Crónica: Sin metro en la ciudad de México en medio de la pandemia

17.Ene.21    Opinión - Reportaje
   

Martes siete de la mañana, en los alrededores del metro Observatorio, a pesar de que hay semáforo rojo por la pandemia, ya se deja notar una larga fila para poder abordar una de las unidades de RTP, o en las camionetas de la policía, la cantidad de trabajadores formados deja claro que son insuficientes las unidades para cubrir la demanda. (…)


El pasado sábado 9 de enero, en la Ciudad de México se incendio el edificio del Centro de Control del Sistema de Transporte Colectivo METRO ubicado en el centro de la ciudad. Resultado de ello seis líneas, entre ellas tres de las que tienen mayor afluencia, se vieron afectadas. A pesar de que unidades de la Red de Transporte de Pasajeros (RTP), como el Metrobús hasta unidades de la policía han sido utilizadas para suplir al metro, el verdadero caos se dio a partir del lunes 11 de enero, ya que a pesar de estar en semáforo rojo por la contingencia del COVID-19, miles de trabajadores en su traslado diario tuvieron que padecer la falta del metro.

 

Lunes nueve de la mañana, actualmente vivo, en carne propia, lo que muchos trabajadores en trasladarse de la zona oriente a la zona metropolitana, lidiando con el tráfico de cada mañana.  Eran ya las ocho del día cuando la combi apenas entraba a santa Martha, todavía me faltaba una hora para llegar a mi destino, sin embargo, hoy tendré que lidiar con lo que desde el sábado pasado tuvieron que pasar miles personas, ante esto una pregunta ronda mi cabeza, ¿Cómo será mi traslado sin metro?, a pesar de ello, veo como todos los pasajeros van atentos a las noticias de la radio, sonando a todo volumen, los reportajes desalentadores, no dan muy buenas noticias, las aglomeraciones en terminales del metro como Pantitlán, Indios Verdes, Observatorio están a reventar de trabajadores a la espera de poder tomar una unidad de transporte para ir a sus trabajos. Han transcurrido casi cuarenta minutos y al llegar a las cercanías del metro zaragoza se bajan varios, del sentido contrario hacia Pantitlán, puedo ver unidades de RTP, que no van tan llenas, pero, van hacia la terminal donde se conectan tres líneas del metro, de las cuales dos son las afectadas.

 

Por fin he llegado a mi destino, bajo junto a otras personas en San Lázaro, parece que no hay mucho problema aquí, entro al Metrobús que va a Buenavista por la zona sur del centro, y veo que no acerté en pensar que no habría conglomeraciones. Ya hay una larga fila para abordar, me percato que a lo lejos se ve venir una unidad, sin embargo, esta dice Pantitlán, y solo se bajan algunas personas. Así esperamos que transcurran los eternos minutos, en algunos es notoria la desesperación de que no llegarán a tiempo al trabajo, en el fondo se aprecia algún señor o señora preguntando a la policía -mismas que están en las estaciones-, estos solo responden que no hay muchas unidades, porque están cubriendo la demanda de servicio para la línea uno. Pasan RTPs, algunos Metrobús, pero todos para la ruta del metro, veinte minutos estuve esperando hasta abordar, como muchos esa mañana he de llegar tarde.

 

Ya son casi las dos y media de la tarde, he concluido mis asuntos, camino por las calles adornadas con las cortinas metálicas de los negocios cerrados, mismas que tienen pegadas cartulinas con teléfonos para hacer pedidos y solo recoger lo que necesites comprar, pero, hoy veo otros que dicen: ¡Necesitamos trabajar, o moriremos de hambre! La crisis económica conjunta con la crisis de la pandemia golpea ya a los propietarios y pequeños propietarios, no obstante; los que cargan todo el peso siguen siendo los hombros de la clase trabajadora. Laborando con medio salario y con el riesgo de contagiarse, muchos otros obligados a seguir trabajando en condiciones deplorables para llevar el sustento diario a la casa. Son los trabajadores y sus familias los que en realidad no tienen opción, si no se trabaja no se come, y si un negocio cierra, el paro y el desempleo es lo único que se obtiene, me pregunto, ¿Cuántos trabajadores han de estar pasando esta situación de incertidumbre?

 

Camino a una de las estaciones de la línea rosa, que, a pesar de estar cerradas son los puntos de abordaje de los camiones. Al llegar a la avenida Izazaga puedo darme cuenta que ya hay fila, de pocas personas, pero, tengo que formarme a esperar, ha llegado un RTP, subo y trato de abrirme paso, el operador me dice que debo pagar cinco pesos, como yo otras dos personas hemos reclamado, es una situación de emergencia, mínimo no deberían cobrar. Agarro un lugar, he tenido suerte; no obstante, un viaje que haría en menos de 20 minutos ha resultado en una hora y cuarto.

 

Martes siete de la mañana, en los alrededores del metro Observatorio, a pesar de que hay semáforo rojo por la pandemia, ya se deja notar una larga fila para poder abordar una de las unidades de RTP, o en las camionetas de la policía, la cantidad de trabajadores formados deja claro que son insuficientes las unidades para cubrir la demanda. Varios son obreros de la construcción, llevan entre mochilas como algunas maletas, algunos bromean otros simplemente mientan “madres”, muchos alegan que llegarán tarde otra vez. El temor a un retardo o que nos regresen y perder el día siempre está presente cuando uno es trabajador. Dos camiones se llenan en unos cuantos minutos, aquí no hay sana distancia ni nada de protocolos a pesar de la presencia de la policía. Ya arriba del camión no he tenido la suerte de alcanzar lugar, habrá que aguantarse cargando la mochila, como las demás cosas que llevo. – ¡Ayer estaba peor! -, se rompe el silencio al escuchar a un señor de mediana edad, va al trabajo como la mayoría, - ¡Ayer me hice una hora a mi trabajo! -, le responde una señora. Así se dan las charlas espontaneas en el transporte.

 

Y apenas inicia un día más para los que tenemos que trasladarnos y padecer las afectaciones del incendio del Centro de Control del METRO, sistema de transporte publico que llega a trasladar hasta cinco millones de usuarios diariamente, y que por años ha sido saqueado por autoridades, sin obras de mantenimiento real a sus instalaciones.