Autor: “Consejo Central de la LJC”

Declaración política por el 45º aniversario luctuoso del 2 de octubre

Transcurría la década de 1960 en nuestro país y la juventud mexicana comenzaba a desempeñar un papel sumamente activo en la vida política de México. En el año de 1964 da inicio el gobierno federal encabezado por Díaz Ordaz, personaje que se caracterizó por ejercer un gobierno sumamente despótico.

Cuatro años después de iniciar su gobierno, Díaz Ordaz se enfrentó a un movimiento estudiantil que se convirtió en una expresión genuina del pueblo de México para exigir mayores libertades frente a un gobierno rapaz e indiferente a las problemáticas de la sociedad.

El movimiento estudiantil rebasó totalmente las expectativas del gobierno. Después de ejercer la violencia a manos del ejército en varios puntos de concentración estudiantil (preparatorias, universidades públicas, etc.), el gobierno se sorprende al descubrir que los estudiantes se niegan rotundamente a ser vencidos y desmovilizados.

Impunidad y explotación: Mi experiencia en la fábrica Degasa

Todo comienza muy temprano por la mañana, con un café y un pan de desayuno. Corría hacia la parada del transporte público para trasladarme hacia la zona industrial conocida como CIVAC (Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca) en Jiutepec, Morelos, hasta la fábrica Derivados de Gasa (Degasa). De camino, me encontraba caras conocidas, ex-compañeros de escuela, familiares, conocidos, etc., todos con el mismo semblante cansado, como anhelando el día de descanso.

La entrada es a las 7 de la mañana, pero incluso llegando diez minutos antes, teníamos que soportar los comentarios del supervisor. En una ocasión me tocó llegar a las 6 y 58. y simplemente me negaron el acceso, a lo que yo alegue que mi entrada era a las 7, pero de manera tajante y obstinada se me negó. Yo estaba a punto de perder el día y el descuento es de 300 pesos, pero unas compañeras del turno nocturno que escucharon la situación, espontáneamente salieron en mi defensa. Al principio solo eran cuatro, pero fueron llegando otras compañeras, de pronto el supervisor se vio rodeado por más de diez compañeras diciéndole que me dejara entrar. Al verse acorralado, no le quedo de otra más que permitirme el paso a mi lugar de trabajo, no sin antes advertirme que era la última vez.