Condiciones de vida para el amor

28.Jun.20    Columnas
   

Para poder entender las relaciones sentimentales, y sobre todo para poder cambiarlas, se debe cuestionar las bases materiales que condicionan las relaciones de pareja.


En una vista rápida a las relaciones al día de hoy podemos ver que las parejas se mantienen juntas por la dependencia económica de una esposa que no trabaja, o por el bien de los hijos, o por un familiar enfermo, a veces por el simple hecho de que la pareja tiene seguridad social y el otro no aunque también trabaje. En otros casos, principalmente entre personas de mayor edad están juntas porque “lo que Dios ata no lo separe el hombre”, o por la presión familiar a pesar de no tener nada en común más que los hijos, de no soportarse, de pelear todo el tiempo. Entre los jóvenes es común ver que se juntan porque es más costeable pagar una renta entre dos o por haber quedado embarazados; en algunos casos esto te puede llevar a vivir con los suegros con tal de garantizarte un techo, con las tensiones que esto pueda llegar a implicar.

Hoy en día los asalariados están lejos de poder tener un amplio espacio donde habitar. En los barrios obreros familias de múltiples miembros se aglutinan en pequeños espacios, propios o rentados, y los jóvenes que aspiran a la emancipación de la casa materna acceden a lo más a rentar un solo cuarto dentro de una vecindad o departamento compartido, en lo que llegan a invertir hasta la mitad de su privativo salario.  Con esto no solo las relaciones de pareja sino las de familia se tensan y entrelazan, la principal razón de la permanencia en la casa familiar, lo mismo que en un matrimonio es la dependencia económica.

En fin, el matrimonio o concubinato se presenta en la práctica como un beneficio o una obligación, y que no basta con la fuerza de voluntad para romper esta unión, ni con un proceso de deconstrucción que te permita ser consiente de formas de relaciones interpersonales no romantizadas, porque si bien es cierto que mucho del imaginario social de las relaciones está adornado por bellas expectativas irreales, que suelen volver la experiencia marital mucho más decepcionante, la ruptura de ésta no se conseguirá más que mediante la emancipación, esto es, hasta que cada miembro de una pareja o una familia tenga medios propios de sustento.

Para poner algunos ejemplos recurriremos a la lectura de Kollontai, en su obra La mujer en el desarrollo social menciona en los primeros años de la Unión Soviética se daban casos de mujeres que por ración de comida tenían sexo con los encargados del almacén o  se casaban para acceder al beneficio de una vivienda:

“Pero mientras la mujer siga todavía dependiendo del hombre a causa de las circunstancias económicas caóticas y embarulladas, seguirá produciéndose también entre nosotros la prostitución pública y encubierta. ¿No es quizá una forma de prostitución que una secretaria del soviet local entable relaciones con su jefe, aunque no le ame, sólo porque quiere progresar o porque necesita una ración suplementaria? ¿o si una mujer se acuesta con un hombre para conseguir un par de botas altas, o a veces tan solo un poco de azúcar o harina? ¿o cuando una mujer se casa con un hombre nada más porque posee una habitación propia en una casa comuna? ¿no se trata de una forma encubierta de prostitución cuando una obrera o campesina que va con el saco vacío en busca de provisiones, se entrega al revisor para que le proporcione un asiento en el vagón de ferrocarril? ¿o cuando una mujer cohabita con el jefe de un puesto de control para que le permita pasar un saco de harina?”[1]

Kollontai nos habla de los primeros años de la República Socialista, y hoy día podemos enumerar sin fin de casos similares de entre las que podríamos destacar las mujeres que, sin vivir con el padre de sus hijos, sin estar sometidas a las obligaciones maritales siguen dependiendo económicamente de la pensión de manutención por falta de trabajo y para realizar las tareas de crianza y del hogar, este ejemplo muestra como no basta con desembarazarse de las obligaciones de la “buena esposa” para lograr la emancipación y feliz realización de la mujer sino que se requiere la garantía de condiciones materiales, lo cual se conseguirá solo con la incorporación de esa madre a la cadena productiva bajo un sistema económico planificado que retribuye el trabajo de cada miembro sosteniendo una infraestructura social que vela y procura su propio cuidado y el de sus hijos.

Es de esta manera como, siguiendo con Kollontai, vemos que mediante la incorporación de la mujer al trabajo pleno, junto con la conformación de casas-cuna para apoyar la maternidad y comedores en cada centro de trabajo para liberar a las mujeres de la cocina, “La mujer con actividad profesional recibe su propia cartilla de abastecimiento y está surgiendo una tupida red de instituciones sociales estatales. Por eso se ha modificado el carácter del matrimonio y la sociedad conyugal descansa ya en la mutua simpatía y ni en cálculos económicos”.[2] Y en otra parte agrega “la mujer ya no seduce como antes a su esposo-sustentador ni tampoco se rinde ya a sus deseos…el hombre no puede jugar ya a “amo de casa”, a jefe de familia.”[3]

Al día de hoy, la integración de la mujer en la producción va ganando terreno pero no se ha liberado de las  tareas “del hogar”, es necesario enfatizar que aunque los hombres asuman compartir estas tareas puede presentarse como un avance para la liberación de la mujer es posible liberar al conjunto de trabajadores mediante la atención social de todas las tareas que hoy día se presentan como del ámbito privado, para esto es necesario ampliar los espacios públicos para la educación y cuidado de los niños, comedores públicos y otros aspectos de los que aún carece la sociedad como la educación sexual. Así mismo debe modificarse la aspiración, propia o impuesta, de ciertas mujeres a ser “ama de casa” es decir, la tendencia a rechazar el trabajo productivo y ser mantenidas por sus esposos, amantes, sugar, padres, etc tipo de relación.

Sin garantía social de las condiciones materiales la planteada libertad en las relaciones se trasquila meramente en libertinaje o en el mejor de los casos en responsabilidad afectiva. Con la garantía social la relación dentro del núcleo familiar se continúa modificando, derribando la relación coercitiva y la dependencia económica de sus integrantes a un solo miembro, y de la misma manera es como las relaciones entre pareja podrán ser verdaderamente libres, y las personas podrán compartir su vida con otros por nada más que por el amor y la decisión de hacerlo.

 

[1] Kollontai, La mujer en el desarrollo social,Pag. 90

[2] Kollontai, La mujer en el desarrollo social, Pag. 88

[3] Kollontai, Pag. 68