontrado en el Programa y las Tesis del Partido Comunista de México su trinchera y de manera natural hayan levantado la bandera roja de la hoz y del martillo, formando hoy en las filas del PCM.

Este partido no plantea el falso dilema de lucha armada o lucha pacifica, reconoce la combinación de todas las formas de lucha, mismas que se establecen y se desarrollan en función de la estrategia y las condiciones existentes en cada momento histórico.

Así, reconocemos y aplaudimos la lucha de las insurgencias colombianas, en particular la de las FARC-EP que desde hace casi cincuenta años hacen política por otros medios; reconocemos la heroica lucha de la resistencia afgana y de la resistencia iraquí contra el invasor yanqui, la lucha desigual y abnegada del pueblo palestino contra el invasor sionista.

Por tanto la reivindicación del Asalto al Cuartel de Madera del 23 de septiembre de 1965, no es una actitud ultrarevolucionaria, ni una añoranza febril de los militantes del PCM, los Resolutivos del Segundo Encuentro de la Sierra, fundamentación teórica para la estrategia de aquellos valientes del Grupo Popular Guerrillero han sido y siguen siendo motivo de estudio y reflexión para los militantes de este partido pues afirmamos encontrar en ellos una correcta interpretación de los postulados de Lenin sobre el imperialismo como fase superior y última del capitalismo y su aplicación certera a la realidad nacional de la época, en que veían a México como un país inserto ya en la cadena imperialista.

Ahí está la clave del asunto. La acción militar, o sea el asalto al cuartel, por si sola la “analizan” y denuestan o la ensalzan, los reaccionarios o los oportunistas, pero estos últimos casi siempre terminan deslindándose del hecho acotando “punto y seguido” o en nota marginal que están de acuerdo en reconocer el heroísmo de los jóvenes pero no están de acuerdo en el uso de la violencia.

La cuestión es clara, el oportunismo es consustancial al imperialismo, es parte integral de éste y, ante hechos históricos de tal envergadura no puede el oportunismo sino pretender causar confusión entre las masas. Adopta una fraseología ardientemente revolucionaria pero incongruente e inconsecuente por cuanto se deslinda siempre de las formas violentas que adquiere la lucha de clases en un momento determinado.

Descalificar las expresiones violentas de la lucha de clases o deformar los hechos históricos, reivindicando a la par de Arturo Gámiz y el Grupo Popular Guerrillero a sus traidores y denostadores es una actitud que pone en evidencia las expresiones oportunistas de nuestro tiempo, mismas que se deben combatir abierta y francamente si en realidad luchamos contra el imperialismo.

Ya parece que escuchamos los chillidos: “¡aventureros!” “¡trotskistas!” “¡anarquistas!” “¡infantilismo de izquierda!”. Porque esa es la posición fácil, la condena hueca ante la falta de argumentos. Conocemos ese modo: la descalificación antes que el debate.

¡Sea pues! El Partido Comunista de México seguirá abrevando en el torrente de las luchas de nuestro pueblo, aprendiendo de “sus experiencias positivas y negativas, extraemos lecciones para las luchas presentes y futuras, para los avances y retrocesos que habremos de enfrentar hasta el día de la victoria.”