Entrevista a Marco Vinicio, Secretario de Trabajo Obrero-Sindical

09.Jul.14    Opinión
   

Camarada Marco Vinicio, ¿en qué año ingresaste a la lucha por el socialismo, qué te llevó a la militancia comunista?

Se puede decir que yo ingresé a la lucha por el socialismo a principios de los años 80’s, cuando desde la secundaria comencé a cuestionar muchos de los conocimientos adquiridos hasta entonces tanto en la casa como en la escuela; las lecturas de varios textos como el propio Manifiesto del Partido Comunista, diversos escritos del Ché Guevara y la compañía agradable de algunos amigos con los cuales discutía todos los temas que en aquellos años estaban en el orden del día, me fueron llevando a un punto en el que ya las lecturas por si solas no eran suficientes y, reflexionaba yo, de seguir así, me llevarían a caminar en círculo si no buscaba a otros que pensando como yo pudieran ayudarme a seguir avanzando en el conocimiento del marxismo-leninismo.

Fue así como en el año 83, ya cursando la preparatoria, con un buen amigo con quien continué estudiando, nos dimos a la tarea de buscar alguna organización que enarbolara las ideas del marxismo leninismo, en la provincia esto no era tarea fácil. La búsqueda fue complicada, un día conocimos a un profesor de sociología que había militado en el viejo PCM, cuando nos lo presentaron resultó ser un tipo tan soberbio que inmediatamente decidimos que ahí no había nada bueno, otro día conocimos también a un grupo que se reunía en un taller de reparación de zapatos, pero la primera advertencia que nos hicieron fue de que una vez ingresando con ellos, no podríamos salirnos, quedamos de regresar a su reunión cuando nos dijeron la fecha, pero no regresamos, tampoco ese tampoco era un buen lugar; seguimos buscando hasta que encontramos a una organización juvenil, la Juventud Popular Socialista, y aunque no inmediatamente, nos convencimos de ingresar ahí por dos cosas: su disciplina para el estudio y su activismo político. De ahí en adelante nunca más he estado desvinculado de la lucha organizada por el socialismo comunismo.


Ahora, lo que me llevó a la militancia comunista fue mi propia existencia, hijo de padres proletarios, mi padre trabajador electricista de CFE y mi madre trabajadora en el ayuntamiento de mi ciudad natal, primero de cinco hermanos, trabajé desde pequeño y por más de una década en un imprenta, donde pude contrastar mis lecturas con la realidad, es decir que me tocó conocer en carne propia la dura realidad de la clase trabajadora. El resto, fue el estudio constante de la teoría marxista y la experiencia como criterio de la verdad. Todo eso en un ambiente de efervescencia revolucionaria, en aquellos años en México se hablaba todavía de Lucio Cabañas, de Genaro Vásquez, de la Liga Comunista 23 de Septiembre, recuerdo las pintas que sobre la carretera federal de Córdoba a Puebla se leían con sus reivindicaciones, recuerdo las noticias satanizantes en los periódicos; en Centroamérica, la Revolución Sandinista había triunfado en Nicaragua, en el 79, las diferentes luchas armadas en Guatemala y El Salvador estaban dando pelea, nosotros participábamos en actos de solidaridad, repartíamos propaganda, carteles y música. Las dictaduras en Sudamérica golpeaban a sus pueblos y los pueblos resistían, se organizaban y respondían. En fin que era imposible, no involucrarse o mantenerse impávido.

Pero fue también un sentimiento de justicia, podría decir sin temor a parecer cursi, que fue también un profundo sentimiento de amor a mi pueblo y a la humanidad.

¿Qué literatura marcó tu compromiso con la causa proletaria, qué libros recomiendas a los camaradas?

Bueno, como ya dije más arriba, la lectura que marca mi compromiso con la causa proletaria son, entre muchas otras, en primer lugar el Manifiesto del Partido Comunista, y otros textos marxistas como las Tesis sobre Feuerbach, pero recuerdo haber encontrado entre las pertenencias de mi padre un libro editado por el SUTERM, de Mao Tse Tung que también leí; los Escritos y Discursos de Ernesto Che Guevara en nueve tomos, los leí completos, me caló hondo principalmente su Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental; leí a Roque Dalton y en general literatura sobre las luchas en Centroamérica. Pero sin lugar a dudas, el libro que determina el rumbo de mi vida desde la adolescencia fue El Estado y la Revolución, de Lenin, porque ahí se define el rumbo y las tareas de la lucha revolucionaria para nuestro tiempo. Era difícil leer ese libro y no ver la propia militancia de otra manera.

Y claro, libros como La Madre, de Máximo Gorki, Así se templó el acero, de Nikolai Ostrovski, El diario del Ché en Bolivia, entre otros. En lo personal un libro que yo aprecié mucho leer fue Félix significa feliz, de Yuri Korolkov, leer la vida de Félix Edmundovich Dzerzhinski, fue muy estimulante para mi. Otro libro que fue muy importante en mi vida militante fue la Historia del Partido Bolchevique, fui formado en la idea del partido unido y férreo, “que golpea como un solo puño”, y de pronto el riesgo de idealizar al partido y a la lucha puede causar frustración, como de hecho pasó con muchos camaradas jóvenes de aquella época, la lectura de este libro me ayudó a comprender la naturaleza de las dificultades en la construcción de un partido de nuevo tipo, pues a lo largo de mi militancia comunista la lucha de clases ha atravesado varias veces la construcción del partido y saber que históricamente esto es así, me ha permitido entender que no hay que desanimarse, que hay que seguir adelante.

Yo les recomiendo a los camaradas que lean y relean, que estudien, todo el tiempo, de manera individual y colectiva, los textos de los clásicos del marxismo, esta es la única manera que tenemos de fortalecer nuestra conciencia de clase, de entender la realidad, de poder transformarla; conozco casos tan patéticos de ex camaradas, dirigentes incluso, que han terminado no sólo por abandonar la lucha, sino en brazos de la reacción, y yo atribuyo este hecho a que dichos ex camaradas dejaron de leer, dejaron de estudiar, creyeron que ya lo sabían todo.

Por otra parte, también les recomiendo leer, sobre todo a los camaradas más jóvenes, las obras clásicas de la literatura universal, y digo a los jóvenes, porque algunas obras son sólo para leerse en la juventud, después ya no tendrán tiempo para hacerlo. En lo personal soy un ávido lector de la literatura mexicana, y Juan Rulfo y Bruno Traven, son dos de mis escritores favoritos.

Camarada Marco Vinicio, desde el 2001 hace parte de lo que entonces llamábamos el Consejo Nacional del Partido de los Comunistas Mexicanos, recordamos que entonces planteaste la política de ruptura, la cual esbozaste en un Pleno en el local que entonces teníamos en la Plaza de Santa Catarina, en el Centro Histórico del DF. Ello marcó una definición que llevó a que algunos fundadores del PCM se alejaran diciendo que tales posiciones radicales eran sectarias, aunque la verdad es que ellos hoy están en brazos de la socialdemocracia y el populismo. ¿Evalúas como correcta aquella definición?

Aun recuerdo aquella reunión. Fue definitoria no sólo por cuanto a los que se alejaron, sino también para nosotros mismos. En ese entonces comenzábamos a elaborar algunos conceptos como los de ruptura y ofensiva. La huelga estudiantil de la UNAM, en el 99, el movimiento por la defensa de la energía eléctrica que encabezó el SME en ese mismo año y el movimiento del pueblo de San Salvador Atenco contra la construcción del aeropuerto de la Ciudad de México nos aportaban elementos para entender que la defensa de las conquistas del pueblo ya no pasaban ni siquiera por el congreso de la unión; que el escenario de la lucha se trasladaba a un carril no institucional, el de la lucha callejera, el bloqueo, el plantón, la huelga, ese era ahora el terreno de la lucha popular. La descalificación de las instituciones, principalmente de las que permitían la reproducción de los consensos de la clase dominante, el IFE, el COFIPE y el TRIFE, fueron primero, luego la realidad fue poniendo más elementos en esa lista: las cámaras de diputados y senadores, los congresos locales, la suprema corte de justicia de la nación, las fuerzas armadas; es decir la lucha frontal contra el Estado mexicano, eso fue el contenido de lo que llamábamos Ruptura. Claro que eso hizo sudar frío a los tibios que luego, luego nos lanzaron el mote de radicales y sectarios.

Más de una década después, aquí estamos: ni sectarios, ni aventureros. ¿Qué significó la Ofensiva? Significaba construir una organización para la revolución, significaba construir un partido comunista a la altura de las necesidades que la lucha de clases exigía, con unas Tesis y un Programa que permitieran ubicar el momento histórico en que luchábamos, que clarificaran al enemigo principal, que nos permitieran asumir toda la experiencia de la construcción del socialismo en el siglo pasado y la experiencia de la construcción del partido comunista en México, con unos Estatutos verdaderamente leninistas, de un partido que aspira a ganarse la vanguardia revolucionaria. Con una estrategia y una táctica para el derrocamiento de la burguesía y la toma del poder por la clase obrera.

Sí, la evaluación de aquella definición es que fue correcta, porque lo que ahí comenzó a esbozarse fue el tipo de partido que queríamos construir, retomando la esencia del llamamiento del 94, un partido para la revolución. Y se fueron los que ya no tenían nada que aportar, aun aquellos que en su momento fueron piezas importantes para comenzar a caminar en este proyecto.

Camarada en 2003 participamos de un proceso de unidad con el PRS, que terminó en un fracaso. Tú que fuiste el secretario de organización ahí y además fundador y director de El Comunista, como continuidad de Tiempos Nuevos, ¿qué lecciones sacas para nuestra militancia de ese proceso?

Desde que se hace el Manifiesto del 20 de noviembre de 1994, que es nuestra acta de nacimiento, un punto central fue pugnar por la unidad de los comunistas en México, es decir nacimos no sólo con el reconocimiento de la necesidad de la unidad para la victoria, sino también con una profunda vocación unitaria. Esa ha sido una constante y por lo tanto una característica del PCM.

Sin embargo, del esfuerzo unitario que hicimos con el PRS aprendimos que la unidad no se construye sólo con buenos deseos, que además es necesaria una fuerte coincidencia ideológica y programática para llegar a una sólida unidad orgánica. Algunos compañeros creyeron que la unidad es sólo la suma de cuadros, o la suma de entidades federativas donde se tiene presencia, porque su lógica unitaria es la cuestión electoral, o en general conciben a la unidad como una mera operación aritmética, nada más lejos de la realidad. Por tanto este esfuerzo fallido significó una camisa de fuerza para el desarrollo del trabajo partidario por más de un lustro. De las lecciones que nos deja aquel fracasado proceso unitario entendimos que la premisa de la unidad de los comunistas para la construcción del partido de la clase obrera estaba agotada, seguir insistiendo en ella era caminar por un callejón sin salida. Esto no quiere decir que no sigamos impulsando nuevos esfuerzos unitarios, y sabemos también que siempre es un riesgo que algunos pueden derivar en fracasos, pero estamos convencidos que los más van a fortalecer al partido.

Por lo que ya no es la búsqueda de los comunistas o socialistas dispersos por el país una tarea para la construcción del partido, ahora la prioridad es la construcción del partido entre la clase obrera. Fortalecer al partido sobre la base de la unidad ideológica, programática y orgánica.

Camarada, has estudiado con atención el conflicto social y armado que dio origen a la lucha armada por el socialismo en 1963/1965, incluso preparas un libro sobre el tema, ¿qué lecciones para la lucha contemporánea hay de ese periodo?

Bien, sin pretender ser un historiador ni investigador académico, me ha interesado el tema de lo que en el Partido Comunista de México afirmamos fue el origen de la lucha armada por el socialismo: Arturo Gámiz, los Encuentros en la Sierra, el Grupo Popular Guerrillero y el Asalto al Cuartel de Madera el 23 de septiembre de 1965, sobre todo porque los libros que hasta hoy se han escrito sobre el tema adolecen, según mi punto de vista, de un análisis marxista; entonces lo que encontramos son visiones parciales del hecho histórico, balances parciales incluso de la acción armada, y en consecuencia lo que nos presentan dichas investigaciones son conclusiones parciales. Sobre todo en el análisis de los fundamentos teóricos que motivaron ese conflicto. Ahí es donde creo yo, sólo desde la militancia comunista se puede abordar el tema.

Ahora, ¿qué lecciones podemos sacar de ese periodo para la lucha contemporánea? Hay varias lecciones, la principal creo yo, por su actualidad y porque justamente es el tema general de nuestro V Congreso, es la compresión de que vivimos en la época de las revoluciones proletarias. Porque precisamente, el principal aporte de aquella experiencia fue haber comprendido muy bien los planteamientos de Lenin de que el imperialismo es la fase superior del capitalismo; y también la compresión de que el Estado es el instrumento de dominación de una clase sobre otra. Resolviendo así, con un profundo análisis marxista, el embrollo que había construido el lombardismo que planteaba entre otras cosas la alianza de la clase obrera con una supuesta “burguesía nacional” y sectores “progresistas” del gobierno, que afirmaba que era posible avanzar por etapas al socialismo, que sostenía que las particularidades del desarrollo capitalista en México hacían posible la “vía mexicana al socialismo”, que el tránsito al socialismo era posible de manera pacífica y por tanto cualquier intento de violencia revolucionaria tenía el carácter de una provocación debido a la vecindad con los Estados Unidos. Que el Estado surgido de la Revolución Mexicana estaba por encima de la lucha de clases.

De todo ello se desprende otra lección: que el estudio y la aplicación de la teoría marxista leninista nos dará la compresión exacta de la realidad, más allá de que todos los demás “revolucionarios” digan otra cosa. La principal concepción estratégica de aquella época caracterizaba al imperialismo como un espacio geográfico y no como un sistema económico, dicha caracterización derivaba en la conclusión de que México era una colonia de los Estados Unidos y consecuentemente lo que correspondía era una lucha de liberación nacional; el mérito de aquellos jóvenes, con Arturo Gámiz y Pablo Gómez al frente, fue la elaboración teórica que superó todas esas concepciones y esbozó una nueva estrategia: la revolución socialista como la tarea inmediata de la clase obrera. Y, consecuentes con esto la dura crítica y su lucha contra el oportunismo.

Otra lección que debemos extraer es la necesidad de combinar de manera creadora todas las formas de lucha, todos los muchachos que participaban activamente en este proyecto, pero principalmente sus dirigentes, tenían amplia experiencia en la lucha popular, campesina, sindical, magisterial y estudiantil, además de un profundo amor a su pueblo y un compromiso inquebrantable con la causa proletaria.

Actualmente derivada de su nueva política el PCM concentra su atención en el movimiento obrero y sindical, trabajo del que eres responsable, ¿cuál es el balance?

El balance es positivo por donde se le vea. Justamente fue la necesidad de realizar un trabajo dirigido a la clase obrera lo que forzó la decisión de dar un nuevo paso y la definición de lo que el IV Congreso de nuestro partido llamó el Giro Obrero. Esto significa que el partido comunista va a concentrar sus fuerzas y su esfuerzo en ganar a la clase obrera para la causa de la revolución, para que se transforme de clase en sí, en clase para sí, esa es la razón fundamental de la existencia del partido.

Anterior al IV Congreso el trabajo obrero, el trabajo a puerta de fábrica, en los centro de trabajo y en los sindicatos era algo casual, circunstancial, no sistemático; lo que daba como resultado que dicho trabajo fuera muy esporádico. De manera que la influencia del partido entre la clase obrera era prácticamente ninguna. Esto nos creaba, de manera natural, otro problema: el de la composición del partido en lo general y de los órganos del partido en particular, con elementos de la pequeña burguesía incrustados en la estructura del partido, nuestra acción era confusa y vacilante, el fetichismo de la legalidad era cotidiano y los estatutos y los órganos de dirección eran más bien blandengues; esto también se reflejaba en nuestro trabajo de masas, el trabajo en los pocos sindicatos en que operábamos era totalmente cupular, los acuerdos con las direcciones sindicales con las que teníamos relaciones no eran conocidos por la base y por lo tanto su cumplimiento era nulo, a grado tal que la organización de masas en la que actuábamos para el trabajo obrero y sindical terminaba abanderando causas justas de solicitantes de vivienda, de vendedores ambulantes, de solicitantes de placas de taxis, etc., pero no la principal de defender las conquistas obreras y sindicales.

Hoy, el PCM tiene clara su tarea: Organizar al movimiento obrero y sindical con independencia de clase y con un programa que eleve sus demandas económicas a demandas políticas. Y para ello se ha proveído de los instrumentos organizativos tales como la Federación de Trabajadores Independientes y la Coordinadora Sindical Unitaria de México. Y esto tiene ya efectos palpables, el propio partido tiene cada vez mejor definida su fisonomía obrera, en cada marcha, en cada actividad es posible ver cada vez a más obreros engrosar nuestras filas; cada vez más nuestro partido participa ya no sólo con opiniones sino también con orientaciones concretas en los conflictos obrero-patronales, y la presencia del partido comienza a sentirse incluso en sindicatos de industrias estratégicas.

Falta mucho sin embargo, en eso estamos claros, pero hemos comenzado a caminar y a acumular experiencia, misma que ya hemos podido sistematizar, ahí están los resolutivos del Comité Central sobre las recomendaciones de la Primera Conferencia de Trabajo Obrero y Sindical, tenemos también elaborado un Plan de Estudios para el trabajo obrero y sindical y comenzamos ya la especialización de los cuadros comunistas que se han de dedicar de lleno a este trabajo.

Acércanos a la política del nuevo paso, ¿fue correcto o equivocado?

Cuando lanzamos el documento de Un Nuevo Paso, estábamos haciendo un balance, un repaso crítico y autocrítico de 16 años de camino andado. Era un recuento de lo que habíamos logrado hasta entonces y lo que faltaba por hacer. Un repaso por nuestra historia, la historia de los comunistas, en el mundo y en México. Señalábamos las dificultades que hubo que sortear para comenzar la construcción del partido comunista.

Pero lo más importante del nuevo paso es que ahí comenzamos a delinear lo que seríamos en adelante. Esbozamos las tesis y el programa del partido, la estrategia y la táctica para el presente periodo de la lucha de clases: la construcción del Frente anticapitalista, antiimperialista y antimonopolista. Sentamos a partir del nuevo paso las bases estatutarias de lo que somos ahora: “Un partido con unidad ideológica, unidad orgánica y unidad programática; una organización de organizaciones con elevada conciencia de sus militantes; disciplina y abnegación en la lucha, lazos de solidaridad y fraternidad; vinculo permanente a la clase obrera y los trabajadores.”

Si juzgamos por los resultados, podemos afirmar que el nuevo paso fue correcto y además necesario. En el 2010 había en el imaginario popular un anhelo revolucionario, que fue alimentado incluso por algunas fuerzas anticapitalistas, con el nuevo paso, los comunistas cumplimos la parte que nos tocaba, colocamos un pilar fundamental para la próxima revolución en México.

Háblanos del internacionalismo proletario de los comunistas y de la experiencia que en concreto has tenido en las responsabilidades partidarias.

El internacionalismo proletario es uno de los principios del marxismo leninismo, es el reconocimiento de que la clase obrera es internacional, y es una necesidad de los trabajadores sobre todo en la época actual en donde los monopolios controlan la economía mundial y ejercen su dictadura, donde miles de trabajadores en diferentes partes del mundo trabajan para el mismo patrón-monopolio, es decir el internacionalismo proletario es el reconocimiento de que la clase obrera, no importa el país en el que se encuentre su centro de trabajo, tiene un mismo enemigo y aunque la lucha contra ese enemigo adquiere diferentes formas dependiendo del grado de penetración y la manera en que extraiga plusvalía en cada país, la obligación de la clase obrera y su partido es construir lazos de solidaridad y una estrategia de lucha común para todos los trabajadores.

La práctica concreta del internacionalismo proletario en nuestro partido ha sido en ocasiones peligrosa, pero nadie podrá acusarnos de que incumplimos nuestro deber internacionalista. Es el caso de la solidaridad que el PCM ha demostrado siempre con las FARC-EP, solidaridad que viene desde hace muchos años, y que sostuvimos aun en tiempos de criminalización de ésta, como en el 2008 cuando la Masacre de Sucumbíos, Ecuador, que acabó con la vida del Comandante Raúl Reyes y otros combatientes farianos y con la vida de cuatro camaradas, estudiantes mexicanos, que fue cuando sobre las cabezas de los principales cuadros del partido pendían acusaciones policíacas lanzadas desde las más altas esferas de los gobiernos de Álvaro Uribe en Colombia y de Vicente Fox en México, y de las cuales varias organizaciones políticas y sociales de “izquierda” hicieron eco en nuestro país; acusación que incluso agudizó las contradicciones internas en el partido cuando la gente que venía del PRS planteó cobardemente dejar de apoyar la causa justa de nuestros camaradas farianos. Pero también la práctica del internacionalismo nos ha dado muchas satisfacciones, como cuando nos tocó atender una delegación de internacionalistas griegos en el 2009, camaradas del KKE y de EDDA, que vinieron a México por casi un mes para conocer y expresar su solidaridad con las luchas y las resistencias que encontraron a lo largo y ancho del país y en donde nuestro partido estaba interviniendo; fue un intercambio de experiencias que todavía hoy rinde frutos.

Cuál es la perspectiva del V Congreso del Partido?

Si los resultados del trabajo de construcción partidaria del tiempo trascurrido desde el IV Congreso a la fecha son altamente positivos, es claro que la perspectiva que tenemos del V Congreso es muy ambiciosa. Se trata de actualizar y profundizar nuestras tesis, de poner en concordancia nuestro programa con los objetivos históricos de la clase obrera, sacudiéndonos de todos los remanentes de reformismo, de revisar la viabilidad de nuestros estatutos en la vida orgánica cotidiana, para fortalecer el carácter leninista de la organización, se trata de hacer más efectivas las correas de transmisión entre el partido y las masas, de fortalecer nuestros frentes de masas: la FTI y la CSUM, pero también el Frente de Izquierda Revolucionaria, el Grupo Magisterial Revolucionario, de apoyar la consolidación de la Federación de Jóvenes Comunistas próxima a constituirse.

El V Congreso es el espacio de mayor ejercicio democrático que ejercemos en nuestro partido y también la mejor oportunidad para fortalecer la unidad ideológica, programática y orgánica que garantiza nuestro papel de vanguardia entre el proletariado de México.