La pandemia de COVID-19 en México y el T-MEC

   

Inquietantes situaciones en las Relaciones Exteriores de México.


El Gobierno Federal a lo largo de varias semanas ha insistido en que sobre temas de salud pública la palabra definitiva la tienen los científicos, los expertos de la salud y los profesionales de la medicina. En apariencia esto ha sido así. Aquí y allá, en el marco de la pandemia de COVID-19, diversos personajes de esos ámbitos han encabezado conferencias y jornadas informativas, con controversias en las interpretaciones de por medio. No obstante, la voz del Presidente ha sido constante y estelar. 

Al tiempo que los profesionales de la ciencia y la salud en las instituciones capitalistas nacionales aseveran que el volumen de contagios es superior a las mediciones presentadas; han sugerido una y otra vez el ejercicio de la cuarentena entre abril y mayo, y por ende el cierre de empresas; señalado el pico de contagios será mayor entre mayo y junio del presente año; o establecen la pandemia presenta cursos que complican conclusiones; el Presidente ha tenido siempre su discurso, sus datos, sus verdades. 

El discurso del Ejecutivo de la Cuarta Transformación ha ido de la broma al misticismo. Se puede denominar como uno que transmite la sensación de que no pasa nada, que insiste en que él es termómetro definitivo de la situación. Mientras él no lo indique, la normalidad continúa imperturbable. Cuando él lo indique, sobre todo en su conferencia matutina, entonces hay que tomar medidas. Recuerdan, seguramente, sus llamados a las actividades públicas, contrapuestos a indicaciones médicas. 

Es decir, en el discurso de AMLO lo fundamental parece ser la opinión ajena a la política y experta en los temas de pandemia. Pero, más allá de lo superficial, lo principal es el criterio económico, el egoísmo del modo de producción capitalista como política de la sociedad burguesa. Por ello el Presidente siempre volverá a sus datos: “hemos podido aplanar la curva de los infectados”, “no sucedió lo que se temía”, “somos ejemplo mundial”, “se redujo el contagio y se volvió horizontal”, etc., etc.

¿Por qué ocurre eso? Pues porque detrás de esas afirmaciones dicharacheras, francas, que para algunos son incluso ejemplo de temple y estoicismo, lo único que prevalece es la bandera deshilachada en medio de la tormenta. Es la dictadura de la ganancia, de la plusvalía, del libre comercio, del mercado y de la interdependencia en el capitalismo. La clase obrera hoy intuye que sus vidas son desechables, que la producción no debe parar y que la voracidad del empresario arrasa con su vida. 

Todo lo que el Presidente escupe por su boca cuando trata (de)mostrar que tiene la última palabra del conocimiento en todo, es que en los últimos días el discurso hipócrita y las leyes huecas en “defensa de la vida” deben dar paso al interés fundamental de la clase que representa y de los monopolios que lo hicieron Gobierno. Y ese interés, en gran medida, está relacionado con la aplicación del nuevo Tratado de Libre Comercio y lo que eso permite a toda la economía: libertad absoluta. 

En la semana del 27 de abril al 1 de mayo cada afirmación presidencial “esperanzadora” respecto a la pandemia de COVID-19 ha ido acompañada de la decisión de inaugurar el T-MEC el 1 de Julio. O más bien, aprovechando que hay centenas de municipios prácticamente “libres de contagio”, el 17 de mayo. Bueno, si todo ocurre como percibimos, agrega el Presidente, estaremos en condiciones de reactivar la economía el 1 de Junio y con esto aperturar el Tratado en México. Cest fini covid-19. 

Eso significa, aunque la supuesta franqueza del Presidente no alcance para admitirlo, la declaratoria oficial de que la burguesía puede admitir a regañadientes un mes de suspensión u obstrucción de sus actividades económicas, pero no más allá de eso. Por lo tanto, el Presidente habla y habla para que, con las palabras encantadoras, se pueda justificar pasar la página; ir a lo que importa: el estado de la economía; e imponer a los obreros sacrificios hasta llegar al de la muerte misma. 

El Presidente dice: es una oportunidad para favorecer la inversión extranjera y aliviar la crisis; para, sin admitirlo, dar un codazo triunfal a la competencia de otras economías nacionales, ahora en desgracia; o en todo caso un momento que no puede aplazarse más. Estados Unidos y Canadá necesitan de México. Si México no activa su economía, los otros dos países no lo pueden hacer. Los tres países forman parte de una cadena de producción tanto inaplazable como ineludible. 

Aquellos que no logren apreciar el carácter mortífero y mortal de la interrelación e interdependencia de las economías capitalistas para la vida de la clase obrera y los sectores populares, o son miopes o son cómplices. La pandemia se ha abierto paso gracias a las manifestaciones visibles de esa interrelación o interdependencia de las economías capitalistas: imposibilidad de cierres totales de fronteras; imposición a toda costa del turismo, el comercio y la producción; o el interés monopólico. 

Es imposible separar las acciones decisivas del Presidente de aquellas emanadas de los “poderes autónomos” de los estados y municipios. Cuando AMLO diserta sobre la esencialidad de las ramas automotriz, bélica, etc., no se puede dejar de encontrar la armonía entre eso y las determinaciones de los diferentes gobiernos de Morena y sus aliados. El Gobierno de Baja California, por ejemplo, ha sumado el cheque en blanco a favor de la industria aeroespacial, la construcción, y la manufactura en general. Es decir, respaldo absoluto a la industria maquiladora de exportación. 

Las palabras de AMLO a favor del T-MEC a fines de abril encuentran respaldo en INDEX Chihuahua, los asesinos de cuello blanco de la clase obrera: “Ya el presidente ha dicho que si arranca de nuevo el trabajo en Estados Unidos pues que aquí en Juárez iba a poder autorizar la actividad” (El País, Guerrero y Morán, 23 de abril de 2020). Y así al Decreto que empresarios no cumplían y Gobierno no hacía valer, seguirá la sinceridad burguesa de la omisión y violación generalizada de leyes y decretos. 

En Baja California la cruzada por pasar a lo importante, al T-MEC, a la “reactivación” y al “fin de la Pandemia” con dotes de grandilocuencia chovinista (“somos ejemplo mundial”), está en marcha. A fines de abril se reabrieron 40 empresas “clausuradas”, que se sumaron al cerca del 70% de industrias que nunca detuvieron sus operaciones. El Gobernador fue elocuente: seguiré el ejemplo de California, ahí cerraron los establecimientos comerciales, pero no las factorías. 

En Baja California, donde existen formalmente 60 obreros hospitalizados por covid-19 y poco más de 80 trabajadores de salud contagiados con el potente y escurridizo virus; donde las dificultades hospitalarias agravan la condición de todos los trabajadores; el Gobierno del Estado ha decidido reabrir la industria, bajo el argumento de las cadenas de suministro y producción que vinculan a México, Estados Unidos y Canadá. Es decir, de nuevo, la interdependencia de las economías capitalistas. El Secretario de Economía y Turismo en BC, Mario Escobedo, emula al Presidente en demeritar las opiniones de los expertos de la medicina y la salud: los trabajadores “están mucho más a salvo trabajando dentro de una empresa, porque ahí traen guantes, cubrebocas y hay distanciamiento de 15 metros, (…) se van en transporte privado que tiene sana distancia: en lugar de ir 22 ahora van 11, y al transporte público se le exige tapabocas” (Proceso, Cervantes, 28 de abril de 2020).

Los y las obreras pueden ver con claridad, si así lo desean. Sus enemigos se quitan las máscaras, y sus potentes discursos y performances demagógicos no pueden ocultar lo real, lo importante. El nuevo T-MEC será el caballito de batalla con el cual sus enemigos le impondrán nuevas y trágicas cuotas de sacrificio. Y esos enemigos no son otros que los gobiernos de Morena, los socios comerciales de la 4T, los partidos “de oposición conservadora”, las Cámaras Empresariales y los grandes industriales de la exportación. En la clase obrera está descubrir y combatir a todos sus enemigos e impedir sus planes.