Editorial, mayo 2015

06.May.15    Noticias nacionales - Opinión
   

400El mes de mayo inició con una jornada mundial de los trabajadores en contra la crisis capitalista que sólo genera bajos salarios, explotación, desempleo, hambre, miseria y represión. El 1° de mayo, Día internacional de los trabajadores, es una fecha memorable que nos recuerda a todos los proletarios del mundo nuestra misión histórica: derrocar el sistema de explotación capitalista e instaurar un Estado controlado por los obreros y los campesinos para garantizar el bienestar de las mayorías. La patronal al servicio de los monopolios nos han arrebatado históricas conquistas laborales, por eso nuestro deber es organizarnos para tirar sus reformas estructurales a nivel nacional y político, más allá de nuestras demandas económicas locales e inmediatas.


Para tal propósito, la clase obrera debe romper las cadenas del sindicalismo charro de la CTM que durante muchas décadas sólo ha servido para controlar el descontento de los trabajadores ante las medidas bárbaras que acuerdan la patronal y sus gobiernos burgueses mediante sus leyes. Sin embargo, vivimos el periodo de la insumisión y poco a poco la clase obrera comienza a rebelarse, lo vemos con los petroleros de Pemex, los electricistas de CFE, los jornaleros de San Quintín y otros trabajadores de la industria automotriz quienes también están hartos de las condiciones laborales y sus dirigencias charras.

Nuestros intereses son contrarios a los de la patronal y nunca podrán ser armónicos. No basta con indignarnos es momento de pasar a las acciones organizadas. Por eso debemos ganar la dirección de nuestros sindicatos, crear sindicatos donde no los haya y agruparnos en una gran Federación de Trabajadores Independientes para acabar con la conciliación patronal y echar abajo la reforma laboral. El dilema no es votar o no votar, sino rebelarnos contra esta dictadura de colores y sus reformas. Unamos nuestras fuerzas con de los trabajadores de la educación y normalistas de Guerrero y de todo el país.

El movimiento obrero debe aprender la lección del pasado, no puede seguir a la cola de proyectos de la burguesía para beneficiar a algún monopolio a través de un candidato, líder sindical o grupo mafioso dentro y fuera de la empresa. Debemos rechazar el discurso nacionalista de “unidad” a toda costa que utilizan los oportunistas para generar, con la presión del movimiento obrero, ganancias a sus empresas, ya sean estas de la fibra óptica, la minería, las telecomunicaciones o los hidrocarburos. Ante este nuevo periodo, sólo la organización, los paros escalonados, la movilización y la protesta callejera, serán los pasos necesarios a seguir para devolver los golpes a los explotadores y recuperar nuestras conquistas históricas.