Declaración del Partido Comunista de México sobre la reforma energética

Buró Político del Partido Comunista de México


No a la entrega del petróleo y la electricidad a los monopolios; Si a la socialización de los medios de producción concentrados.

¿De quién depende que siga la opresión? De nosotros.
¿De quién que se acabe? De nosotros también.
¡Que se levante aquel que está abatido!
¡Aquel que está perdido, que combata!

Brecht

A los trabajadores,

Al pueblo de México:

El lunes 12 de Agosto, Enrique Peña Nieto envió al Congreso de la Unión la iniciativa de Reforma Energética que busca modificar los artículos 27 y 28 de la Constitución y otras leyes secundarias; de aprobarse, se estará entregando al capital privado el petróleo y la generación de electricidad, recursos hasta ahora explotados y administrados exclusivamente por el Estado, a través de PEMEX y CFE .

La voracidad de los monopolios de la energía no aguarda y de inmediato, como aves de rapiña, se enlistan la Exxon, Chevron-Texaco, Royal Dutch Shell, Brtish Petroleum, Repsol, PetroBras Alfa, Mexichem, Carso-CICSA, ICA, Grupo México, entre otras que buscan salir beneficiadas con la exploración, extracción, refinación y comercialización del petróleo y sus derivados, así como la generación y comercialización de la electricidad.

Nuestro Partido no perderá el tiempo en discusiones técnicas acerca de las modalidades que encubren la entrega del petróleo y la electricidad a los monopolios; lo único que corresponde es una oposición contundente a tales medidas y cualquier concesión colocará a quienes la hagan en el campo contrario.

Que no vengan los medios de comunicación con la simulación de que las privatizaciones y la libre competencia son benéficas porque pueden mejorar y abaratar los servicios de electricidad o el precio de la gasolina o gas. Ya tenemos en México una gran experiencia en tal demagogia que acompañó la privatización de la mayoría de las más de 1,151 empresas paraestatales a partir de 1982: despidos de trabajadores, superganancias para banqueros y empresarios a quienes fueron entregadas en fraudulentas licitaciones las compañías aéreas, las minas, las siderurgias, los puertos y aeropuertos, los ferrocarriles, las automotrices, la petroquímica secundaria, la telefonía, las autopistas, y también las tierras ejidales. En lugar del prometido beneficio a los trabajadores de los sectores privatizados, éstos fueron despedidos y recontratados en condiciones de mayor explotación y menos derechos, perdiendo su antigüedad laboral y con mayor inseguridad en el empleo; en lugar de que mejoraran los servicios, éstos disminuyeron su calidad y aumentaron su costo. Los únicos que han ganado son los monopolios cuyos dueños hoy encabezan las listas de los mega-millonarios del mundo: plutócratas que surgieron de la ola privatizadora. Afirmamos que la libre competencia no existe más en esta época donde las economías capitalistas se dirigen inevitablemente a la monopolización creciente en todas las ramas de la industria y los servicios.



La entrega del petróleo, gas y electricidad no sólo hipoteca el desarrollo ulterior de México, sino que el ingreso de los monopolios en esos sectores significará una mayor intensificación en la explotación de los trabajadores, pues tal medida fue precedida por la reforma laboral que anula contratos colectivos y otros derechos de la clase obrera, asegurando las superganancias para los capitalistas.

La expropiación del petróleo el 18 de marzo de 1938 fue el resultado del ascenso de la lucha de clases, de la unidad del proletariado representada por la CTM –aunque después esta central se transformara en un instrumento anti-obrero-, de las huelgas de los petroleros de la compañía El Águila y otras compañías de capital norteamericano e inglés pertenecientes a las entonces Standard Oil Company y la Royal Dutch Company; los comunistas reconocemos el papel que desempeñó la entonces Confederación de Trabajadores de México. Éste y otros factores sociales colocaron al de Lázaro Cárdenas como el gobierno más avanzado surgido de la Revolución Mexicana que conseguía dar un paso fundamental en la independencia económica de México. Esta victoria del pueblo mexicano y de los trabajadores no fue la decisión de un solo hombre, como tampoco su defensa será un acto de otro. No hay espacio en la actualidad para caudillos, la lucha será necesariamente con la participación activa de la clase obrera y del conjunto del pueblo trabajador.

Las nacionalizaciones en sí no tienen un carácter progresista, pues lo determinante es la naturaleza de clase del Estado. Si bien los sectores nacionalizados de la economía mexicana lograron la construcción de la infraestructura con la que hoy cuenta el país, también es verdad que se favoreció la concentración y centralización de capitales. Las nacionalizaciones son la entrega de la renta al Estado, y en el capitalismo otra forma de explotación, y con más de medio siglo de experiencia queda demostrado para la clase obrera mexicana que la apariencia progresista de la nacionalización no era en absoluto un camino no capitalista sino un proceso de desarrollo del capitalismo. No se trata de colocarnos por un camino u otro de desarrollo capitalista, neokeynesiano o neoliberal, sino de un nuevo camino, donde los trabajadores tengan el poder y el control de la producción y la economía.

Desde el punto de vista programático los comunistas defendemos la soberanía sobre los recursos naturales de México y nos oponemos a la entrega de éstos a la explotación de los monopolios nacionales o internacionales; ello no significa que nuestra posición se limite a la defensa de tal o cual artículo de la Constitución Política. Nuestra tarea es dar los pasos que nuestro país necesita para alcanzar una verdadera soberanía, a saber: la socialización de la industria petrolera y eléctrica, y en general de todos los medios de producción concentrados, la planificación y el control obrero. Todo ello plantea como premisa el cambio radical en México, el derrocamiento del poder de los monopolios para ser sustituido por el poder obrero y popular.

El petróleo y la electricidad son banderas de lucha, pero no son las únicas. La lucha de clase contra clase en nuestro país se intensifica, por lo tanto no compartimos la táctica de pelear parte por parte, sino que asumimos la lucha general contra el capitalismo. De seguir la ruta de luchas parciales y aisladas, seguiremos cosechando derrotas y siendo actores secundarios y prescindibles del conflicto interburgués.

La más grave agresión del Pacto por México es la reforma laboral; resulta inadmisible que aquellos que guardaron silencio frente a la modificación del artículo 123 de la Constitución y de la Ley Federal del Trabajo hoy quieran presentarse como los salvadores de la nación. ¿Cómo pueden el PRD y Cuauhtémoc Cárdenas llamarse a sí mismos defensores de la soberanía, mientras sus gobiernos estatales y parlamentarios participan del Pacto por México, atacan a los trabajadores de la educación y asesinan comunistas? ¿Cómo puede decirse López Obrador el defensor de la patria si es su responsabilidad que haya llegado al poder público gente como Mancera, Aguirre, Graco Ramírez, Arturo Núñez, que hoy hacen parte de las políticas del Pacto por México?

La defensa de los recursos energéticos está vinculada indisolublemente a la lucha por la cancelación del Tratado de Libre Comercio con América del Norte y la deuda externa, por la recuperación de los derechos laborales y sociales, por el trabajo y la tierra, por un nuevo país, por una nueva sociedad: por una nueva revolución arraigada en los genuinos intereses de los explotados y asalariados de este país, con una clara orientación anticapitalista, antimonopolista y antiimperialista.

Si ya sabemos cuál es la correlación de fuerzas en la institucionalidad, si ya sabemos cómo decidirán los diputados y senadores, queda claro que la lucha empieza por no confiar en absoluto en nada de lo que de ahí provenga, ni lo que aspire a soluciones en el marco de la institucionalidad burguesa; el carácter de la confrontación será extraparlamentario. El único camino es la movilización que rompa con los marcos de esa legalidad, camisa de fuerza para el pueblo, que ata a los trabajadores mientras da vía libre a los intereses antiobreros y antipopulares representados por los monopolios.

El camino de la “unidad nacional”, de los frentes pluriclasistas es un callejón sin salida, lo mismo que la demagogia nacionalista.

Llamamos a los trabajadores petroleros a rebelarse contra la mafia sindical que quiere inmovilizarlos con la mentira de que no pasará nada: los convocamos para que miren lo que pasó con los trabajadores de las paraestatales privatizadas. Los obreros petroleros están llamados a defender sus derechos y defender los derechos de todos los mexicanos.

El mismo llamando hacemos a los electricistas de CFE. Y confiamos en que el SME sabrá asumir con dignidad esta lucha.

Llamamos a todos los trabajadores a asumir la lucha clase contra clase, la lucha contra la reforma laboral, contra la reforma educativa, contra el IVA a alimentos y medicinas, contra la reforma energética; en pocas palabras, a destruir el Pacto por México.

El Partido Comunista de México y la Liga de la Juventud Comunista desarrollarán una campaña en esa dirección, al margen y con calendario distinto a las de López Obrador, Cuauhtémoc Cárdenas y Marcelo Ebrard, que no representan los intereses de los trabajadores.

Los trabajadores deben confiar en sus propias fuerzas, el pueblo debe organizarse y alistarse para asumir con destreza y valentía la responsabilidad de su futuro: el poder obrero y popular, poniendo fin al poder de los monopolios y al gobierno del hambre y la miseria.

¡Proletarios de todos los países, uníos!

El Buró Político del Comité Central