El impacto de la crisis económico-sanitaria en las mujeres trabajadoras

14.Dic.20    Noticias nacionales - Opinión
   

Es necesario tener claro el panorama que tenemos las mujeres de la clase trabajadora, las mujeres proletarias, pues ante una realidad laboral y económica desalentadora, no podemos quedarnos de brazos cruzados, viendo cómo se sigue restando valor a nuestra fuerza de trabajo, (…)


Antes de la crisis sanitaria por COVID-19, el mercado laboral en México arrojaba datos interesantes a considerar con relación a la participación de las mujeres dentro de éste. Tan solo recordemos que según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), el 2019 cerró con poco más de 2 millones de desocupados en el país.  Ahora bien, de acuerdo a la ENOE, en marzo del 2020, al iniciar la crisis sanitaria, la tasa de desocupación de las mujeres era de 3%, es decir, había unas 688 mil mujeres sin empleo y buscando uno. No obstante, para julio de este mismo año, el desempleo entre las mujeres incrementó a poco más de un millón 245 mil.

 

Por su parte, en el mes de septiembre, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció  presumiblemente la recuperación de empleos que hubo a partir de julio, aunque si observamos de cerca, el mercado laboral sigue siendo reducido y en su mayoría con esquemas de pago que no pasan de los 4 a 5 salarios mínimos diarios, para más del 70% de la Población Económicamente Activa (PAE). En contraste, el representante del Instituto de Política Laboral, Francisco Salazar, ha manifestado un deterioro en todo el sector laboral, al tratarse de la pérdida de empleos formales y recuperación, pero de empleos informales o eventuales, reconociendo que son las mujeres y los jóvenes quienes han sido más afectados.

 

Esto lo confirman también, los datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), al informar que en el primer semestre del año se perdieron un millón 113 mil 677 empleos formales, siendo las mujeres, afectadas en más del 60% de los casos. Y es que, hablando de los llamados sectores esenciales de la economía, y los no esenciales, hay una mayor presencia femenina en el segundo; aunado a ello, los recortes en prestaciones sociales como son las estancias infantiles y los comedores populares, así como la sobre carga de labores del hogar y crianza de los hijos, (incluyendo la educación a distancia que se ha implementado como alternativa a las clases presenciales), orillan a las mujeres a salir de la vida laboral y productiva.

 

Es necesario tener claro el panorama que tenemos las mujeres de la clase trabajadora, las mujeres proletarias, pues ante una realidad laboral y económica desalentadora, no podemos quedarnos de brazos cruzados, viendo cómo se sigue restando valor a nuestra fuerza de trabajo, porque aunque recuperemos nuestros empleos, estos siguen siendo precarios, como lo demuestran las mismas estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), nuestros salarios mensuales son en la gran mayoría de los casos de $3,600 aproximadamente, contrastando con el costo de la canasta básica que es de $1615 por persona.

 

La crisis sanitaria sólo impulsó aún más las condiciones precarias que ya vivíamos desde mucho antes, decimos sirvió de catalizador, se agudizó la desigualdad y la lucha de clases. Las problemáticas con relación a la brecha salarial entre mujeres y hombres, la salida abrupta de la vida laboral y sobrecarga de labores del hogar, no son problemas que se resuelvan haciendo que “los hombres en general, participen más en el trabajo no remunerado del hogar”, lo que se precisa urgente es un cambio radical de la estructura económica, necesitamos comenzar por informarnos sobre nuestros derechos laborales y cómo hacer para conquistar mejoras, organizarnos en nuestras colonias con nuestras compañeras en los sindicatos y buscar soluciones en colectivo, pues ya vemos que ni las gestiones de gobiernos anteriores ni la actual, nos aseguran una calidad de vida digna ni una distribución justa, de la riqueza de nuestro país.

 

Compañera obrera, trabajadora, comerciante, campesina: la precariedad laboral es una realidad que nos oprime aún más a las mujeres proletarias, el origen de la violencia que vivimos está en la explotación de que se sirve el sistema capitalista y sólo podremos incorporarnos plenamente como miembros productivos de la sociedad, cuando ésta ya no exista más; mientras tanto urge nos organicemos y defendamos de los atropellos del Estado burgués.