Es el tiempo de los trabajadores, es la hora del partido comunista

Marco Vinicio Dávila Juárez, Miembro del Buró Político
09.May.13 :: Noticias nacionales

En México, las diferentes marchas que se expresaron el primero de mayo pasado, Día Internacional de los Trabajadores, ofrecieron un muestrario de posiciones clasistas de los que en ellas intervinieron, han servido para destruir una serie de mitos que se construyeron desde diversos enfoques de la clase dominante y los que le hacen comparsa, y hacen evidentes varias afirmaciones de plena vigencia que enarbolamos los comunistas.

En las marchas fueron primero el sindicalismo oficial, los charros. Demás está decir que la concentración del Congreso del Trabajo, con la CTM y la CROC a la cabeza, fue un acto sin contenido de clase; discursos vacíos y desideologizados, propios de un colaboracionismo abyecto, que agradece al “señor presidente” y que se suma incondicionalmente al Pacto por México. Mientras los trabajadores aburridos sólo se preocupaban por “pasar lista” para que no les descontaran el día. Al manifestar su adhesión incondicional a Enrique Peña Nieto, manifiestan su pertenencia al PRI.



Más tarde el sindicalismo “independiente”, los neocharros. Con la UNT a la cabeza, un acto combativo en la base, pero cuya dirección mostró en sus discursos su posición conciliadora, la crítica contra la política de Enrique Peña Nieto, la denostación del Pacto por México porque… no están ellos incluidos en él. Ellos dan el reconocimiento de que los acuerdos entre los partidos políticos son buenos y deseables, pero deben incluir a todas las fuerzas actuantes, son partidarios de los pactos sociales interclasistas. Son los que advierten con temor la violencia popular que puede desbordarse por las posiciones radicalizadas del pueblo y ante eso piden la intervención de la fuerza pública. Su consigna electoral: “ni un voto al PRI, ni un voto al PAN”, evidencia su pertenencia o cercanía a la “izquierda” del PRD, Morena, etc.

A esta marcha se sumó el Sindicato Mexicano de Electricistas que, en un franco retroceso de sus posiciones clasistas que lo hacían la vanguardia del sindicalismo independiente, ahora clama ante la Organización Interamericana de Derechos Humanos, la violación de los derechos laborales de sus cuarenta y cuatro mil afiliados, llamándole violaciones a sus derechos humanos, perdidos en el legalismo y en esperanzas sexenales.

Y a la cola de todos ellos, los minúsculos grupos autodenominados “socialistas”, “comunistas” o “marxistas”. Mostrando, gráficamente, su rol en el movimiento obrero mexicano actual, su papel de oportunistas. Con posiciones que causan confusión y consignas atrasadas, que colocan a la clase obrera a la cola de la burguesía que ellos insisten en llamar “nacional”, llamando a luchar contra el neoliberalismo, el “imperialismo norteamericano” y por una lucha de liberación nacional. Estas fuerzas, los “independientes”, el SME y los oportunistas llamaron a formar un Frente Amplio Social, a la ampliación del Pacto por México.

Hay que decir que entre estas fuerzas marcharon también las expresiones sindicales y populares más combativas y confrontadas actualmente con los gobiernos estatales y con el federal, como los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, que se mantienen en pie de lucha en Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas y en otros estados de la República, contra esa reforma laboral disfrazada de Reforma Educativa.

Por la tarde, comenzaron a concentrarse los contingentes que marcharían desde el monumento a la Revolución al Zócalo, convocados por el Partido Comunista de México, el Frente de Izquierda Revolucionaria y la Liga de la Juventud Comunista. En una decisión valiente y oportuna, el Comité Central del PCM lanzó su convocatoria para la realización de la marcha desde el mes de marzo, y puso en tensión toda su estructura para la realización de esta tarea.

El contingente clasista, rojo, combativo marchó a pesar de ir rodeado de un amedrentador dispositivo de seguridad que incluyó a más de 1200 efectivos policiacos. Desde ahí supimos que la marcha mostraba un hecho inocultable: el Partido Comunista de México es ya una fuerza significativa y consolidada que salió a disputar la vanguardia de la clase obrera del país no como algo declarativo, sino en las calles, como ya lo hace en las fábricas de los principales corredores industriales del país, convencidos de que la clase obrera no debe ir nunca más a la cola de la burguesía, pues este es el tiempo de los trabajadores y es por tanto, la hora del partido comunista.

Ya no son sólo las fuerzas de la conciliación de clases y el colaboracionismo, ya no es sólo la socialdemocracia y el oportunismo los que aparecen ante los trabajadores el Primero de Mayo.

Con un programa claro que declara que como objetivo estratégico el derrocamiento del poder de los monopolios, sean del país que sean, y la construcción del socialismo-comunismo.

En el mitin en el Zócalo, frente a Palacio Nacional, el PCM se manifestó resueltamente contra el Pacto por México, al que denunció como un pacto contra los trabajadores, a favor de los monopolios, caracterizando a este gobierno como “el gobierno del hambre”. Denunció también que el llamado a un Frente Amplio Social es un engaño más para los trabajadores, que la lucha es clase contra clase, por lo que propuso como alternativa un frente único, anticapitalista, antimonopolista y antiimperialista. Que en el mundo de los monopolios, al que Lenin llamó Imperialismo, fase superior del capitalismo, no hay “burguesía nacional” ni estadios intermedios para la construcción del socialismo-comunismo, por lo que llamar a una lucha de liberación nacional es seguir maniatando a los oprimidos. Que las contradicciones intermonopólicas generan también contradicciones entre la “aristocracia obrera” por lo que no hay que confundir esos conflictos como expresiones de la lucha de clases, pero hay que ir a la conquista de las bases de los sindicatos de los sectores estratégicos hoy controlados férreamente por la CTM, pero también hay que conquistar a los sindicatos que hoy están bajo la férula de la socialdemocracia.

Por su parte, la “izquierda” que gobierna la Cuidad de México desde varios días antes había mandado señales a los organizadores de las marchas para que desarrollaran sus actividades dentro de los cauces legales. Pero se ensañó contra los comunistas, a los que encapsuló con un desproporcionado aparato policiaco y el seguimiento previo de los principales cuadros del partido que durante la mañana habían estado distribuyendo propaganda y El Comunista en los alrededores del Zócalo. Aceptando así que estos gobiernos mal llamados de “izquierda” reconocen en el Partido Comunista de México y sus aliados, al verdadero enemigo de clase. Y que quien gobierna en la Ciudad de México son las cámaras empresariales que le exigieron a Mancera “mano dura” contra las manifestaciones no oficiales.

Esta marcha a pesar de ser un modesto contingente, de entre 150 y 500 personas, según los diferentes medios que cubrieron la marcha (incluidos los monopolios de la información) tuvo la gran virtud de echar por la borda de la Historia varios mitos que se construyeron desde que en los noventas se declaró el fin de la historia, y evidenció el rostro de los “amigos del pueblo”.

Primero, que la socialdemocracia representa también los intereses de los monopolios. La demostración mayor de esta afirmación fue la reunión en el acto oficial realizado en Los Pinos, donde convivieron alegremente “charros” y “neocharros” con el secretario del trabajo, Alfonso Navarrete Prida, y donde el presidente Peña Nieto comprometió la aprobación de las próximas reformas: financiera y hacendaria, sin que los dirigentes sindicales manifestarán la mínima inconformidad. Que entre los partidos electorales no hay alternativa para los trabajadores, todos representan a la misma clase: la burguesía monopolista. Que los gobiernos de “izquierda” son como lobos con piel de oveja, y en nada se diferencian de los gobiernos priistas y panistas y que junto con todos los partidos electorales representan los mismos intereses de los monopolios, por lo que han formado un bloque negro contra la clase obrera.

Segundo, por lo tanto, entre el charrismo y el neocharrismo, entre la socialdemocracia y el oportunismo, los trabajadores tienen una verdadera opción como clase: el Partido Comunista de México, que la disputa de la vanguardia del movimiento obrero no es un problema de cantidad en las marchas, sino de claridad en los objetivos, de ardua labor cotidiana en los centros de trabajo para organizar y concientizar. Con programa y estrategia para el derrocamiento de los monopolios y la toma del poder para la clase obrera.

Tercero, queda en evidencia el papel de todas aquellas organizaciones oportunistas que amparados bajo la bandera roja de la hoz y el martillo, confunden a la clase obrera con posiciones que fortalecen la dominación de los monopolios. Incapaces de trabajar entre la clase obrera, a la que en fondo desprecian o desconocen, distraen a los trabajadores de su objetivo histórico con demandas reformistas y colocan a la clase trabajadora a la cola de la burguesía monopolista. Al marchar a la cola de la socialdemocracia, aceptan la realidad de esta afirmación.