¿A quiénes representan las feministas?

30.Mar.21    Opinión
   

No es de extrañar, pues, que la serie de reformas a la legislación burguesa, que supuestamente protege los intereses de las mujeres, no sea más que una careta que permite intensificar el poder burgués sobre las necesidades de las mujeres proletarias, dejando el camino libre a las mujeres burguesas que buscan ocupar cargos públicos y mantener el sistema de explotación y opresión de una clase sobre otra. (…)


En los marcos del 8 de marzo, día de la mujer trabajadora, el feminismo en México ha sido protagonista de los más recientes embates entre dos facciones políticas que pretenden polarizar la opinión pública sobre las justas denuncias de miles de mujeres, de modo que por un lado están las feministas que apoyan a la 4ta Transformación de López Obrador y por otro lado están las feministas que se presentan como críticas y opuestas a éste. Pero, ¿Esta división dentro del activismo feminista, sea de Morena o sea de cualquier otro partido burgués u organización política, realmente representa algo para las trabajadoras?

 

La crisis económica, que se agudizó con la llegada de la pandemia causada por el COVID-19, puso en una situación complicada a millones de mujeres trabajadoras en México ante los despidos masivos, los recortes salariales, el Home Office, y más afectaciones laborales, sumadas a las tareas domésticas y el cuidado de los hijos, labores de las que comúnmente se hacen cargo. El trabajo informal entre las mujeres de este país ha crecido notablemente ante la falta de empleo y la necesidad de conseguir un ingreso frente a la situación actual; sin embargo, esta salida les ha limitado el acceso a numerosos servicios de seguridad social, de salud, a la protección de derechos laborales, atención médica por embarazo, etc.

 

Lo anterior son consecuencias de la administración socialdemócrata de AMLO, quien continua la gestión capitalista del estado mexicano, que diariamente golpea con más crudeza a la clase obrera, y en particular a las mujeres de esta clase. No obstante, esta realidad pasa desapercibida por los movimientos femeninos hegemónicos, que obvian la opresión de clase y, por lo tanto, no tienen interés alguno en señalar las principales causas que mantienen a las mujeres proletarias sumidas en una suerte de triple explotación, – por parte del Estado, de la patronal y de la familia –, de las cuales, derivan también todas las violencias que se ejercen contra nosotras. En lugar de eso, han decidido enfocar sus críticas a las acciones y opiniones de Morena y del presidente del país en torno a la candidatura a gobernación en Guerrero de Félix Salgado Macedonio, quien cuenta con múltiples denuncias por violación y que recientemente se hicieron públicas.

 

Ante tal escándalo, las feministas defensoras férreas de la 4T salieron a expresar una tibia indignación dada la diversidad de protestas de otras facciones feministas, que les exigían congruencia con sus principios e instaron a abandonar el partido Morena del que son militantes. Las primeras mantuvieron la posición y el discurso de AMLO de llamar conservador y provocador a toda opinión opuesta a su mandato federal, señalando que dentro del movimiento feminista existían infiltrados de los partidos políticos que actualmente buscan desestabilizar el “gobierno del cambio”, y que el verdadero feminismo se encontraba militando en las filas de Morena. De este modo, la discusión comienza centrarse en la polarización de las opiniones de las feministas simpatizantes con Obrador y las que son “críticas” al gobierno.

 

A su vez, López Obrador evitaba con mayor cinismo las interrogantes sobre sus nulas acciones en materia de prevención de la violencia a las mujeres. Con diversas acciones en algunos puntos de la Ciudad de México y en Guerrero, además del uso de redes sociales y de algunos medios, grupos de feministas comenzaron a cuestionar el silencio que el presidente guardaba respecto a las acusaciones contra Salgado Macedonio. Usando los hashtags “rompe el pacto”, “un violador no será gobernador”, entre otros, el activismo virtual optó por evidenciar el poco tacto que tiene el actual gobierno respecto a la violencia contra las mujeres, acusando a la 4T de no ser progresista ni feminista como suelen presumirse, sino “aliados de las estructuras patriarcales”. A esta campaña virtual se le sumaron escritoras, periodistas, actrices y mujeres que pertenecen principalmente a la burguesía y pequeña burguesía, pero también funcionarios y grupos políticos que encontraron en estas denuncias y en el propio movimiento feminista una oportunidad para golpear mediática y políticamente al gobierno de Obrador.

 

Con estos elementos se demuestran tres cosas. En primer lugar, que tanto las filas de Morena como la militancia de otros partidos burgueses han estado utilizando el discurso y al movimiento feminista como un trampolín político, que finalmente logró situar a los primeros en el poder y que a los segundos les da la oportunidad de ser una “oposición legítima”.

 

Por otra parte, se hace evidente que el feminismo en México tiene una estrecha relación con las necesidades de las élites de poder, razón por la cual las movilizaciones y críticas se centraron en una sola protesta: que Salgado no sea gobernador. Si bien los motivos de esta consigna son correctos, los agentes del PRI y el PAN se han encargado de elevar la disputa, hacerla mediática y de llamar a la acción conjunta contra Morena y Obrador.

 

Y, por último, la facilidad con que la burguesía adopta los discursos más legítimos y justos para su propio beneficio, aun cuando provienen de las exigencias más urgentes de las mujeres de la clase obrera. Esto es, una vez que el feminismo toma en sus manos las demandas de las masas populares de mujeres, las convierte en botín político de las facciones burguesas que se disputan el poder. En otras ocasiones la 4T ha demostrado que su feminismo no está del lado de todas las mujeres, sino que ha impulsado a cierto porcentaje a tomar cargos y funciones de nivel que les ha permitido continuar con la opresión de clase. Después de todo, ¿El feminismo realmente puede separarse de su origen burgués?

 

A unos días de que se dieran las movilizaciones por el 8 de marzo, López Obrador mandó a instalar una muralla de hierro frente a Palacio Nacional, con la intención de “evitar confrontaciones”. No obstante, su supuesto “mensaje de paz” fue inmediatamente repudiado por las masas y tales acciones fueron tachadas de ofensivas y cobardes, pues no demostró otra cosa que la postura cerrada de la socialdemocracia para la resolución de los problemas que las mujeres han demandado en este y en anteriores gobiernos. Ya llegado el 8 de marzo y ante el agitado panorama, Claudia Sheinbaum desplegó en la Ciudad de México alrededor de1700 elementos de la policía, “las ateneas”, en toda la ruta donde se llevaría a cabo la marcha, con el supuesto fin de preservar la seguridad de las asistentes. Demostrando que tanto el muro de hierro como la policía eran elementos obvios para la provocación, la movilización culminó en varios confrontamientos y la violenta represión hacia las mujeres activistas e incluso a algunas periodistas.

 

Estas acciones solamente representan el verdadero carácter del gobierno de Obrador, que no es ni progresista ni tampoco popular, sino una administración que atiende y protege los intereses de los monopolios que le respaldan por sus políticas anti-obreras y anti-populares, las cuales han permitido preservar y aumentar sus ganancias a costa de toda la clase obrera. Es decir, este gobierno es la continuación de la gestión capitalista del país, lo que implica que todos los movimientos políticos que de él partan serán en beneficio de la clase dominante. No es de extrañar, pues, que la serie de reformas a la legislación burguesa, que supuestamente protege los intereses de las mujeres, no sea más que una careta que permite intensificar el poder burgués sobre las necesidades de las mujeres proletarias, dejando el camino libre a las mujeres burguesas que buscan ocupar cargos públicos y mantener el sistema de explotación y opresión de una clase sobre otra.

 

De este modo, que el feminismo haya decidido visualizar con insistencia el debate interburgués sobre la candidatura de Félix Salgado Macedonio demuestra la consciencia reformista de este movimiento. Al lograr insertar de manera efectiva en la perspectiva de muchas mujeres de la clase (que ven en el feminismo un referente) que su emancipación puede y debe ser conseguida a través de la reconfiguración del Estado burgués, sin cuestionar de ningún modo al capitalismo y sus diferentes formas de gestión como la base responsable de las desigualdades e injusticias, ignoran las necesidades urgentes de las mujeres proletarias.

 

Con la promoción de la conciliación entre las clases para lograr un objetivo que no sólo se expresa en el movimiento femenino burgués y pequeño burgués, sino que es abrazado y hasta impulsado por otras facciones burguesas que buscan validar sus posicionamientos, se demuestra que no consolidan una verdadera oposición de clase a la socialdemocracia, sino que refleja los intereses más inmediatos de los diferentes grupos de poder, que hoy por hoy buscan recuperar cargos, jurisdicción y dominio para perpetuar el modo de producción capitalista.

 

Esto sólo significa una cosa: que el feminismo, aún con sus diversas tendencias, no representa a las mujeres proletarias, ni busca romper con la lógica capitalista. Las demandas de las mujeres proletarias están expresadas en el movimiento comunista y en la organización de la clase obrera, hombres y mujeres, para derrocar al poder burgués e instaurar la nueva sociedad socialista.