Las mismas que ayer nos hicieron esclavos.

   

La misma burguesía es la misma explotación


Siglo veintiuno y las mismas empresas que ayer no tuvieron ningún remordimiento en emplear trabajo esclavo, hoy no se intimidan en desemplear y enviar a la calle a los trabajadores que han dejado en las líneas de producción, su fuerza y su vida. El motivo de fondo, del mismo modo que ayer, es la acumulación de la ganancia, ni conservar algunos empleos, ni mantener el progreso de la humanidad, ni satisfacer las necesidades de esta.

Este es el caso de Hella, empresa, cuya historia se caracteriza, no sólo por haber sido de las favorecidas con la Alemania Nazi, sino que además, se trata de una de las empresas que se benefició del trabajo gratuito que le proveían los prisioneros de guerra y campos de concentración fascistas.

En contraste con esto, el poder obrero de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, desde 1936, establecía la Jornada de siete horas para obreros y empleados, seis en condiciones difíciles y cuatro para las especialmente difíciles, se garantizaba el derecho al trabajo, al descanso, a la instrucción, a vacaciones pagadas, de acceso a centros recreativos y de descanso, en los países capitalistas a duras penas se reconocía las jornadas de ocho horas. 

El baluarte del Estado Obrero será condición indispensable, no sólo para frenar la explotación capitalista para los trabajadores de la URSS, además, representará la motivación para los trabajadores del mundo en la lucha y conquista de algunas mejoras en sus países, mismas que habrán de ser arrebatadas por la Guerra, como en Alemania. El poder proletario, tendrá la capacidad de frenar el fascismo, venciendolo un 08 de Mayo de 1945, sin embargo, la posibilidad de su retorno persistirá mientras el capitalismo se mantenga.

Hoy, la urgente necesidad de que los trabajadores nos esclarezcamos y repasemos, que sin importar la gestión que ocupe el poder estatal, mientras no tomemos partido sobre el criterio de los intereses de nuestra clase, la proletaria, mientras no destruyamos por completo la forma de propiedad capitalista, instauremos nuestro poder y control en lo político y económico, seguiremos padeciendo los caprichos de un sistema que todos los días nos demuestra los tremendo horrores de los que es capaz con tal de mantener su funcionamiento, ya sea tirando comida,  personas se mueren de hambre, o permitiendo la muerte en el trabajo, para llenar la mesa de comida y lujos a los burgueses o suprimiendo la posibilidad de subsistencia a nuestros compañeros de trabajo con tal de que la utilidad no disminuya dígitos.

Los proletarios hemos triunfado en el pasado y lo volveremos a hacer, sólo necesitamos sacudirnos el miedo, disciplinarnos y templarnos en todas las condiciones de lucha.