Corrupción, enriquecimiento ilícito y represión el sello de la casa Murat

23.Feb.16    Noticias nacionales - Opinión
   

MuratTiene razón Alejandro Murat en apresurar un deslinde de la figura paterna. No sólo tiene en su contra no ser nativo ni avecindado del estado de Oaxaca, carga sobre sus espaldas el sello que caracterizó al gobierno de su padre: la corrupción, el enriquecimiento ilícito y la represión.


Aún está fresca en la memoria de los oaxaqueños la ola represiva desatada por Diódoro Carrasco y continuada por José Murat en la región Loxicha, con el único fin de golpear la organización independiente que protestaba por los cacicazgos que asolaban la región; así como la aberrante ley de amnistía que impulsó Murat Casab para favorecer a los caciques priistas y sus guardias blancas para que siguieran actuando con impunidad en la persecución de las organizaciones sociales independientes. Esto por citar uno de los muchos casos de represión y persecución política contra toda voz inconforme con su gobierno.

Por más que se esfuerce en negar que detrás de su candidatura no está metida la mano de su padre, la sombra de José Murat Casab se cierne sobre su persona, por otro lado, lo que parece ser una ventaja para Alejandro Murat en los círculos de poder –su cercanía con el presidente de la república– se convierte en su principal punto débil, pues la crisis económica y los despidos masivos que comienzan a darse en todo el país como consecuencia de la reforma laboral permite a los ciudadanos ubicar al responsable: Enrique Peña Nieto y al Pacto por México del que, otra vez, el nombre de José Murat aparece como el “arquitecto” del pacto que ha sumido en la miseria a los mexicanos.

Pero si Alejandro Murat hereda el curriculum político de su padre, el curriculum del resto de los precandidatos a la gubernatura de Oaxaca no es mejor que el de los dos Murat’s, de hecho las trayectorias políticas de Pepe Toño Estefan Garfías, Benjamín Robles y Salomón Jara se entrelazan de manera cómplice en el despojo y la represión contra los oaxaqueños en los últimos 25 años por lo menos.