El movimiento feminista en la UNAM

05.May.20    Noticias nacionales - Reportaje
   

El feminismo oportunista que no representa la lucha de la explotada.


La Universidad Nacional Autónoma de México ha enfrentado durante los últimos seis meses una serie de paros en distintas escuelas y facultades de nivel medio superior y superior. El detonante ha sido un cúmulo de denuncias, principalmente por acoso que distintos colectivos feministas han dado a conocer. La respuesta de las autoridades universitarias contribuyó a exacerbar los ánimos y fortalecer la decisión de parar labores, impulsada por estos colectivos.

Se trata de un movimiento con gran fuerza en redes sociales, pero evidentemente minoritario en la vida real, más allá del pequeño número de activistas que sostiene las tomas de planteles. La fuerza de este movimiento social puede medirse en las calles, y la realidad no miente, la asistencia a sus marchas es mínimas, apenas de unas cuantas decenas de estudiantes, cientos si se suman las que se han llevado a cabo en el lapso de tiempo en que comenzaron los paros.

Es una realidad que la UNAM ha ignorado el creciente número de denuncias de género, 921 formales hasta 2019; y que demandas como la modificación de los artículos 95, 98 y 99 del Estatuto General de la UNAM para reconocer la violencia de género como una falta grave, son algo que puede atenderse, tal y como demuestra la modificación de dos de los tres artículos, 95 y 99. Pero así como las autoridades universitarias han apostado por el desgaste del movimiento, también este apuesta una modificación total de las relaciones sociales en un espacio determinado, forzando una radicalización que les aísla de quienes deberían ser su base social, la comunidad universitaria.

Si tomamos como ejemplo el caso de la Facultad de Filosofía y Letras se entiende como se ha llevado a cabo este proceso. Hasta 2017 la fuerza de los colectivos feministas en la FFyL era apenas testimonial, para llevar a cabo acciones tipo escrache tenían que ser reforzados por integrantes de colectivos provenientes de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales. Como antecedente del reciente paro solo existían un par de paros feministas en la FFyL, el 15 y el 8 de marzo de 2018 y 2019 respectivamente.

El paro llevado a cabo por las Mujeres Organizadas de Filosofía y Letras fue una imposición a la comunidad, no podía ser de otra forma pues esta forma de lucha justo lo que busca es afectar a aquellos sectores que se muestran indolentes con las problemáticas de las minorías. El problema es que si bien, tanto el apoyo activo de la comunidad como la oposición al paro no se reflejó más allá de redes sociales, la extensión del mismo permitió que más voces se unieran a la petición de levantarlo bajo la premisa de que ya se habían conseguido resolver la mayoría de las demandas de las MOFFyL. Y más importante, de nuevo, fuera de redes sociales no hubo una sola expresión de apoyo para continuar el paro cuando este finalmente se levantó.

Esto se entiende mejor cuando se analiza la naturaleza del movimiento feminista. Estamos ante un movimiento excluyente; que al imponer la división por género pone como enemigo al hombre, aunque luego vemos como algunos “aliades” anarquistas ayudan a mantener las tomas en algunos planteles; es también excluyente con la mujer porque en cuanto surgen voces discordantes son atacadas de inmediato y colocadas en el bando enemigo.  

Esto se explica porque ideológicamente hablamos de un movimiento de corte posmoderno, que tiene como característica segmentar las luchas sociales y generar movimientos sociales individualistas que apuestan por una supuesta autogestión. Es decir, en vez de buscar fortalecer la lucha popular y golpear como un solo puño al capital, estos se contentan con crear pequeños espacios tolerados por el Estado, en tanto que no suponen amenaza alguna o bien que funcionan como medio de contención para evitar afectaciones a sectores fundamentales para la burguesía. Además los movimientos sociales posmodernos tienden a ver como enemigos a otros sectores igualmente oprimidos por el capital, perdiendo de vista al verdadero enemigo. Por ejemplo, ya es común ver movimientos ambientalistas cargar contra sectores del campesinado pobre cuyo pecado es insistir en la siembra en lugares protegidos para sobrevivir, mientras que las agroindustrias transnacionales continúan tan tranquilas con sus negocios e incluso hasta llegan a patrocinar iniciativas ecológicas.  

De modo que, el actual movimiento feminista en la UNAM es un movimiento posmoderno, antimarxista, que busca la creación de un oasis de relaciones sociales en al Universidad, sin tomar en cuenta que las relaciones sociales sólo pueden modificarse -de verdad- cambiando totalmente la estructura social. Algo ya analizado y sostenido en el VI Congreso del Partido Comunista de México: “…es decir, aminora las condiciones de opresión sobre las mujeres de la clase burguesa, más mantiene intactas las bases que sustentan la desigualdad de la mujer, sobre todo de la mujer de la clase obrera”.