El señuelo de la amenaza golpista

02.Dic.19    Noticias nacionales
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Para actuar como golpistas, en la actualidad y como proyecto transexenal, existe el humanista gobierno de la 4T.  


El recién golpe de Estado ocurrido en Bolivia, así como la preponderancia social y magnitud reaccionaria que representan las Fuerzas Armadas en Chile frente al levantamiento popular, ha puesto de nuevo sobre la mesa el fantasma latente de los golpes de Estado en América Latina. En México, dos militares de alto rango, uno formalmente retirado y otro con prominentes responsabilidades en el Ejército,                                 hicieron públicas sus consideraciones políticas frente al gobierno de la Cuarta Transformación.

Tras el golpe en el país andino, grupúsculos denominados como Congresos Ciudadanos en México hicieron público su llamado al Ejército para seguir el ejemplo de sus homónimos bolivianos. En la cobertura del caso y en los análisis al respecto se omite que estos grupos –donde aparecen gendarmes ciudadanos de los monopolios– surgen como hongos en el campo fértil del capitalismo. Es la burguesía la que activa o desactiva estos grupos en función del tipo de gestores que requiere.

La leyenda del golpismo en México evidencia al menos dos niveles de la lucha de clases. El primero, manifestación de las pugnas inter-capitalistas que llevan a cabo las fuerzas monopólicas que con su “oposición” liberal buscan presionar a la 4T, como Gobierno de los monopolios, en el sentido de la aplicación de sus agendas y una mayor participación en el reparto del beneficio derivado de la explotación y la demagogia que la disimula. Los Generales se inscriben en esta política burguesa.

La segunda, es la expresión de los dientes afilados que enseña toda la reacción al demandar determinación redoblada y mayor amplitud de la política reaccionaria que distingue al gobierno de Andrés Manuel López Obrador detrás de toda su palabrería. Liquidar a sus aliados entre los sectores populares y ámbitos de trabajadores organizados, colaboradores del maquillaje burgués y subsidiarios de migajas gremiales, para profundizar las de por sí conservadoras acciones y reformas de la 4T.

Cuando los militares señalan el fortalecimiento del poder del Ejecutivo Federal, del Presidente, y remarcan la falta de contrapesos, no están exhibiendo planes golpistas, como delirantemente coinciden en afirmar los más reaccionarios entre los antagonistas de AMLO y, al mismo tiempo, los más oportunistas de sus aliados pseudo-comunistas. Cuando esto sucede, aquellos partidarios de alguna facción burguesa exigen mayores dividendos en su colaboración para la unidad nacional.

La burguesía de manera multifacética y en todos los niveles de la sociedad inflama la lucha de clases desde su perspectiva. Los Generales y altos mandos militares no son la excepción, nunca lo han sido. Además, esta manera de actuar encuentra acomodo inmejorable en un contexto en el que el Gobierno de la 4T abre el ropero para que sin censura se expresen los pedófilos millonarios, los charlatanes de la fe, la moralidad burguesa más rancia, las Iglesias y los gorilas de las fuerzas armadas. Todos ellos son convocados para contribuir a la estabilidad del capitalismo y a reforzar la dominación.

Si bien Andrés Manuel López Obrador reprendió como un padre a “sus hijos que están fuera de lugar”, en el caso de los comentarios del militar Carlos Gaytán Ochoa, en realidad sólo desempeñó una acción inofensiva del juego democrático de la burguesía. Esta permisividad y libertad democrática que tienen los Generales contrasta con la respuesta democrática a los obreros, pueblos indios, organizaciones populares y estudiantes normalistas por parte de la 4T y su “oposición liberal”: represión, persuasión contra las huelgas, ataques armados, asesinatos y descalificaciones moralistas.

Lo que está en juego, por parte de las acciones del Gobierno Obrador y de sus críticos reaccionarios no es la lógica del golpe de Estado, sino la lógica mancomunada e interdependiente a favor de profundizar las medidas contra la clase obrera y los sectores populares. Los colaboradores de AMLO y sus fustigadores omiten, como debe ser para sus fines, que un golpe de Estado es siempre un operativo burgués bajo condiciones particulares.

Los gestores de la burguesía en el desempleo o la precariedad, ensalzan los crípticos mensajes militares, tan a tono con sus propias cualidades intelectuales. Los sirvientes de izquierda de la 4T se alarman y aprovechan para, a su manera, proseguir la labor capitalista que ha seguido a su integración y condecoraciones derivadas de su estelar participación en la liquidación del  Partido Comunista Mexicano en 1981. Unos y otros usan el espantapájaros del golpismo como señuelo de asaltantes.

Los escribanos de la llamada oposición democrática y los estadistas del “comunismo histórico” coinciden, como polos de una misma clase, que la participación reciente de los Generales en política es algo inédito. Una afirmación que al ser tan adusta no evita sonrisas entre los que no se anotan como amantes útiles de las facciones burguesas en pugna. Ahora aparentan discrepar, pero ambos aprueban en la intimidad la incorporación de las fuerzas armadas en la OTAN para el futuro reparto del mundo.

La aparición del Ejército como posible futuro gestor del Estado, cual junta que administra los intereses comunes a toda la burguesía, tiene una base material enriquecida. De gestores históricos del narcotráfico han recorrido un periodo de décadas para diversificarse no ya solamente como represores institucionales a sueldo, sino también como cuerpo colectivo de capitalistas: agricultores, consorcio inmobiliario, emprendedores de la ingeniería civil, etc. etc.

Lo que no podemos ocultar de la ecuación es que el Gobierno de AMLO es un gobierno electo no por 30 millones de votantes anónimos e impolutos, sino por decenas de capitalistas bien establecidos en la sociedad, un gobierno de la mayoría entre la clase burguesa. Y el cual es el campeón de la oratoria y de la conservación de las dictaminaciones neoliberales, de la ampliación de la tasa de ganancia para todos los capitalistas, de la precarización, de la atomización sindical del proletariado, etc., etc.

Es no sólo el campeón de la reacción camuflada, sino de la sumisión vergonzosa al más ridículo disparo de salva por parte de sus dueños capitalistas: negativa a reducir los beneficios bancarios, negativa expedita a modificar un ápice del sistema privado de pensiones y jubilaciones –el mismo del que la rebelión popular en Chile exige su abrogación–; cristiano guardián de la estabilidad económica; opositor taimado a toda oportunidad e intento de independencia política por parte del pueblo. Defensor intransigente de los intereses empresariales en la educación pública. Policía migratorio al servicio de los capitalistas de México y Estados Unidos, etc., etc.

No parece el tiempo de un golpe de Estado. Los monopolios han dado paso a nuevas gestiones reaccionarias por este en América Latina, en años recientes, pero en México eso mismo se ha conseguido tras doce años de hipnosis y adoctrinamiento hasta llegar al éxtasis del triunfo electoral del 1 de julio de 2018. No obstante, vale no olvidar que el altar del orden constitucional se combina creativamente con todas las variantes de golpes de Estado y las más creativas formas criminales.

En todo caso, ¿es posible la alternativa de golpe de Estado en México? Como en todos los países donde gobierna la burguesía, es una posibilidad siempre debajo de la manga. Si falla el plan de Morena como gestor transexenal, es una de las tantas opciones que la burguesía asoma a fuego lento para aplastar al pueblo. La alternativa es posible como las decenas de ocasiones en que se ratifica el dicho de llover sobre mojado. Sin embargo, ese día no son los días de hoy. Para actuar como golpistas, en la actualidad y como proyecto transexenal, existe el humanista Gobierno de la 4T.  

Y tan es posible que el gobierno de la 4T trabaja incesantemente para heredar a la burguesía una redoblada maquinaria de represión, con el añadido de una mayor presencia del Ejército y el conjunto de las Fuerzas Armadas en todos los ámbitos de la vida social. Paladín de la seguridad, promotores cívicos de las buenas costumbres, complemento del pacifismo socialdemócrata, jefe absoluto de la Guardia Nacional. En todo caso, el retoño golpista sería hijo legítimo de la 4T.

Y, para finalizar, son los guardianes de la memoria domesticada y a modo del comunismo en México los paladines del golpismo como señuelo, como celada, como renovado callejón sin salida. ¿Qué dicen los estelaristas del “hilo rojo” de la 4T y el cambio verdadero?  Escriben con absoluta certeza de sus palabras que: a los comunistas y al pueblo en general corresponde cerrar filas en defensa de la voluntad popular que eligió al Presidente. Y complementan: la ofensiva derechista es parte de la ofensiva mundial del imperialismo para acabar con los intentos del pueblo por lograr su liberación. Concluyen: la alternativa es la movilización popular que apoye la transformación económica y social (a través de la 4T)  y se manifieste en contra de la postura de los militares golpistas. Remata, con tono amenazador de rígido abuelo autoritario: ¡En esta tarea los comunistas tenemos una gran responsabilidad!

Estos defensores del orden capitalista nos dicen con otras oraciones lo que llevan 30 ó 40 años afirmando con constancia: obrero, obrera, escoge el lugar que más te motive entre los bandos capitalistas enfrentados con las más hirientes palabras en controversias, tramas o narrativas de poca monta; campesino, trabajador por cuenta propia, no olvides que somos representantes del verdadero pensamiento único, el del capital, somos las mil flores y mil escuelas que convergen en el culto a la democracia burguesa y su conservación; no olviden, jóvenes, que la lucha por el socialismo es por etapas, hasta liquidar al imperialismo: primero la democracia con Fox, luego con AMLO, luego con quien sea; combatiente, las únicas armas legítimas son las de la paz, la de la colaboración de clases.

Y, aunque sin decirlo, los comunistas de Estado contribuyen a hipotéticos huevos de golpe de Estado al callar frente a los groseros embustes de AMLO al denominar al ejército “ejército del pueblo, pueblo en armas, pueblo uniformado, ejército revolucionario”. Estadistas del “comunismo” como golpistas circunstanciales en la tarea de ocultar la verdadera naturaleza del ejército profesional de la burguesía y en inventar señuelos para prohijar la buena salud de actual gobierno burgués.