García Márquez como guionista cinematográfico, en el contexto de las reformas que censuran contenidos en internet

29.Abr.14    Opinión
   


“Yo tampoco le tengo miedo a las palabras, si usted lo prefiere así, entiéndalo así: Silencio total”
Gabriel García Márquez: “El año de la peste”.

La reforma a la ley de telecomunicaciones es el nuevo barquito de batalla de la teledictadura. Una maniobra de censura de contenidos argumentando la seguridad nacional como finalidad ulterior. Frente a nosotros la nueva modalidad de secuestro de la imprenta, se augura la desaparición de blogs, se niega la posibilidad de colaborar de manera organizada entre usuarios de redes sociales para evidenciar y detener detenciones arbitrarias, represión y uso excesivo de la fuerza por parte de las “fuerzas del orden”; se exponen la privacidad (si es que en algún momento ha existido), respecto a todo contenido que se comparte o envía a través de las cuentas de correo electrónico, redes sociales y otras aplicaciones al ordenar a las empresas titulares de dichos medios, así como a las empresas de telefonía celular almacenar todos los datos públicos y privados de conversaciones e información para ser investigada en caso necesario.


Las modificaciones a la propuesta de reforma a las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones y radiodifusión entregada al senado demuestra la vocación autoritaria, la suspensión de garantías y derechos que enarbola ya entronizado el “revolucionario institucional”. La manipulación y el control de masas en este caso el manejo de cortinas de humo, la ponderación de contenidos y propaganda que desvíe la información de fondo es la impronta que ha ya contado con variados experimentos dictados desde el imperio como la grotesca campaña de miedo ocurrida hace ya un lustro en nuestro país y como perfecto laboratorio social y mediático para el mundo, para los intereses de la oligarquía mundial en ese entonces a beneficio de los mercenarios de la salud que se han caracterizado por poner en primer plano los intereses de las firmas farmacéuticas transnacionales, violando a troche y moche los derechos básicos a la salud en todo el orbe tal es el caso el caso evidente de la O.M.S, quien fuera legitimadora del experimento del miedo masificado con el nombre de una pandemia.

El miércoles 23 de abril del año 2009 fue que el entonces secretario de salud federal; Córdova Villalobos, pidió a la población evitar sitios concurridos o asistir a eventos multitudinarios así como la suspensión de clases a todos los niveles.

En aquel aciago año 2009, mitad sexenal del gobierno de facto (nos habríamos de acostumbrar a la normalización de tal condición), de la derecha genocida y a una semana de la visita del presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, quedó claro que la lógica constante de ocultar la verdad que ha caracterizado al poder y los medios de la oligarquía , tenía una curiosa inflexión hacia la sobreinformación, poniendo en primer plano la gravedad apocalíptica de un mal que implicaba ante todo el aislamiento, la imposibilidad de convivir con otros , y reunirse a riesgo de morir. La subversión entonces implicaba saludar de mano o de beso

Treinta años antes de la “epidemia” de Influenza, Gabriel García Márquez teniendo como colaborador a Juan Arturo Brennan realizó un guión cinematográfico basado en: “Diario del año de la peste”, novela de Daniel Defoe. Dirigida por Felipe Cazals director de memorables cintas como: ”El apando”, “Los motivos de luz” “Las Poquianchis” entre muchas otras que se han caracterizado por el acento y la denuncia en lo histórico y lo social, aquí se decide por el género de ciencia ficción.

Ahondar en el estilo de García Márquez desde lo literario y respecto al guión refiere principalmente a ubicar ciertas obsesiones como creador, en este caso el color de la peste es aquél de la bandera del cólera, de la rosa del escritorio o las mariposas que se cantan y multiplican en momentos muy recientes tras los homenajes oficialistas y los populares.

“El año de la peste”, desmitifica las actuales condiciones sanitarias de control y bienestar seguro. El antes extremista e idealista doctor que encarna Alejandro Parodi, venido a burgués con altas responsabilidades va quedándose sólo y aislado en la lucha por advertir el peligro que ha caído sobre la ciudad donde podrían morir millones de personas. Teniendo como respuesta del régimen y desde luego como eco en los medios masivos la distorsión, la negación y el ocultamiento criminal de lo que ocurre. Encontramos personajes y situaciones que aunque de continuidad fallida, traducen en reflexión más por las atmósferas que se crean desde el guión mismo que por una estructura impecable. Cuenta el mismo Brennan el día del fallecimiento del escritor colombiano que prácticamente García Márquez le corregía las escenas que él desarrollo casi en su totalidad,

Se reconocen diálogos con el estilo del “boom”, escenas como la ducha de Rebeca Silva con un fondo de música del trópico que en contraposición con la crisis que progresa en el filme enmarca una banda de músicos casi ancianos en la sala de una casa.

El ejercito de fumigadores también amarillos que ahogan con una inútil pero totalitaria espuma amarilla -muro de silencio. Fantasmas que no se mencionarán en el noticiero del magnate mas idéntico que nunca a los que hoy aparecen en los espacios llamados “informativos” interpretado por Narciso Busquets quien desde su alberca privada obedece lo que desde arriba se ordena, fingir a sabiendas que no hay versión que alcance por que en la población ya no hay cabida para el debate de la realidad o la tendencia de la noticia (García Márquez aquí hace su apostilla sobre el periodismo). “Pero el instinto de la gente no falla, saben toda la verdad y se defienden como pueden”.

Cada vez más canales de televisión transmiten amarillo también con los anuncios ya estáticos como trabados en la imagen de alerta, los números telefónicos de emergencias. Así será hasta que sólo aparezcan caricaturas, como cuando el golpe de estado en La Moneda. Caricaturas.

José Carlos Ruíz es un funcionario que ha decidido ir donde el pueblo infectado, sabe que no tienen salvación, menos aún los salvará la autoridad. Sus jefes como misionero social lo lanzan a ese círculo del infierno. Al pobre , al proletario ; el sistema lo meterá bajo la alfombra de la enfermedad que es alegoría de la pobreza. Las ciudades perdidas están en el contorno también de las pirámides de los antiguos donde ahora se llevan a cabo rituales de sacrificio humano para hacer que los dioses frenen la pandemia, lo que también se corrompe según un diálogo de congal. Por falsos sacerdotes abusadores y pederastas. Este funcionario que ante la epidemia se vuelve de a pie, al igual que el médico que intentó alertar, y que descubrió en sus primeros brotes la peste, se quedará solo, la ética no tiene cabida: “Cuando se ha puesto de moda estar contra los ricos”. Se remarca el debate acerca de la medicina pública y privada. ¿Quienes podrán comprar la sobrevivencia en caso de que la haya?

La torre latinoamericana ondea una bandera amarilla. Todos tragarán mierda como en la línea final de: “El coronel no tiene quien le escriba”. Un ministro de Noruega muere infectado tras el diagnóstico que da como resultado que se pronuncie la palabra que se ha prohibido: “La peste”.

“Necesitaríamos veinte años para recuperar el turismo”. Tal cuál pero al contrario de lo que se provocó en 2009. “El flagelo ha llegado hasta los barrios decentes”. “La ley marcial sería un desastre político”. García Márquez describe la truculencia de las decisiones gubernamentales en ciencia ficción, la perversidad en el caso del contexto real que se vivió hace cinco años, alcanzaría otro género.

Un mariachi y las mañanitas preceden la última secuencia. Una llanta pinchada, un cofre abierto tras otro desperfecto en el todo, la calle desolada y sucia, otro ciudadano que huye ante una llamada de auxilio. Un maullido último interlocutor.

El epílogo que sostiene una cansada exposición en letras de ordenador amarillas superpuestas con su respectivo sonido de teclear enajenado (como se escribe, como se lee, enajenado) finalmente revela cifras- dato. De manera oficial no existió dicha peste, se adjudica a un chivo expiatorio, habrían sido dentríficos vencidos. La peste se fue como llegó.

La familiaridad con que los lectores de Gabriel García Márquez habremos de reconocer en dicho guión: obsesiones, rasgos, juegos de palabras, musicalidad, subjetividades, remarca ese discurso que vale la pena revisar como documento en “El año de la peste”; que algo nos quiere decir sobre esa superestructura del estado que es el periodismo, en este caso el propagandismo. Los medios que son el cuarto poder “que sin los otros tres detrás poco puede hacer”. Cosa que también podemos verificar, rebasa aquella ciencia ficción cuando es una empresa televisora privada quien gobierna y rige las leyes ahora en materia de censura, perdón. Quise decir de: “telecomunicacions”.

Más allá de lo que el punto que lo ideológico en torno a García Márquez desde enfoques y perspectivas arroje como debate; descalificaciones a su persona, alabanzas, filias, fobias, así como cercanías con personajes paradigmáticos y contrastantes, se trasmina en toda su obra el abandono y la despersonalización de aquellos que lucharon en el bando de los poderosos o que creyeron revolucionar y acaban en el olvido más profundo. Esa es la suerte para los leales, los éticos, realidad concreta en su “realismo mágico”. Escribió en torno a la lucha de clases desde su poética. ¿Cuándo escampará? ¿Más ahora que el silencio está por decretarse?