A propósito de las tesis liquidadoras del Partido del Socialismo en el Siglo XXI de Sam Webb

   

Atendiendo a la invitación de Joel Wendland, Editor de Political Affairs, quien hizo de nuestro conocimiento el ensayo de Sam Webb “A Party of Socialism in the 21st Century: What It Looks Like, What It Says, and What It Does”, expresamos algunas opiniones, porque nos parece que en una evaluación global no se trata de un asunto interno del Partido Comunista de los EEUU, sino que aborda cuestiones que interesan al conjunto del movimiento comunista.

Expresamos nuestra sorpresa ante el procedimiento inusual de una “posición no oficial” ya que los cuadros de dirección tiene responsabilidades que no pueden eludir, mucho menos el Secretario General o en este caso el Presidente. Los cuadros de dirección…


A propósito de las tesis liquidadoras del Partido del Socialismo en el Siglo XXI de Sam Webb

Atendiendo a la invitación de Joel Wendland, Editor de Political Affairs, quien hizo de nuestro conocimiento el ensayo de Sam Webb “A Party of Socialism in the 21st Century: What It Looks Like, What It Says, and What It Does”, expresamos algunas opiniones, porque nos parece que en una evaluación global no se trata de un asunto interno del Partido Comunista de los EEUU, sino que aborda cuestiones que interesan al conjunto del movimiento comunista.

Expresamos nuestra sorpresa ante el procedimiento inusual de una “posición no oficial” ya que los cuadros de dirección tiene responsabilidades que no pueden eludir, mucho menos el Secretario General o en este caso el Presidente. Los cuadros de dirección tienen una responsabilidad con el desarrollo del partido, con la historia de lucha de la misma organización; con los principios y el programa; tienen un deber con sus camaradas; aunque en este caso es obvio que más allá de ser presentada como una reflexión individual lo que Sam Webb presenta es un conjunto de tesis que tienen por objetivo liquidar al Partido Comunista de los EEUU.

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Antes de entrar en materia una aclaración es necesaria. Históricamente el Partido Comunista de los EEUU y el Partido Comunista de México tuvieron vínculos estrechos, y no solo por la vecindad geográfica.

Desde su fundación la Sección Mexicana de la Internacional Comunista conto con la cooperación de su par norteamericana. Esta era una colaboración ideológica y organizativa que rindió frutos sobre todo en los años de acenso del movimiento obrero en nuestro país, en los años 30 y 40 del siglo XX.

Mucho contribuyeron positivamente las opiniones de los comunistas norteamericanos, más también fue negativa la influencia del browderismo, cuya recepción en el PCM alimento, al igual que en los EEUU, un rumbo oportunista y liquidador. La carta de J. Duclos ayudo a los camaradas norteamericanos, más también a los camaradas mexicanos en esos años. Los efectos y la secuela fueron sin embargo de duración; en el PCM por ejemplo, fueron afectadas las células entre la clase obrera y los sindicatos; en lugar de impulsar la construcción del partido, mantener su independencia de clase, y su autonomía, se apoyaron esfuerzos ajenos al partido comunista, tales como la Liga Socialista y un partido pluriclasista.

Ambos partidos sin embargo hicieron esfuerzos por superar tal desviación, aunque elementos de ella permanecieron latentes.

La colaboración continuo bajo el macartismo; el PC de los EEUU conto siempre con la decidida solidaridad de los comunistas de México.

En 1981 fue autodisuelto el PCM; desde 1994 se reinicio un trabajo por organizar al partido de la clase obrera, al partido comunista en nuestro país. En los difíciles años de la contrarrevolución un referente para mantener la perspectiva comunista, al lado de otros marxistas-leninistas, fue para nosotros Gus Hall y por supuesto su partido. Gus Hall, como antes William Foster, y otros camaradas del PC de los EEUU son para nosotros ejemplo del militante comunista.

Con mucha atención seguimos el debate en los años de la contrarrevolución de lo que ocurría en el PC de los EEUU, las posiciones que nos parecían erróneas del grupo que se escindió formando los Comités de Correspondencia y la defensa correcta de la mayoría de los militantes del PC de los EEUU de la naturaleza de clase de la organización, de la lucha por el socialismo basada en los principios del marxismo-leninismo.

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Con mucha preocupación tomamos conocimiento de actividades que gradualmente van desmantelando al PC de los EEUU, como la decisión de no contar ya con prensa impresa, el cierre de sus librerías, la entrega de sus archivos históricos a una institución burguesa, el abandono a su suerte de espacios que fueron construidos a lo largo de los años para luchar por la paz, etc, etc. Políticamente jamás comprendimos como se puede derrotar la agresión del capitalismo monopolista a la clase obrera norteamericana y contra los trabajadores y pueblos de otros países apoyando, en nombre de aislar a la “ultraderecha”, a los candidatos demócratas, otra fachada de la explotación, de la guerra y el militarismo.

Pero ahora nos encontramos con una propuesta de Sam Webb para modificar definitivamente la naturaleza, el carácter del PC de los EEUU transformándolo en una nueva formación política ajena a las bases ideológicas y organizativas de los partidos comunistas.

En primer lugar la noción del “socialismo del siglo XXI” encierra una postura contra la construcción socialista en el siglo XX, un rechazo a la experiencia en el poder de la clase obrera. En lo que ha nosotros respecta se trata de una noción oportunista, fuente de confusiones; pero más allá, es importante lo que Sam Webb configura como “Partido del Socialismo en el siglo XXI”.

Renuncia a las bases ideológicas, ¿Qué Piensa un Partido del socialismo en el siglo 21?

Se expresa que marxismo-leninismo debe ser abandonado. Los argumentos no son nuevos y han sido refutados una y otra vez. “Dogmatico”, “extranjerizante” de formulas acartonadas, ideología estatal; no olvidamos brillantes páginas de los comunistas norteamericanos para desenmascarar esas descalificaciones, tanto en trabajos teóricos, como en los tribunales frente al macartismo; mismos argumentos que en otros momentos fueron levantados en contra del marxismo-leninismo, por el trotskismo, la nueva izquierda y por organizaciones e individuos en su día fueron financiados por el Departamento de Estado. ¿Por qué hoy el Presidente del PC de los EEUU termina por dar la razón al Comité de Actividades Antiamericanas?

El carácter universal de la ideología de la clase obrera desde que fue esbozada por Marx y Engels, así como los fundamentales desarrollos de Lenin, al entrar el capitalismo en la fase monopolista y al iniciarse la época de las revoluciones proletarias no pueden refutarse con la futilidad de que es una noción ajena, extranjera, antidemocrática o dogmatica. Como esboza en otras partes de su ensayo la incomodidad del concepto deviene de la renuncia a la revolución y al camino revolucionario, al partido de nuevo tipo, al análisis de clase, a la renuncia a la lucha antiimperialista.

Sam Webb insiste en las nociones anticomunistas para justificar su crítica al marxismo-leninismo y la construcción socialista. No duda en asumir el discurso que criminaliza el papel de Stalin, al igual que los deformadores de la historia que hoy pretenden reescribirla equiparando el papel de la URSS con el de la Alemania nazi.

¿Y todo para qué? Para agradar a las organizaciones no gubernamentales, a los sectores liberales del Partido Demócrata, es decir, no en función de los intereses de la clase obrera, sino de los de la pequeña burguesía.

Webb mismo cita varios trabajos marxistas y sobre ellos emite tal juicio; pero el marxismo-leninismo no se reduce a unas cuantas obras seleccionadas, sino que abarca mucho más.

La renuncia a la teoría está en la fuente de otras afirmaciones ideológicas erróneas como la propuesta del “mercado socialista regulado”, de la transición pacífica, y la renuncia a la Revolución. Así como profundas deformaciones sobre la teoría marxista-leninista del Estado.

El tema programático, ¿Qué hace un Partido del socialismo en el siglo 21?
El cuestionamiento e intento de substituir la ideología del CPUSA es consistente con el objetivo de alterar su objetivo político. Al despojar al partido de su teoría revolucionaria, a favor de una mezcla ecléctica con ideología burguesa, imposibilita cualquier actuación revolucionaria. De hecho no pretende otra cosa. Pese a que afirma que su reflexión tiene como punto de partida el que “las condiciones para la reproducción de la explotación del trabajo y la naturaleza están agotadas” el socialismo queda como un objetivo lejano al cual se llega por una infinidad de etapas de transición. La ruptura, la destrucción del Estado burgués, la toma del poder por la clase obrera, en una palabra la estrategia, quedan subordinadas a la táctica, a la alianza con secciones de la burguesía pues “no tiene caso confrontarse con su totalidad cuando no hay perspectivas de triunfo”, “es de cabezas duras querer acelerar el proceso”, “una nueva apertura democrática tiene lugar en la actualidad”, etc.

Bajo cualquier circunstancia, en todas las etapas se dice, la vía para avanzar será en el marco de las instituciones burguesas y no sobre su cuestionamiento. En tanto se trata para los reformistas de etapas que son superadas por cambios en la correlación de fuerzas y alianzas lo que sigue para ellos es definir la etapa actual. Y la etapa actual se resume en apuntalar la administración de Obama en nombre de un “ambiente más amigable para la organización obrera” y con el objetivo de “derrotar a la ultraderecha”.

Y esto lo dicen pese a que la administración Obama no solo continúa y refuerza las guerras de Afganistán e Iraq, sino que desata la intervención en África, pese a que todas las medidas adoptadas frente a la crisis han sido a favor de los monopolios, pese a que continúan las medidas anti inmigrante, pese a que continúa el mismo rezago en la seguridad social, para los trabajadores de origen latino, afroamericanos, etc., pese a que la propia clase tiene muestras de desencanto con el régimen, etc. No se prepara para la lucha ideológica al Partido Comunista con esta propuesta, sino se le prepara para desviar a la clase obrera, para volverse el “ala izquierda” del Partido Demócrata. Sus condenas más duras no son para los enemigos de la clase obrera que representan la más espantosa barbarie, no, para los partidarios de la revolución y defendemos la experiencia de construcción socialista en el siglo XX.

Todas estas ideas no son ni nuevas ni adecuadas. Tampoco es posible que se diga que surgen de la relectura de Marx, Engels, Lenin y otros clásicos. Son tesis levantadas en su momento por los oportunistas de la II internacional, por los Eurocomunistas y actualmente por los llamados “partidos de nueva izquierda”. Sam Webb ya propuso abandonar el término “Leninismo”, hubiese sido más transparente en cuanto al programa pedir también el abandono del término “revolución”.

Las alusiones sobre un Nuevo Trato Verde no expresan solo el anhelo a que regrese Roosevelt, indican sobre todo la apología de la regulación capitalista, es decir de dar salida capitalista a la crisis profunda del sistema capitalista. El New Deal verde del cual se habla, y que de hecho forma parte ya de la agenda de los círculos del capital monopolista de los EEUU no solo justifica ideológicamente al capitalismo al dotarle de una careta verde, al presentar nuevos sacrificios para la clase obrera como hechos para el planeta y no para el mantenimiento de una clase parasitaria de rentistas, es decir asegurar las condiciones generales para la acumulación capitalista, sino que cumple funciones prácticas.

Le dará salida a capitales excedentes en nuevas áreas del mercado, de hecho ya existen movimientos económicos mediante los cuales los monopolios pasan a ocupar estas franjas del mercado, desalojando a los pequeños y medianos capitales. Les extraerá recursos a los pueblos mediante los empréstitos y los impuestos para ser entregados a los monopolios en nombre de la ecología. Despojará a los campesinos, las comunidades indígenas, las nacionalidades oprimidas de sus tierras y de sus recursos, etc. Los monopolios se ven en la necesidad de acompañar la gestión de la crisis con un reconversión industrial. Toda esta reconversión industrial se trata de extraer más trabajo excedente a la clase obrera y de disponer en mayor medida de los recursos naturales para la preservación de los intereses monopolistas.

Esta bancarrota programática, exclusiva de la deserción de las características distintivas de un partido comunista, se asemeja a lo preconizado por la II Internacional en su periodo de descomposición: gradualismo, renuncia a la revolución en pro de la reforma y justificación del modo de producción capitalista.

El tema organizativo, ¿Cómo es un Partido del socialismo en el siglo 21?
A este objetivo totalmente distinto corresponde un tipo distinto de organización. Como se trata no de derrocar un estado sino de ganar posiciones en el, no de atacar a las fuerzas políticas de la burguesía sino de fortalecer a una de sus secciones, como se trata de reformismo bien puede abandonarse la organización revolucionaria. En concordancia con la idea de que es un “partido que lucha por los intereses de la nación entera” se atenta contra la composición clasista del partido, cualquiera puede ingresar a la organización con un mero trámite. La disciplina se relaja y su lugar viene a ser ocupado por el liberalismo. El Partido se transforma en una ONG. Siendo las reformas y la participación en el Estado burgués no un medio sino el objetivo y la razón de ser de este Partido del Socialismo en el siglo XXI sus esfuerzos no se dirigen a los centros de producción para reagrupar una ofensiva de los trabajadores contra sus explotadores sino en clubes de existencia meramente virtuales.

Sobre la base objetiva para tales planteamientos, ¿Por qué se lanza esta propuesta?
No se puede transigir con este intento de liquidar al Partido Comunista de los Estados Unidos. Decir que se trata solamente de un error sería un error, y uno criminal, si criminal.

El viraje oportunista de la dirección del PC de los EEUU no es una excepción a las tesis del materialismo histórico, tienen una base objetiva. Es de esperarse este tipo de virajes en momentos de crecientes dificultades para la burguesía. Son momentos de agudización de la crisis capitalista de sobreacumulación y sobreproducción, sus periodos de recuperación son breves y débiles mientras los periodos de estancamiento y recesión son largos y profundos. El capital solo logra sobrevivir como capital atacando despiadadamente las condiciones de vida y laborales de la clase obrera. Este ataque sostenido pone en peligro el aparato de dominación burgués, por lo cual existe una base objetiva para ejercer presión ideológica sobre la clase obrera y especialmente sobre sus destacamentos de vanguardia.

Ya Lenin al tratar el tema de la aristocracia obrera explica como los monopolios logran corromper y sobornar a secciones de la clase obrera. Además de la compra y el soborno, los monopolios recurren a la presión ideológica, al chantaje, a la deformación de la realidad, a la falsificación de la historia, a la desmoralización, intentan aislar y ahogar a los procesos revolucionarios, inclusive de ser necesario recurrirán a la violencia. Esto es la lucha de clases.

Pero al mismo tiempo que el imperialismo pone en práctica su ataque ideológico la crisis también genera el fenómeno contrario. Los acontecimientos de los últimos años han vuelto a poner en el centro de la lucha de clases a la clase obrera, muestran la necesidad del Partido Comunista y la vigencia y actualidad del Marxismo-Leninismo. El movimiento obrero y comunista internacional se fortalece, un claro polo de fuerzas clasistas está reagrupándose. Quienes se opongan a este intento de liquidación del PC de los EEUU no se encontrarán solos. Nosotros, en el Partido Comunista de México, tenemos confianza en que los comunistas norteamericanos defenderán su partido histórico, el PC de los EEUU, que sabrán rescatarlo como en la posguerra lo hicieron de las ilusorias tesis liquidacionstas de Earl Browder; como fue defendido durante la contrarrevolución frente a los partidarios de la perestroika; más aún que esa tarea no la enfrenaran en soledad, pues es deber de los comunistas de otros países comprometerse en tal tarea.

Una cuestión más: la autoliquidación del PCM dejo un vacio en la lucha de más de una década pero que políticamente se extenderá por un tiempo mayor, permitiendo que la clase obrera enfrente en peores condiciones a su adversario de clase; tal experiencia negativa no debe repetirse en los EEUU.

Al contrario de la previsión de Sam Webb, periodos agitados en la lucha de clases internacional, contradicciones interimperialistas, esbozan en el horizonte a revoluciones sociales dirigidas por la clase obrera, como en la Comuna de Paris, como durante la Gran Revolución Socialista de Octubre.

¡Proletarios de todos los países, uníos!

Por el Partido Comunista de México

Pável Blanco, Primer Secretario

Diego Torres, Secretario de Relaciones Internacionales