Estados Unidos e Irán. ¿Tercera Guerra Mundial?

06.Ene.20    Noticias internacionales
    ()

De nuevo los intereses de la burguesía buscan enfrentar al Proletariado Internacional.


EEUU_IRAN

Fotografía www.infobae.com

Ante el reciente asesinato del general iraní Qasem Soleimani, comandante de la fuerza de élite Al Quds de la Guardia Revolucionaria iraní, por un ataque estadounidense con drones ordenado por el presidente Donald Trump se ha desatado una ola de preocupación ante hipotética Tercera Guerra Mundial. ¿Es eso posible?

En el reacomodo geopolítico luego de la Segunda Guerra Mundial, en Medio Oriente la presencia francesa e inglesa se fue evaporando dando paso la presencia estadounidense en la región. Hay que comenzar diciendo que la antigua Persia siempre a jugado un rol protagónico en la zona, y que ya durante la Segunda Guerra el país se vio inmerso en el conflicto gracias a las simpatías pro germanas del Sha Reza Pahlaví y los intereses monopólicos ingleses de la Anglo-Persian Oil Company, actual BP. 

De modo que en 1941 luego de iniciarse la invasión nazi a la Unión Soviética, tropas británicas invadieron Irán desde Iraq y la India, mientras los soviéticos avanzaron desde el norte. Británicos y soviéticos ocuparon Teherán el 17 de septiembre y el monarca abdico a favor de su hijo Mohammad Reza Pahlevi, que en 1942 puso a su país en el bando aliado entrando en guerra con la Alemania nazi en 1943.

La influencia soviética en Irán había estado presente desde 1920 con la efímera República Socialista Soviética de Persia, la ya mencionada invasión de 1941 y la aun más efímera República Popular Kurda en 1946. Por el contrario la presencia británica una vez terminada la Segunda Guerra Mundial empezó a disminuir, solo para ser sustituida por los Estados Unidos. 

En 1953 por el delito de intentar nacionalizar la industria petrolera iraní, el primer ministro Mohammad Mosaddeq, quien había sido elegido democráticamente fue derrocado por un golpe de Estado orquestado por agentes del MI6 y la CIA. A partir de ese momento Irán quedo efectivamente bajo la órbita angloestadounidense y por supuesto también relacionado económicamente a los monopolios de ambos Estados imperialistas. Esta situación cambio en 1978 cuando comenzaron las protestas que desembocaron en la revolución islámica que derroco al Sha Mohammad Reza Pahlevi y dio paso al régimen islamista que desde entonces mantiene el poder en ese país.

Ahora bien, el surgimiento del nuevo Irán islámico en la región llego acompañado de problemas inmediatos con los Estados Unidos. Entre noviembre de 1979 y enero de 1981, durante 444 días, 52 ciudadanos estadounidenses fueron tomados como rehenes luego de que el día 4 de noviembre estudiantes islamistas tomaran la Embajada estadounidense en Teherán. Hecho que marcaría la relación bilateral entre ambos países.

El siguiente escenario para la joven república islámica seria un conflicto militar, la guerra Irán-Iraq, conflicto bélico que duro ocho años, de 1980 a 1988, durante el cual los iraquíes recibieron apoyo económico y en armamento por parte de los países árabes de la región ademas de las potencias internacionales, como Estados Unidos y la Unión Soviética. Aquí cabe recordar el derribo del vuelo 655 de Iran Air por el crucero lanzamisiles estadounidense USS Vincennes el 3 de julio de 1988, afirmando que habían confundido el avión comercial con uno militar.

Es decir que la relación entre el Irán islámico y los Estados Unidos no ha sido buena en absoluto, y ha estado enmarcada en una constante tensión. Mientras existió la Unión Soviética esta mantuvo, por su parte, una relación un tanto ambigua con el gobierno emanado de la revolución islamista. Por una parte en 1981 ambos Estados signaron un acuerdo de cooperación militar que incluyo la venta directa de armamento soviético; pero por otra, esta relación política se enfrió cuando desde la cúpula dirigente de la revolución se decidió que había llegado la hora de purgar a los miembros del Tudeh (Partido de las Masas de Irán), el partido comunista que había acompañado el proceso revolucionario, en una dura represión que comenzó en 1982.

Este episodio de las relaciones iraníes-soviéticas nos sirve para desmontar la simplificación que pretende hacer ver al régimen islamista iraní como el bueno de la historia o como la victima. Desde el principio de la revolución el ayatollah Ruhollah Musaví Jomeini utilizó el término “Gran Satán” contra Estados Unidos, y sin embargo luego de la represión al Tudeh y la expulsión de 18 miembros de la Embajada soviética en 1983, en el marco de la guerra Irán-Iraq, el mismo Gran Satán suministro armamento a la república islámica, el conocido escándalo Irán-Contra o Irangate. Es decir, el régimen islamista iraní ha buscado todos estos años hacerse de una posición fuerte en su región y para ello no ha dudado aliarse momentáneamente con quien así le convenga.

Ahora bien, con la caída de la Unión Soviética y el bloque socialista Irán volvió a ser un blanco para los Estados Unidos, su lugar como potencia petrolífera es incuestionable, pero su fortalecimiento militar y económico, nivel de población y extensión territorial le permitió mantenerse atrás en la lista de países a invadir, a diferencia de Afganistán, Iraq, Libia o Siria, países que ya recibieron su dosis de democracia a la americana.

Aquí también conviene hacer un alto y detenerse a explicar que los motivos de las guerras en todos los países mencionados tienen poco que ver con diferencias ideológicas, ni tampoco han sido cruzadas por la democracia, es algo más sencillo. Cuando los monopolios encuentran competencia más férrea de lo normal o de plano mercados cerrados por otro monopolio que pretende competir de igual a igual, entonces es el momento de echar mano de los estados burgueses y sus ejércitos profesionales. La causa de las guerras tiene que ver con intereses económicos, por ejemplo, el primer país de la lista, Afganistán tuvo la mala suerte de estar ubicado en un lugar estratégico para un ducto que transportara gas desde Turkmenistán hasta Pakistán, proyecto de la petrolera californiana Unocal, mismo que luego chocaría con los intereses de la multinacional BP-Amoco, quedando en medio del juego político geoestratégico la población civil afgana, porque para generar ganancias alguien tiene que perder.

En este juego económico no están fuera los iraníes, que han sabido construir una fuerte burguesía nacional cuyos intereses les han llevado a buscar expandirse por su área geográfica natural, Medio Oriente. Se dice que a raíz de las sanciones impuestas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas desde 2006 y las de la Unión Europea, el panorama de inversiones extranjeras y el flujo comercial y financiero iraní se han visto gravemente afectados. Pero en esta economía fuertemente centralizada la propiedad esta mayoritariamente en manos nacionales y curiosamente son las entidades de propiedad cooperativa, específicamente las fundaciones de caridad las que han crecido para convertirse en los mayores grupos económicos del país.

El segundo grupo económico de Irán es la Fundación de los Oprimidos y los Desamparados (Bonyad-e Mostazafan va Janbazan), que controla desde periódicos, hospitales y universidades hasta empresas metalúrgicas, de construcción, alimenticias y turismo. La segunda fundación más importante es la Fundación Imam Reza, que gestiona principalmente la mezquita y centro de peregrinación en la ciudad sagrada de Mashad, visitada por millones de peregrinos cada año. En primer lugar tenemos a la National Iranian Oil Company (NIOC), que es la segunda mayor petrolera del mundo solo detrás de la también estatal saudí, Aramco; NIOC es ademas, curiosamente, dueña del 50% del campo de gas Rhum en el Mar del Norte, propiedad compartida por la petrolera británica British Petroleum (BP) y NIOC.

También encontramos curiosidades en el campo militar, donde la Guardia Revolucionaria es dueña de más de cien empresas, entre ellas varias relacionadas con la construcción, de hecho la rama de ingenieros de la Guardia Revolucionaria es uno de los mayores constructores del país, que ha participado en obras estratégicas fundamentales como las diversas fases de expansión del campo gasífero de Pars Sur y de los oleoductos y gaseoductos que atraviesan todo el país. Quizá por eso no es casualidad que en enero de 2018 el primer ministro sirio, Emad Jamís, afirmara que que las empresas iraníes tendrán prioridad en la fase de reconstrucción del país árabe. Es decir hay beneficios económicos claros en la ayuda militar iraní en Siria.

Entonces volvamos al asesinato del general iraní Qasem Soleimani, comandante de la fuerza de élite Al Quds de la Guardia Revolucionaria iraní, ¿Un asesinato es capaz de echar a andar la Tercera Guerra Mundial? La respuesta es no, primero porque seria una explicación excesivamente simplificada, luego porque hay bastantes factores en juego que tendrían mayor peso y un papel desencadenante, y finalmente porque hay muchos intereses en juego que no permitirían una conflagración sin seguridades que ofrecer a los triunfadores.

Irán ha aprovechado el vació geopolítico dejado por la Unión Soviética en medio oriente y ha extendido su influencia, primero en Líbano y Gaza, y actualmente también en Iraq, Siria y Yemen. Ante la orfandad en que quedaron los movimientos políticos y militares laicos, libaneses y palestinos tras la caída de la URSS, Irán aprovecho para dar soporte a Hezbolá en Líbano, y Hamas y la Yihad Islámica en Palestina respectivamente. Tras la invasión a Iraq de 2003 ayudo a crear y armar fuertes organizaciones paramilitares en su mayoría chiitas, entre ellas las Fuerzas de Movilización Popular, cuyo numero dos, Abu Mehdi al Muhandis, también falleció en el ataque estadounidense a Soleimani.

La Guardia Revolucionaria iraní también se ha involucrado directamente en las guerras contra el Estado Islámico en Iraq y Siria, y ademas en este ultimo país también combatieron contra los rebeldes armados por Estados Unidos e Israel. Finalmente han llevado su influencia directamente al sur de la Península arábiga, dando sustento militar a los rebeldes hutíes del movimiento Ansarolá en Yemen, lo que les ha llevado al choque más directo con otro importante aliado estadounidense en la región Arabia Saudita, que ya acusaba a los iranies de apoyar protestas de la minoría chiita en Arabia Saudita, Bahrein y Yemen durante los momentos más álgidos de la llamada primavera árabe.

Como hemos visto los intereses económicos estadounidenses tienen presencia constante en el entorno iraní desde que finalizo la Segunda Guerra Mundial y el ultimo Sha pidió la intervención diplomática norteamericana para que los soviéticos abandonaran el Noroeste de Irán. Los intereses britanicos, aunque disminuidos también se mantienen, y su presencia ronda casi los doscientos años. Luego están Rusia y China también actores significativos aunque no con el mismo peso que alguna vez tuvo la Rusia Zarista o la Unión Soviética, ni la milenaria China con intereses en la ruta de la seda. Sin embargo la recomposición y potenciamiento militar y económico chino y ruso les ha llevado a volver a tomar protagonismo, en el terreno militar es significativa la presencia rusa en Siria, y ademas hay que tomar en cuenta que el reciente interés chino por volverse una potencia naval les ha llevado a realizar ejercicios navales conjuntos en el Golfo de Omán con sus homólogos de Rusia e Irán, apenas a fines del mes de diciembre de 2019, todo esto ademas de la significativa cooperación económica entre los tres países.

Así que, ¿Un asesinato es capaz de echar a andar la Tercera Guerra Mundial? La respuesta sigue siendo no, porque ya hay una guerra, o una serie de guerras que ya se libran en todo Oriente Medio desde hace décadas, en donde los aliados de uno u otro bando combaten diariamente, se amenazan o esporádicamente se lanzan misiles y bombardeos, como en Gaza. Medio Oriente es reconocido por ser una de las más antiguas cunas de la civilización, lo que quiere decir que las primeras sociedades estratificadas, las primeras ciudades y los primeros Estados surgieron en esa región. Esto también quiere decir que la guerra ha sido una presencia constante, tanto como las ambiciones hegemónicas de las milenarias civilizaciones que desde la meseta irania han dominado por largos periodos la región. Elam, Los medos, el Imperio aqueménida, los partos arsácidas y los sasánidas, la dinastía Safaví. En fin, que no es de extrañar que Irán actualmente también tenga sus propias ambiciones hegemónicas, ni que estas choquen con los de otras potencias regionales o internacionales. 

Incluso, volviendo al presente y viendo más allá de las declaraciones estridentes de uno y otro bando, existen contradicciones en el ámbito militar que demuestran que estos “enemigos” con esa relación ambivalente, Estados Unidos-Irán, llegan a tener ciertos momentos de cooperación. Desde la venta de armas en los ochenta durante el Irangate; hasta los momentos recientes en que se rebaja la tensión y provoca notas como la de Hispantv fechada el 25 de abril de 2016, donde se hablaba del interés de empresas estadounidenses por invertir en Irán, General Electric, Boening, Microsoft. Por no hablar de la coordinación existente entre 2015 y 2016 entre el ejercito estadounidense y las milicias chiitas en Iraq, periodo en el que Soleimani ya era el responsable de armar, preparar, entrenar y dirigir a estas milicias.

Esta lucha por la hegemonía regional que ahora se enmarca dentro de la campaña de reelección de Donald Trump responde a esta pugna interimperialista en la que: Irán amplia su presencia militar en Siria, Iraq y Yemen; una suerte de mini primavera árabe contraria a los intereses iraníes ha recorrido Líbano, Irán e Iraq; las milicias chiitas iraquíes ademas de jugar un papel en la represión a las protestas antigubernamentales en su país también se han dedicado a lanzar misiles cerca de las bases que alojan personal estadounidense; Estados Unidos responde lanzando bombardeos contra posiciones de las milicias; milicianos y civiles simpatizantes asaltan la entrada al complejo que aloja la Embajada norteamericana en Bagdad; y el gobierno de Trump responde asesinando al numero dos de las Fuerzas de Movilización Popular y al general iraní Qasem Soleimani, comandante de la fuerza de élite Al Quds.

Y aun así es posible y necesario afirmar que si se habla de una Tercera Guerra Mundial, esta, en todo caso ya se habría librado en prácticamente todos los continentes durante la llamada Guerra Fría. Y ademas como marxistas-leninistas también se vuelve necesario reafirmar que en las pugnas interimperialistas es el proletariado al que se envía a combatir y el único perdedor; que en la disputa por el monopolio de las materias primas y de la inversión los trabajadores no tienen más papel que jugar que el de carne de cañón, que en la defensa de la patria burguesa no se disputa el bienestar de los explotados sino los beneficios de los monopolios, sean sauditas (Aramco), iraníes (NIOC), estadounidenses (ExxonMobil) o de capital multinacional.