¿Cuál es la esencia de la Reforma Educativa?

01.Mar.13    Opinión
   

A través de comerciales, declaraciones, de la radio y la prensa, el gobierno presenta la Reforma Educativa que actualmente está en proceso de aprobarse como un gran cambio benéfico para los alumnos. Pero, ¿De qué trata la Reforma? ¿Qué cosas cambia? ¿Cuál es su esencia?

¿Cambia los contenidos de la educación? No, en cuanto a lo ideológico y al contenido pedagógico no hay ninguna novedad. Se insiste en el enfoque de la RIES (Reforma a la Educación Secundaria), de la ACE (Acuerdo por la Calidad Educativa), de las propuestas de la OCDE, etc. Se dice que se busca desarrollar las “competencias”, es decir las habilidades por encima de los saberes. Esto suena bien, pero se viene al suelo a la hora del gasto público. El problema es que sin instrumentos, sin herramientas no se desarrollan habilidades. Como maestros nos ha tocado recibir cursos de la SEP donde se nos insiste en desarrollar habilidades relacionadas con las TICs (Tecnologías de la Información y la Comunicación) en un salón donde ni siquiera existen las entradas de luz eléctrica suficientes. El resultado es que la inmensa mayoría de los alumnos desarrollan sus habilidades de manera pobre y limitada. Además de que el cambio de contenidos destruye la memoria histórica, atrofia el pensamiento con una sin capacidades lógicas y críticas al reducir drásticamente las áreas de las humanidades (lógica, filosofía, historia, etc.).


¿Qué entiende el gobierno por calidad educativa? Se habla de calidad al tiempo que se abandona la educación pública, que se entrega a manos privadas. Para muestra, de 1995-2010 el incremento de la matricula de la educación pública pasó de 5% a 8% mientras que la educación privada pasó de 23% a 32%. Mientras los grupos son combinados, el presupuesto se desmantela, las plazas de maestros se cierran, etc., el Estado se atreve a hablar de calidad en la educación y del “mayor presupuesto en educación de la OCDE”. Esto último, por cierto, es una mentira, para llegar a esa cifra el estudio suma al presupuesto público las inversiones privadas del sector. Así, el resultado real es un 3.9% que se halla lejísimos del 8% de presupuesto educativo recomendado por la UNESCO.

Es claro, el aspecto principal de la reforma no es el contenido, ni el aspecto ideológico, donde se observa más de lo mismo. Los cambios se dan sobre todo en cuanto a las condiciones en las cuales laborarán los maestros. En el texto de la reforma no se lee que a la aplicación de la evaluación magisterial siga la mejora o el enriquecimiento de las habilidades de los maestros, directivos, etc. Lo que se lee claramente es que el contrato colectivo y las condiciones de trabajo serán destruidos, pues la evaluación será un mecanismo para facilitar los despidos. Con esta reforma el empleo del maestro, al igual que muchos otros, se volverá uno inseguro y temporal, contratos de 1 año sin saber que pasará al siguiente.

La esencia de la reforma educativa es que es una extensión de la Reforma Laboral, el ataque salvaje contra todos los trabajadores. Ahora es el turno de los maestros. Pero los trabajadores de la educación han sido desde hace mucho un sector dinámico, protagonista de resistencias y en muchas ocasiones la firme vanguardia de la lucha por la democratización sindical. El reto ahora es más grande. Se trata de luchar contra la pretensión de reducir el valor de nuestra fuerza de trabajo, de hacernos cargar con los costos de la crisis. Los trabajadores de la educación deberán luchar por encima de las posiciones gremialistas o de los intereses particulares de las diferentes corrientes que constituyen lo que llamamos magisterio democrático.

Tomando como disfraz una respuesta a la genuina demanda del pueblo de mejorar la educación, se intenta adecuar la educación a las demandas de este sistema capitalista en quiebra. En un plazo será evidente y notorio que esta reforma fracasará por sus definiciones. La economía y el poder de los monopolios no nos aseguran ni educación de calidad, ni trabajo, ni alimento, ni salud, ni seguridad, ni futuro. Es necesario resistir sus medidas salvajes, debilitarlo y derrocarlo, para construir una economía y un poder de los trabajadores.