Editorial (21 febrero-21 marzo 2015)

27.Feb.15    Opinión
   

300El periodo de la insumisión abierto por los hechos represivos contra los compañeros normalistas de Ayotzinapa en septiembre pasado, continua. Este es un reflejo de la crisis de legitimidad del régimen burgués, su Estado, sus instituciones, su economía y ahora su “democracia”. Esta dictadura enmascarada pretende legitimar mediante votos a los asesinos, a los verdugos de nuestro pueblo, a quienes han llevado al país a la bancarrota y a los trabajadores a condiciones de miseria y represión. No obstante, la creación de consejos y asambleas populares como nuevas formas de democracia y nuevo poder del pueblo crecen en Guerrero y comienzan poco a poco a expandirse como alternativa en otras regiones de México.


Ante está situación de crisis, los monopolios a través de su junta administrativa de Estado pretenden sofocar la llama encendida de Ayotzinapa mediante la opacidad de los medios de desinformación, la represión, el encarcelamiento, el asesinato de luchadores sociales y comunistas, como fue el caso del compañero Gustavo Salgado en Morelos. Es claro que la dictadura de los monopolios impone de facto su violencia y su fuerza militar en Guerrero y Michoacán y toda la República Mexicana mediante millones de pesos destinados a las campañas electorales y a sus fuerzas represivas como el Ejército, la Policía Federal, la Gendarmería y los grupos paramilitares. Las declaraciones de la cámara empresarial y las elites militares del país anuncian una confrontación cada vez más abierta entre la burguesía y el proletariado.

Ante este contexto es necesario planificar y continuar con las acciones de protesta por la presentación con vida de los 43 normalistas, al mismo tiempo que reforzamos la creación de consejos populares, el plantón de los maestros de la Coordinadora de Trabajadores de la Educación en Guerrero (Ceteg) y construimos asambleas populares desde las colonias, delegaciones y municipios de cada uno de nuestros estados. Todo esto articulado a los acuerdos y resolutivos de la Asamblea Nacional Popular (ANP) como espacio coordinador de fuerzas revolucionarias que avanzan en la ruta de la unidad de acción a través de un programa político anticapitalista, antimonopolista y antiimperialista.

Ante la lucha de lo viejo que no acaba de morir y lo nuevo que está por nacer, es deber de los comunistas el cuestionamiento a la farsa electoral, reforzar nuestros frentes obreros, populares y juveniles por el derrocamiento de Enrique Peña Nieto, sus reformas estructurales, así como orientar cada esfuerzo organizativo y de resistencia de nuestro pueblo en la ruta de la ofensiva por el poder obrero y popular.