México: panorama y perspectivas revolucionarias ante la crisis capitalista

Julio Cota, Miembro del Buró Político del PCM

México es uno de los países en donde el poder de los monopolios y la dictadura de la burguesía, parecieran ser perfectas. Sin embargo, destellos de insumisión, rebeldía, descontento y manifestación de diversas formas de lucha en contra del sistema capitalista, comienzan a visualizarse con mayor intensidad en todo el territorio nacional. Mientras que la ventana de los monopolios de la comunicación, muestran un país que sigue un desarrollo democrático, político, económico y social con normalidad; durante los últimos seis años se ha intensificado la confrontación en la lucha de clases, entre la minoría oligárquica, y las mayorías trabajadoras del campo y la ciudad. A pesar de que la clase obrera mexicana y el movimiento popular han sufrido duros golpes en todos los frentes, en el Partido Comunista de México (PCM) afirmamos que existe perspectiva revolucionaria por la Revolución Socialista en nuestro país.



Si bien es cierto que la imagen de México ante el mundo, es la de un país con serios problemas de violencia e inseguridad. La verdad es que detrás de esta pantalla se esconden las principales causas y problemáticas del pueblo mexicano, como son: la crisis económica, las medidas bárbaras para la explotación de los trabajadores, la represión contra el movimiento obrero y popular, la destrucción y el despojo de los recursos naturales, entre otros. La oligarquía y el poder de los monopolios vienen aplicando una serie de medidas de gestión social para estabilizar el sistema en tiempos de crisis. De igual manera pretenden sofocar el descontento obrero y popular mediante la cooptación de organizaciones sindicales y sociales o mediante la represión selectiva de sus dirigentes. Estas medidas no son nada nuevas, nuestro país tiene una larga historia acerca de ello. No obstante, el elemento nuevo es que ahora sí, las diferentes fracciones de la burguesía se han puesto de acuerdo para mantener sus intereses y privilegios ante el riesgo inminente que representa la crisis y el descontento que genera la aplicación de reformas lesivas contra el pueblo mexicano.

Con la llegada a la presidencia de Enrique Peña Nieto y del Partido Revolucionario Institucional (PRI), no sólo queda evidenciado que, como su antecesor Felipe Calderón Hinojosa, el fraude es la constante en México, y que nada importa el voto y la voluntad popular en una democracia burguesa, obsoleta y decadente desde hace décadas. No está de sobra decir que el gobierno de Enrique Peña Nieto es claramente anti obrero y anti popular. En distintas ocasiones el PCM ha señalado que el recién firmado “Pacto por México” es la demostración de que los diferentes partidos electorales en nuestro país: PRI, PAN y PRD, son uno mismo. Que no existe diferencia entre derecha, centro o “izquierda”, porque los antes mencionados mantienen un mismo programa, el cual esencialmente tiene como finalidad mantener el poder de los monopolios y la dictadura oligarca mediante una fachada democrática. Hoy en nuestro país las contradicciones interburguesas van quedando superadas, pues en las Cámara de Diputados y Senadores, aparatos jurídicos y cualquier instrumento ejecutivo y legislativo, han resuelto a favor de los capitalistas, ejemplo de esto han sido las llamadas Reformas estructurales como son: la Reforma Laboral, Reforma Educativa, Ley de Seguridad Nacional y continuidad del Plan Mérida, así como las iniciativas de Reforma Fiscal y Energética. Todas estas reformas han tenido el consenso y la aprobación total de los legisladores empleados de los capitalistas, todas estas leyes han sido un duro golpe para los trabajadores mexicanos y sus consecuencias están aún por venir.

La flexibilidad laboral, la precariedad, el trabajo temporal e inestable, el desempleo, la polivalencia, así como la carencia de representación económica, jurídica y política de sindicatos clasistas e independientes ideológicamente del corporativismo, son algunos de los padecimientos del movimiento obrero mexicano hoy. La Reforma Laboral es la expresión de un terrorismo empresarial en contra el proletariado mexicano convertido en ley. La ideología burguesa y corporativista de la Central de Trabajadores de México (CTM), un organismo que en tiempos del viejo Partido Comunista Mexicano fue creado para defender los derechos de los obreros contra el capital; hoy en día es la principal camisa de fuerza para la acción del proletariado mexicano. Asimismo, el sindicalismo amarillo de la socialdemocracia (UNT) sigue manteniendo hegemonía entre los sectores del sindicalismo independiente, llevándolo a la senda de la conciliación de clase y a la derrota y sumisión del movimiento obrero. Existen muchos ejemplos, pero el uno de los más significativos es el de los 44 mil trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), quienes desde 2009 fueron despojados de su fuente de trabajo, y que desde entonces no ha dejado de impulsar una lucha meramente legal y jurídica, a pesar de que fallo tras fallo ha sido en su contra. Estas son algunas de las consecuencias de la liquidación del Partido Comunista y su ausencia por más de 25 años. No obstante, después de su reorganización, el PCM viene trabajando una línea clasista sindical mediante la Coordinadora Sindical Unitaria de México (CSUM) con varios sindicatos de la República Mexicana, un instrumento organizativo que pretende disputarle la hegemonía a la CTM y el corporativismo sindical pro patronal. En es mismo camino el PCM dirige sus esfuerzos organizativos por dotar a la clase obrera con sindicatos a través del Frente de Trabajadores Independiente (FTI) en donde empiezan a militar trabajadores de diversas ramas industriales y de servicios.

Otro de los mitos que difunden los medios de comunicación, es que la crisis económica no ha afectado nuestro país. Como sabemos el trabajo de los ideólogos del sistema es repetir una y otra vez que México cuenta con una estabilidad económica, y que a pesar de la crisis internacional, poco ha afectado a los bolsillos de los trabajadores mexicanos. La realidad es otra. De acuerdo con datos del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) entre el 2006 y el 2012, el poder adquisitivo del salario mínimo en México, cayó 43.1% para registrar un pérdida acumulada, en 25 años, del 79.11%. Para recuperar su capacidad adquisitiva se necesita un incremento anual promedio del cuatro al cinco por ciento, siempre y cuando se congelen los precios de diversos productos en 47 años. A esto agregamos un alza violenta y constante de productos de primera necesidad como la tortilla y el huevo. Paradójicamente México es un país petrolero con altos precios de su gasolina y diésel.

La explotación se ve reflejada en 15.9 millones de trabajadores que no cuentan con contratos laborales. 6.9 millones de personas (14.3% del total) trabajan en el sector primario, 11.4 millones (23.6%) en sector secundario o industrial y 29.6 millones (61.4%) están en el terciario o de los servicios. De estos 28.9 millones de trabajadores se encuentran en la informalidad, lo que significa que de cada 10 empleos, seis son informales. Los altos índices de desocupación y malas condiciones laborales han hecho que 20 millones de jóvenes mexicanos, no estudien ni trabajen. A inicios de este año, al tiempo que se aprueban las medidas bárbaras contra el pueblo, Enrique Peña inició su “Cruzada Nacional Contra el Hambre”, un programa magnificado por los medios de comunicación, que pretende ocultar la pobreza mediante migajas y programas de beneficencia, desde luego insuficientes ya que en nuestro país existen 52 millones de pobres. De igual manera, en el umbral de la pobreza extrema y el pauperismo se encuentran otros 13 millones de mexicanos que residen en comunidades de Metlatonoc y Cochoapa, los municipios más pobres de México. Todo anterior demuestra que quienes están pagando las consecuencias de la crisis, son la clase trabajadora y los sectores populares.

Cabe señalar que nada de lo anterior puede ser aplicado sin una ley que criminalice la protesta social y que garantice la orden constitucional a favor de la burguesía. Desde hace años se viene implementando en México el llamado Plan Mérida, el cual es una copia de planes como El Plan Colombia y El Plan Patriota, los cuales como sabemos, son programas contrainsurgentes dictados por los monopolios estadounidenses y europeos, para garantizar el orden y el saqueo de la riqueza de los pueblos, con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico. No es de sorprendernos que desde antes de la llegada a la presidencia Enrique Peña Nieto haya anunciado como asesor de seguridad al narco paramilitar Óscar Naranjo, violando todo orden constitucional de nuestro país. El PCM ha expresado que el Estado, como lo concebían Marx, Engels y Lenin, es un aparato de dominación de una clase sobre otra. El oportunismo socialdemócrata trata de justificar su estancia en la burocracia estatal, mediante el supuesto argumento de que el Estado puede ser sujeto de las disputas interclasistas. Por ello, no es de extrañarse que la socialdemocracia y la también llamada “izquierda de la nueva visión”, que promueve el Partido de la Revolución Democrática (PRD), a través del gobernador del estado de Morelos, Graco Ramírez Abreu haya sido el primer estado en haber implementado el mando único de policía, poniendo el ejemplo a nivel nacional a otros gobernadores. Igualmente en la capital del país donde también gobierna la socialdemocracia del PRD, es precisamente Miguel Ángel Mancera, un policía convertido en Jefe de Gobierno del Distrito Federal, que junto a su antecesor Marcelo Ebrard son unos modelos de gobernantes que promueve otro sector monopolista para las próximas elecciones en 2018. Como vemos, ninguno de los antes mencionados le envida algo a Felipe Calderón y sus más de 60 mil muertos y su falsa guerra contra el narcotráfico, o al represor de campesinos y violador de mujeres en San Salvador Atenco, Enrique Peña Nieto. Si la militarización, el terror a la población y la violación a los derechos humanos y la persecución constante de luchadores sociales fue un plan fallido del gobierno de Felipe Calderón, hoy la Gendarmería Nacional es la apuesta de Peña Nieto ante la desgastada imagen del Ejército Mexicano, las policías estatales y municipales.

A pesar de que pareciera un panorama desolador, la clase obrera y el pueblo de México en general, tienen perspectivas de cambio revolucionario. Esto no es un mero deseo sino que existen hechos concretos y reales que lo confirman. A pesar de que todavía no existe una coordinación nacional revolucionaria, un fuerte movimiento obrero y de masas, ya empiezan a visualizarse los embriones de poder obrero y popular. En los último años, a la par de las luchas obraras, campesinas y estudiantiles, el PCM no sólo ha venido creciendo y desarrollándose, sino también protagonizando e interviniendo directamente en las luchas de nuestro pueblo. Desde la comuna y la experiencia insurreccional del estado de Oaxaca en 2006, pasando por la revuelta magisterial en 2008, hasta hoy en día impulsando la insumisión de la aplicación de la Reforma Laboral en los sectores industriales, el PCM mantiene un trabajo metódico, táctico y estratégico fundamentado en la teoría revolucionaria del marxismo leninismo para la toma del poder. Aunque para los medios de masivos de comunicación magnifiquen movimientos de la pequeña burguesía que no representan un peligro real para los intereses de la oligarquía, como el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad y el movimiento juvenil Yo Soy 132, cuyas bases ideológicas son el pacifismo burgués, la espontaneidad, el eclecticismo y el reformismo propios de la desesperación de las capas medias afectadas por la crisis; existe otra expresiones con posicionamientos solidos ideológicamente y con mayor visualización a mediano y largo plazo.

Algunas de dichas expresiones son la creación de las llamadas policías comunitarias o cuerpos populares de seguridad, las cuales están surgiendo de manera exponencial en varias regiones del centro sur de México, ante la impunidad que gozaba la delincuencia organizada en complicidad con el Estado mexicano. Este no es un fenómeno reciente sino que es un proyecto de más de 15 años en los pueblos indígenas regidos por usos y costumbres del estado de Guerrero. Ahí sus habitantes se vieron en la necesidad de resarcir la descomposición del tejido social que implica la venta y el consumo de drogas ilegales en sus comunidades mediante formas de prevención y justicia popular. Lo que parecía casos aislados en regiones de la Montaña, hoy son un referente nacional de que es necesidad, pero sobre todo una posibilidad: la impartición de justicia. Los índices delictivos como robo, secuestro, homicidio, han disminuido hasta en un 90% en dichas comunidades. Aunque el Estado mexicano busca por un lado desmantelar la organización de los pueblos mediante la institucionalización, cada vez son más regiones que se organizan y crean sus propias guardias armadas y sus propias leyes. De igual manera hemos de resaltar la creación de comunidades autónomas impulsadas por Ejercito Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en sureste mexicano, quienes día con día luchan por mantener su derecho a la tierra, ante el acoso constante de grupos paramilitares auspiciados por Ejército mexicano en una estrategia de Guerra de Baja Intensidad.

Sin embargo, el PCM está consciente de que no basta que de manera espontanea sigan surgiendo movimientos insurreccionales de carácter regional. El cerebro colectivo del PCM, su dirección colectiva y nacional, en todas sus conferencias, en Plenos del Comité Central, reuniones de Buró Político, y cada una de las estructuras partidarias, los comunistas realizan un arduo análisis de la realidad concreta. Es por ello que estamos convencidos de que es necesario y que es más vigente que nunca: el papel del Partido Comunista, la vanguardia del proletariado. Somos consientes de que en el escenario nacional está ausente un movimiento obrero sindical, clasista, antimonopolista y anticapitalista, que confronte de manera frontal a su enemigo (los patrones), en sus fábricas y centros de trabajo. Sin la clase obrera consciente y organizada, decimos los comunistas, no es posible el derrocamiento del capitalismo ni un cambio radical y verdadero. Después de un proceso de depuración de los elementos oportunistas, browderistas y lombardistas dentro del partido, el IV Congreso del PCM señaló las líneas tácticas y estratégicas para dar el giro obrero, por lo que es prioritario el trabajo obrero en sectores industriales estratégicos. Un trabajo muy sistemático, metódico y discreto que no se verá en determinado tiempo, pero que estamos seguros de que irrumpirá en la medida en que por un lado, la crisis se vaya agudizando, y por el otro, en que el PCM cumpla con su papel histórico. Sin descuidar el movimiento popular y estudiantil, los comunistas mexicanos hemos empezado a cimentar las bases de un movimiento de masas y de lucha social, con una clara estrategia insurreccional revolucionaria, en un proyecto a nivel nacional que llamamos Frente de Izquierda Revolucionaria (FIR). En este esfuerzo confluyen diversas organizaciones sociales que luchan por sus necesidades inmediatas, pero que a través de la movilización y combinación de todas las formas de lucha, se van formando en los sectores populares, los cuadros dirigentes para lucha política.

Al mismo tiempo, el partido mantiene un prensa constante de agitación y organización a través de su órgano de difusión, El Comunista. Nuestro periódico revolucionario tal como lo concebía Lenin, es un organizador que transmite la conciencia revolucionaria al movimiento obrero, con él no sólo difundimos las ideas del socialismo científico, sino que también reclutamos y organizamos dentro del partido a los elementos más destacados del proletariado. A pesar de contar con medios electrónicos, la prensa escrita es fundamental e insustituible para los comunistas. En ese sentido, pequeños grupos ha querido usurpar nombres, logotipos y la historia del partido Comunista de México desde su creación en 1919 con las Sección Mexicana de la Internacional Comunista. No obstante, la práctica como criterio de verdad, a puesto en su lugar a dichos grupúsculos que intentan crear confusión e incertidumbre. Junto a este esfuerzo, el partidario se suma a la Revista Comunista Internacional (RCI), un proyecto que busca articular un estrategia entre partidos comunistas hermanos en un polo leninista a nivel mundial contra el imperialismo. Asimismo, el internacionalismo del PCM está vivo y se mantiene con acciones concretas de solidaridad con las luchas de los partidos comunistas hermanos, así como de todas las luchas de la calase obrera en el mundo. De manara especial con las luchas del pueblo Cubano y su Revolución, con las luchas del pueblo colombiano y nuestros camaradas de la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo (FARC-EP), con las luchas de la clase obrera en Grecia con el y la dirección del Partido Comunista de Grecia (KKE).

Nada está definido aún. Como sabemos la crisis capitalista se agudizará más, y con ello habrá más descontento. De nuestra parte depende convertir esa inconformidad en organización. Es momento de pasar a la ofensiva para el derrocamiento del capitalismo. Los comunistas mexicanos afirmamos que el tiempo de la resistencia ha terminado y es momento de preparar el contragolpe a los monopolios. Ruptura y conformación ideológica y política contra los elementos reformistas, oportunistas que buscan oxigenar el decante sistema. Hoy el capitalismo es quien está en crisis, y debemos hacer hasta lo imposible por derrumbarlo. Cualquier intento de gestionar o tratar de “humanizar” el sistema, es un intento contrarrevolucionario. Por eso pregonamos por la unidad de los de abajo para tirar a los de arriba, por el frente único y la lucha de clase contra clase. Los cuadros y la militancia del PCM forjados en la lucha, armados de marxismo leninismo, están listos para enfrentar cruentas batallas que están por venir. Con la combinación de todas las formas de lucha el PCM junto a la clase obrera y el pueblo mexicano desafían el poder de los monopolios en búsqueda de su liberación y por la Revolución Socialista.