2 de octubre, una pieza en la construcción de la alternativa histórica

Alejandro Aguilar García, estudiante de la Facultad de Sociología, UV
13.Oct.11 :: Opinión

Documento leído en la Facultad de Sociología de la Universidad Veracruzana presentando la posición de los estudiantes organizadores del foro celebrado el 1 de octubre de 2011 en conmemoración del 2 de octubre.

“Muerta la perra se acabo la leva”, “cabrona de mierda”, así se ha referido la clase política chilena hacia la principal dirigente del movimiento estudiantil en aquel país andino, así como también las amenazas de muerte de los grupos más reaccionarios hacia Camila Vallejos Dowling, esto en un país de “gobierno progresista” que presumen los apologistas y adictos al poder. También hay ocupaciones estudiantiles y de profesores en las escuelas que resisten las reformas educativas que pretenden realizar una escalada de privatización en la educación, esto no es en Chile, sino a miles de kilómetros de distancia de ahí, es en Grecia. Estos movimientos estudiantiles de una u otra forma no han ido solos por sus…



reivindicaciones meramente educativas, han ido acompañando las luchas de los trabajadores, de los asalariados en sus respectivos países.
La masacre del 2 de octubre de 1968 por parte del estado mexicano, fue sólo una expresión del agotamiento de las estructuras políticas para resolver los problemas socio-económicos que se presentaron en aquella época, la masacre del 2 de octubre de 1968 hacia civiles no fue la única acción del gobierno mexicano ante esta crisis de poder, recordemos también la del 2 de junio en 1971 conocida como “el jueves de Corpus”, al igual que los primeros levantamientos armados que rompen con el mito de seguir con los ideales de la revolución mexicana, como lo fue el asalto al cuartel de Madera en Chihuahua el 23 de septiembre de 1965, el levantamiento en Guerrero por Lucio Cabañas Barrientos, la lucha de los “cívicos” comandados por Genaro Vázquez Rojas, la democratización del sindicalismo eléctrico por Rafael Galván, etc. Quizá, el fusilamiento del último héroe del zapatismo, Rubén Jaramillo junto a su mujer embarazada, fue no sólo un acto de represión, sino también político: darle muerte, sin oportunidad de trascender, a las viejas reivindicaciones sociales de la revolución de 1910 por parte de la nueva clase en el poder.

Entonces, lo sucedido en la Plaza de las Tres Culturas sólo fue la acción más evidente de un estado mexicano que ya no era revolucionario ni nacionalista, si es que una vez lo fue; agotado desde las mismas estructuras económicas que no encontró mas reoxigenación hasta que se vio cubierto en el neoliberalismo, que hoy en día este modelo reprime a diestra y siniestra, ya que le da lo mismo entrar con la fuerza pública en la máxima casa de estudios, la UNAM en 1999, como aplicar una política de exclusión hacia nuestros indígenas que dio como resultado la rebelión zapatista en 1994.

Este modelo económico no distingue si arrebatar las tierras a los ejidatarios en San Salvador Atenco o si pretender privatizar la seguridad social; este modelo económico del neoliberalismo bajo la bandera de la modernidad no distingue si hostigar comunidades zapatistas con organizaciones paramilitares del PRI, PAN y PRD, matar niños y mujeres en San Juan Copala o arrebatar su derecho a la autonomía en Vicam, Sonora, este modelo del capitalismo, el neoliberalismo, no sólo le da igual sino que promueve la participación extranjera en todos los ámbitos de nuestra sociedad, o enviar la mitad de nuestro producto interno bruto hacia el país del norte como concepto de deuda externa, o tener al hombre más rico del mundo mientras más de la mitad de los mexicanos vive en situación de pobreza, pero el otro dato de que sólo el 10% de la población concentra casi el 80% de la riqueza a veces se nos olvida.

Y viendo el recorrido del neoliberalismo que elimina tanto nuestra soberanía nacional como también deteriora el salario de nuestro bolsillo, vemos como toma en la actualidad diversas fisonomías, que va desde la mas elegante y oficialista como la del Partido Acción Nacional, como la del emblema del corporativismo y mano fuerte como el Partido Revolucionario institucional, como también la pretensión de alargar este sistema y haciendo muchas veces el trabajo sucio como el Partido de la Revolución Democrática. Entonces vemos que el sistema económico descansa más bien en una clase política que no conoce de colores, y mucho menos de ideologías y principios, que le da igual hacer alianzas, como la del PRD-PAN, promoviendo a un ex priista para combatir, favor de no reírse, al PRI en el estado de Oaxaca en el 2010.

Pero hoy esta clase política ha entrado en una situación de crisis, peor incluso, como la que se vio el 2 de octubre de 1968, ya que no sólo el modelo neoliberal sino todo el sistema del capitalismo entra en una descomposición sin precedentes, y es esta clase política la que busca una vía alterna para su salvación, en México se torna más complejo cuando vivimos en carne propia esta descomposición, cuando esta crisis no sólo golpea nuestros bolsillos, o la tierra comunal, al campesino, o el derecho a la educación a los jóvenes, sino que esta crisis del estado mexicano descabeza, literalmente, a cualquiera, asesina, descuartiza, desaparece en levantones, calla cualquier medio de comunicación, intimida en lo individual como en lo colectivo, chantajea económicamente ya sea al empresario como al obrero, utiliza al proletario como burrero, que como al rico para lavar el dinero, que hace adictos a los más propensos, que regularmente son los oprimidos. Si, hay que identificar el problema del crimen organizado como causa del deterioro político y económico del estado mexicano.

Pero el gobierno mexicano ha hecho show y ha pronunciado su “guerra contra el crimen organizado”, que ha costado dinero, sangre y ha descompuesto el tejido social, con esta guerra ha sido afectada toda la sociedad en conjunto y optimistamente sus intelectuales han dicho “los buenos somos más”, porque los que han dicho esto sólo han pensado para ellos, porque ellos han levantado su voz indignados, rabiosos, cuando mataron al hijo del empresario que arrebatadamente después manifestó: “sino pueden, renuncien”; o cuando prendieron un casino en el norte del país, ellos, la clase política y sus voceros, quisieron reducir la emoción nacional a ese acto, o cuando mataron al hijo del poeta que súbitamente todos se unieron al movimiento, que por cierto ha invitado a los grupos mas conservadores del país, la COPARMEX. Tanto el hijo del empresario, o del poeta o los daños materiales al casino, parecen ser sólo pautas de indignación, de rabia, de movilización, de exigir al estado la solución de todo esto ¿Por qué marcan estas acciones los pasos de la sociedad civil? Porque al final, por más indignados, por más comprometidos que estén con la paz, al final no responden sustancialmente con los que siempre y desde hace mucho tiempo han sufrido todo esto, es decir, con los trabajadores.

Porque al final, al obrero, o al empleado, o al jornalero, al asalariado le da igual quien gane en las esferas del poder o en la controversia de si es adecuada o no esta guerra, le da igual si los buenos son más, o si hay acuerdo entre el congreso y el movimiento por la paz, le da igual si el casino fue quemado, le da igual no porque esté en la indiferencia, sino todo lo contrario, le da igual porque desde mucho tiempo ha estado perdiendo esta estúpida guerra, en la de un bando u otro es tragedia o muerte para el trabajador, si es de los buenos o del crimen organizado, ya que como proletario tiene pocas alternativas, o servir a la gloriosas fuerzas armadas que “combaten con orgullo el crimen” que de igual manera tiene bajas, muertes, desaparecidos, que ir al lado del crimen organizado que también tiene bajas, muertes, desaparecidos. Esto no es reciente, ha sido siempre, los trabajadores son en toda época y situación, carne de cañón para las guerras que tiene la clase política, o son en todo caso, sólo estadísticas, son la nota roja que diario leemos y nadie por eso se ha indignado, ni ha pedido la renuncia de los políticos, ni la nación ha prendido una sola vela, ni mucho menos guarda memoria. Esta es para la clase trabajadora su situación.

¿Y entonces, qué importancia tiene esto con los estudiantes o con el resto de la sociedad? ¿Qué trascendencia tiene la participación de los estudiantes en la lucha con los trabajadores? Porque al igual que hace más de 40 años, las causas de los estudiantes estaban vinculadas con los obreros y sindicalistas, como al igual la resistencia de los estudiantes chilenos van de la mano con la Central Unitaria de Trabajadores, como también los sindicatos que se organizan en el PAME en Grecia que plantea una alternativa a la barbarie del libre mercado, así como también los disturbios en Inglaterra se vieron protagonizados por un sector del proletariado, curiosamente la juventud fue la que tuvo más arrojo en las protestas. La importancia real es que las demandas estudiantiles se verán mermadas, sin perspectiva, cuando no estén vinculadas con la de la clase trabajadora, cuando no estén en el plano de un proyecto más amplio, las demandas y la luchas estudiantiles sólo tienen trascendencia en cuanto también recoge las demás demandas sociales y las hacen suyas.

Para nuestra generación que apenas conoce la situación de hace más de 40 años se nos hace fácil martirizar aquella época, se nos hace hasta complaciente ubicarlos como una lucha aislada que sólo quedó en charcos de sangre y en el discurso del político parasitario, y para nuestro conformismo habitual nos regocija mirar desde lejos aquellas resistencias, aquellos esfuerzos, ya sea desde la distancia del tiempo, o ya sea desde el lejano territorio que no tenemos nada que ver con aquellos jóvenes, o ya sea desde el acostumbrado sofá del intelectual que pocas veces sale de su papel reflexivo, que más bien se asemeja más a aquella vaca que miraba desde lejos el pasar del ferrocarril. Somos en tanto la generación perdida en el limbo político que sin conocer ni reconocer esas luchas como sus reivindicaciones tampoco tiene ningún futuro.
Somos una generación que nació en la época de la tecnología, del internet, de las redes sociales, del pensamiento único y su decadencia, de la transformación democrática, y de la decadencia del estado con miras al fascismo, somos las generación del USB y de la nanotecnología, de las propuestas políticas sin fondo, del gatopardismo a la mexicana, somos la generación que cree que la izquierda mas funcional se viste de “morena”, somos la generación que nació con la crisis del cambio climático, con un país sin soberanía y sin perspectivas, somos la generación de la caída del muro de Berlín y hasta hoy se nos ha hecho ajenas y extrañas aquellas ideas que hoy gustosamente algunos llaman ortodoxas o radicaloides, esas ideas del comunismo, del socialismo, son para nosotros anacrónicas y vacías, llenas de, según nos dicen, nostalgia y conceptos zombis.

No sabemos si la propuesta es el comunismo o el socialismo, no sabemos si la estrategia es la de la lucha de clases. Lo que si debemos entender es que la tarea para transformar nuestra realidad se da más difícil y exige con respecto a generaciones pasadas, un esfuerzo doble para nosotros, primero, por rescatar de esas mismas generaciones lo mejor que hicieron y hoy tenemos totalmente en el olvido y, segundo por crear una propuesta capaz de resolver los problemas actuales, ese es el pendiente, y sólo queda evocar aquellas palabras de Antonio Gramsci: “Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organícense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza”.
2 de octubre no se olvida.