La Estrategia de la Liberación Nacional y el Reformismo en la historia del PCB

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Texto presentado por Anita Leocádia Prestes en el seminario realizado por el PCB en ocasión del 90° aniversario del PCB. El Comunista agradece profundamente a la camarada Anita Prestes por facilitarnos su texto para poder traducirlo al español.

En un artículo publicado después de 1980, titulado “A qué herencia los comunistas deben renunciar?”, tuve la oportunidad de mostrar que, desde los años 20, la estrategia del PCB –la revolución democrático-burguesa, agraria y anti-imperialista o nacional y democrática, como fue denominada posteriormente, -tenía un carácter reformista burgués. Se trataba, de una lucha contra el imperialismo, de realizar una revolución nacional-libertadora, que viniese a propiciar un desenvolvimiento capitalista autónomo en Brasil, libre, por tanto, de la dominación del imperialismo. Tal desarrollo capitalista debía propiciar las condiciones para la realización de una segunda etapa de revolución, la etapa socialista. No se percibía que el capitalismo en nuestro país encontraba nuevas formas de expandirse, en las condiciones de subordinación a los grandes grupos internacionales y de mantenimiento de relaciones de producción no capitalistas en la agricultura. (Prestes, A.L.,1980)


El reformismo en la política del PCB se expresaba a través de esa concepción de la revolución por etapas, marcada por el ideal de la liberación nacional, una variante de la ideología nacionalista, de origen burgués, cuya presencia se tornó importante en la cultura y en la política brasileñas a partir de la Primera Guerra Mundial. Podemos decir que las concepciones nacional-libertadoras adoptadas por el PCB fructificarán en Brasil gracias a su aceptación por amplios sectores sociales influenciados por el pensamiento nacionalista. Sin embargo, como advirtió E. Hobsbawm, “el peligro real para los marxistas es el de aceptar el nacionalismo como ideología y programa, en lugar de mirarlo realistamente como un hecho, una condición de su lucha como socialista” (Hobsbawm, 1980:310).

También contribuirían para la adopción por el PCB de la concepción etapista de la revolución las resoluciones aprobadas en 1928, en el VI Congreso de la Internacional Comunista –entidad a la que el PCB estaba afiliada desde 1924-, y reiteradas en 1929, en la conferencia de los PPCC de América Latina. No se percibía y se rechazaba algo que había sido planteado en la misma ocasión por José Carlos Mariátegui: el carácter socialista de la revolución en América Latina, aunque el comunista peruano apuntaba la necesidad de considerar las peculiaridades del capitalismo en cada país de nuestro continente y defendiese la lucha por un socialismo que no fuese “ni calca ni copia, pero si creación heroica” de nuestros pueblos. Mariáteguei, 2008: 153). Mariátegui escribía:

Sin prescindir del empleo de ningún elemento de agitación anti-imperialista, ni de ningún medio de movilización de los sectores sociales que eventualmente pueden contribuir para esta lucha, nuestra misión es explicar y demostrar a las masas que solamente la revolución socialista podrá oponer al avance del imperialismo un obstáculo definitivo y verdadero. (Idem: 51)

Sin negar que la revolución socialista constituye un proceso, que en cada país tendrá sus particularidades, Mariátegui verifica que, en el siglo XX, el imperialismo penetrará profundamente y se articulará estrechamente con las diversas relaciones de producción existentes en cada nación del continente latino-americano. Tornábase, por tanto, imposible derrotar al imperialismo sin avanzar el camino de la revolución socialista. El problema era, y continúa siendo, cómo, en la práctica, emprender tal camino sin desviarse para el etapismo y el inherente reformismo, de acuerdo con lo cual la solución revolucionaria acaba siendo abandonada.

Como no podía dejar de ser, la fidelidad a una falsa estrategia llevó al PCB a adoptar tácticas que cambiaban al calor de los acontecimientos. Aunque los comunistas estuviesen siempre en las primeras filas de luchadores por todas las causas justas del pueblo brasileño, el Partido carecía de autonomía ideológica, o sea, de un programa revolucionario que contribuyese a la aglutinación y la formación de las fuerzas sociales y políticas capaces de conducir las luchas de nuestro pueblo rumbo a la revolución socialista. Se quedaba siempre a la cola de sectores liberales y/o nacionalistas; se perdía la oportunidad de, a través de las luchas por objetivos parciales, organizar y educar las masas en la necesidad de ir más lejos, de prepararse para la revolución socialista.

Un buen ejemplo de la permanencia de esa falsa estrategia de la que estamos hablando es la aprobación de la “Declaración de Marzo” de 1958 por la dirección del PCB. Con ese documento, se abandonaba la táctica izquierdizante del “Manifiesto de Agosto” de 1950, reiterada en el IV Congreso de 1954, de derrocamiento del Gobierno, la cual era sustituida por una nueva formulación –la lucha por un gobierno nacionalista y democrático, en los marcos del régimen capitalista, mientras que la estrategia no era tocada. En aquel momento la aprobación de la “Declaración de Marzo”, contribuyó para garantizar no sólo la unidad sino la propia sobrevivencia del PCB, seriamente sacudido por la grave crisis, provocada en gran medida por los acontecimientos relacionados con el XX Congreso del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), realizado a principios de 1956.

Cabe resaltar que, aunque hubiese contribuido en la elaboración y la aprobación de la “Declaración de Marzo”, con el objetivo de mantener la unidad de las filas partidarias, Luiz Carlos Prestes, entonces secretario general del PCB, revelaría preocupación por el peligro de una “táctica reformista, que nos colocaría a la cola de la burguesía” En un artículo publicado en la misma ocasión, Prestes escribía:

La crítica superficial de nuestros errores políticos puede conducir ahora al error opuesto, la preocupación exclusiva por el movimiento que se procesa gradualmente, abandonando el objetivo revolucionario de la clase obrera. (PCB, 1980:35)

La conciliación con las tendencias reformistas en la dirección del PCB, con la intención de asegurar la unidad partidaria, fue la actitud adoptada por Prestes durante cerca de veinte años, hasta el final de la década del 70, cuando vendría a romper con el Comité Central (Prestes, L. C. 1980) convencido de que se volvía imposible transformar al PCB en un partido revolucionario, o sea, en una organización que superase el reformismo, expresado principalmente por medio de la ideología del nacional-desarrollismo y de la concepción de la revolución por etapas (Prestes, 2010: 162).

El esfuerzo para alcanzar la unidad a cualquier precio marcó fuertemente la historia del movimiento comunista internacional y no podría dejar de hacer presencia en el PCB, una vez que, desde su fundación, el partido fue parte de ese movimiento. Tal empeño, frecuentemente, tendría como consecuencia el abandono de posiciones de principio y, en particular, la renuncia a los objetivos revolucionarios de los comunistas y la conciliación con las tendencias reformistas.

La lucha por un gobierno nacionalista y democrático, a partir de 1958, alimentó una fuerte ilusión sobre las posibilidades de conquistar, a través de la presión de las masas, una correlación de fuerzas dentro del gobierno que permitiese la adopción de medidas capaces de asegurar el desarrollo de un capitalismo autónomo y democrático en Brasil. A partir de tal aterrizaje, se preveía que los comunistas podrían abrir camino para las transformaciones de carácter socialista en el país.

¿En qué medida, sin embargo, los comunistas actuaban efectivamente en el sentido de formar una fuerza política capaz de conducir tal proceso revolucionario en Brasil? En realidad, se intentaba la formación de una alianza de clases y sectores sociales supuestamente poseedores de intereses y reivindicaciones comunes, en la lucha contra el imperialismo y el latifundio y por la democracia. Pero, no se tomaba en cuenta algo que el concepto de bloque histórico, propuesto por A. Gramsci, presupone: el momento político de esa alianza. “Su constitución está asentada en clases o grupos concretos definidos por su posición en la sociedad, pero las ideas cumplen un papel fundamental en lo que se refiere a su cohesión.” En otras palabra, en el bloque histórico, hay “una estructura social –las clases y grupos sociales –que depende directamente de las relaciones entre las fuerza productivas; más también hay una superestructura ideológica y política”. (Bignami, s. d.: 27) Gramsci escribía que, según Marx, “una persuasión popular tiene, con frecuencia, la misma energía de una fuerza material” (Gramsci, 2001,V.1: 238).

Los elementos citados de la concepción del bloque histórico permiten percibir el frecuente empobrecimiento de tal concepto en el ámbito de los partidos comunistas, pues ese fenómeno marcó, de manera general, gran parte del movimiento comunista mundial. En las filas del PCB semejante postura traería como consecuencia la subestimación por el trabajo ideológico de formación teórica y política no sólo de sus cuadros sino también de sus liderazgos populares. La incomprensión de la necesidad de crear una fuerza política, o un bloque histórico contra-hegemónico, capaz de conducir el proceso revolucionario a la victoria, condicionó el desarme ideológico y político de los comunistas en contra del bloque histórico dominante y la inevitable rendición frente al reformismo burgués. (Prestes, 2010a)

A partir de la IV Conferencia Nacional del PCB, realizada en diciembre de 1962, pasaría a predominar en la dirección del Partido, en particular en el ámbito de su Comisión Ejecutiva, la tesis de concentrar esfuerzos en el combate a la política de conciliación con el imperialismo y el latifundio seguida por el Gobierno Goulart en la lucha por las Reformas de Base. Tal posición representaba una primera victoria de la tendencia izquierdizante”, liderada por los dirigentes Carlos Marighella, Mário Alves y Jover Telles, integrantes de la Comisión Ejecutiva Nacional (Falcão, 1993: 221).

Sin embargo, no existía en Brasil la fuerza social y política, unificada por ideales comunes y preparada para viabilizar en la práctica el rompimiento con la política de conciliación y la realización de las Reformas de Base. No existía en el país un poderoso movimiento popular unido y organizado –dirigido por liderazgos provistos de propuestas política e ideológicamente definidas y adecuadas al momento-, capaces de golpear a las

fuerzas reaccionarias internas y externas y conquistar el poder. Esta sería la única manera efectiva de asegurar la realización de reformas, cuyo contenido iría a golpear profundamente los intereses del gran capital nacional e internacional y de los grandes propietarios de tierras.

Las concepciones nacional-libertadoras, presentes tanto en la estrategia política del PCB como en gran parte del discurso de las fuerzas nacionalistas y de izquierda, bajo la influencia dominante de la ideología nacional-desarrollista, alimentaran las ilusiones en un supuesto anti-imperialismo de una supuesta burguesía nacional y en la posibilidad de, bajo la presión de las manifestaciones de fuerzas nacionalistas y democráticas y, en particular, del movimiento sindical, llevar al presidente João Goulart a realizar uma reforma ministerial que permitiese el establecimiento de un gobierno nacionalista y democrático y la implementación de las Reformas de Base. Se consideraba también la posibilidad de una reforma constitucional, incluso si fuese necesario parar por encima del Congreso Nacional.

Con el golpe reaccionario de 1964 y la represión que inmediatamente se desencadenó contra las fuerzas democráticas y de izquierda, la situación del PCB se tornó particularmente difícil. El Partido no esperaba el golpe y no se había preparado para enfrentarlo. Tampoco en la Comisión Ejecutiva del Comité Central, donde predominaban las posiciones izquierdistas, no habían sido tomadas medidas para hacer frente a la represión. La mayoría izquierdista de la Comisión Ejecutiva creía que la presión ejercida sobre Jango los haría avanzar en el camino de la superación de la conciliación y de la realización de la reformas, incluso ultrapasando los límites de la legalidad constitucional. Los seguidores de la posiciones izquierdistas coincidían con los adeptos de concepciones reformistas en confiar, tanto unos como otros, en el “esquema militar” de Goulart, abdicando en la práctica del trabajo de organización, concientización y movilización popular.

A diferencia de la correlación de fuerzas existente luego del golpe militar en la Comisión Ejecutiva, en los años que siguieron, iría a profundizarse, en el ámbito del Comité Central del PCB, una creciente división entre la mayoría, favorable al mantenimiento de la orientación política inaugurada en 1958 y confirmada en el V Congreso, realizado en 1960, y la minoría que se agrupaba en la llamada “corriente revolucionaria”. Esta pasaría a defender la adopción inmediata de la lucha armada, una táctica que tenía como objetivo el derrocamiento de la dictadura a través de la insurrección armada y la instauración de un gobierno revolucionario, pero la estrategia de la revolución nacional y democrática no era cuestionada. (Marighella, 1979: 49, 58, 63, 104)

El VI Congreso del PCB, realizado a finales de 1967, fue hito en la lucha contra el ala izquierdista que amenazaba no sólo la unidad del Partido sino su propia sobrevivencia. Una posible victoria de las posiciones izquierdistas en el VI Congreso, con la adopción inmediata de la lucha armada contra la dictadura, habría llevado al PCB a la fragmentación, como sucedió con los partidos y organizaciones de izquierda que así procedieron. Como la practica vendría a mostrar, no existían en Brasil, de la época, condiciones para el desencadenamiento de guerrillas o de otras formas de lucha armada, conforme a la voluntad de muchos militantes, frustrados con el golpe del 64 e impacientes por transformar sus deseos en realidad.

Prestes percibió que, en aquel momento histórico, era necesario evitar una segunda derrota, mayor aún que la de abril de 1964, cuando se consiguió impedir el

fraccionamiento de la organización partidaria. Se trataba de sumar fuerzas para que, en el VI Congreso, los argumentos de los defensores de la aparición inmediata de la lucha armada fueran rechazados. El secretario general optó por la conciliación con la mayoría reformista para derrotar al enemigo principal en aquel momento – el radicalismo de izquierda. Una vez alcanzado tal objetivo, se inauguraba una nueva etapa de lucha ideológica en las filas partidarias.

A partir del VI Congreso, las divergencias de Prestes con la mayoría del Comité Central del PCB se acentuarán y se tornarán cada vez más graves. Si el Comité Central pasara a centrar todos sus esfuerzos en la lucha por un gobierno antidictatorial, Prestes consideraba que “los comunistas luchan por la plataforma común del frente antidictatorial, no… [deberían ocultar]… su programa revolucionario, (…) haciendo esfuerzos para ganar para sus posiciones revolucionarias, para su programa, las fuerzas fundamentales de la revolución”. 1 Fundamentando su posición, recurría a la cita de Lenin:

Sólo son fuertes los luchadores que se apoyan en intereses reales claramente comprendidos de determinadas clases, y todo factor que oculte estos intereses de clase, que desempeñan ya un papel dominante en la sociedad actual, no puede sino enflaquecer a los luchadores. (Lenin, Obras Completas, ed. Cartago, tomo II, p. 317; grifos do autor)

La consulta de documentos inéditos de Prestes –pues, el, en minoría, no podía pronunciarse abiertamente en desacuerdo con el CC –es reveladora de la lucha por él llevada en el ámbito del Comité Central contra las tendencias reformistas de derecha, que se irían acentuando cada vez más en la política del PCB. Este es un ejemplo de la posición por él defendida:

Cabe (…) al Comité Central decidir si, con el pretexto de la táctica, debemos, en nuestra agitación y propaganda, referirnos exclusivamente a las reivindicaciones inmediatas movilizadoras de las masas, a la plataforma unitaria del frente único antidictatorial y a la lucha por un eventual gobierno de las fuerzas antidictatoriales; o si debemos utilizar la agitación y propaganda igualmente (y, en algunos casos, principalmente), para llevar al conocimiento de la clase obrera y sus aliados el programa revolucionario (…) de nuestro Partido y la necesidad de luchar, independientemente de los compromisos que podamos realizar con las demás fuerzas antidictatoriales, por la conquista de un gobierno revolucionario, capaz de dar inicio a la aplicación de aquel programa. (Idem; grifos do autor)

En la práctica, la actividad del PCB quedaría limitada a la táctica, siendo dejados de lado los objetivos estratégicos del Partido. Con semejante orientación, la organización y la concientización de los trabajadores, así como su formación con vistas a la revolución, fueron abandonadas. El PCB dejaría de distinguirse de las demás fuerzas antidictatoriales, perdía la oportunidad de afirmarse como organización revolucionaria, manteniendo la independencia ideológica. El PCB se encaminaba definitivamente por el camino del


1 ALMEIDA, Antônio (pseudônimo de Prestes), documento original datilografado, sem título, 23 pgs, 08/04/1969, (Arquivo particular da autora); cópia em Coleção Luiz Carlos Prestes, Arquivo Edgard Leuenroth/UNICAMP, pasta 009.

reformismo.

En los años 70, con la intensificación de la represión contra el PCB fue necesario enviar una parte del Comité Central (CC) al exterior del país. A partir de 1975 se haría la reorganización de las actividades del CC en Europa. La correlación de fuerzas en su interior se definió en el transcurrir de los debates efectuados y las resoluciones tomadas a partir del inicio de su funcionamiento en el exterior. En un extremo, estaba Prestes, el secretario general, apoyado por un pequeño número de dirigentes; su empeño en la defensa de las posiciones que le parecían más justas en el combate al reformismo en la dirección del PCB no le impedía desarrollar esfuerzos para mantener la unidad del CC del Partido. En otro extremo estaba Armênio Guedes, contando con el apoyo de Zuleika Alambert, simpatizantes al eurocomunismo y aislados en el ámbito del CC, pero disponiendo del control de la redacción de Voz Obrera y el respaldo de la llamada Asesoría del CC. Compuesta por un grupo de intelectuales residentes en Europa y también partidarios del eurocomunismo. En el centro, estaba el “pantano” 2 –la mayoría del CC-, compuesta por elementos conservadores, acomodados, sin posiciones definidas, y por esa razón, aferrados a una supuesta defensa de la “línea del VI Congreso” del PCB. Con ese propósito, buscaban la conciliación de los extremos, principalmente la conciliación con Prestes, cuya presencia en la secretaría general constituía un aval importante para la sobrevivencia del propio CC frente al Partido en Brasil, así como frente al PCUS y a los demás partidos comunistas.

Las principales divergencias entre Prestes y la mayoría del CC versaban respecto a la definición de la estrategia de la revolución nacional y democrática, reafirmada en el VI Congreso, y a la llamada “cuestión democrática” o sea, a la posición de los comunistas frente a la democracia burguesa. Prestes se convencerá de que el carácter de la revolución brasileña sólo podía ser socialista y que se tornaba necesario abandonar la definición estratégica del VI Congreso del PCB. La mayoría del CC se negaba a enfrentar esa discusión. De esas cuestiones derivaban muchas otras; en particular, el tipo de organización partidaria necesaria para enfrentar tales desafíos políticos.

El choque entre la mayoría del CC, acomodada y defensora de las concepciones rebasadas, marcadas por el reformismo de derecha, y el pequeño grupo solidario con el secretario general alcanzó tales proporciones que, para Prestes, quedó evidente que se tornará imposible llevar a aquel CC a transformarse en la dirección de un partido efectivamente comprometido con la revolución y los ideales socialistas y comunistas. Llegará la hora del secretario general del PCB de romper con la conciliación, dejando de lado la fidelidad a una falsa unidad, comprometida con el inmovilismo, el conservadurismo y, principalmente, con el abandono de los objetivos revolucionarios consagrados en los documentos partidarios.

Prestes decidirá apartarse de la dirección del PCB, pero, admitiendo ser el principal responsable de la crisis provocada, consideraba necesario oír previamente a la militancia partidaria, oportunidad que parecía estar próxima con la amnistía, prevista todavía para aquel año de 1979 y la posibilidad de retorno al Brasil. Por eso, permaneció provisionalmente en el CC. Su ruptura con la dirección del PCB quedó consagrada en la

2 “Pântano” – expressão empregada por Lenin, que escrvia: “Praticamente não há partido político com luta interna que prescinda desse termo, que serve sempre para designar os elementos inconstantes que vacilam entre os que lutam.” (LENIN,V.I. Obras escogidas en tres tomos. Moscú, Ed. Progreso, 1961, v. 1, p. 296 (nota).

“Carta a los comunistas” De marzo de 1980, en la cual afirmaba la necesidad de emprender un viraje drástico en relación a la línea política aprobada en el VI Congreso del PCB:

Es necesario, ahora, más que nunca, tener el coraje político de reconocer que la orientación política del PCB está superada y no corresponde a la realidad del movimiento obrero y popular del momento que hoy atravesamos. Estamos atrasados en lo que dice respecto al análisis de la realidad brasileña y no tenemos respuesta para los nuevos y complejos problemas que nos son ahora presentados por la propia vida. (Prestes, L.C., 1980: 12)

Ante tal situación, cuál era la actitud de la mayoría del Comité Central del PCB? En nombre de una supuesta unidad partidaria, el CC del PCB perdía el camino de intentar garantizar su propia sobrevivencia a cualquier precio, o sea, mantener el status-quo, negándose a realizar los cambios necesarios tanto en el terreno político como en la organización partidaria. Para Prestes, la política de organización debería estar siempre asociada estrechamente al carácter de la política general del Partido y subordinada a sus metas revolucionarias. Según Prestes, el abandono de los objetivos revolucionarios por la dirección del PCB la llevará a asumir actitudes reformistas y de capitulación frente a la burguesía y a los enemigos de clase.

Habiendo asumido la responsabilidad principal por los errores cometidos por el Partido, Prestes escribía en la “Carta a los comunistas”:

El oportunismo, el carrerismo y el compadrazgo, la falta de una justa política de cuadros, la falta de principios y la total ausencia de democracia interna en el funcionamiento de la dirección, los métodos erróneos de conducción de la lucha interna, que es transformada en encarnizada lucha personal, donde las intrigas y calumnias pasan a ser la práctica cotidiana de la vida partidaria adquirieron tales proporciones, que me obligan a denunciar tal situación a todos los comunistas. Idem:16)

Frente a la crítica situación vivida por el PCB, Prestes apelaba a todos los militantes para que tomasen “los destinos del movimiento comunista en sus manos” (ídem:17), movilizándose para la conquista de la legalidad del Partido y la realización de su VII Congreso en condiciones efectivamente democráticas, condenando, al mismo tiempo, cualquier acuerdo con la dictadura para la conquista de la legalidad. “Compromiso que colocaría al Partido a la cola de la burguesía y al servicio de la dictadura e inaceptable, por tanto, para la clase obrera y para todos los verdaderos revolucionarios” (ídem:21-22). Compromiso, que, finalmente, fue asumido por el Comité Central del PCB, después del regreso de sus miembros del exilio.

En publicación lanzada en la época por los colaboradores de Prestes, era presentado un sumario de las principales divergencias entre Prestes y el CC del PCB:

1) Mientras Prestes se coloca al lado de la clase obrera y da su apoyo a los metalúrgicos en huelga, (…) el CC y su diario la Voz de la Unida están en contra de la huelga

2) Mientras Prestes considera (…) que la democracia tiene siempre un contenido de clase determinado (…), el CC y la Voz de la Unidad “teorizan” respecto de una democracia “pura” y encima de las clases (…).

3) Mientras Prestes (…) considera esencial (…) acumular fuerzas para que se pueda llegar a la liquidación del régimen capitalista y la revolución socialista; las posiciones del CC (…) coinciden en el sentido de no cuestionar la dominación capitalista (…).

4) Mientras Prestes dice claramente que la dictadura todavía está ahí y es necesario derrotarla (…), el CC del PCB evita referirse al régimen como a una dictadura y (…) algunos miembros del CC se muestran favorables a apretar la “mano extendida” del general Figueiredo (…).

5) Mientras Prestes considerada que el centro de actividad de los comunistas debe ser el trabajo de masas (…), el CC del PCB en su diario (…) hacen del Parlamento un lugar privilegiado de la lucha por la democracia.

6) Mientras Prestes (…) defiende la formación de una amplia frente democrática y, al mismo tiempo, la unificación de las fuerzas de “izquierda” dentro del frente democrático (…), el CC del PCB (…) quiere un frente democrático del cual estén excluidas las diferentes fuerzas de “izquierda!, (…) en la cual los comunistas estén a la cola de la burguesía liberal.

7) Mientras Prestes considera que “la legalización del PCB tendrá que ser una conquista del movimiento del masas y de todas las fuerzas realmente democráticas en nuestro país”, el CC del PCB revela disposición de aceptar el acuerdo de le viene siendo propuesto por la dictadura.

8) Mientras Prestes mantiene una posición de firme apoyo a la URSS y a todo el campo socialista, los miembros del actual CC ha revelado una posición cada vez más clara de lo que podía ser llamado de “antisovietismo vergonzante”

9) mientras Prestes está empeñado (…) en hacer una autocrítica profunda, tanto de la política del PCB, como de sus métodos de organización, el CC no muestra menor disposición a autocriticarse y viene intensificando su actividad terrorista en la conducción de la lucha interna (…).3

Durante los años 80, los últimos años de vida de Prestes, el no sólo tuvo activa participación en la vida política nacional, como dedicó particular atención a la denuncia de la continuidad del régimen dictatorial en el gobierno del general Figueiredo, así como a la denuncia de lo que el llamó de un “poder militar” encima de los poderes de la República, inclusive después de la elección indirecta de Tancredo Neves y la promulgación de 1988. De la misma forma denunció con firmeza la rendición del CC antes del Gobierno de Figueiredo y frente a la “transición” la llamada Nueva República, dirigida por las clases dominantes en Brasil.

Debo señalar que la “Carta a los comunistas! Tuvo gran repercusión y llevó a numerosos militantes comunistas a intentar “salvar” el PCB, reorganizarlo o estructura nuevas organizaciones en bases verdaderamente revolucionarias. Intentos estos fracasados y reveladores de la inexistencia de las condiciones necesarias para la organización inmediata de un partido revolucionario, lo que fue comprendido por Prestes, llevándolo, en

3 Ecos à Carta de Prestes, n. 2, maio/1980; grifos do texto.

los últimos años de su vida, a disuadir nuevos intentos en ese sentido. Durante el Encuentro Estatal de los comunistas gauchos que se orientaban por la “carta a los comunistas”, realizado en enero de 1984, Prestes explicaba su posición afirmando que “un partido revolucionario sólo puede surgir de arriba para abajo, por medio de un grupo ideológico firme, porque es la ideología que une a los comunistas y los distingue de otras fuerzas” 4

En realidad, no era sólo el PCB el que atravesaba una grave crisis. Se trataba de una crisis del movimiento comunista internacional y del llamado “socialismo real”. Crisis esta que Prestes había detectado en el PCB una década antes de la misma “explosión” en el escenario mundial y, al mismo tiempo, producir, en Brasil, con la creación del PPS, el desmoronamiento del PC. La “Carta a los comunistas! Anticipó cuestiones que vendrían a colocarse, con gran intensidad, para los comunistas en el mundo entero, una década más tarde. Muchas de esas cuestiones mantienen su actualidad.

Prestes no alimentaba ilusiones en la posibilidad de una rápida reconstrucción del Partido Comunista, que pudiese dar origen a una organización efectivamente revolucionaria. No alimentaba ilusiones en cuanto a la rapidez del avance del movimiento revolucionario en Brasil. En carta a un amigo, el escribía:

Todo indica (…) que marchamos hacia un serio agravamiento de la situación social. Y como no tenemos un partido revolucionario y las masas trabajadoras están desorganizadas, tendremos luchas escasas que serán fatalmente aplastadas por la fuerza de la armas. Será este infelizmente el camino sangriento de la revolución brasileña hasta que, a través de él, surja el partido revolucionario, capaz de organizar y unir la clase obrera y de llevarla a la apertura del camino hacia el socialismo en nuestra tierra. Esto puede parecer muy desalentador y pesimista, más no es. El realismo de quien tiene la certeza de que de ese proceso surgirá, como necesidad histórica, el verdadero partido revolucionario de la clase obrera. Estamos pagando por nuestro atraso cultural, por la esclavitud de 1888, por la independencia con el príncipe de la Casa de Brangaza, etc. 5

Termino mi participación en este debate agradeciendo la oportunidad que me fue concedida de exponer mis ideas al respecto del reformismo en la historia del PCB y disculpándome por el abordaje superficial aquí presentado, derivado de las limitaciones impuestas al tener que resumir una problemática de gran amplitud. Desearía informar a los presentes que las cuestiones hoy aquí abordadas, están detalladamente presentadas y ampliamente documentadas en el libro que estaré lanzando en los próximos meses, titulado Luiz Carlos Prestes: la lucha por un partido revolucionario (1958-1990).

Algunos de los documentos aquí citados están reproducidos en el “sitio” del Instituto Luiz Carlos Prestes (www.ilcp.org.br).

Traducción: Jazmín Padilla

4 PRESTES, Luiz Carlos, “Declarações” (transcrição não revista) em “Resoluções Políticas do 3º Encontro Estadual dos comunistas gaúchos que se orientam pela Carta aos comunistas do camarada Luiz Carlos Prestes” (janeiro/1984), documento datilografado (cópia xerox), 28 pgs. “Coleção Luiz Carlos Prestes” no Arquivo Edgard Leuenroth/UNICAMP, Manuscritos, PCB-CC, pasta 242; “Documento do PCML – Partido Comunista Marxista Leninista”, 28 folhas, janeiro/1984, “Informes dos Órgãos de Segurança sobre Luiz Carlos Prestes” (Confidencial).

5 PRESTES, Luiz Carlos. “Carta à Aloyzio Neiva Filho”, Rio, 16/01/1983, 3 pgs.;documento original, datilografado. (Arquivo particular da autora)

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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FALCÃO, João. Giocondo Dias, a vida de um revolucionário (meio século de história política do Brasil). Rio de Janeiro, Agir, 1993.

GRAMSCI, Antonio. Cadernos do cárcere. Volume 1. 2a ed. Rio de Janeiro, Civilização Brasileira, 2001.

HOBSBAWM, Eric J. “Nacionalismo e marxismo”. In: Jaime Pinsky (org.). Questão nacional e marxismo. São Paulo, Ed. Brasiliense, p. 294-323, 1980.

MARIÁTEGUI, José Carlos. Escritos fundamentales. Buenos Aires, Acercándonos Ediciones, 2008.

MARIGHELLA, Carlos. Escritos de Carlos Marighella. S.P., Ed. Livramento, 1979.

PCB: vinte anos de política (1958-1979) (documentos). São Paulo, LECH – Livraria Editora Ciências Humanas, 1980.

PRESTES, Anita Leocadia. “A que herança devem os comunistas renunciar?”. Oitenta, Porto Alegre, LP&M, nº 4, 1980, p.197-223.

PRESTES, Anita Leocadia. Os comunistas brasileiros (1945-1956/58): Luiz Carlos Prestes e a política do PCB. São Paulo, Ed. Brasiliense, 2010.

PRESTES, Anita Leocadia, “Antônio Gramsci e o ofício do historiador comprometido com as lutas populares”, Revista de História Comparada, Volume 4, nº 3, , p.6–18, Dezembro/2010a.

PRESTES, Luiz Carlos. Carta aos comunistas. São Paulo, Ed. Alfa-Omega, 1980.