Contribución del PCM al Encuentro de los Partidos Comunistas y Obreros

23.Dic.11    Noticias internacionales
   

Por la ruptura y el derrocamiento del capitalismo, sin etapas intermedias, poder de la clase obrera y socialismo-comunismo.

Contribución del Partido Comunista de México, presentada por el camarada Pável Blanco Cabrera, al 13 Encuentro Internacional de los Partidos comunistas y obreros; Atenas, 9, 10, 11 de Diciembre del 2011.
Camaradas:

Expresamos nuestro reconocimiento, en nombre del Comité Central del Partido Comunista de México, al Comité Central del Partido Comunista de Grecia, por crear las condiciones para este 13 Encuentro Internacional, por la iniciativa para convocar a estos Encuentros, por las importantes luchas obreras y populares aquí en Grecia en los últimos tiempos de las que es cerebro y vanguardia, y sobre todo, por contribuir con ello a la reorganización del movimiento comunista internacional, la fuerza que puede generar la alternativa que el género humano precisa.

En el vigésimo aniversario de la victoria temporal de la contrarrevolución en la URSS y el campo socialista, es posible y necesario un balance.


Desde el punto de vista histórico ningún modo de producción se impuso sobre el anterior linealmente y sin retrocesos temporales; la concepción materialista de la Historia ilustra los zigzagueos, las vicisitudes, la lucha entre lo que agoniza y lo que emerge, la dialéctica de la revolución y la contrarrevolución. El mismo régimen burgués fracasó en sus tentativas frente a la reacción feudal y conoció numerosas derrotas que le demoraron varios siglos antes de su consolidación.

La oleada revolucionaria de 1848, la Comuna de Paris en 1871, el ciclo de asaltos revolucionarios iniciado con la toma del poder por el proletariado en Rusia en Octubre de 1917, forman parte del tránsito del capitalismo al socialismo-comunismo. El triunfo temporal de la contrarrevolución en el último caso no anuló este carácter de la época.

Ninguna clase dominante cedió voluntariamente el poder, y en tanto existan las condiciones para su existencia y reproducción, la posibilidad de que lo reconquiste es latente. La lucha entre explotados y explotadores, independientemente de la naturaleza de clase del Estado, se desarrollará hasta que definitivamente se extingan las bases económicas de la apropiación privada.

En el frenesí de la contrarrevolución, el capital se empeñó ideológicamente en presentar la derrota temporal del socialismo como permanente, como la inviabilidad de la emancipación, la inviabilidad de liquidar la explotación del trabajo asalariado. Con su tesis del fin de la historia y de las ideologías apostó por colocar una camisa de fuerza sobre la lucha de clases, declarando la muerte del marxismo-leninismo, pretendiendo la inmunización frente a la necesidad de la revolución social. No hay precedente de tan feroz campaña ideológica como la efectuada en los 90’s contra la filosofía, la concepción del mundo, la política, la organización, y en general todas las posiciones de la clase obrera.

Desde las baratijas desechables sobre la falibilidad de los seres humanos, colocando que no es el carácter de clase de la sociedad el problema a resolver, sino que cualquier sistema es bueno o malo y depende estrictamente de lo negativo o positivo de los gobernantes; “ni capitalismo ni socialismo son negativos en sí”, se decía, sino que es la corruptibilidad de los hombres lo que lleva al fracaso. En la misma dirección se argumentaba que la ausencia de la libertad de mercado sofocaba a los seres humanos que finalmente emergían contra el autoritarismo. La contrarrevolución presentó como espontáneas las movilizaciones que fueron promovidas y auspiciadas por alianzas reaccionarias del imperialismo con fuerzas religiosas o fascistas. Sin embargo el núcleo duro del ataque se centró contra la teoría de Marx, Engels y Lenin, contra los partidos comunistas y contra la historia del movimiento obrero y comunista. La evidencia principal era tanto el llamado fracaso del socialismo, como la potencialidad del capitalismo.

Un mundo de paz y progreso prometieron, un nuevo orden mundial. Ya conoce la clase obrera y los pueblos lo que eso significó. Guerras, desde Panamá hasta Irak, desde Somalia a Yugoslavia, una imparable oleada de intervenciones militares a favor de los intereses de los monopolios, una simple y descarada repartición de las áreas de influencia, de los mercados. El retroceso temporal en la construcción socialista no fue una derrota exclusiva del movimiento comunista y obrero, sino del conjunto de los pueblos, una tragedia para la humanidad.

El equilibrio internacional, favorable a los pueblos, el marco de la descolonización de Asía y África, el derecho internacional que se conquistó con la correlación de fuerzas obtenida por la URSS y el campo socialista en la Segunda Guerra Mundial cedió paso a una ONU que avala cualquier interés de los monopolios en contra del derecho de los pueblos. La contrarrevolución inclinó el derecho internacional, al alterarse la correlación de fuerzas, a favor de los intereses del capital.

El imperialismo y las guerras que le son inherentes colocan a la paz en inestabilidad permanente, se cometen crímenes contra la humanidad con los bombardeos de la OTAN y los EEUU, en el marco de una escalada agresiva contra los pueblos del Medio Oriente, África y de América Latina. La utilización del terrorismo como pretexto para intervenir contra las naciones que no se someten. Prometieron paz, y sólo hay barbarie.

La contrarrevolución también tuvo como objetivo atacar los derechos sindicales, laborales y sociales que conquistaron los trabajadores en el marco del avance del socialismo, cuando el capital se vio forzado a adoptar gestiones como el welfare state para contener las posibilidades revolucionarias. Es un hecho que la contrarrevolución no sólo se puede concebir por sus efectos contrarios a la construcción socialista, a los partidos comunistas, sino que afectó al conjunto del movimiento obrero internacional, a todos los pueblos del mundo.

El capital utilizó el impulso dado por la contrarrevolución para avanzar sus posiciones lo más posible. Nuevos mercados y pueblos fueron abiertos para su salvaje expolio, la clase obrera, desarmada de su partido en la mayor parte del globo, sufrió un grado de explotación que crecía a ritmos vertiginosos. No es difícil imaginarse cómo esto se tradujo en enormes flujos de capital, en acumulación que pasó a fortalecer directamente la tendencia a la concentración y la centralización, a los grupos monopólicos. Al capital imperialista, saturado ya de contradicciones, bien pronto se le acabó el impulso de estos nuevos mercados y hubo de buscar medidas bárbaras para mantenerse en medio de la crisis. Y he aquí que de su triunfo hizo brotar con la mayor rapidez posible las condiciones para su derrocamiento, como quien ahogándose en el mar abre la boca desesperado solo para tragar más agua.

El carácter temporal de la contrarrevolución fue determinado por las leyes objetivas del capitalismo, por la contradicción entre el carácter social de la producción y la apropiación privada, por el ciclo mismo del capital con la crisis que tiene un carácter insalvable, más también por la resistencia clasista y popular, por la acción de las fuerzas revolucionarias, por la actividad del movimiento comunista.

La crisis de sobreproducción y sobreacumulación de los últimos años impacta profundamente al capital. Para salvar a bancos e industrias de la quiebra utilizó recursos públicos, cargando agresivamente los costos sobre los trabajadores: el desempleo, la reducción de salarios, el aumento de la edad para las jubilaciones, el aumento de la jornada laboral, y otras medidas constantes contra el trabajo, a favor de los monopolios.

La crisis muestra a la contradicción capital/trabajo como el antagonismo sobre el cual se condensa la posibilidad de una alternativa. El conflicto socioclasista tiene su centro en la producción capitalista. Es en los centros de trabajo donde las clases chocan, y donde la estrategia de los comunistas tiene que precisarse.

Hay ejemplares luchas de contraataque, como la oleada de huelgas sectoriales y generales en Grecia dirigidas por el PAME, con la intervención de otras fuerzas de orientación de clase. Es opinión del Partido Comunista de México, que ése debe ser el camino común del movimiento comunista frente a la actual crisis, y que nuevamente se muestran retrasados nuestros esfuerzos comunes por la coordinación de acciones. El llamado desde la Acrópolis al levantamiento de los pueblos debe tener una respuesta favorable.

Somos los Partidos Comunistas, los destacamentos de vanguardia los responsables de hacer resonar el llamado de la Acrópolis y de organizar la respuesta. Es dable y sucede ya que la clase obrera y sus aliados se levanten espontáneamente contra aspectos del dominio burgués y contra sus medidas. Pero no es dable y rebasa a los límites del movimiento espontáneo el derrocamiento de la clase burguesa y el paso al socialismo-comunismo. Sobre esto debemos tener claridad, no sostener posiciones uniformes frente a los movimientos impedirá hablar en éste u otro momento de una intervención o una estrategia comunista mundial frente a nuestros opresores.

Los partidos comunistas y obreros tenemos entre los componentes de identidad el carácter de clase. Ésa es nuestra razón de ser. En los periodos de crisis nuestras responsabilidades crecen, pues son el marco para las transformaciones revolucionarias, si una serie de prerrequisitos son cumplidos. La organización de un fuerte movimiento obrero y sindical de claras definiciones clasistas es un deber elemental, y una tarea que afrontar conjuntamente, conquistando cada centro de trabajo. Consideramos que hay que apoyar las iniciativas que se desprenden del último Congreso de la Federación Sindical Mundial. Pero también pensamos que de manera específica nuestros partidos tienen que abordar tal cuestión en lo regional e internacional.

Con la crisis capitalista, es creciente entre los trabajadores y las capas medias el debate sobre la salida, el rumbo. Es verdad que entre las capas medias predominan posiciones pequeñoburguesas que buscan sólo reformas cosméticas, mecanismos de gestión que no las lleven a la ruina, y son la plataforma para atacar a las posiciones clasistas que buscan una salida radical; tal es el caso del llamado movimiento de ocupación de las plazas. En la línea de la confrontación nos encontramos quienes estamos por la ruptura radical, por el derrocamiento del poder de los monopolios, a través de una alianza anticapitalista, antimonopolista y antiimperialista.

Para los comunistas éste es el tema cardinal hoy, conectar las luchas presentes contra el capital con la lucha por el socialismo-comunismo, y es indispensable extraer las conclusiones de la construcción socialista, del poder de los trabajadores.

Para nosotros hoy es muy claro que tenemos que defender la experiencia de la construcción socialista en la URSS en tanto que demostración palpable de la superioridad del socialismo sobre el capitalismo, puesto que las investigaciones comprueban que un mejor nivel de vida fue alcanzado por la clase obrera y las naciones antes oprimidas, en lo económico, lo cultural, la vivienda, la salud, la educación, los derechos políticos para las mujeres, las minorías étnicas, los niños, los jóvenes.

Las lecciones de la construcción socialista nos muestran la importancia del poder obrero, la dictadura del proletariado, la expropiación de los monopolios y todos los medios de producción concentrados, así como su socialización, de la planificación central de la economía. Cuando uno de estos elementos está ausente es imposible hablar de la nueva sociedad.

Es evidente que discrepamos de aquellas posiciones que encuentran compatible socialismo y mercado, ya sea “socialismo de mercado”, o “socialismo con mercado”. La construcción del socialismo-comunismo desde el primer momento debe combatir las relaciones mercantiles sin que ello implique que desaparezcan el primer día. La existencia de las relaciones mercantiles engendra a la burguesía y al capital, y con ello las posibilidades de la contrarrevolución que detenga las conquistas de la clase obrera en el poder. Es nuestra opinión que en ello tuvo su base el retroceso temporal en la URSS.

Tampoco compartimos la visión de que sin la destrucción de la maquinaria del Estado burgués pueda construirse el socialismo. Es sobre el derrocamiento del viejo Estado que es posible la construcción del poder obrero y popular, el nuevo Estado.

El Partido Comunista de México, adoptó en su IV Congreso, efectuado hace ya casi un año, la Resolución sobre el Socialismo del XVIII Congreso del KKE, la que consideramos es nuestro balance y conclusiones de la experiencia de la construcción socialista en el Siglo XX.

Entre otras muchas lecciones que extraer, éstas son necesarias para la estrategia de los comunistas para el derrocamiento del capitalismo y la revolución socialista. Contribuyen a determinar una política de alianzas con criterios clasistas.

En América Latina, por ejemplo, hay debates contemporáneos sobre estos asuntos. Nos preguntamos ¿La defensa de la autonomía del partido comunista, la lucha por la independencia de clase y la organización con perspectiva de lucha del movimiento obrero y sindical pueden ser considerados una actitud sectaria? ¿Negarnos a colaborar en gestiones burguesas, en la administración capitalista, en un ministerialismo a toda costa, puede ser considerado sectario? ¿Es acaso un deber de los comunistas ser los garantes de la estabilidad gubernamental de las llamadas “burguesías nacionales”?, ¿Hasta qué punto podemos sostener como progresistas a gobiernos que colaboran en la persecución y represión a un partido comunista, como la desatada contra las FARC-EP? ¿Estamos por la reforma o por la revolución? ¿Podemos considerar como positivos aquéllos procesos de integración donde objetivamente los componentes económicos se basan en el capitalismo? ¿No es acaso un gran atentado a la subjetividad y capacidad de movilización de la clase obrera y las masas llamarlos a defender una gestión capitalista de “izquierda”?

Con base en la teoría marxista-leninista, en la experiencia de 92 años, desde que en 1919 iniciara sus actividades la Sección Mexicana de la Internacional Comunista, el Partido Comunista de México trabaja por la ruptura con el capitalismo y para que sin etapas intermedias la clase obrera tome el poder para construir el futuro, el socialismo.
Mantenemos el criterio de la solidaridad frente a la agresividad hegemonista del imperialismo, pero no circunscrito al antinorteamericanismo, sino a cualquier monopolio, independientemente de si éste es de los EEUU, la Unión Europea, o inclusive de México.

La cuestión de la revolución socialista en América Latina y el mundo no está determinada por las especificidades o particularidades nacionales, sino por leyes generales. Que la clase obrera conquiste su independencia de clase, ideológica y política, de las llamadas burguesías nacionales, hoy con el eufemismo de “gobiernos progresistas”, y de las capas medias, es una necesidad vital.

Camaradas:

Expresamos nuestra solidaridad frente al anticomunismo, en cualquiera de sus manifestaciones, que limita o prohíbe la actividad de varios partidos comunistas en Europa. El anticomunismo en Latinoamérica tiene la particularidad de encubrirse en un ropaje “antiterrorista” para criminalizar a las FARC-EP, a las que refrendamos por igual nuestra solidaridad.

Compartimos que el tema del Anticomunismo es un tema de nuestra política como integrantes del Movimiento Comunista Internacional que no se encuentra limitado al terreno de la solidaridad. Articular una respuesta global frente a cualquier persecución anticomunista sucedida en cualquier parte del mundo, señala ante los pueblos al verdadero adversario del capitalismo; es decir, no involucra sólo una connotación defensiva sino que suma a nuestra política. Con respuestas militantes las campañas del enemigo son tornadas en campañas nuestras.

Nuestro partido saluda las luchas de los pueblos árabes y del norte de África contra los regímenes opresivos; ateniéndonos a criterios clasistas, simultáneamente consideramos que es a los propios pueblos a quienes corresponde el derecho de liberarse, sin la intervención del imperialismo, por ello condenamos la agresión de la OTAN y los EEUU, en Libia, así como la que se gesta contra Siria e Irán.

Nuestra total e incondicional solidaridad al PAME, al MAS, PASEVE, PASY y OGI, a las luchas de la clase obrera en Grecia, y por supuesto a nuestro hermano Partido Comunista de Grecia.


¡Proletarios de todos los países, uníos!