Los apoyos del Gobierno de Yucatán: Un chiste para nuestras necesidades reales

14.May.20    Noticias nacionales
   

Las deficiencias y las insuficiencias del programa


Desde finales del mes de marzo, el Gobierno de Yucatán, encabezado por Mauricio Vila, anunció un programa de apoyos para distintos sectores, para lo cual se destinarían $3 228 millones de pesos. Estos apoyos se dividieron en: a) apoyos para la población en general; b) apoyos para el sector agrícola y pesquero, y; c) apoyo para micro, pequeñas y medianas empresas y emprendedores. La solicitud de los apoyos estuvo contemplada para ser hecha por internet, para lo cual fue creada una página especial. El apoyo más solicitado desde el principio ha sido el de seguro de desempleo, que contempla la entrega de $2 500 mensuales por dos meses. No obstante, el desinterés y la desconsideración para con la clase trabajadora muy prontamente se hicieron ver. Solo pensando que estos apoyos se tratan de una obra caritativa, por la que deberíamos estar profundamente agradecidos, se entiende que no sirvan para cubrir las necesidades reales de la clase trabajadora. En cambio, sí sirven para elevar por las nubes la imagen del actual gobernador de Yucatán, Mauricio Vila. 

Las deficiencias y las insuficiencias del programa

El día 6 de abril, el Gobierno inició, vía internet, el registro de solicitudes para recibir alguno de los apoyos. Apenas un día después, el martes 7, se suscitaron protestas a las afueras del Palacio de Gobierno. Desde tempranas horas, quienes accedieron al portal de internet, se toparon con un mensaje que decía “Seguro de desempleo, las solicitudes ya han rebasado la meta de este programa. Cerraremos el registro para poder procesarlas. Agradecemos su comprensión”. Al corte de las primeras 48 horas, se registraron más de 63 000 solicitudes para el seguro de desempleo, que solo tenía contemplado 46 800 apoyos. Cabe mencionar que el 59% de las solicitudes provino de la ciudad de Mérida, y apenas el 41% provino de los otros 105 municipios. Tan solo 13 días después, el 20 de abril, aproximadamente 100 personas protestaron nuevamente afuera del Palacio de Gobierno, entre quienes se encontraban albañiles, recicladores de basura, vendedores ambulantes y campesinos. Un trabajador protestó que “vienes y te dicen que entres a Internet. ¿Cómo vamos a entrar si no tenemos con qué?”, mientras mostraba su sencillo teléfono celular con teclado. ¿Cómo la clase trabajadora que carece de computadora, smartphone e internet podría solicitar siquiera estos apoyos?

De esta manera, son justamente los sectores más precarizados los que quedan excluidos de solicitar (ya ni digamos de recibir) los apoyos de seguro del desempleo. Como no tienen dinero suficiente, no pueden comprar un smartphone ni contratar un servicio de internet y, al no contar con estos, les es imposible solicitar el apoyo que requieren. Se trata de de una política que contribuye a profundizar las desigualdades inherentes a la sociedad capitalista, abandonando a su suerte a los más pobres.

Pero las dificultades para la solicitud del apoyo no son ni de lejos el único problema. El apoyo está destinado para quienes hayan perdido su empleo a causa de la contingencia y a quienes no tengan un empleo fijo y trabajen por su cuenta, y que además tengan entre 18 y 65 años. Según datos del cuarto trimestre del 2019, existen en Yucatán 21 308 desocupados, 259 513 cuentapropistas y 39 526 trabajadores sin pago. Además existen 735 306 trabajadores asalariados. Aunque no hay hasta el momento cifras concretas sobre el desempleo que ha traído consigo la contingencia sanitaria, el presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) delegación Yucatán, Fernando Ponce Díaz, advirtió que en los siguientes dos meses, sin el apoyo del Gobierno Federal, se podrían perder en Yucatán hasta 70 000 empleos. Vemos, entonces, que 46 800 apoyos son tremendamente insuficientes para amortiguar la crisis económica que como clase trabajadora enfrentaremos durante los próximos meses. Cabe resaltar el abandono y el olvido hacia los adultos mayores, que conforman la población más vulnerable. El Gobierno ignora que una parte muy importante de los trabajadores por cuenta propia son precisamente personas mayores, quienes a diario se ven en la necesidad de salir a trabajar vendiendo dulces, frutas de la región, verduras, etc. Recordemos, por poner un ejemplo, a las mujeres en el Mercado “Lucas de Gálvez”, esperando realizar alguna venta en medio del vacío y la desolación del mercado. Al parecer, estas mujeres solo son de importancia para el Gobierno cuando utiliza su imagen para atraer a los turistas.

No obstante, aún si los apoyos tuvieran un mayor cobertura, esto significaría un golpe apenas menos duro para la clase trabajadora de Yucatán. Solo en la mente más fantasiosa cabría pensar que $2 500 por mes alcanzarían para mantener una familia entera. Las despensas que serán repartidas a 460 000 familias apenas significan un paliativo para el hambre y la carencia. Tengamos en cuenta también que en la entrega de apoyos solo se contemplan dos meses, no más. Después, viene la negra incertidumbre.

Ante este tormentoso panorama, desde el 2 de mayo, cientos de personas han acudido al Monte de Piedad, ubicado en el Centro Histórico de Mérida, a empeñar sus artículos y obtener así algún ingreso para afrontar esta emergencia. Una mujer, esperando su turno, señalaba: “No tenemos dinero. No hay trabajo. Tenemos que ver de donde sacar algo”

 

Inversiones millonarias poco claras

En distintos medios, incluidos los medios oficiales del Estado, se desglosaba el monto invertido para cada apoyo. No obstante, la cantidad invertida tanto para el apoyo a la regularización de predios como para el programa de apoyos al sector turístico no aparece especificada. Del primero se sabe, según los documentos puestos en línea por el Gobierno, que 160 familias se verían beneficiadas. Del segundo, el número de beneficiaros es desconocido; lo que sí se sabe es que podrían ser otorgados hasta $600 000 por apoyo en crédito. El monto total destinado a los apoyos con inversión especificada asciende a los $1 334.7 millones de pesos. Pero, si se están invirtiendo en total más de tres mil millones de pesos, ¿hacia qué se destinarán los $1 893.3 millones de pesos que no se especifican? ¿será causalidad que no esté especificado el monto invertido en los apoyos a las empresas del sector turístico? ¿Y qué ocurrirá con quienes son dueños de varias empresas del sector? ¿se verán beneficiados con múltiples apoyos? 

Surgen cuestionamientos importantes: ¿por qué destinar tal cantidad de apoyo a las empresas del sector turístico? ¿No es justamente el turismo una actividad no esencial que debería de paralizarse en una situación como esta? ¿Qué se supone que hagan las empresas en estos momentos con esos préstamos? ¿Cómo se supone que esos préstamos representen un apoyo para las personas que trabajan en esas empresas? ¿Cómo se garantiza que el dinero llegue a los trabajadores?

 

La clase trabajadora cargando con la crisis

Dice el dicho que “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Pero en este no son ni pescadores, ni de campesinos ni de trabajadoras quienes saldrán beneficiados ni de la crisis ni del programa de apoyos del Gobierno; al contrario, será nuestra clase, la clase trabajadora, la que cargue con el peso de la crisis, y la que resienta en sus espaldas y en sus estómagos sus devastadores efectos. Trabajadoras domésticas, albañiles, vendedoras ambulantes, tianguistas, pequeños comerciantes, plomeros, obreros, trabajadores asalariados… Sobre nosotros caerá lo peor de la crisis sanitaria actual y de la enorme crisis económica que se avecina. Serán los oportunistas de siempre, los explotadores de siempre, los buitres de siempre, los que triunfantes levantarán las manos con sacos repletos de dinero. Será la clase capitalista, la patronal, los empresarios, la clase burguesa, quienes se enriquecerán a costa de nuestra miseria: las grandes cadenas de supermercados, tiendas de autoservicio como Oxxo, franquicias restauranteras, casas de empeño, los bancos de todo el mundo. Los más ricos, con la crisis, se harán más ricos; los más pobres, se harán más pobres. El resultado de la pandemia será una desigualdad todavía más grande. Y todo ello, con la bendición y la protección del Estado, del Gobierno. Es justamente en crisis como esta cuando el Gobierno deja ver a toda luz para qué clase trabaja. No nos engañemos: no trabaja para nosotros. Ellos esperan que los alabemos, que los pongamos en un pedestal por atender mínimamente, y de forma deficiente, nuestras necesidades. Nosotros no tenemos por qué agradecerle ni a Vila ni a ningún otro político por las migajas que nos tiran. 46 800 apoyos para el desempleo son lo menos que nos deberían de dar. Pueden y deben proveernos de más. Nosotros mantenemos al Gobierno con nuestro trabajo, nosotros mantenemos a los empresarios para que puedan resguardarse tranquilos en sus casas mientras nos obligan a salir a trabajar. El Gobierno no nos regala nada; todo lo que nos da y podría dar se los hemos pagado ya de sobra. Y aún con todos los despidos injustificados y todas las violaciones a nuestros derechos laborales, el Gobierno no ha movido un solo dedo para castigar a las empresas responsables ni para garantizar que se nos paguen nuestros salarios como indica la Ley. Hacerse de la vista gorda: el Gobierno es un experto en esto, en ignorar nuestros problemas y favorecer con ello a los más ricos.

La clase trabajadora da todo de sí todos los días. Somos exprimidos día con día por nuestros patrones, por el Gobierno. Nos negamos a ser ahora quienes queden en la ruina, quienes padezcan el hambre, quienes enfermen por salir a trabajar. Políticos y empresarios: nos lo deben todo. Nos deben todo lo que comen, todo lo que visten, todo lo que usan. Nos deben la vida. Asegúrense ahora de cubrir nuestras necesidades. 

Como comunistas, exigimos que los apoyos se multipliquen hasta garantizar que ni una sola trabajadora, ni un solo trabajador, pase por penurias en estos momentos tan difíciles. Exigimos que sean los empresarios, los capitalistas, los patrones, lo que más dinero aporten a estos apoyos. No como obra de caridad, sino como acto de justicia. Después de todo, no han sido ellos quienes han producido con sus manos sus riquezas; hemos sido nosotros. Exigimos también que se respeten nuestros derechos laborales, que se nos paguen nuestros salarios como indica la ley, que nuestras labores se detengan si no pertenecemos a un sector esencial, y que se tomen las medidas sanitarias que garanticen nuestra seguridad ante posibles contagios de coronavirus. Exigimos, por último, que se castigue a las empresas que incumplan con sus obligaciones.

Ante la explotación capitalista, no queda más que reforzar nuestra organización como clase. Sólo nosotros, como trabajadores, podemos defender nuestros intereses colectivos hasta las últimas consecuencias. Sólo nosotros unidos seremos capaces de construir un mundo nuevo, en donde la explotación de los patrones, y la propia figura del patrón, no sean más que un amargo recuerdo. Solo en nuestras manos el Estado y las grandes empresas podrán ser puestas al servicio de nuestro bienestar y no de nuestra explotación ni de la búsqueda del enriquecimiento infinito. Entonces, no tendremos que esperar a que al Gobierno se le ocurra atender nuestras demandas; seremos nosotros mismos quienes nos encarguemos de distribuir todas las riquezas producidas por nuestro trabajo para disfrute de toda nuestra clase.