La reforma a la Ley de la Industria Eléctrica: Nuevo episodio de la pugna interburguesa en México

   

La reforma de AMLO no es favorable para la clase obrera y sectores populares. Responde al desarrollo desigual del capitalismo en México con respecto a otros países, al hecho de empoderar un monopolio energético que históricamente ha servido para favorecer la acumulación y centralización de capital en la clase de los propietarios privados, antes para el conjunto de la burguesía y ahora para los monopolistas que conducen la 4T. (…)


A inicios de febrero el presidente Andrés Manuel López Obrador emitió una iniciativa para reformar la Ley de la Industria Eléctrica en México, ésta tiene el carácter de preferente por lo que debe desahogarse y dictaminarse en un periodo de 60 días naturales. El bloque Morena-PT-PES-PVEM la respaldará. La iniciativa no pretende abrogar la Reforma Energética, sino sólo invertir el orden en que los monopolios se benefician con la misma. Pues pretende fortalecer en gran medida a la Comisión Federal de Electricidad.

 

La propuesta de reforma otorga la preferencia a las plantas de generación de la CFE y para ello pretende revertir el principio de despacho económico, hegemónico a partir de la Reforma Energética de 2013. De tal forma que las centrales de “menor costo”, de energías renovables y propias de monopolios privados foráneos (Canadá, Estados Unidos, España, etc.) ya no tengan la preferencia para subir su electricidad a la red, es decir venderla, sino todas aquellas plantas de la Comisión: hidroeléctricas, nucleoeléctricas, geotérmicas, ciclo combinado y termoeléctricas. La iniciativa se acompaña de otras medidas que apuntalan el propósito fundamental. Se trata, entonces, de un paso para resarcir al monopolio privado de la CFE, a cargo del Estado como capitalista colectivo, y su predominio en el mercado.

 

El tema, de trascendencia nacional e internacional, aparece dominado por las opiniones y los intereses de dos campos burgueses enfrentados e inmersos en la lógica de confrontación-negociación: aquel representado por la coalición de la Cuarta Transformación y el “opositor” bloque del PRI, PAN, PRD, etc., con la presión de ciertas cámaras empresariales. Los primeros se enarbolan en “la patria”, el “interés nacional” y el anti “dumping”. Los segundos, en la “libre competencia”, el “libre mercado”, etc.

 

La reforma de AMLO no es favorable para la clase obrera y sectores populares. Responde al desarrollo desigual del capitalismo en México con respecto a otros países, al hecho de empoderar un monopolio energético que históricamente ha servido para favorecer la acumulación y centralización de capital en la clase de los propietarios privados, antes para el conjunto de la burguesía y ahora para los monopolistas que conducen la 4T. Es parte de anteponer el interés  nacional de “sus monopolios”.

 

El escenario se presta para la confusión, pero es importante tener en cuenta que de nuevo se trata de una iniciativa que sacrifica a los trabajadores y es favorable al lucro máximo, pero ahora con una mayor tajada del pastel para un polo capitalista distinto al que sancionó la Reforma Energética. Los lemas de la pugna interburguesa, “energía barata”, “energía cara”, expresan la misma lucha inter-monopolista que, como hace 7 años, ahondara la pobreza. La clase obrera no debe tomar partido por burgués alguno, sino levantar su programa táctico-estratégico conservando su independencia política de ambas jaurías.