Notas para el 1ero de Diciembre

11.Dic.12    Noticias nacionales
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Desde días antes de la toma de protesta de Peña Nieto como Presidente de la República, el pueblo de México fue testigo del enorme operativo de seguridad desplegado varios kilómetros a la redonda a las afueras del Palacio Legislativo de San Lázaro. Dentro de este recinto se encontraban los señores de cuello blanco, mismos que sonreían y aplaudían con beneplácito la muestra de civilidad que los diputados, de todos los partidos políticos, estaban dando ante la sesión solemne de entrega y recibimiento de la banda presidencial. A las afueras de este espectáculo que se organiza cada seis años en nuestro país, la Policía Federal y el cuerpo de granaderos del Distrito Federal, confrontan a los manifestantes que se dieron cita para protestar contra la toma de posesión de Peña Nieto. Detenciones, vejaciones, heridos y algunos hospitalizados es el resultado de la afrenta. Frente a todo esto es pertinente preguntar ¿Quién ordenó el despliegue policial? ¿Cuál es el mensaje que transmite dicho despliegue?, entre otras más preguntas que es pertinente analizar y sacar conclusiones para el futuro.

La llegada de Peña Nieto a la Presidencia es un acto consumado. Dejada atrás la farsa electoral, el poder de los monopolios terminó por desechar a Josefina Vázquez Mota y a la propuesta política de gestión neokeynesiana de López Obrador, optando así por un gobierno que tiene mayores posibilidades de sortear las Reformas Estructurales que no pudieron ser aprobadas en doce años de administración panista.


Quienes todavía guardan expectativas en la “izquierda” y los partidos minoritarios que le acompañan, deben mirar más allá del panorama político a corto plazo. El “Pacto por México” es una de las pruebas más fidedignas en lo que se refiere al gobierno de coalición que encabeza Peña Nieto, detrás de él se perfilan el PAN, el PRI y el PRD. Todos y cada uno de ellos dejan atrás pequeñas rencillas para dar paso a lo que ellos llaman la “transformación de México”.

Un día antes de que se firmara el Pacto por México, Marcelo Ebrard y Peña Nieto dieron muestra del compromiso que habría de consumarse un día después. Los dos mandatarios cerraron filas y dieron paso al escenario de represión que ya todos conocemos. El fantasma de San Salvador Atenco se hizo sentir entre los manifestantes que corrían y luchaban en pequeños grupos contra los gases lacrimógenos, las balas de goma y la violencia de tolete en mano ejercida con la irracionalidad por la que se ha caracterizado la policía mexicana. Así se inaugura el sexenio de Peña Nieto, y así se despide la administración de Marcelo Ebrard: más de noventa detenidos, la mayoría de ellos estudiantes de la UNAM, el IPN, la UACM y otras universidades y preparatorias.

Estos hechos son totalmente deleznables, nos muestran el odio, la saña y la impunidad con la que actúan las fuerzas del estado capitalista. Nos recuerdan que entre los gestores del poder las “diferencias” son dejadas a un lado, cuando se trata de golpear y condenar la movilización y el descontento generalizado.

Las imágenes que se encuentran en la red, nos dan muestra de la total coordinación entre los niveles de gobierno, los cuales, recurrieron al uso de provocadores que con cadena en mano, tubos y otros instrumentos se aprovecharon de la confusión que privaba en esos momentos. Cabe destacar que las organizaciones convocantes no actuaron bajo un plan que asegurará la integridad física de los manifestantes, fue la efervescencia y la catarsis las que los convocó. Estos elementos bajo determinadas circunstancias terminan siendo contrarios a los objetivos buscados.

Por parte de los medios de comunicación la respuesta ha sido y seguirá siendo el desprestigio y la calumnia de la protesta social.

Como ocurrió hace seis años, los ahora presos políticos son cobijados por sus familiares, amigos y organizaciones que no han dudado en hacerle saber a sus compañeros que no están solos.

A pesar de la gravedad de lo sucedido, los comunistas somos partidarios de que cada acontecimiento ocurrido en el movimiento social y político debe ser valorado. Dejar que las cosas sigan su curso sin al menos haber hecho un ejercicio de crítica, es un acto de irresponsabilidad entre las organizaciones que estamos preocupadas porque nuestro pueblo no sea el que continúe contando los muertos y heridos derivados de la brutalidad estatal.

En primer lugar hay que señalar que lo ocurrido el 1ero de Diciembre fue, desde el momento mismo en el que fue concebido, un acto que llevaría ineludiblemente a la derrota. Desde meses antes se podía prever la forma en la que el nuevo gobierno respondería ante los manifestantes. El aparato represivo no permitiría que los inconformes con Peña Nieto oscurecieran el acto solemne. En síntesis: la represión era previsible.

Las organizaciones que desde meses atrás venían convocando a la manifestación afuera de San Lázaro no evaluaron a cabalidad las consecuencias del acto. Hasta donde es posible observar, no existía un plan que orientara a los manifestantes. Cada individuo, grupo u organización hizo lo que consideraba pertinente: correr, arrojar una piedra, pelear individualmente, sentarse frente a los granaderos, etc.

Esta situación pudo haberse evitado. De ninguna manera adoptamos una posición que condene la protesta, pero vemos con preocupación que los grupos anarquistas o bloque negro como se han denominado algunos, sean de los principales promotores de la violencia desatada. Consideramos que este fenómeno se seguirá dando en las movilizaciones, nos referimos a los grupos de anarquistas y por otro lado a los golpeadores infiltrados contratados por el gobierno. Aunque los primeros son todavía considerados como “compañeros” por una parte importante de las organizaciones que se aglutinaron el 1ero de Diciembre, los comunistas no haremos eco a sus acciones, al contrario, hemos de revelar la ineficacia de sus acciones, las cuales, no abonan en lo absoluto a la organización, sino todo lo contrario, provocan la dispersión y atraen en todo momento la confrontación con la fuerza pública.

En segundo lugar la posición que viene adoptando el Movimiento YoSoy132 debe poner a reflexionar a las distintas organizaciones que ante el desconcierto, se han aferrado a una alianza cada vez más endeble. El movimiento 132 se ha venido transformando hasta adoptar posiciones que vienen a confirmar su papel de conciliadores de clase, en la pugna interclasista que vive nuestro país.

El movimiento se originó a partir de una crítica exclusiva a Peña Nieto y a las dos cadenas televisas; posteriormente en el proceso electoral, el 132 fue quien hizo eco al movimiento lópez-obradorista con la consigna del llamado “voto razonado”. En relación a las grandes movilizaciones convocadas por el 132, se generaron también grandes y variadas expectativas alrededor de este movimiento. Varios articulistas y personas desligadas de toda participación política, teorizaron al respecto, calificando al movimiento como algo totalmente innovador, algo que vendría a “renovar la vida pública de nuestro país”.

Para desgracia de los que fervientemente anhelaban que el movimiento impidiera la llegada de Peña Nieto, el movimiento asentó su papel en el panorama político. Antes de pasar a enumerarlas, es preciso apuntar lo siguiente: el movimiento no logró su objetivo no por una falta de organización, tampoco por una falta de voluntad política (como podrían argumentar algunos, que aunque critican el movimiento, siguen participando en él), sino por su misma naturaleza. La reafirmación del movimiento 132 como un movimiento meramente coyuntural en las últimas elecciones presidenciales no es dada por la casualidad. Su papel como conciliador en la lucha de clases en nuestro país, se confirma cada día más.

Ejemplo de esto es la pérdida de su fuerza (hablando en términos numéricos), además de que buena parte de sus integrantes pasaron a ser orgánicos de MORENA y el movimiento lopez-obradorista. Los peores y más atrasados, han reafirmado sus propias limitaciones, recluyéndose a las actividades virtuales propias del Facebook y Twwiter.

Todo lo anterior no está fuera de contexto al momento de haber ocurrido la represión el 1 de Diciembre. ¿Por qué? Si uno recuerda las noticias pocas horas después de los sucesos, recordará el primer pronunciamiento hecho por la Comisión de Prensa del 132, en donde se deslindaba de las acciones emprendidas por los manifestantes. Si bien había personas que fueron pagadas por el gobierno para magnificar los destrozos en la ciudad, no todo fue responsabilidad de ellos. Expliquemos: por un lado grupos de policías amedrentaban a los manifestantes, por otro lado, grupos de anarquistas y provocadores crearon un clima de violencia que puso a los compañeros con menor experiencia al borde del peligro. Pecaríamos de ingenuos si pensamos que toda la represión fue orquestada por el gobierno, hay que señalarlo, las acciones emprendidas por los anarquistas no ayudan en lo absoluto a resguardar a los manifestantes, por el contrario, maximizan la violencia y la hacen llegar a grados irracionales.

A lo que quiero llegar es que dentro de todos los disturbios ocurridos el 1ero de Diciembre, hubo jóvenes de distintas universidades que prácticamente quedaron vulnerables a los ataques. Basta con mirar la lista de detenidos, y nos daremos cuenta de que la mayoría de ellos son estudiantes universitarios que fueron apresados dado su grado de indefensión, a menos de que me equivoque, ninguno de los apresados fueron aquellos hombres que con cadenas, tubos y otros instrumentos lidiaban con la fuerza policial.

Frente a esta situación la “dirección” del #132 se deslindó en menos de 24 hrs de de los disturbios ¿Por qué había de hacerlo? Resulta que nos encontramos ante una importante contradicción dentro del propio movimiento. Mientras los jóvenes eran detenidos y consignados en los reclusorios, varias instancias del 132 (sobre todo en los espacios creados virtualmente en las redes sociales que es dónde se origina el modus vivendi de este movimiento), se daban posicionamientos encontrados: algunos rechazaban tajantemente cualquier acto considerado como “vandálico”; por otro lado, se reivindicaba la autodefensa ante la brutalidad policiaca. Simplemente dos polos se estaban confrontando dentro del mismo movimiento que ha promulgado en todo momento la unidad a diestra y siniestra.

Tiempo después, se fue dando a conocer que muchos de los jóvenes detenidos eran miembros del 132 pertenecientes a distintas asambleas del D.F. ¿Qué ocurre entonces? Para responder no puede argumentarse que estamos frente a un error de carácter logístico para identificar a los detenidos. Desde nuestro punto de vista, al interior del movimiento 132 se está librando un choque de dos posiciones antagónicas respecto a la legitimidad del uso de la violencia por parte del movimiento social. Puntualicemos: por un lado los que opinan que la violencia debe ser rechazada en todo momento, sin importar si proviene del estado o del movimiento mismo, la violencia se reprueba en todos los sentidos. Por otro lado la reivindicación de una violencia ejercida sin objetivos. Esta posición es propia de los grupos anarquistas que seguirán proliferando en las siguientes movilizaciones.

Estos dos posicionamientos a los que me refiero, no podrán convivir por mucho tiempo en el movimiento 132. Es previsible que se rompa el puente frágil establecido entre este movimiento y las organizaciones políticas y sociales que pertenecen a la Convención Nacional contra la Imposición.

Dentro de todo este torrente, existen organizaciones que tienen claro que para el derrocamiento de Peña Nieto no bastará una movilización, no obstante, su táctica y estrategia son elementos confusos para ellos mismos. A falta de un análisis certero de la realidad concreta, muchas organizaciones han optado por adherirse al movimiento 132 aunque esto sea algo nocivo para sus fuerzas; el permanente desgaste y su pérdida de movilización es un ejemplo de ello. Permítase utilizar la siguiente analogía: el movimiento 132 es una camisa de fuerza que ata al movimiento social y político, que lo subordina a la posición de la conciliación de clase.

El primer aviso de este síntoma, lo podemos encontrar el 1ero de Diciembre, donde las fuerzas mediadoras del 132 subordinaron a las otras fuerzas del movimiento.

Finalmente queda aclarar que los comunistas estamos preocupados ante la situación de los presos políticos, no obstante, no podemos permitirnos el guardar silencio ante los problemas que atraviesa el movimiento social y político de nuestro país. Consideramos de elevado peligro la infiltración de grupos de golpeadores en las próximas movilizaciones, al mismo tiempo, alertamos la postura que están adoptando los grupos anarquistas, los cuales, tendrán una proliferación importante en los próximos años.

Los comunistas somos partidarios de todas las formas de lucha, no obstante, el uso de ellas sin un análisis previo de la situación concreta, lleva a cometer graves errores. El tiempo y las formas de cada una de ellas la determina la dinámica de la lucha de clases. La interacción de las fuerzas en la disputa interclasista es el termómetro que el partido utiliza para guiar correctamente su táctica y estrategia.

En este momento es urgente el fortalecimiento de las organizaciones que con seriedad buscan una salida organizada a los embates del capitalismo. El PCM reafirma su compromiso para coordinarse con todos aquellos que tienen la mirada puesta en el futuro: la lucha tenaz en contra de las medidas anti-populares que encabezará Peña Nieto, al tiempo que reafirmamos nuestra plena independencia de las orientaciones movimientistas que aminoran o desvían la conciencia de clase entre la clase obrera y su alianza con los sectores populares de nuestro país.