Feria de corrupción y vilezas en Aguascalientes

14.May.14    Noticias nacionales - Opinión
   

Vamos a hablar de este bonito y colorido estado de Aguascalientes, con su flamante e internacional Feria de San Marcos, una feria de corrupción y vilezas. Feria, donde podemos observar el marcado contraste social y la permanente lucha de clases, lugar donde políticos y empresarios magnates de la industria turística hacen gala de su desfachatez opresora.

Hoy daremos recorrido a esta bonita fiesta san marqueña desde una posición materialista. Comencemos el paseo por mi bonita tierra natal, es una feria en donde el obrero ha sido relegado de dicha festividad. Un obrero obtiene una ganancia aproximada de 80 pesos por día en nuestra región, de los cuales se van alrededor de 64-68 pesos a la canasta básica, sin incluir luz, agua, gas y rentas. Con lo que le queda al obrero el primer obstáculo al que se enfrenta es llegar y retirarse del recinto de la feria, ya que existe abuso del transporte público, ya que una carrera que normalmente un taxista cobraría a 20 pesos, durante la feria sube a 100. No tacho de abusivos a los obreros al volante, sino al capitalista poseedor de los medios de transporte que sube las cuotas a sus empleados esa temporada.


Traspasando el umbral de la entrada al recinto se llega a una explanada flanqueada de antros. Aquí resalta el contraste social de los dueños de antros que pagan un permiso para operar en dicho perímetro ferial, pero que es nulo al compararlo con la excesiva plusvalía que obtienen por la explotación. Los trabajadores de dichos antros laboran una jornada que se extiende por 12 horas o más, dependiendo del centro de explotación, a cambio de un sueldo de 200 pesos. En dichos establecimientos se cobra una entrada por persona que va desde los 250 pesos hasta un total de 1000.

Al alejar la vista de las luces llamativas de los grandes establecimientos nos topamos a un lado con la precariedad en que subsisten muchos mercaderes ambulantes. La mayoría viene al estado con el fin de vender sus mercancías, trayendo consigo a sus hijos. Podemos ver numerosas casas de campaña donde se hospedan con el fin de que la pequeña ganancia sea redituable. Los infantes en lactancia que viajan por necesidad con sus padres se ven privados de la higiene tanto corporal como alimenticia.

Si uno se espera a la madrugada, verá la cobranza de permisos a los pepenadores. Si, aunque suena descabellado, el Estado cobra a las personas de bajos recursos un dinero por permitriles recoger latas de cerveza con el fin de vender a una recicladora la materia obtenida para sostener a su familia.

Así mismo la feria es gala de narcotráfico y prostitución, así como de abuso policial. Pero ahí tenemos a grandes acaudalados en un casino, derrochando numerosas cantidades de dinero, mientras tenemos a niños pidiendo limosna en el perímetro ferial. Ahí coincide en aparecer el gobernador, Carlos Lozano, en su salón privado, ubicado en la calle Prof. Alejandro Topete del Valle, ofreciendo divertidísimas fiestas con vino de excelente calidad y finísimas comidas con recursos públicos a políticos y demás alimañas del circulo parasitario nacional.

Y nosotros, la clase obrera, en la mas pura desdicha y precariedad. Ahora la pregunta que se hace al gobierno es ¿Esa es una feria popular donde el obrero tiene derecho y acceso a la diversidad de entretenimientos o es una feria puramente clasista donde los pudientes vienen a divertirse a costa de la opresión y explotación de aquellos que menos tienen?