Hace falta el trabajo de base para un movimiento obrero clasista y politizado.

Pável Blanco Cabrera
14.Mar.11 :: Opinión

El sindicalismo en México hoy es una ficción y hace falta una opción clasista para los trabajadores en el terreno de la lucha por sus reivindicaciones al tiempo que este eslabonada sin disociación a la lucha política por el socialismo, por la revolución.

Reconocer eso puede ser la base de la constitución del proletariado en clase en nuestros días.



Pável Blanco Cabrera
Primer Secretario del PCM

El sindicalismo en México hoy es una ficción y hace falta una opción clasista para los trabajadores en el terreno de la lucha por sus reivindicaciones al tiempo que esté eslabonada sin disociación a la lucha política por el socialismo, por la revolución.

Reconocer eso puede ser la base de la constitución del proletariado en clase en nuestros días.

El desarrollo del capitalismo en México va creando a la clase obrera desde el siglo XIX y las primeras formas asociativas emergen con las limitaciones inherentes. Si bien el marxismo fue divulgado por los esfuerzos de la Primera Internacional y el Manifiesto del Partido Comunista fue editado, lo que predominaba entre los trabajadores más combativos era el anarquismo, pero en la masa de obreros estaba ausente cualquier opción de lucha.

Es una posición de los comunistas que la fuerza de la clase obrera está en su unidad sobre la base de la conciencia política; hay una reflexión profunda de Lenin en el ¿Qué hacer? sobre las formas posibles y límites de la conciencia sin el agente exterior, es decir el partido marxista-leninista, que al situar la opción del socialismo contribuye decisivamente a impulsar la marcha de la Historia, convirtiendo a la clase obrera en la fuerza principal de la emancipación de la humanidad.

Tal partido fue inexistente en un periodo álgido de la lucha de clases en nuestro país, que abarca la lucha anti-dictatorial y la guerra civil conocida como Revolución Mexicana; no por ello los obreros estuvieron inactivos, al contrario: es reconocido el hecho de las huelgas en Cananea, Rio Blanco, y decenas más como precursoras del levantamiento armado, pero es también reconocido que parte de la clase obrera apoyo a los constitucionalistas para combatir a lo más avanzado y radical en ese periodo, es decir el zapatismo y el villismo.

A partir de 1919, con la acción ya constante y organizada de la Internacional Comunista, el panorama empezó a cambiar; no se trababa ya de brotes espontáneos, sino de una acción permanente y planificada de los comunistas en el movimiento obrero; enfrente tenían al laborismo y al anarquismo en declive. La lucha ideológica contra esas corrientes adversas fue justa.

El laborismo o sindicalismo amarillo, venal y sumiso al gobierno, dirigido por Morones, organizado en la CROM contaba con su extensión política, el Partido Laboral Mexicano y la colaboración de clases era su bandera. Con los anarquistas los comunistas marcharon juntos algún tiempo, pero el deslinde estaba en perspectiva.

Con heroicidad los comunistas trabajaron en serio. Es conocido como David Alfaro Siqueiros fue enviado por el Partido a hacer trabajo en Jalisco entre los mineros hasta hacer emerger organización clasista, sindical y política. Esto es un indicativo de la línea, todos los militantes intentaban vincularse al movimiento obrero y organizarlo. Los cuadros, El Machete que era la prensa central en aquellos años, todo tenía esa orientación, ese sello; y hubo resultados, con la Central Sindical Unitaria de México. Alrededor de una década con disciplina, seriedad y responsabilidad y los frutos estuvieron a la vista.

En las filas de la CROM la estática no era la característica. El abogado Vicente Lombardo Toledano nutrido ideológicamente por las ideas de la Revolución Mexicana y el marxismo, encabezó una tendencia que dio origen a la CGOCM.

Muchos especialistas abordan los años cruciales del desencuentro del callismo y el cardenismo, nosotros necesitamos estudiar más ese periodo; en un contexto mundial de la crisis de 1929, el fascismo como forma de estabilizarla, las políticas del New Deal, el VII Congreso de la IC. En medio de las pugnas interburguesas la unidad proletaria tuvo posibilidades, primero con el Comité Nacional de Defensa Proletaria con la CGOCM, la CSUM y el SME como sus artífices. Con esta misma base se funda la CTM. Por la unidad misma los comunistas hacen concesiones que de origen ceden terreno a medidas impositivas y antidemocráticas, lo cual no fue tolerado por otros sindicatos que se retiran.

Como se vea, la CTM, en sus orígenes, es lo más lejos que se ha llegado, pero es de esos momentos en que algo deviene en su contrario, en que un logro se convierte en fuente de derrotas históricas. Una visión deformada de la línea del Frente Popular fue puesta en marcha; al Partido de la Revolución Mexicana, prolongación del PNR y antecedente inmediato del PRI, fue visto como la materialización del Frente Popular y a la CTM como su sector obrero. Pero el PRM era, como lo es el PRI, un partido de la burguesía, un partido de clase programáticamente, aunque orgánicamente haga la ecuación imposible del pluriclasismo.

Desconociendo la teoría marxista-leninista del Estado se considero que el Estado surgido de la Constitución de 1917 se colocaba por encima de las clases, que era un árbitro y que regulaba a favor del progreso. ¡Error no solo teórico, sino de consecuencias trágicas para el movimiento obrero y revolucionario!

Así el movimiento obrero organizado en la CTM estableció una alianza permanente y subordinada con el Estado, perdiendo su independencia y sus posibilidades. Vino la limpieza de los sindicatos y centros de trabajo de todo lo rojo. A pesar de los servicios prestados a la CTAL y al surgimiento de la Federación Sindical Mundial, sin términos medios vino la supeditación a la AFL-CIO y al sindicalismo patronal impulsado por el Departamento de Estado de los EEUU con la Guerra Fría.

Han sido poco más de siete décadas de golpes a la posibilidad de la clase obrera de organizarse. Ni un instante ha cesado la lucha, pero dispersa, acumulando derrotas. Ha brillado el sindicato ferrocarrilero, el minero-metalúrgico, el de los trabajadores de la educación; vino la insurgencia sindical de los 70. Pero un día comentando con un camarada del exterior me decía con irónica preocupación que para hablar del movimiento obrero nosotros en México teníamos que recurrir a la arqueología. Otro camarada que por acá se encontraba en los días de la convocatoria a la huelga general en 2010, sorprendido dijo que ellos en su país no llamaba huelga a una simple jornada de marchas, pegas de carteles o volanteo.

Por supuesto en el Partido Comunista de México no vamos a culpar a los simuladores y sus membretes, los cuales abundan y en ocasiones dicen basarse en el marxismo, pero eso no dura mucho pues inmediatamente vomitan su nacionalismo y posiciones socialdemócratas, no pueden ocultarlo aunque lo expresen con vehemencia; de sus masas no hablemos, nadie las ha visto.

No.
La responsabilidad es nuestra, y la asumimos.

En eso estamos. Es lo que hace falta. Todos los obreros son nuestros camaradas, y vamos buscar que se organicen por centro de trabajo, por la base. No importa si ellos están en la CTM o en el SME, en la COR o la UNT, si pertenecen al Congreso del Trabajo o son “independientes” porque esa es una consideración formal y lo que importa es lo real. No solo porque la mayoría de la clase obrera no está en sindicatos, sino porque inclusive la que está en ellos no asume militancia alguna. Además no vamos a la disputa de esos sindicatos o centrales, sino a desfondarlos.

Pero la labor de los comunistas, abnegada, paciente, clara y cotidiana en el movimiento obrero y sindical pondrá su acento en la politización y organización. Nadie espere que subamos notas a Facebook de los pasos que demos, porque no buscamos popularidad, sino cumplir con un deber elemental en nuestra tarea estratégica: la Revolución Socialista.

8 de Marzo del 2011.