Los mecanismos sindicales “charros”

02.Abr.15    Noticias nacionales - Opinión
   

300Al hablar de sindicatos comúnmente surgen las preguntas: ¿los sindicatos, sus representaciones y liderazgos responden a las necesidades e intereses de los trabajadores mexicanos? Definitivamente no, pues en la actualidad la mayor parte de los sindicatos, sus representaciones y liderazgos son fieles aliados de la patronal y el Estado mexicano, representan los intereses de la patronal y promueven la división entre el proletariado. Entonces, esos Sindicatos “charros” son traidores a la clase obrera para cuya defensa nacieron, por lo que hay que recuperarlos.


Uno de los mecanismos que adoptan para dividir a la clase trabajadora se expresa en los procesos electorales. En el caso específico del Sindicato Nacional de Trabajadores del Sistema de Transporte Colectivo Metro, que actúa como agencia de colocaciones para una empresa de carácter familiar: para ingresar, es necesario contar con un familiar que ya esté laborando previamente en el Metro y éste a su vez “recomienda” a un aspirante, familiar suyo, a ingresar a laborar en la paraestatal; quien “recomienda” solo puede ser padre, hermano y esposo/a del aspirante. La mencionada “recomendación” consiste en presentarse, “recomendador” y aspirante, en la sede sindical y anotar en una lista de espera a éste último. Y ésta lista de espera existe pues el ingreso de nuevos trabajadores depende en buena medida de la salida, ya sea por jubilación, despido u otros motivos, de otro trabajador; sale uno y entra otro en un proceso que puede demorar años… o no tanto. Hasta aquí, todo en orden… pero en éste punto, se infiere un primer método de división entre los trabajadores: sea por necesidad económica o por varias otras razones, los trabajadores se sumergen en una competencia sin tregua entre ellos, en aras de que el familiar “recomendado” se haga con el puesto de trabajo: regalar joyería, bebidas embriagantes y regalos de toda índole para favorecer al aspirante. Es decir, la lista de espera para ingresar no se respeta y quien “haga los mayores méritos” (en otras palabras, quien ofrezca más y mejores regalos) logrará que su familiar logre hacerse con un puesto de trabajo. Valga ésto como preámbulo y ejemplo, pues el sistema de competencia entre trabajadores, promovido por los líderes sindicales, no se limita al régimen de contrataciones.

¿Qué tiene que ver ésto anterior con los procesos electorales? Mucho… todo, mejor dicho. En época de elecciones, las posibilidades de “hacer méritos” se amplían. ¿A qué me refiero con ésto? La dirigencia sindical charra (y priísta) convoca a los aspirantes a “apoyar voluntariamente” en las campañas para los cargos de “elección popular” a los que buscan acceder algunos miembros de dicha dirigencia: repartición de volantes y propaganda partidista diversa; colgar pendones en árboles, postes y puentes peatonales y vehiculares; asistir a mítines y concentraciones propagandísticas, ya sea como meros acarreados o como fuerza de seguridad y de choque, etc. Todo ésto, como “apoyo voluntario”… de lo contrario, aspirante que no asista o retrasa su ingreso o de plano no entra a trabajar. Y vaya que si se cumple con los requerimientos de “apoyo”, el aspirante puede acelerar su ingreso a la paraestatal. Ésto en cuanto a los aspirantes. ¿Pasa algo similar con quienes ya laboran en el STC? Claro que sí. El sindicato charro no controla directamente el proceso de basificación pero sí que tiene injerencia en él. Antes de proseguir explico brevemente en qué consiste el proceso de basificación: a partir de la fecha de la firma del primer contrato laboral, éste de carácter provisional, pasados 6 meses 1 día el contrato provisional pasa a ser automáticamente de tipo permanente; este contrato se celebra con la empresa pero lo entrega el sindicato . ¿Y qué con ésto? Prosigamos con la narración-descripción: durante el proceso electoral presidencial de 2012, aproximadamente 12 trabajadores ya contratados provisionalmente (en espera de pasar al contrato permanente) fueron convocados a participar en el proceso “apoyando” mediante las actividades antes mencionadas, al entonces candidato Enrique Peña Nieto. El sindicato charro, prometiendo ayuda en la gestión para la obtención del contrato permanente para éstos trabajadores, se valió de éste recurso para obligarlos a “apoyar” al candidato priísta. ¿Y qué con todo ésto? ¡Todos éstos trabajadores ya tenían más de un año e incluso 3 años con el contrato permanente! El sindicato, ya con meses e incluso un par de años en posesión del contrato emitido por la empresa, para ser entregado de forma expedita a los trabajadores, chantajeó a éstos trabajadores; sencillamente, de manera artera y abusiva, retuvo el contrato como medida de presión, coerción y chantaje. ¿Qué contrato permanente podía gestionar el sindicato charro pues éste contrato ya existía? ¡Vaya timo!

¿Ésto tiene que ver con la división entre trabajadores? Bueno, éstos compañeros creen (de una manera ciertamente ingenua pues están enterados de la artimaña de la que fueron víctimas) que deben su empleo al sindicato charro y claro, al partido al que pertenecen sus dirigentes: el PRI. Algunos, no los ingenuos, sino los codiciosos con vocación de traidores, que no son pocos, ahora sirven como fieles cancerberos de los mezquinos intereses y necesidades de quienes van en contra de los legítimos intereses y necesidades de la clase trabajadora, a la que pertenecen pero en los hechos niegan; algunos de ellos ahora son atentos delatores, soplones e intimidadores de expresiones opositoras al sindicato charro, pues serviles traidores como son, esperan poder acceder a mejores puestos para ellos o “recomendar” y acelerar el ingreso de familiares suyos mediante los métodos antes descritos. Vaya, aspiran a ser la próxima generación de charros. ¿Se puede dividir más a la clase trabajadora? El ejemplo narrado se centra en el caso de una docena de trabajadores en un centro laboral de tantos que tiene el STC Metro. ¿Cuántas veces más se repitió ésto en otros centros del mismo STC? ¿Ésta escena no se repitió en los sindicatos charros como el Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana? Muy probablemente. ¿El charrísimo Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana pudo recurrir a ésta artimaña no solo para beneficio de Peña Nieto, sino para además generar la división ya descrita entre la clase trabajadora? Sería ingenuo pensar que no.

Que quede claro, los sindicatos no son el problema: son los traidores enquistados en sus dirigencias. Hombres y mujeres miserables que gustosamente seguirán empleando los métodos descritos y otros tantos más para mantener las botas de la patronal, el Estado y claro, la suya propia, sobre el cuello del pueblo trabajador, única y exclusivamente para mantener su vida de privilegios, dispendios y excesos.

Para dignificar la vida del pueblo trabajador, éste debe sacudirse el lastre del charrismo sindical y construir por sí y para sí, un movimiento sindical democrático y combativo con irrenunciable conciencia de clase para así garantizar que los derechos del pueblo trabajador y con éste, los derechos de sus familias, sean plena y permanentemente respetados.