En el 60 aniversario del fallecimiento de I. V. Stalin

08.Mar.13    Opinión
   


Un gran marxista-leninista

El 5 de marzo de 1953 el Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética comunicó a la clase obrera y a los pueblos de la URSS, así como a los trabajadores del Mundo, el deceso de su Secretario General, el camarada Iosif Vissarionóvich Stalin, quien estuvo al frente del Partido, y del Estado socialista, por casi tres décadas.

Stalin se vinculó desde su juventud al marxismo y al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, decididamente en las filas del bolchevismo, dirigido por Vladimir Ilich Lenin.


Stalin destacó en las labores de teórico y organizador del partido en la clandestinidad, en las sucesivas revoluciones de 1905, y de Febrero y Octubre de 1917 (uno de los organizadores del centro insurreccional), en las labores gubernamentales del poder obrero y campesino, en la construcción socialista, destacadamente en el sector I de la economía (producción de medios de producción), es decir la industrialización, así como la colectivización del campo; también fue el defensor de la unidad del Partido Comunista (Bolchevique) frente a los intentos de dividirlo y destruirlo por parte de las corrientes oportunistas del trotskismo y bujarinismo. Al frente del Partido Comunista y del Estado socialista, como responsable del Comité de Defensa, Stalin fue el estratega de la derrota del fascismo, al elaborar la dirección estratégica para el Ejército Rojo, los partisanos, las estructuras clandestinas, y en general para la guerra de todo el pueblo contra el ocupante nazi; con Stalin la liberación de los pueblos de Europa fue una ola expansiva de la revolución que alcanzó a Albania, Yugoslavia, Rumanía, Bulgaria, Hungría, Polonia, Checoslovaquia, la creación de la República Democrática Alemana. Una nueva correlación de fuerzas en el mundo, de contenido progresista, que permitió el triunfo de la Revolución china, y las guerras de liberación en Corea y Vietnam, así como la descolonización de África y Asia, son el resultado de la victoria de la URSS en la Segunda Guerra Mundial.

Por sus indicadores, la construcción socialista en la URSS en esos años marchaba aceleradamente, repercutiendo positivamente en los niveles de vida de los trabajadores de todas las nacionalidades, en tanto que en el mundo capitalista los trabajadores pasaban hambre, desempleo y represión. Desde fines de los años 40 y principios de los años 50, entre los comunistas soviéticos, por iniciativa de su secretario general, Stalin, tuvo lugar un debate para discutir la economía socialista. En Problemas económicos del socialismo en la URSS la conclusión es contundente: la incompatibilidad de las relaciones mercantiles con la construcción del socialismo-comunismo.

Es tangible que en esa época en la Unión Soviética se construía el mundo nuevo, del poder obrero, el socialismo-comunismo. Calumniar y desechar la experiencia de construcción socialista durante dichas décadas es promover el olvido de algunos de los más grandes logros colectivos de nuestra clase.

Los comunistas, los marxistas-leninistas, sabemos del papel del individuo y de las masas en la Historia. Nosotros sabemos que en todo el camino victorioso de la construcción socialista de la que hablamos, Stalin tuvo un papel importante, pero el protagonismo principal lo tuvo la clase obrera y el Partido Comunista. No atribuimos a Stalin características de infalibilidad; seguramente como revolucionario, en la práctica, errores fueron cometidos, pues la construcción socialista y las tareas estatales del proletariado son un camino inédito, y el pueblo soviético, pionero en ese camino, contaba como única guía con la experiencia de 70 días de la Comuna de París. Pero tampoco le atribuimos todos los errores, pues pensamos que al actuar de ese modo, a partir del XX Congreso del PCUS (1956), más que atacar a Stalin se atacó a la construcción socialista y la estrategia clasista revolucionaria de los partidos comunistas en el Mundo. No es casual que a partir del XX Congreso se promovieran abiertamente las relaciones mercantiles al interior de la URSS, se abandonara la planificación económica, se retrocediera en la colectivización y socialización de la tierra; que se fomentaran las nociones de “comunismo plenamente desarrollado” y de “fin de la lucha de clases”, se alejara más y más a los obreros de la gestión y la administración, que a nivel internacional se le diera impulso a la “coexistencia pacífica”, etc. Tampoco es casual que hasta nuestros días defender tesis tan eminentemente marxistas como la necesidad de la planificación económica centralizada o la dictadura de clase sea denostado como “stalinismo”.

El Comité Central del Partido Comunista de México ha emprendido desde hace algún tiempo el estudio científico de la construcción socialista y el papel del partido comunista y sus cuadros dirigentes, así como la historia y balance del movimiento comunista internacional, fundamentalmente el rol de la Internacional comunista. En ambas materias de estudio el papel de Stalin es de primera importancia.

Queremos adelantar algunas conclusiones, señalando que en el futuro contaremos con un documento conclusivo.

1. La Revolución de Octubre fue una revolución proletaria genuina que inauguró la época de la transición del capitalismo al socialismo-comunismo, comprobando la tesis leninista de que vivimos la época del imperialismo y las revoluciones proletarias, y reafirmando la importancia del partido comunista como fuerza de vanguardia de la clase obrera, Estado mayor de la Revolución, partido de cuadros.

2. Uno de estos cuadros, de temple bolchevique, fue Iosif V. Stalin. En opinión del PCM, el balance histórico sobre I. V. Stalin es positivo, más allá de los errores cometidos. Stalin fue un gran marxista-leninista en el terreno de la teoría y de la práctica. La obra de Stalin enriquece la teoría marxista-leninista, no hay “stalinismo”, sino contribuciones enriquecedoras de la ideología proletaria.

3. Stalin forma parte de la Historia del movimiento comunista internacional. Los revisionistas han procurado excluirle de ella utilizando métodos que le atribuyen falsamente: la deformación de la historia, la prohibición de su obra, la calumnia. Los centros ideológicos del imperialismo, convergiendo con las corrientes del oportunismo, han construido la fórmula del “totalitarismo” para asociarla a la construcción socialista, identificando antidemocracia y ausencia de libertades con el socialismo, buscando eliminar del ADN de los comunistas toda una etapa de nuestra historia.

4. El antistalinismo es una manifestación del anticomunismo. El imperialismo dio aliento para que surgiera la industria de la stalinofobia, que ha buscado socavar la identidad comunista mintiendo, demonizando, por más de seis décadas. Aunque con otro origen (el de identificar ese periodo con firmeza, pero sin llegar al estudio serio) también observamos el fenómeno de la stalinomanía, que banaliza el papel del cuadro revolucionario, pues sustituye con iconografía la teoría y la práctica. Dicha posición tampoco permite a los cuadros extraer las necesarias lecciones, y los comunistas tienen el deber de estudiar científicamente el periodo para elevar sus capacidades; su política busca convencer a la clase obrera de la necesidad de construir un poder y una economía socialistas, no de formar un club hagiográfico. El Partido Comunista de México rechaza la stalinofobia y evita la stalinomania, buscando que sus militantes y su juventud estudien con seriedad el marxismo-leninismo, y como parte de él, la obra de Stalin, hoy en gran parte desconocida.

5. Stalin, junto a Ho Chi Min, G. Dimitrov, J. Díaz, K. Gotwald, E. Tahlmann, L.C. Prestes, W. Foster, con muchos más camaradas, son parte de la generación comunista internacional que buscamos emular, al ser cuadros de temple bolchevique.

Al cumplirse 60 años del fallecimiento del gran marxista-leninista, I. V. Stalin, en el Partido Comunista de México le rendimos homenaje y nos comprometemos a continuar el estudio y balance de su obra.

¡Viva la obra de I. V. Stalin ¡

¡Proletarios de todos los países, uníos!

El Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de México