Editorial: Una política independiente, no peca, pero incomoda.

El Comunista
15.Sep.11 :: Opinión

Editorial de El Comunista Núm. 18
El Partido Comunista de México, como partido de clase de los obreros actúa bajo la bandera de los principios y orientaciones estratégicas, y al mismo procura tener la capacidad para virajes necesarios si la lucha de clases tiene desarrollos veloces, donde las apreciaciones previas quedan superadas, más ello presupone la irrupción decidida y masiva de la clase obrera, las crisis económicas y políticas, etc. etc.

Después de nuestro IV Congreso acontecimientos políticos vistosos se apersonan en nuestro análisis; los medios les asignan masividad y protagonismo social, algo lejano a la realidad, pero que ha forzado a varias organizaciones al repliegue y a la subordinación ideológica y organizativa a las capas pequeñoburguesas de la sociedad, sobre todo a la parte que reivindica el pacifismo ghandiano y que ahora muestra sus verdaderos limites que son aquellos de la legalidad estatal, el marco de las relaciones de dominación, del llamado “Estado de derecho”, que no están dispuestos a rebasar.



Para nosotros no cambia lo fundamental, aunque si nos muestra que la política de la burguesía aún tiene fichas que colocar en el tablero, para estabilizarse frente a las turbulencias de la violenta crisis que sacude a la economía en el país y el mundo. No nos referimos a simples alfiles, sino inclusive a los probables relevos del vetusto e incapaz sistema de partidos surgido de la reforma política de López Portillo-Reyes Heroles, parchada por Salinas-Carpizo-Zedillo, basada primero en incorporar a la oposición de izquierda y derecha a las tareas de gestión antes limitadas exclusivamente al PRI, hasta integrarlos en un solo partido de la clase dominante, con varias cabezas, como la Hidra de Lerna, y después orientada a la alternancia bipartidista o tripartidista. Nuevas formas se han puesto en marcha para desarrollar esta dominación, la más audaz propuesta por Slim con el Pacto de Chapultepec, un acuerdo programático transexenal con una sola plataforma gubernamental para todos los candidatos contendientes y que ahora volvió a asomar su rostro en Michoacán, proponiendo inclusive un solo candidato.

Pero es obvio que existe la preocupación frente al rechazo de la población, sobre todo de los trabajadores y jóvenes a la faramalla electoral. La real politik necesita una “renovación”, una nueva fachada a la dictadura de clase; esta puede ser la de los “ciudadanos”, la sociedad civil, de todo aquel convencido de exorcizar la salida de los violentos; de todo aquel preocupado por evitar que las cosas terminen por salirse de control, es decir: evitar a toda costa “la fiesta de los oprimidos”; en pocas palabras intereses de clase comunes entre Calderón, PRI y PRD con este movimiento ciudadanos contra la violencia.

Con todo respeto, no entendemos las piruetas de organizaciones que caracterizamos como revolucionarias, insumisas, anticapitalistas que se movilizan porque están ahí las “masas”. Lo sentimos pero no es así, ni numéricamente, ni ateniéndonos a la categoría marxista de “masas populares” delimitada por el marxismo en obras como Los manuscritos económicos-filosóficos de 1844, los escritos en la Gaceta del Rhin, los Anales Franco-Alemanes, La Sagrada Familia, La ideología Alemana y El Manifiesto del Partido Comunista.

Cada quien tendrá responsabilidad con los intereses que representa, y el error es siempre una posibilidad en la práctica, en la lucha. Si nosotros los comunistas los cometemos tendremos el valor para reconocerlos públicamente, pero hoy nuestro análisis e instinto de clase nos orientan a mantener una política autónoma e independiente que es seguro molesta a otros, y no sólo al enemigo abierto, al que está en la otra trinchera, sino sobre todo a las fuerzas que no pueden emanciparse del sensus communis y que no comprenden que la realidad es compleja y la imperiosa necesidad de la teoría científica del proletariado, el marxismo-leninismo.

No somos jueces, tampoco rehuimos al frente ideológico, nadaremos contracorriente si es necesario pero nuestro deber es la introducción desde el exterior de la conciencia de clase al proletariado y su constitución en una clase independiente, capaz de barrer con la fuerza de la historia a la explotación. Y algo necesario para esa meta es combatir la colaboración de clases, aunque tenga el manto de que hay problemas que están por encima del conflicto de clase, que son, según débiles argumentaciones, de supervivencia de la especie.

El comportamiento político de la pequeñaburguesía tiene una constante en las experiencias históricas, que nadie se llame mañana engañado o sorprendido por sus zigzagueos o inclusive la posibilidad realmente existente de abierta colaboración con los gobernantes al servicio de los monopolios.