Desprestigio, la continuación de la guerra por otros medios

   

En Colombia existen cerca de 7 mil 500 presos políticos, sindicalistas, campesinos, estudiantes y dirigentes populares que se encuentran en las cárceles del Estado colombiano. Sin embargo, para las grandes agencias de noticias al servicio de la oligarquía, sólo existe el sufrimiento de los familiares de policías y militares prisioneros de guerra retenidos por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

En las cárceles colombianas se tortura, se niega la visita a familiares y la asistencia médica a la población carcelaria, especialmente a los presos políticos. Estos hechos, no sólo han sido denunciados por los comunistas, también organizaciones de los Derechos Humanos así como diversos medios alternativos de comunicación, ante la tendienciosa opacidad de las grandes agencias periodísticas.

El Estado colombiano además de contar con el asesoramiento y el financiamiento de los EEUU para bombardean poblaciones y asesinar revolucionarios como el reciente caso del comandante Alfonso Cano, cuenta con una sofisticada maquinaria de mentiras para desprestigiar la lucha insurgente. El objetivo de Juan Manuel Santos no es la paz, por el contario, es continuar la guerra por otros medios: los de la desinformación.


En diversas partes del territorio colombiano cotidianamente se pueden ver a miles de estudiantes, obreros y campesinos, movilizados por el Movimiento Bolivariano que lucha por la nueva Colombia con justicia social. No obstante, para los medios de difusión y su realidad virtual, sólo las movilizaciones convocadas y financiadas por la oligarquía ultra fascista, son permanentemente noticia.

Detrás del discurso por la paz que la “sociedad civil” utiliza para señalar a las FARC como causantes de la violencia, el terrorismo y el secuestro, se encuentra el anticomunismo, el lado más oscuro y perverso de la oligarquía colombiana. Esta insiste en la paz de las cárceles, de los cementerios, de los falsos positivos, de las motosierras: la paz y el orden capitalista.

Por todo esto, desde hace 50 años, las FARC siguen siendo una respuesta política y militar a la barbarie y el terrorismo de Estado. Lejos de los mitos de la desmovilización de combatientes farianos y el fin de la insurgencia; en las montañas, en las ciudades, en los barrios, las universidades y las fábricas, se forman los nuevos combatientes, futuros comandantes como Manuel, Jacobo, Iván, Raúl, Jorge y Alfonso Cano.

Es de reconocer la decisión unilateral de las FARC para liberar prisioneros de guerra. Acciones concretas por el canje de prisioneros que son un mensaje por la paz y por una solución política, la cual el gobierno de Santos ha respondido con bomba y plomo en su afán guerrista. Una guerra donde mueren civiles, soldados y guerrilleros, mientras la prensa colombiana promueve el odio hacia estos últimos.

A pesar de todo esto, existen en Colombia periodistas comprometidos con la verdad, que demuestran valor y ética de su trabajo, por eso han sido criminalizados por el gobierno colombiano. Un ejemplo de ello, es el periodista y escritor Jorge Botero, quien en distintos foros, ha expresado que los comabatientes farianos tienen una enorme fortaleza ideológica que les permite reponerse de los golpes del enemigo, lo que hace a las FARC una oragnización política y militar de mandos reemplazables: una estructura invencible.