Correspondencias. Correos Clandestinos

Martha Aguilar
28.Jul.13 :: Columnas

Una información oportuna puede salvar una vida. Un mensaje a tiempo puede significar una victoria o una derrota. El cuadro se vuelve mucho más complejo si nos ubicamos en Cuba a mediados del siglo XX, en medio de la guerrilla.

Con la adversidad constante a la que se enfrentaron los guerrilleros, el papel de los correos clandestinos era crucial. Mantener informado al frente, cumplir de enlace, llevar la información de un lado a otro, hacer llegar a su destino la prensa, cartas, papeles, comunicaciones, medicamentos, entre otras cosas; no sólo era una tarea difícil, también era una tarea de mucha responsabilidad y requería de toda la astucia, disciplina y habilidad combatiente, tal como lo requieren todas las tareas revolucionarias.

Esta tarea se ejecutaba principalmente por mujeres. De hecho, en la Guerra de guerrillas, Guevara apunta que “la mujer puede ser dedicada a un considerable número de ocupaciones específicas [dentro de la guerrilla] de las cuales, una de las más importantes, quizá la más importante sea la comunicación entre diversas fuerzas combatientes, sobre todo las que están en territorio enemigo.”

Es precisamente Guevara quien por enero-abril de 1959, redactaría un escrito titulado Lidia y Clodomira en memoria de las combatientes del Ejército Rebelde, “compañeras de peligro” que cayeron poco antes del triunfo de la Revolución, cuando “la debilidad de un hombre” las entregó, junto a otros compañeros, a manos enemigas.



En ese artículo, el Che recuerda las proezas realizadas por ambas mujeres y algunas impresiones de otros combatientes acerca de ellas: “tiene más … que Maceo”, dijo alguien, alguna vez, acerca de Lidia. Ambas combatientes se habían desempeñado como correos clandestinos, aunque también desempeñaron otras tareas en la guerrilla, cumpliendo a cabalidad todos los trabajos encomendados.

Traer a la memoria a estas mujeres, más que un homenaje para ellas, es un recordatorio de todos aquellos que valerosamente hicieron posibles las comunicaciones “cruzando una y otra vez las líneas enemigas”.

Y aunque de Lidia y Clodomira sólo nos quedan los nombres y las hazañas, nos queda todavía lo más importante e imperecedero: el esfuerzo, la valentía, el coraje, el ejemplo. Tal como lo decía Guevara en Pasajes de la Guerra Revolucionaria: “De muchos esfuerzos sinceros de hombres simples está hecho el edificio revolucionario”. De Lidia y Clodomira, como de otros miles de combatientes de los que no nos queda el nombre, se conserva aún el esfuerzo ejemplar que cimentó el edificio revolucionario que aún está en construcción, y para quienes el monumento y el homenaje más grande que podemos ofrecer es hacer la Revolución.