AMLO y su gobierno empresarial

19.Jun.12    Noticias nacionales - Opinión
   

Varias organizaciones honestas, y comprometidas con el cambio revolucionario, así como la intelectualidad liberal le dan su apoyo a López Obrador. También ha recibido el silencio cómplice o el apoyo tácito de movimientos y otros sectores. Esta es la principal dificultad que enfrenta nuestro Partido cuando, cumpliendo su obligación frente a la clase obrera, dirige su crítica al conjunto de los Partidos burgueses que cogobiernan este país y sus candidatos.

Al igual que otros candidatos, él no puede ser deslindado de su Partido. El partido en que él milita es un partido socialdemócrata, que ya tuvo espacios en las gubernaturas de los estados para demostrar su gestión gubernamental, en la Ciudad de México y otras entidades importantes, y la semejanza con las gestiones priistas y panistas es casi total. Tan solo en el rubro de la represión al movimiento social podemos nombrar los casos de Ayotzinapa, las desapariciones de luchadores que no se han detenido en Guerrero, SICARTSA, donde obreros michoacanos perdieron la vida al ser aplastada su huelga, el apoyo a grupos paramilitares en Chiapas, etc. De la sangre derramada en Atenco, habrá que recordar que el enfrentamiento comenzó con el gobierno municipal del PRD, que el candidato AMLO del 2006 guardó absoluto silencio, que el grupo parlamentario del PRD aplaudió la acción de Peña Nieto en ese momento, etc.


Resulta necesario para nosotros exhibir la farsa de su aparente honestidad cuando sus activistas ofrecen estatizaciones en beneficio al pueblo, pero al mismo tiempo el candidato ofrece todo lo contrario a los grupos monopólicos, el respeto a los tratados internacionales y la defensa de la propiedad monopólica. Entrevistado por la decisión del gobierno de Argentina de expropiar la compañía petrolera Repsol, AMLO condenó el hecho y se desmarcó de acciones similares. En su reunión con el embajador de los Estados Unidos advertía que él no rompería el TLC, así como los compromisos con el FMI y el BM. En una reunión con la Asociación de Bancos de México les prometía incentivos y expresó que se conservaría la estabilidad económica. Prometer una cosa al pueblo y prometer todo lo contrario a los monopolios significa que a alguien no le cumplirá. ¿A quién le estará mintiendo?

Cuando López Obrador habla de acabar con los monopolios, levanta la noción utópica de que es posible regresar hacia una época de libre concurrencia, de predominio de la pequeña empresa. Plantea una ilusoria salida capitalista a la crisis capitalista. Además de limitar la condena a los grupos empresariales que no le han dado su apoyo, TELMEX, oligarcas asentados en Monterrey, líderes de la CANACINTRA y otros empresarios que le apoyan son puestos como “ejemplo de compromiso con el desarrollo”. La diferencia es que el PCM plantea poner esos mismos monopolios bajo control y gestión de los obreros manuales e intelectuales, y construir sobre esa base un poder y una economía populares, el socialismo.

¿Puede haber cambio verdadero sin ruptura del TLC y sin acabar con el poder de los monopolios? Si no hay ruptura y desarrollo de una economía popular y un poder popular entonces todo lo demás se reduce a la gestión, al maquillaje del sistema, a la administración de la crisis. Gestión de la crisis para la cual a mediados de Mayo demandó unidad de “todos los sectores productivos”, es decir unidad de oprimidos y opresores, trabajadores y patrones, pueblo oprimido y grandes banqueros.

Solo en la imaginación de algunos y en las coartadas políticas de otros pueden existir confusiones en cuanto a que el gobierno de AMLO sería un gobierno de empresarios. Lo ha dicho de manera inequívoca, en el seminario anual del PT declaró en su ponencia que “ni socialismo, ni radicalismo…más democracia”. En la entrevista del 25 de Marzo al diario español El País su República amorosa hacía el “borrón y cuenta nueva”, amnistía para todos los criminales industriales, para los represores y para los grandes ladrones de las administraciones pasadas, los fraudes de 1988 y 2006 como algo tolerado y que se quedará sin investigación. Su futuro gabinete, presumido como “lo mejor del candidato”, incluye a neoliberales como Marcelo Ebrard o Juan Ramón de la Fuente, quien continuó con la privatización de la UNAM, empresarios oligarcas como Miguel Torruco (Presidente de la asociación nacional de hoteles) o Adolfo Hellmund (socio director del Texas Pacific group, socio y gerente de grupo ALFA, director general de Banca Serfín, etc.). Partido y candidato, viéndose ya en la silla presidencial, hablan con lágrimas de cocodrilo de la aplicación del examen magisterial, la reforma laboral “moderada” y la preparación de más ataques “moderados” contra los trabajadores.

Frente a lo anterior, el Partido Comunista de México no asume el fantasma de la “ultraderecha”, que es levantado para forzar la concentración del voto a su favor, igualmente cuestionará los demás mitos al respecto. Esos razonamientos son los mismos que en Estados Unidos arrinconan a la lucha a “elegir” entre Obama o los republicanos, sin que el resto del mundo deje de sufrir sangrientas agresiones.

Con la línea de razonamiento del “mal menor” el movimiento siempre queda postrado cuando en tiempos de crisis debe empujar hacia adelante, hacia la ofensiva. Ni el llamado voto útil ni la abstención son salidas para nuestro pueblo. Ruptura, poder obrero y popular, derrocamiento de la burguesía, tal es la ruta de la clase obrera para su emancipación, en México.