Economía de los monopolios y poder de los monopolios en América Latina - Una aproximación

29.Ene.13    Opinión
   

Desde hace décadas domina en el análisis y en el discurso, e impone su sello en los programas y accionar de los Partidos Comunistas las nociones que de una manera u otra hablan de periferia, colonia, subdesarrollo, dependencia, etc. Así los temas centrales, las preocupaciones y tópicos de los Partidos Comunistas de la región como son los problemas del desarrollo, la integración latinoamericana, o el combate antiimperialista, han contenido una fuerte carga de elementos teóricos desarrollados desde centros del pensamiento socialdemócrata.

Por ejemplo, el imperialismo se suele identificar con los Estados Unidos o con la Unión Europea, pasando por alto que el imperialismo es una fase de desarrollo del capitalismo al mismo tiempo que se deja de lado a otros centros imperialistas como China, Rusia, Brasil, etc. Esta posición que se ha mantenido dogmáticamente durante décadas se traduce en trazar como objetivo intermedio el “desarrollo por una vía nacional” y de ahí la mecánica alianza con la “burguesía nacional”. De aquí se sigue naturalmente que la cuestión de la integración y la colaboración de los pueblos latinoamericanos se aborde dentro de los contradictorios marcos de la integración de capitales y sus Estados, con los Partidos Comunistas como comparsas de sus burguesías.


Una característica fundamental de los Partidos Comunistas es su independencia frente al enemigo de clase, lo cual no solo tiene aplicación en el plano de las posiciones políticas o en el plano de su sostenimiento financiero, sino también en el plano de la elaboración teórica. Para preservar esta independencia teórica, para hacer avanzar las posiciones de los destacamentos comunistas de la región y acercarnos al logro completo de nuestros objetivos, se hace indispensable realizar una crítica a estas elaboraciones. Es decir, es necesario que analicemos el desarrollo capitalista de nuestra región con nuestras herramientas teóricas marxistas-leninistas, de tal manera que podamos ubicar la posición que ocupa cada clase, cada capa, cada fuerza y agrupamiento político, y que con ese nuevo mapa avancemos en condiciones de crisis general al derrocamiento.

Por supuesto que en el espacio del que disponemos en estas cuartillas, y con las limitantes de tiempo que impone la publicación de nuestro “Machete”, no se puede aspirar a trazar de manera completa y exhaustiva el cuadro del capital en la región. Pero si podemos comenzar a adelantar algunas posturas críticas a la llamada dependencia, así como ubicar algunos elementos determinantes de nuestro entorno. Identificar si existe un capitalismo de los monopolios en nuestra región y desentrañar su papel.

El capital depende de la generación de plusvalía y no de unas coordenadas

Veamos, se afirma que debido a la existencia de una dualidad centro-periferia, o bien norte-sur, existe un diseño de la economía mundial que ubica a nuestros países en una posición perjudicial de dependencia. Esto se eleva a rango de explicación de las injusticias y de las desgracias de las capas populares y por tanto inscribe en la bandera del movimiento unas metas específicas.[1]

Una línea argumentativa principal es que nuestros países se hallan en tal dependencia permanente por enfocar sus economías a la producción de materias primas con bajo valor agregado para satisfacción del mercado internacional.

Si la exportación de mercancías con bajo valor agregado es una característica determinante de una economía dependiente y subdesarrollada, me extraña mucho que nuestros teóricos de la dependencia no puedan dar una explicación satisfactoria de los siguientes datos relacionados con la exportación de materias primas:

En cuanto al maíz, Estados Unidos es el principal exportador al surtir 39.9% de la demanda internacional del grano, seguido por China con 21%.

En cuanto al trigo, Estados Unidos es el principal exportador al cubrir 23% del mercado internacional, seguido por Australia con 15.37%, en tercer lugar Canadá con 14.28%.[2]

En cuanto al hierro entre China, Brasil, Australia, India y Rusia cubren el 70% de las exportaciones.[3]

En cuanto al carbón, Estados Unidos es el principal exportador con 22.51% de la demanda internacional, seguido por Rusia 14.33%, China 10.45%, India 8.44% y Australia 7.17%.[4]

Un cuadro similar existe con relación a la extracción del níquel, aluminio, germanio, la producción de fibras textiles, la exportación de carne de cerdo, carne de res, huevo, miel, pescado, piña, zanahoria, soya, sal, tabaco, tomate, yodo, madera, etc. Exportaciones donde, salvo excepcionales terceros o quintos lugares, dominan países que no podrían ser clasificados sin rubor como “dependientes y subdesarrollados”. Esta información contradictoria comienza a abrir grietas en una teoría que se basa en una interpretación unilateral del mercado y del proceso de circulación.

Se podrá decir que lo anterior tiene que ver con la distribución de las reservas del hierro y carbón, con las condiciones climáticas que favorecen a los granos y que es una situación que merced a la existencia de poderosos capitales lleva a la destrucción del campesinado y a la dependencia alimentaria de los países del sur. ¿Pero que de diferente tiene ese argumento aplicado a la distribución de las reservas de gas y petróleo?, ¿Con las condiciones climáticas que llevan a que, merced a la existencia de grandes capitales, figure América Latina como surtidor del 61% del mercado de exportación de la fruta, etc.?[5] ¿Qué sería de la industria de las llamadas economías centrales sin el Titanio suplementario que llega desde Chile, Gambia, Kenia, Malauí, Mozambique, Senegal y Sierra Leona? ¿Sin el platino, cromo, grafito, manganeso, el cobalto, el coltán?[6], Ya no digamos el gas y el petróleo, o de la compra de reservas que mantienen en flote el precio del dólar por terceros países.

Marx mismo, en el debate en torno al llamado capitalismo comprador ya había demostrado como comienza el desarrollo capitalista objetivamente con diferentes formas en cada país.[7]

Y todo lo anterior solo desde el punto de vista del intercambio. Hay quienes piensan que en los países caracterizados como dependientes el capital llega a comprar materia prima malbaratada a un grupo de remotos aldeanos, pero el capital engendra a la clase obrera, al proletariado, la necesita como condición de su propia existencia. Visto es que de lo que se trata es de un proceso mediante el cual el trabajo vivo es apropiado y se agrega al trabajo muerto, un proceso que se reproduce y se amplía acercándose a sus límites históricos.

Veamos el caso de África, donde varios centros industriales y polos de capital, inclusive un centro de capital imperialista se le ha ido de la vista al famoso “sistema mundo”. En Egipto 1 de cada 4 habitantes mayores de 15 años con empleo es un obrero industrial, al mismo tiempo que en 2004 eran reconocidos oficialmente cerca de 4 millones 300 mil trabajadores sindicalizados.[8] En Argelia 61% de la PEA pertenece a la clase de los trabajadores asalariados, en Botsuana el porcentaje es de 62%, en Marruecos 43%, en Mauricio 79.9%, en Sudáfrica 82.37%, siendo 1 de cada 3 un obrero industrial.[9] Es significativo que de manera correlacionada Sudáfrica concentre al mismo tiempo 1 de cada 4 dólares que existen en el continente.

Por supuesto que sigue tratándose del conjunto de países relativamente más débiles y que en su mayoría ocupan posiciones inferiores en la pirámide imperialista. En Ghana predominan los trabajadores a cuenta propia –principalmente rurales- con un 66% del total de la población, de manera similar que en Etiopia, en el área más amplia del África Subsahariana la mitad de los trabajadores se hallan en el sector informal, etc.[10]

En cualquiera de las formas en que tome cuerpo su circulación (D-M-D1), sea en forma de flujo de IED, en forma de adquisiciones, en forma de empréstito, en forma de ampliación de la deuda externa, en forma de “rescates”, etc., el capital acumulado busca reproducirse, allana el camino, desgasta aquello que le estorba y engendra sus contradicciones, engendrando al mismo tiempo las condiciones y la fuerza que lo ha de superar. Es decir, el capital que compra, el capital que vende, el capital que toma forma de mercancía, forma de dinero, etc., cada uno forma parte de una cadena con eslabones concatenados, interdependientes, sin uno de los cuales el proceso entero sufre trabazón y se destruye una parte más o menos considerable –según la magnitud del mismo. Este proceso lo entendemos como una generalidad de validez universal.

¿No es más correcto hablar de la acumulación de capital y darse cuenta que en todas las latitudes éste proceso implica la búsqueda de beneficio a costa de la destrucción de la subsistencia de los campesinos, de la ruina de las capas medias y de la explotación cada vez más aguda de una clase obrera cuyas filas crecen?

Otras líneas argumentativas que entran en apoyo de la famosa Teoría de la Dependencia residen en la cuestión de la deuda, la cuestión de la renta petrolera, la depreciación de los salarios suponiendo un intercambio desigual, la diferencia en la magnitud del mercado, la brecha tecnológica, etc. Cada una de estas líneas toma por separado uno de tantos elementos contradictorios, y sobre de estos elementos pretende fundar la especificidad de América Latina.

Convendría recordar un par de premisas económicas para proceder a la crítica de estos argumentos, aunque dejemos para después su desmonte total: El desarrollo desigual del capitalismo es una característica consustancial al mismo proceso de acumulación. Que la burguesía, como encarnación del capital, se guía por la ley de la máxima ganancia, independientemente de su nacionalidad.

Que la diferencia entre los salarios mínimos de la región sea tan vasta (Por ejemplo, de acuerdo a la OIT, México, apenas superando los 100 dólares, tiene el segundo salario mínimo más bajo siendo menor solo el de Uruguay. En cambio en Venezuela se perciben 698 dólares.)[11] naturalmente lleva a que los capitales tiendan a dirigirse ahí donde les resulte, por una variedad de circunstancias concurrentes, mayor el margen de plusvalía producida o captada, según el ramo del que se trate. Más adelante volveremos sobre la exportación de capital y sus tendencias en América Latina.

Como explicaran Marx y Engels en distintas obras, la fuerza de trabajo, como cualquier otra mercancía está sujeta a la presión de la oferta y la demanda, al grado de competencia que reine entre las filas de los compradores y los vendedores de esta mercancía.[12] Existe una presión que lleva a una ecualización a la baja de los salarios. Tendencia que se refuerza en la medida que el poder de los monopolios logra impedir la actuación de los sindicatos y los partidos obreros.

Un ejemplo muy elocuente de lo anterior es que en 1955, la empresa de mayor capitalización bursátil de entonces, General Motors, empleaba a medio millón de trabajadores en Estados Unidos y a 80.000 en países extranjeros. Mientras que para su equivalente de hoy, Apple, solo trabajan 4.000 personas en Estados Unidos mientras que el resto lo hace en países asiáticos, invirtiendo casi la tendencia.[13] En 40 años el salario estadounidense solo ha aumentado un 10%, mientras que el desempleo más alto de los últimos 52 años sigue presionando a la baja al valor de la fuerza de trabajo.[14] Es una tragedia para la totalidad de la clase obrera que uno de sus destacamentos no luche eficazmente por defender el valor de su fuerza de trabajo. Viceversa, en todas las latitudes es una tarea ante la crisis levantar al movimiento obrero para una feroz lucha contra la desvalorización, movilización que no solo impacta positivamente en el margen de maniobra para el conjunto de la clase sino que tiene efectos pedagógicos, desarrolla la conciencia y acerca a los obreros a comprender los límites históricos de este sistema.

En torno a la deuda, veamos, en orden descendente los 10 países con mayores endeudamiento son Estados Unidos, (superando los 15 mil millones de dólares, más de 4 veces su PIB), Reino Unido, Alemania, Francia, Países Bajos, Italia, España, Irlanda, Japón Luxemburgo.[15] Por cierto que México se encuentra en el lugar 31.

La deuda además resulta ser una forma de crédito, un proceso mediante el cual una gran cantidad de dinero paralizado se lanza a la circulación, se transforma en capital. El crédito no solo es una forma más del capital, es la forma sobre la cual pudo surgir la sociedad anónima, la propiedad colectiva de grupos de capitalistas y finalmente los monopolios.[16] El capitalismo en su fase superior de desarrollo sería totalmente inviable sin la deuda y otras formas de crédito, que simultáneamente agravan la inestabilidad del sistema mismo y lo acercan a su límite histórico. Sobre cómo éste mecanismo funciona podemos seguir a Marx en El Capital:

“Ya a comienzos del siglo XVIII las manufacturas holandesas han sido ampliamente sobrepujadas y el país ha cesado de ser la nación industrial y comercial dominante. Uno de sus negocios principales, entre 1701 y 1776, fue el préstamo de enormes capitales, especialmente a su poderosa competidora Inglaterra. Un caso análogo lo constituye hoy la relación entre Inglaterra y Estados Unidos. No pocos capitales que ingresan actualmente a Estados Unidos sin partida de nacimiento, son sangre de niños recién ayer capitalizada en Inglaterra “La gran parte que toca a la deuda pública, así como al sistema fiscal correspondiente, en la capitalización de la riqueza y la expropiación de las masas, ha inducido a una serie de escritores como Cobbett, Doubleday y otros a buscar erróneamente en aquélla la causa fundamental de la miseia de los pueblos modernos.”[17]

¿Acaso la historia no continuó avanzado y no somos testigos del posterior desdoblamiento de este proceso?

Es una tomadura de pelo teórica, es lanzar paja al ojo del movimiento obrero establecer como etapa intermedia, como objetivo previo a la lucha por el socialismo, lograr una vía nacional de desarrollo, romper el vínculo con los mecanismo de la deuda cuando estos son intrínsecos al actual desarrollo capitalista. La deuda tanto externa como interna, en empréstitos y rescates, más que un mecanismo para sujetar a “neo-colonias” es un mecanismo al cual recurren todos los capitales para mantener su circulación y para transferirse recursos de la clase obrera y de los pueblos del mundo.

Lo más importante es entender que cuando hablamos del desarrollo superior del capitalismo hablamos de por sí de un capital que es profundamente reaccionario, parasitario, de un modo de producción en descomposición, que al mismo tiempo que moviliza destruye todos los recursos a su disposición con tal de mantenerse, un sistema amenazado en cada momento de una bancarrota. Cuando hablamos de un desarrollo imperialista hablamos de que es necesario derrocarlo y superarlo con la lucha por el socialismo, no mediante la atrasada suposición de que nos hallamos aún en una temprana fase de desarrollo mercantilista.

Que el capital estadounidense ocupe un lugar de cúspide en la pirámide imperialista no significa nada para los 840,000 indigentes o los 12,300,000[18] de desempleados, sobre todo si tomamos en cuenta que los servicios sociales sufren, pese a la retórica populista del gobierno estadounidense, recorte tras recorte. La deflación salarial, los recortes, los embargos hipotecarios, las medidas salvajes, etc., ofrecen un panorama de agudización de la lucha de clases, al tiempo que la peligrosa tendencia a la guerra se refuerza. No hay razones para que en ese país la clase obrera se ponga a la cola de alguna de las fuerzas burguesas. ¿Habría de ser diferente al sur del Río Bravo? ¿De verdad necesitamos sacrificar nuestros intereses como clase obrera para apoyar a las llamadas “burguesías nacionales” en su puja por los mercados?

Una cosa es luchar en los marcos del capitalismo por la mejora de las condiciones laborales y de vida de nuestra clase y de las capas oprimidas. Otra cosa muy distinta es querer convencer a la clase obrera que le resulta conveniente apoyar a sus opresores “nacionales” y sus planes de “desarrollo por vía nacional”. Una cosa es formar una organización que tenga por misión llevar la conciencia de clase al movimiento realmente existente, y otra mantener el romanticismo económico, llevar posiciones pequeñoburguesas y confusiones al movimiento sindical y popular.

Los monopolios con asiento en Latinoamérica y su factura

La burguesía realmente existente, la burguesía cuyo capital domina en nuestros países, independientemente de su color o nacionalidad, es una que ha alcanzado un elevado grado de concentración y centralización sobre ramas y mercados enteros. Se trata de una burguesía monopolista, de una burguesía cuya existencia parasitaria es la base de la etapa imperialista del desarrollo capitalista. Pasemos revista a algunos de esos monopolios con asiento en Latinoamérica y algunos de sus movimientos más o menos recientes.

El capital amasado por el grupo financiero de Carlos Slim superó al primer trimestre de este año los 74 mil millones de dólares. América Móvil prevé invertir 10 mil millones de dólares en 2013 (según declaraciones de su presidente, Daniel Hajj) para expandir su red por América Latina. Este mismo año la empresa Claro, subsidiaria de América Móvil en Colombia, dominaba la subasta pública del servicio denominado 4G en ese país y desplaza por completo a Teléfonos de Bogotá en el control de las telecomunicaciones. Esta empresa controla las telecomunicaciones de Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Colombia, Perú, Brasil, Chile, con la adquisición hace 5 años de la americana Verizon por 3,700 millones de dólares también pasó a controlar una gran parte del mercado en Venezuela, República Dominicana y Puerto Rico.

La mexicana Cemex supera en ventas desde hace poco a la francesa Lafarge. Banorte se hizo hace un par de años con el 70% de International Bank en EEUU y adquirió, entre otras, la empresa de remesas UniTeller. En Abril de este año Grupo Salinas adquirió en $780 millones de dólares Advance America, empresa prestamista, con esta última adquisición el valor de la fortuna de Salinas Pliego asciende a 13 mil 900 millones de dólares. Bimbo y Gruma no solo se han hecho con el control de varias ramas del mercado de los alimentos en América Latina y Estados Unidos sino que sus inversiones crecen en China, Japón y Australia.

La Brasileña Vale (Vale do Rio Doce) es la segunda empresa minera más grande del mundo. Recientemente adquirió la canadiense INCO por 16.700 millones de dólares, además de la mayor productora australiana de carbón por 662 millones de dólares. Sus operaciones abarcan explotaciones en Finlandia, Canadá, Australia, Mongolia, China, India, Angola, Sudáfrica, Chile, Perú, Guinea, Estados Unidos, Guatemala, Colombia, Gabón, Mozambique, Omán, Indonesia, Nueva Caledonia, Noruega y el propio Brasil. Para tener una idea de la magnitud de la empresa, se puede tomar en consideración como por si sola consume cerca del 5% de toda la energía eléctrica del país. Sus filiales ferroviarias efectúan decenas de miles de operaciones en varios puntos del planeta. Tal fortuna fue amasada por décadas de condiciones inhumanas de trabajo, despojos, destrucción de la naturaleza y despiadados abusos de derechos humanos.

Otros monopolios brasileños incluyen a Embraer, uno de los mayores fabricantes de aviones del mundo, la petrolera Petrobras, o el banco Itaú que adquirió las sucursales del BankBoston en los países latinoamericanos.

La Colombiana Cementos Argos, una de las competidoras de Cemex, es la quinta empresa a nivel mundial del ramo. El también colombiano Grupo Nacional adquirió el control de empresas de alimentos en Costa Rica, Panamá y Perú. El banco colombiano Davivienda le compró a HSBC sus posiciones en El Salvador, Honduras y Costa Rica, al tiempo que expandía su presencia en Perú y Chile.

Nombres de algunas otras gigantescas empresas que ejercen un control monopólico sobre sus ramos incluyen a Vitro (empresa mexicana que domina la producción del vidrio), Techint (Gigantesca empresa argentina dedicada al acero), Gerdau (una de las mayores siderúrgicas, tiene asiento en Brasil), Alfa, Maseca (empresa mexicana enfocada a la producción de productos de maíz), etc.

Habría quien pudiera levantar contra los datos que aquí siguiéramos aportando la diferencia entre la porción que le toca en parte a esta burguesía y la que le toca al conjunto de otras empresas trasnacionales, de otros monopolios con asiento en los principales centros imperialistas, y pudiera aún agregar ejemplos recientes de grandes adquisiciones de empresas latinoamericanas por dichos monopolios.

Por un lado queremos recordar que jamás hemos hablado de una repartición -llamémosle “equitativa”- entre la burguesía, sino una repartición del mercado basado en la correlación de fuerzas, en el desarrollo desigual y sujeto a duras pugnas inter-monopólicas. Pero por otro lado, la división entre una “burguesía nacional”, supuestamente desarrollista, supuestamente patriota, supuestamente enfrentada al imperialismo y otra foránea es completamente artificial. Sobre todo tomando en cuenta que al vivir en la época del imperialismo vivimos en la época en la que dentro de los propios marcos del modo de producción se ha suprimido la propiedad privada capitalista a favor de la propiedad colectiva capitalista. El proceso para el asenso de los monopolios no es solamente el de la concentración sino también, inclusive es un proceso dominante, el de la centralización. Las adquisiciones y las fusiones entrelazan los capitales de las empresas anteriormente dispersas y hacen que los diversos grandes burgueses que ahí participan tengan intereses indistinguibles desde la óptica sugerida por la “teoría de la dependencia”.

¿Dónde comienza y donde terminan dichas burguesías? ¿Dónde no se hallan entrelazados sus intereses? KOF es el resultado de la fusión entre la americana Coca-Cola Company y la embotelladora FEMSA cuyas ventas en México, Centroamérica, Colombia, Venezuela, Brasil, Argentina y Filipinas rebasaron los 37 mil millones de dólares. Mediante 20 mil 100 millones de dólares Grupo Modelo y Anheuser-Busch se aliaron, asociación que resulta en la producción centralizada de 400 millones de hectolitros de cerveza y ventas que superan los 47 mil millones de dólares. Grupo Alusa, resultado de por sí de la combinación de capitales chilenos y peruanos, inició sus operaciones en Colombia con la fusión de grupo Flexa. La empresa Copec de Chile fusionó sus capitales en Colombia con la empresa Inversiones Nordeste. Grupo Sura realizó una transacción de 3 mil 600 millones de dólares para adquirir activos de ING en Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay. La fusión de capitales entre la chilena Concha y Toro, la francesa Rothschild, la norteamericana Fetze, y el control de subsidiarias en varios países latinoamericanos le permite a este grupo la producción de cientos de millones de litros de vino y una creciente predominancia del mercado. Desde China fluyeron en 3 años 15 mil millones de dólares hacia el Caribe para cerrar tratos de fusiones. Banamex ha fusionado su capital con el norteamericano Citibank, en ambos casos con participación de sus respectivos Estados.

Otro dato interesante sobre algunas empresas no menos imperialistas por tener asiento en México es la distribución de su planta laboral. Grupo Saba explota a 2 trabajadores en el extranjero por cada uno que explota en México, Cemex cuenta con un 66% de su plantilla en el exterior, Gruma un 63%, Bimbo un 53%, Femsa 34%. Mexichem obtiene el 83% de sus ganancias del mercado exterior, Cemex el 78%, Peñoles 77%, Grupo México 66%, Gruma 66%, KOF 64%, Grupo Saltillo 63%, Alfa 54%, Bimbo 54%, Aeroméxico 53%, ICH 50%.[19] ¿Así que no estamos insertos en la pirámide imperialista?

Un rasgo fundamental del imperialismo es el papel que juega la exportación de capitales. Sobre este, durante el 2011 la Inversión Extranjera Directa desde México a América Latina efectuada por 10 grandes empresas sumó 9 mil 640 millones de dólares, en el mismo periodo afluyeron a México 19 mil 440 millones de dólares. Aunque les resulte difícil de comprender la lógica dialéctica a estos teóricos, el proceso de acumulación del capital incluye ambos aspectos aparentemente contradictorios. Por cierto, destaca que seis compañías chilenas exportaron 11 mil 822 millones de dólares en forma de capital.[20]

Recordemos, siguiendo el razonamiento de Lenin el significado que tiene la existencia de estos monopolios:

“Cuando una gran empresa se convierte en gigantesca y organiza sistemáticamente, sobre la base de un cálculo exacto de múltiples datos, el abastecimiento en la proporción de los 2/3 o de los 3/4 de la materia prima de todo lo necesario para una población de varias decenas de millones; cuando se organiza sistemáticamente el transporte de dichas materias primas a los puntos de producción más cómodos, que se hallan a veces a una distancia de centenares y de miles de kilómetros uno de otro, cuando desde un centro se dirige la elaboración del material en todas sus diversas fases hasta la obtención de una serie de productos diversos terminados; cuando la distribución de dichos productos se efectúa según un solo plan entre decenas y centenares de millones de consumidores (venta de petróleo en América y en Alemania por el “Trust del Petróleo” americano), aparece entonces con evidencia que nos hallamos ante una socialización de la producción y no ante un simple “entrelazamiento”; que las relaciones de economía y propiedad privadas constituyen una envoltura que no corresponde ya al contenido, que debe inevitablemente descomponerse si se aplaza artificialmente su supresión, que puede permanecer en estado de descomposición durante un período relativamente largo (en el peor de los casos, si la curación del tumor oportunista se prolonga demasiado), pero que, sin embargo, será ineluctablemente suprimida»[21]

Unas cuantas centenas de empresas, dirigidas por los grandes banqueros e industriales de nuestros países son la burguesía realmente existente, son la capa dominante y opresora a la que se enfrenta en primer lugar nuestra clase. Esta burguesía es la que de manera directa controla a millones de obreros asalariados latinoamericanos. Que al mismo tiempo cuentan con su poder estatal para la salvaguarda de sus intereses. Que decide, acorde con el momento y con la correlación de fuerzas, entablar alianzas con uno u otro centro imperialista. Sobre estos dos últimos aspectos vamos a proseguir.

La crisis de sobreproducción implica que la mercancía no se realiza, pero mientras subsistan las relaciones de producción capitalistas dichas dificultades no anulan la tendencia absoluta hacia la concentración y centralización. Es decir, si no hay ruptura los monopolios continúan creciendo, apropiándose de sus competidores en ruina a precios de ganga. Pero alguien tendrá que pagar por tal situación.

La factura que los monopolios nos pasan es la factura de la crisis. Y son la gran mayoría de los Estados latinoamericanos, como expresión del poder de los monopolios, los instrumentos que se encargan de velar que así sea. Esto es independientemente de la forma de gestión que adopte el gobierno en turno y separando algunas pocas excepciones.

De otra manera no podríamos explicarnos que, por ejemplo, en México durante los mismos años que la producción se contraía en un 10%, en que cientos de millares de obreros se quedaban desempleados llegando al 20%, en que 9 de cada 10 municipios entraban a una situación de quiebra financiera, los monopolios hayan crecido de manera espectacular. He aquí unas figuras: Grupo Carso aumentó en estos mismos años su fortuna a razón de 2.3 millones de dólares por hora. FEMSA abría 1000 puntos de venta al año. Grupo Ángeles levantaba 10 hoteles de cuatro estrellas al año. Grupo Alfa concentró en sus manos la producción de gas natural de Texas. Grupo México aumentaba su producción anual de cobre en un 44%. Lala adquirió la mayor productora de leche de Estados Unidos, National Dairy, por 435 millones de dólares. Grupo Televisa y Salinas fusionaban sus capitales a través de Nextel.

Estas ganancias solo se explican por las agresiones salvajes a las que es sometida nuestra clase y las capas populares. Que invalidan cualquier vía de conciliación de clases, que invalidan cualquier alianza que no sea contra ellos.

Los casos extremos

¿Puede ser que los países que ocupan las posiciones más débiles dentro de la pirámide imperialista se hallen fuera de las relaciones capitalistas?

Un caso más extremo que Haití es difícil de imaginar, cuando menos en América Latina.

Ni esta isla devastada escapa a la lógica del imperialismo. Las sumas movilizadas como “ayuda” van etiquetadas y condicionadas a asegurar nuevas ganancias para las empresas. El mayor porcentaje de dinero movilizado hacia Haití ha pasado por el Banco Interamericano de Desarrollo, quien ha desembolsado mil millones de dólares. Esto con la declarada misión de “…crear nuevas oportunidades de negocios tanto para los haitianos como para los inversionistas extranjeros”[22]. Entre estos últimos se encuentran grupo Marriott, Digicel, grupo LG, la empresa coreana Sae-A que construirá una planta que tendrá 20,000 trabajadores, etc. Otro beneficiado es el empresario y senador dominicano Felix Bautista, quien obtuvo 348 millones de dólares por la construcción de 3 mil casas para refugiados.

A través de muy variadas formas los capitales involucrados buscan aprovecharse de la situación de Haití para convertirlo en un paraíso de los monopolios, en un paraíso fiscal y un enclave en medio del Caribe. Quieren, según una magnífica expresión, su propia Taiwán caribeña.[23]

La integración y la formación de ejes imperialistas

La patria grande, el proyecto de unificar nuestros pueblos latinoamericanos en una colaboración amistosa ha sido una preocupación constante de los revolucionarios. Sin embargo, debe prevenirse que cualquier intento de construir dicha unidad sobre la base de la economía de los monopolios y el poder de los monopolios redundará solo en el fortalecimiento de nuestros enemigos de clase.

Independientemente de las frases diplomáticas, las relaciones internacionales, siendo los tratados internacionales la expresión jurídica de las mismas, se establecen de acuerdo a la naturaleza clasista de los Estados en cuestión. Su establecimiento atiende inevitablemente a la base económica objetiva que exista.

Por el papel preeminente que juega la exportación de capitales se entiende que los capitales imperialistas necesiten establecer alianzas y contra-alianzas. Sea a la manera de acuerdos para conformar un mercado común o con tratados donde hegemonice uno o varios grupos monopólicos.

En algunos países el declive de Estados Unidos junto al fortalecimiento de otras potencias, como China, Rusia y el propio Brasil impulsa la formación de nuevos ejes y alianzas.

En otros países el debilitamiento del mercado exterior, principalmente hacia la UE y los EEUU, junto con los importantes flujos de IED que no pueden traducirse en exportar a las ya mencionadas economías los ha llevado a buscar proteger su mercado interno, léase proteger las posiciones de sus monopolios más fuertes. Esta gestión lleva de manera natural a que busquen entendimientos con monopolios de países vecinos para festinar a los rivales débiles con las áreas particularmente sensibles a ellos.

En el caso de la burguesía mexicana su interés descansa en otro plan, consistente en aprovechar su ubicación geográfica y la plataforma del TLCAN (A los EEUU se dirige cerca del 80% de las exportaciones totales de México, de la misma manera que desde los EEUU México obtiene el 74.8% de sus importaciones), que en conjunto representa un acuerdo en los marcos del mercado más grande del mundo, con 25% del PIB global. A lo anterior le suma la formación de acuerdos más mudables de manera bilateral, en total 11 acuerdos comerciales con 43 naciones.

Que en alguno de estos ejes se agreguen países con procesos abiertos donde las masas populares y la clase obrera avanzan posiciones, como el proceso bolivariano, no altera sustancialmente el carácter de dichos tratados al predominar la fuerza de los monopolios.

Basta para desengañarse voltear a la Unión Europea, ahí también se vertió una gran cantidad de retórica ilusa en torno a una Europa de los pueblos. Podemos ver como si prevalecen los monopolios será una unión de las burguesías más poderosas contra todas las expresiones obreras y populares, será un reforzamiento de sus posiciones.

Estos tratados tienen una base económica pero con elementos políticos y militares que la complementan. Y estos complementos van acorde a su naturaleza clasista, a la base económica objetiva que los sustenta.

¿Quién pude dudar de la naturaleza de la UNASUR cuando Brasil y Colombia la hegemonizan? El gasto militar de la UNASUR se cuadruplicó del 2006-2010 para llegar hasta 126,110 millones de dólares. De los cuales Brasil (con 290,000 efectivos) representa el 43.7% y Colombia (con 450,000) el 17%. Contrastémoslo con Argentina que cuenta con 27,470 efectivos y el 4.5% del gasto total.[24]

El proceso bolivariano fue abierto por la participación masiva de las capas populares, por su deseo de transformar revolucionariamente la sociedad, lo que pone contra la pared muchos de los planes del imperialismo. Nadie debe creer que sin la presencia de una movilización masiva (y esta no se dará sin orientaciones medianamente adecuadas) pueda pasar que una fuerza política socialdemócrata gane la presidencia electoral en cualquier país de América Latina y establezca cualquier tratado internacional que contraríe los deseos de los grupos monopólicos más poderosos con asiento en el país. Esto es así porque el Estado al que encabece seguirá siendo el poder de los monopolios y la economía que gestiones seguirá siendo la economía de los monopolios. Y dicha economía y dicho poder están sujetos a contradicciones inter-burguesas, inter-monopólicas.

Contradicciones que se expresan precisamente en la formación de ejes y contra-ejes, en la integración de bloques económicos. Habrá grupos monopólicos que prefieran reforzar la transferencia de recursos para evitar una quiebra, o que prefieran; sintiéndose más seguras, una gestión que permita la quiebra y la utilice para aplicar todas las medidas salvajes demandadas, limitando sus recursos a la represión. Habrá grupos que prefieran salvaguardar el mercado interno y habrá otros que necesitarán como el oxígeno al flujo más libre de capitales. Habrá grupos a los que convenga más la alianza con ciertos centros imperialistas y viceversa.

Por eso aunque haya componentes con objetivos antiimperialistas, los tratados donde predominen las posiciones de los monopolios no logran escapar a estas contradicciones. No debe sorprender entonces que dichas alianzas sean inestables y se fragmenten del lado más débil. Es decir, no es una sorpresa el golpe de Estado en Paraguay y Honduras, y mucho menos que uno de los primeros efectos de los mismos haya sido la ruptura del ALBA y la entrada masiva de capitales desde los EEUU. La clase obrera no escapa al efecto de las leyes objetivas del capitalismo, ¿Por qué escaparían de ellas algunos sectores burgueses?

Seguramente se podría ganar bastante más luz sobre los desarrollos internacionales en América Latina poniendo más atención a factores como la dinámica de la lucha de clases, el grado de desarrollo capitalista, la correlación de fuerzas entre los capitales monopolistas, etc. de los países en cuestión que de las vanas esperanzas de los articulistas cómodos y las sutiles declaraciones del personal de oficio.

Conclusiones

Considero que hasta ahora nada ha sido esgrimido con la fuerza argumentativa suficiente como para convencernos de la necesidad de una alianza con sectores de nuestra burguesía en la búsqueda de una etapa intermedia entre el imperialismo y el socialismo. El imperialismo supone como única posible salida el comunismo, siendo el socialismo precisamente su etapa transitoria e inmadura. Ruptura antimperialista y socialización son una unidad dialéctica.

Basta ver los tristes casos de las luchas antiimperialistas que no pasaron a la construcción socialista, el desarrollo capitalista reclamó los cambios en la superestructura que consideraba adecuados y barrió a las fuerzas populares. Fuera directamente, o fuera a través de una fuerza invasora que derrocaba al gobierno en turno ante la inmovilidad de la mayoría de la clase, apática ante el giro que tomaban los eventos. Cuba que se decidió a iniciar la construcción socialista y por ello su supervivencia contrasta con tantas tragedias sucedidas en América Latina, Medio Oriente y Asia.

No puede haber ruptura de la deuda, aplicación de la industria y la técnica a las áreas más acordes a nuestros recursos, no pueden salvaguardarse las necesidades populares, no pueden establecerse relaciones amistosas y de colaboración ni dentro ni fuera de nuestros países sin la ruptura de los tratados imperialistas que pesan sobre nosotros. Y dicha ruptura sería impensable en última instancia sin la socialización de los medios concentrados y centralizados de la producción y del cambio. Romper los tratados y los mecanismos de intercambio capitalista preservando las relaciones capitalistas y la propiedad de los monopolios significa pedir a gritos una contrarrevolución, donde esta disyuntiva volvería a alzarse con más fuerza.

Todo lo anterior no es la expresión de un estudio acabado. Lo que expresa es una preocupación que sinceramente espero se desdoble. En más plumas, en más brazos, o cuando menos en más tiempo. El conjunto de los partidos comunistas de América Latina despojaremos a través de nuestros esfuerzos mancomunados a la clase obrera de nuestros países de las dudas, los temores, las falsas ilusiones y las confusiones, que impiden que reclame su lugar al frente de la nueva sociedad. Pero antes será necesario despojarnos a nosotros mismo de las dudas, los temores, las falsas ilusiones y las confusiones, que impiden que reclamemos nuestro lugar como los destacamentos de vanguardia de nuestra clase.

[1] Confrontar con Theotonio Dos Santos, Ruy Mauro Marini, Fernando Henrique Cardoso, Enzo Domenico Faletto.
[2] Datos para Septiembre del 2012 con fuente en la FAS, USDA
[3] Datos de la World Steel Association
[4] Datos tomados de reportes estadísticos sobre energéticos de la British Petroleum
[5] Datos del 2011 de la FAO – ONU
[6] Datos tomados del Centro Internacional de Estudios del Tántalo-Niobio, el Instituto Internacional sobre el Manganeso, Instituto Internacional del Aluminio, Asociación Internacional para el Desarrollo del Cromo, Instituto Geológico y Minero de España, Strategic Materials, Final Report, Industrial Study (The Industrial College of the Armed Forces, National Defense University, Fort McNair, Washington 20319-5062, primavera de 2005)
[7] Karl Marx, El Capital, Tomo III, sección cuarta, capítulo XX: “Consideraciones históricas sobre el capital comercial”
[8] Reportes del Ministerio de Migración y Fuerza Laboral de Egipto
[9] Datos tomados del Reporte Anual del Departamento Laboral de Sudáfrica, Encuesta de la Fuerza de Trabajo del Departamento de Estadística de la OIT
[10] Sangheon Lee et al, Working Time Around the World, OIT
[11] Informe mundial de los salarios de la OIT
[12] Ver “El Sistema del trabajo asalariado”, “Salario, Precio y Ganancia”, “Trabajo asalariado y capital”, etc.
[13] John Moyniham, “La decadencia de Occidente”, conferencia pronunciada en la London School of Economics, Marzo 2012
[14] Datos del Economic Policy Institute, Center for Economic and Policy Research, y de la OIT.
[15] Departamento de estadística del FMI
[16] Karl Marx, El Capital, Tomo III, Sección quinta, Capítulo XXVII: “El papel del crédito en la producción capitalista”.
[17] Karl Marx, El Capital, Tomo I, Capítulo XXIV: “La llamada acumulación originaria”.
[18] Datos del departamento del Trabajo de Estados Unidos
[19] Datos tomados de los reportes financieros de las empresas presentados a la BMV en 2011
[20] Datos de la CEPAL
[21] V.I. Lenin, El imperialismo, fase superior del capitalismo.
[22] Declaraciones del presidente de Haití, Michel Martelly, en el Foro de Inversión de Haití organizado por la Fundación Clinton y el BID
[23] Felipe Cuevas Méndez, Crisis de los fundamentos del capitalismo
[24] Datos del Registro Suramericano de Gasto en Defensa, UNASUR