El Comunista

Imprimir

Impunidad y explotación: Mi experiencia en la fábrica Degasa

Israel Céspedes, Secretario General del Consejo Central de la LJC :: 12.05.13

Todo comienza muy temprano por la mañana, con un café y un pan de desayuno. Corría hacia la parada del transporte público para trasladarme hacia la zona industrial conocida como CIVAC (Ciudad Industrial del Valle de Cuernavaca) en Jiutepec, Morelos, hasta la fábrica Derivados de Gasa (Degasa). De camino, me encontraba caras conocidas, ex-compañeros de escuela, familiares, conocidos, etc., todos con el mismo semblante cansado, como anhelando el día de descanso.

La entrada es a las 7 de la mañana, pero incluso llegando diez minutos antes, teníamos que soportar los comentarios del supervisor. En una ocasión me tocó llegar a las 6 y 58. y simplemente me negaron el acceso, a lo que yo alegue que mi entrada era a las 7, pero de manera tajante y obstinada se me negó. Yo estaba a punto de perder el día y el descuento es de 300 pesos, pero unas compañeras del turno nocturno que escucharon la situación, espontáneamente salieron en mi defensa. Al principio solo eran cuatro, pero fueron llegando otras compañeras, de pronto el supervisor se vio rodeado por más de diez compañeras diciéndole que me dejara entrar. Al verse acorralado, no le quedo de otra más que permitirme el paso a mi lugar de trabajo, no sin antes advertirme que era la última vez.

En la fábrica se procesa el algodón y se elaboran productos derivados como son hisopos, aplicadores, torundas, gasas y cubre bocas. Mi puesto es de ayudante general, es decir que no tengo un lugar fijo y me cambian de área constantemente.

En la contratación, la de recursos humanos ya me había dicho que la paga era de 830 pesos pero que se me descontarían 200 para la caja de ahorro. Se me descontaría el servicio del comedor, aparte de las cuotas sindicales y del seguro, por una jornada de 8 horas y media, por los sábados solo 6 horas, al principio no vi mucho problema, ya que yo había trabajado en una fábrica de Estados Unidos y las jornadas eran de más de 12 horas, por 6 días, a 7.25 dólares la hora, sin derecho al seguro por no tener visa ni pasaporte.

Las cofias y los cubre bocas, son defectuosos, y no nos proporcionan el material de seguridad que es necesario, como son los guantes de buena calidad, y desafortunadamente el sindicato no hace nada por los trabajadores.
Nadie dijo nada, para no perder el trabajo

En mi primera semana, un día como cualquier otro, faltaba una hora para salir a comer, cuando se escuchó un rumor de que una compañera se había accidentado, pero nadie sabía nada más, todo era incierto. Llegó la hora del descanso y todos comentando en voz baja, cada quien parecía estar en su plática. Al volver al trabajo, la operadora de la maquina nos confirmó el accidente, pero no nos dijo nada más. Dos horas después, se paró la producción y nos llamaron a una reunión, donde los supervisores nos dieron la noticia y dijeron que no había sido grave, sin dar más explicaciones.

Posteriormente nos dieron una plática de 5 minutos de seguridad en el trabajo pero, en general, nos decían que si nos accidentábamos era por ir desvelados, porque no poníamos atención o simplemente por ir con resaca. Dos semanas después, volvió a ocurrir otro accidente, una compañera había perdido 4 dedos, cuando una maquina le agarró la mano y en lugar de llevarla al hospital trataron de atenderla dentro de la fabrica. Cuando ya no pudieron, llamaron a la ambulancia, pero ya no se pudo hacer nada, y simplemente no volvimos a saber de ella. Curiosamente, revisando las semanas de producción los accidentes ocurrían en las semanas que producíamos más, pero nadie dijo nada, para no perder el trabajo.

Al mes, se rolan los turnos y a mí me toco el nocturno de las 11 y 30 de la noche a las 7 de la mañana. Al ver que hacia rápido mi trabajo me pasaron a otra máquina, más rápida, más peligrosa, pero con el mismo salario. Entre dos personas nos encargamos de hacer rollos de algodón para suministrar a las otras maquinas, pero el algodón atraviesa por rodillos a altas temperaturas y por cuchillas afiladas. Cuando el algodón se atasca, nosotros tenemos que quitarlo con las manos sin ninguna protección; muchos operadores ya me habían advertido que tuviera cuidado ya que constantemente ocurrían accidentes.

Un día se nos juntó el trabajo y tuvimos que acelerar la maquina, lo que implicaba tener aún más cuidado. Cuando la máquina se atasco, al querer quitar un algodón atorado, el rodillo me agarró tres dedos. Por suerte pude sacar la mano con ayuda del compañero que se encontraba a mi lado. El supervisor solo se acercó para decirme en tono serio que tuviera más cuidado, y yo con mis dedos hinchados sin saber si era grave, seguí laborando por todo el turno.

Pero mis dedos no sanaron. Se ha vuelto un dolor constante y se me dificulta la movilidad; las vías respiratorias se me estaban tapando por el algodón y al final tuve que dejar el trabajo para buscar otro, ya que me representaba un riesgo y mi salud cada día se deterioraba rápidamente. De esa manera volví a ser parte de las listas de cientos de miles de desempleados, que buscamos un trabajo digno, y solo encontramos explotación, bajos salarios, pésimas condiciones laborales y sin derechos para los trabajadores.


http://elcomunista.nuevaradio.org