Algunas consideraciones sobre el nuevo proceso de paz en Colombia

   

Ponencia presentada en la ciudad de Orizaba, Ver., durante la presentación del libro Marulanda y las FARC para principiantes, el día 13 de septiembre de 2012.

Queremos aprovechar la oportunidad que da la presentación del libro Marulanda y las FARC para principiantes para referirnos a un tema que siendo vigente desde hace casi 50 años, hoy precisamente cobra una actualidad tal que no es posible hablar de lo que ocurre en el mundo y sin hablar de él. Nos referimos desde luego al anuncio hecho tanto por el gobierno colombiano en voz de su presidente Juan Manuel Santos y confirmado por el Comandante en Jefe de las FARC-EP, Timoleón Jiménez de que se ha iniciado de manera formal un proceso de diálogo para lograr la paz en Colombia.


Caben algunas consideraciones de lo que significa este hecho en el contexto económico, político y social colombiano.

Comenzaremos diciendo que a este proceso de diálogo llegan dos fuerzas políticas en condiciones de igualdad y este hecho por si sólo ya debe ser considerado como un triunfo de la política fariana; pero del mismo se desdoblan varias lecturas para tomar en cuenta a la hora de emitir juicios o valoraciones sobre las FARC-EP, sobre todo porque permite reducir a cenizas muchos de los principales argumentos que contra la guerrilla más antigua del mundo ha vertido el fundamentalismo yanqui.

Primero, de este nuevo proceso de paz se advierte que las FARC-EP son una fuerza real, con amplia y enraizada presencia nacional, que no están debilitadas como lo anunciaba el gobierno, que los golpes arteros y criminales en su contra que costaron la vida de los comandantes Raúl Reyes, Alfonso Cano, Jorge Briseño e Iván Ríos y las decenas de guerrilleros muertos o prisioneros, no lograron debilitar ni su estructura, ni su moral, ni su fuerza militar. En política, como en cualquier actividad de la vida social es la correlación de fuerzas la que impone tiempos y agendas; nadie se sienta a dialogar en condiciones de igualdad con un enemigo débil.

Segundo, la presencia de varios gobiernos tanto de América y Europa involucrados en el proceso ya sea en calidad de garantes como Cuba y Noruega, o de acompañantes como Chile y Venezuela, éste último también como facilitador de logística para la realización de los diálogos, le otorgan por la vía de los hechos el reconocimiento de fuerza beligerante a las FARC-EP por parte de la comunidad internacional; y al hacerlo también aceptan lo evidente: Colombia se desangra en una guerra civil, un conflicto armado que el gobierno colombiano ha negado desde siempre.

Tercero, caen por su propio peso los argumentos falaces, las calumnias perversas de terroristas o narcotraficantes; ningún gobierno aceptaría sentarse a dialogar para tratar de construir un proceso de paz con cartel alguno del crimen organizado; ni ser garantes o acompañar a un grupo criminal para que dialogue con otro gobierno. Ni a ningún grupo criminal le interesaría un dialogo para construir un acuerdo de paz. Y el policía del mundo, con su premio novel de la paz al frente, ya estaría declarando la guerra a los gobiernos de Noruega, Chile, Cuba y Venezuela, por apoyar a grupos terroristas, este sería el pretexto ideal para atacar a los dos últimos países mencionados, idea que por cierto no dejan de acariciar los halcones yanquis. Pero nada de esto ha pasado.

En cambio veamos sobre qué base se ha establecido el diálogo, el temario de la agenda conlleva la transformación del marco jurídico constitucional; el temario es eminentemente político de amplio impacto económico y social entre la población colombiana, incluidos derechos y garantías para el ejercicio de una oposición política, demuestra la vocación fariana para resarcir al pueblo colombiano de los derechos fundamentales conculcados por la oligarquía. Desarrollo integral, reparto agrario y acceso a bienes que permitan explotar su potencial en un nuevo marco jurídico de tenencia y uso de la tierra; y, derechos y garantías para el ejercicio de una oposición política abierta, que considere incluso a los nuevos movimientos políticos que puedan surgir, en condiciones de igualdad, con acceso a los medios de comunicación, y que permita y promueva la participación, sobre todo, de los sectores más desprotegidos y vulnerables de Colombia. Es de resaltar, en el tercer punto de la agenda que a la par que se establece la revisión de todos los casos de la gente que se encuentra prisionera por pertenecer o colaborar con las FARC-EP, se combatirá a las organizaciones criminales y sus redes de apoyo, esto permite diferenciar a los criminales, narcotraficantes, paramilitares y demás ralea, de los miembros de las FARC-EP, a los que el gobierno reconoce y acepta, de hecho, como presos políticos.

Ahora veamos el contexto general de Colombia. A pesar de que es el país con más dirigentes sindicales asesinados en el mundo, a pesar de que los desplazados por la guerra suman millones, a pesar del terrorismo de Estado y del apoyo al paramilitarismo, brazo ejecutor del gobierno y la oligarquía, a pesar de que ser dirigente estudiantil, dirigente campesino, activista de los derechos humanos, jefe indígena, etc., en Colombia equivale a una sentencia de muerte, el pueblo colombiano ha buscado siempre soluciones políticas al conflicto, tiempos atrás la Unión Patriótica, experiencia que pagó con ríos de sangre esa osadía; hoy nuevamente el pueblo colombiano construye una esperanza: la Marcha Patriótica. Expresión genuina de los anhelos por una Nueva Colombia, donde los diversos sectores integran un gran programa de lucha que debe ser escuchado por el gobierno, pues los diálogos de paz quedarán incompletos si no es escuchado el clamor popular de cientos de miles de hombres y mujeres que coinciden en sus aspiraciones con las que enarbola la guerrilla colombiana. Esa es la razón por la cual Juan Manuel Santos condicionó la realización del diálogo fuera del país, para tratar de quitarle apoyo popular a las FARC-EP. Una demanda más de la agenda fariana y el pueblo debe ser que el diálogo tenga su sede en suelo colombiano.

Y por último quiero decir que aun cuando es el deber de todos los revolucionarios y los demócratas sinceros apoyar este nuevo diálogo, hay que advertir que no será un proceso fácil, pues las experiencias de los intentos anteriores lo que nos enseña es que mientras el Estado colombiano habla de paz con las FARC-EP, reestructura su ingeniería militar y cuando un nuevo plan militar diseñado por el lobby militarista yanqui está listo, de manera unilateral y traicionera rompe el diálogo y desconoce los acuerdos. Por lo tanto y aun cuando la agenda lo contempla, en principio del diálogo no implica la entrega de las armas pues ellas son las garantes de que se cumplan los acuerdos que permitan una Nueva Colombia de paz con justicia social.

Como podemos ver, las FARC-EP se han colocado nuevamente a la ofensiva.