Las apps y la nueva tecnocracia explotadora

13.Oct.19    Noticias nacionales
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Las plataformas digitales han establecido nuevas relaciones laborales que precarizan aún más la explotación en donde los trabajadores ponen (y arriesgan) su fuerza de trabajo y su maquinaria por cuenta propia completamente.


Los monopolios capitalistas no le pierden por ningún lado. Las llamadas aplicaciones de servicios digitales, mejor conocidas como apps, son un ejemplo del nuevo tipo de explotación, ya no asalariada, cobijado por la ideología burguesa de “la superación personal” y la nueva legalidad del “outsourcing” o empleo independiente.

En estas aplicaciones el “emprendedor” pone (y arriesga) su fuerza de trabajo y su maquinaria por cuenta propia completamente. En el caso del servicio de transporte, el conductor tiene que invertir inicialmente en un crédito a 72 meses por un vehículo con factura mayor a $200,000 pesos MXN, además de la póliza de seguro amplia, establecido por la Secretaría de Movilidad (Semovi) como “un standard de calidad”, no importando si el vehículo es inseguro o no cumple con normas internacionales, basta con que tenga bolsas de aire en especial.

Tanto en Servicios de entrega de comida, como en servicios de transporte de pasajeros, el trabajador del volante, está expuesto a una cantidad de peligros en la calle, asaltos, robo del propio vehículo o de su teléfono, o accidentes viales, y como si no fuera a poco con los problemas que enfrentan día a día, ahora el Servicio de Administración Tributaria (SAT) quiere cargar el cobro de impuestos sobre las espaldas de los conductores, quienes producen las jugosas ganancias de empresas trasnacionales como Uber, Didi, entre otras.

Las más populares plataformas venden “su servicio” de intermediario, bajo términos y condiciones que se usan exclusivamente para las máquinas. Los tecnócratas les llaman orgullosamente “software as a service”.

Bajo dicho esquema, la plataforma digital “administra” los pedidos, los cobros a los millones de usuarios (clientes) tanto de comida como de transporte, administra la programación de las computadoras y por esto cobran una comisión que va del 30% al 15% descontado por adelantado al propietario trabajador del vehículo.

Además, acumulan los cuantiosos pagos por Tarjeta de Crédito o Débito de cada cliente, dicho capital dura al menos 8 días en las cuentas bancarias de estas empresas, hasta un “día de corte de caja” en la que deducen el porcentaje cobrado y transfieren a la cuenta del conductor la paga correspondiente por su ardua labor de 8 a 12 horas diarias.

Podría pensarse que la paga es alta para arriesgar tanto, lo cierto es que no del todo. Un conductor tiene que llegar a una meta de N cantidad de viajes de punto a A a punto B. Si esta meta es cumplida recibe incentivos, desde las 5 AM o hacer viajes en todo el día. La empresa no paga ninguna hora extra.

No paga funerales, no paga asesorías legales, no paga seguros médicos, no paga seguros de viudez. No paga ninguna clase de indemnización al usuario secuestrado o mujer vejada, simplemente no tienen ninguna responsabilidad.

Todo se lo deja a la empresa de seguro de póliza del vehículo particular. Todo queda entre particulares, que cada trabajador se rasque con sus propias uñas. Pero eso sí, el SAT quiere que el conductor declare impuestos por la empresa, incluso crearon una figura como contribuyente específica para esta área productiva.

“La riqueza pertenece a quienes la producen”. Pese a que este gobierno apela a los derechos humanos y demás fraseología con “causa social”, la realidad es que muchos de los conductores son profesionistas con licenciaturas y muchos otros están iniciando su vida laboral y como estudiantes en el nivel medio superior, la pobreza y el desempleo van en aumento.

El emprendedurismo tecnocrático y todos sus voceros e ideólogos en internet o en libros y conferencias de autosuperación personal no hacen más que reproducir falacias. Los trabajadores de plataformas no están por gusto en estos nichos de negocio para las empresas monopólicas internacionales, en las que arriesgan todo su patrimonio e incluso su propia vida por la desigualdad del sistema capitalista que trata de conciliar esta nueva administración social-demócrata.