La participación de las feministas en la correlación de fuerzas en la UNAM

28.May.20    Columnas
   

Debido a la espontaneidad y falta de objetivos claros al interior del movimiento, paralelamente han creado un grado de hartazgo tal, no sólo hacia los directivos, sino también con el resto del estudiantado, así como las y los trabajadores de la universidad que impide atender las demandas llegando incluso a ridiculizar y agredir a las compañeras


Es un lugar común hablar de paros estudiantiles en ciertos centros de estudio de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), así como relacionar a las y los estudiantes organizados con delincuentes. Con el ascenso de MORENA como nuevo partido hegemónico (2018), la máxima casa de estudios ha sido el escenario para reestructuración de alianzas burguesas, en donde el único perjudicado es el estudiantado.

El ataque porril en Ciudad Universitaria del semestre 2018-2 marcó un parteaguas no sólo en el movimiento estudiantil, sino también en la repartición de puestos al interior de la dirección general de la UNAM. A partir de este semestre la violencia, misma que ya era una actividad notoria al interior de los diversos planteles de la universidad se potencializó, no como un hecho aislado, sino como una oportunidad para cambiar los rubros de la esfera priista a los intereses de la agenda política de MORENA.

El sector educativo no mejorará con la gestión socialdemócrata y la UNAM no es ajena a ello.[1] Durante el semestre 2020-1 las movilizaciones feministas comenzaron a ser más numerosas y llamativas al interior de la universidad[2], desde asambleas separatistas hasta tomas indefinidas en diversos planteles, estas acciones fueron respuesta al incremento de la violencia dentro y fuera de clases, el solapamiento y encubrimiento de las autoridades universitarias hacia los agresores y la ineficacia ante la resolución de los casos de violencia de género.

Bajo la consigna de generar espacios libres de violencia y seguros para todas, en el semestre 2020-2 más de 10 escuelas realizaron paros o tomas ante la ineficiencia de la administración para resolver las demandas. Sin embargo, el desarrollo del movimiento feminista ha seguido diferentes caminos al interior de cada plantel: en algunas escuelas las actividades no son separatistas u otras terminaron con una distribución jerárquica e incluso policial (el caso de las mujeres organizadas de la FCPyS donde se violentó a otras mujeres y personas transgénero); en otras las autoridades permitieron la extensión de las tomas durante más de 3 meses o en contraste junto a la Secretaría de Seguridad Ciudadana se impidió cualquier intento de movilización.

Cabe resaltar que estas movilizaciones se han gestado en un período de alternancia directiva, misma que empezó con la reelección del rector Enrique Graue y procederá con los directores de Facultades y Escuelas. Desde la Federación de Jóvenes Comunistas entendemos el carácter legítimo de las demandas, aún sin asumirnos feministas. La UNAM está obligada a brindar espacios seguros para la comunidad estudiantil, sin embargo, el movimiento feminista no ha sido capaz de vislumbrar su papel en la esfera universitaria.

Durante estos semestres de reestructuración directiva, las feministas han servido como grupo de choque para demostrar la capacidad de grupos políticos que se enfrentan, sin ser conscientes de ello. Las acciones que han emprendido no han logrado trascender a luchas políticas y las han vulnerado mayormente, tal fue el caso de las agresiones en la marcha a Rectoría del 7 de nombre del 2019 donde fueron atacadas por estudiantes de la Facultad de ingeniería, la alarma de bomba en FES Acatlán, los intentos de toma de diversos planteles como la Facultad de Derecho, ENP5, ENP8, etc.

Debido a la espontaneidad y falta de objetivos claros al interior del movimiento, paralelamente han creado un grado de hartazgo tal, no sólo hacia los directivos, sino también con el resto del estudiantado, así como las y los trabajadores de la universidad que impide atender las demandas llegando incluso a ridiculizar y agredir a las compañeras. En este sentido, ninguno de estos bandos logrará poner fin a la violencia de género al interior de la universidad, puesto que este al ser un problema estructural del sistema, las prácticas machistas le son inherentes como cualquier otro vicio del capitalismo.

Por ello, al interior del movimiento feminista hace falta dotarlo, no sólo de conciencia de clase para transformarlo, sino también de experiencia política y de esta manera no reducir toda movilización de mujeres al feminismo.

Como mujeres estudiantes debemos tener objetivos claros y evitar el movimientismo que ha caracterizado estos últimos paros, sin perder de vista que el adversario no es el patriarcado, sino el modo de producción capitalista que perpetua la doble explotación hacia las mujeres proletarias, misma que se multiplica cuando la educación se privatiza. ¡Por una educación gratuita, de calidad y sin violencia!

 

[1] Revísense los recortes aprobados por el Senado a las universidades públicas, al presupuesto de las becas, entre otros.

[2] Esto no quiere decir que fueran nulas, al contrario, el movimiento feminista ha tenido una gran trayectoria al interior de las universidades.