Adultas mayores enfrentan dificultades en la periferia

28.May.20    Columnas
   

Pobreza alimentaria en aumento.
Las adultas mayores que habitan en la periferia de Mérida son el sector más afectado de la población yucateca que se enfrenta a las condiciones de pobreza y desigualdad, situaciones que aumentaron la inseguridad alimentaria y nutricional en esta contingencia


Cada día sobreviven a la marginalidad social que las vulnera, muchas de ellas llevan dobles jornadas pues son las encargadas de los quehaceres en casa, además del cuidado de los nietos e hijos,  actividad no remunerada que incrementó en este periodo. 

 

También dedican su tiempo al comercio informal de donde obtienen su principal ingreso económico, se les puede observar en las calles del centro histórico vendiendo artesanías, en los mercados populares preparando antojitos o en las esquinas de las tiendas locales ofreciendo bolis, chicharrones y tamarindos.   

Algunas de ellas obtienen empleos cuidando enfermos, otras mujeres realizan limpieza en privadas y oficinas, mientras que otras más se unen a las filas de empacadoras de los supermercados, esas grandes cadenas que violan sus derechos laborales explotando su condición física sin un contrato y sin recibir un sueldo digno. 

Todas ellas interrumpieron su empleo formal e informal por el Coronavirus (COVID-19) y ahora se encuentran sin apoyo del gobierno, ingresos, redes de seguridad o herramientas que permitan generar recursos propios. 

Durante su infancia y juventud no tuvieron el acceso a la educación limitando sus oportunidades laborales y por ende permanecieron en el círculo de pobreza; dicha agravante se refleja en su salud, pues al no obtener los nutrimentos necesarios que mantengan sus condiciones vitales desencadena una serie de enfermedades que impiden llevar una vida de calidad. 

En estos días las adultas mayores de la periferia protestan contra la carencia de alimentos en las colonias Emiliano Zapata Sur, San Antonio Xluch, San José Tecoh y Dzununcan, entre otras. En puertas y ventanas de las casas se logra ver pañuelos rojos en señal de solicitar apoyo. Tras dicha demanda, organizaciones civiles y la ciudadanía ha mostrado solidaridad donando algunas despensas y artículos para resistir a esta crítica hambruna. 

Es preocupante atender la desigualdad de género para abatir la pobreza porque las campañas más recientes contra la pobreza alimentaria sólo nos hablan de espejismos, por tanto urge una revisión en el sistema de salud pública que favorezca la vida longeva de las adultas mayores en la periferia.